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Muerte del general español derrotado Fernández Silvestre

Desastre de Annual: Humillación del Ejército español ante las tropas del Rif dirigidas por Abd-el-Krim

HECHOS

En julio de 1921 veinte mil soldados del ejército español huyeron de las guerrillas rifeñas dirigidas por Abd-el-Krim.

La penetración española en la zona de Marruecos ha sufrido uno de los peores reveses de toda la campaña. Los avances del año pasado, en que se ocupó Xauen, y se logró avanzar hacia Alhucemas, sometiendo toda el área entre Melilla y el río Ameqran, se han perdido. A fines de may pasado se sintió la primera señal de que algo no funcionaba. El general Fernández Silvestre decidió ocupar Abarrán, al otro lado del río, pero el 1 de junio, en un ataque sorpresa de los rifeños se produjo la derrota de una unidad española. Esta derrota no fue interpretada por los generales Berenguer y Silvestre más que como un pequeño revés aislado. Sin embargo, cuando los españoles inician la construcción de un fortín en Iguariben, al sur de Annual, los rifeños lanzan su ofensiva. El 17 pasado se inició el ataque sorpresa a las posiciones españoles, que un día después comenzaron a ceder. El 19 el general Silvestre empieza a comprender la situación pero no atinó con las medidas a tomar.

Por fin el día 21 se produce el desastre: Annual es cercada por las tropas rifeñas. La desmoralización cunde entre los españoles y el general Silvestre toma la decisión de ordenar la retirada. Inmediatamente la retirada se convirtió en desbandada. Las tropas del a retaguardia se unieron a las de vanguardia, mientras las tropas coloniales desertaban o se unían a los rebeldes. Los supervivientes huían entre un mar de balas, siendo cazados por los caminos que serpentean entre los montes o en los barrancos. El que caía no era hecho prisionero, simplemente acuchillado en el suelo. El general Silvestre ha desaparecido, muerto o suicidado, no se sabe. 

Las repercusiones de los acontecimientos militares en Marruecos habían sido fundamentales desde principios de siglo. A principios de los años veinte la denominada ‘cuestión de Marruecos’ continuaba siendo una pesada carga para las finanzas del Estado y una demostración palpable de la incapacidad operativa de las fuerzas armadas españolas.

La ocupación efectiva del protectorado español estaba lejos de concluirse, y la política de los distintos gobiernos del momento oscilaba entre la penetración pacífica (Médicos, escuelas) mediante acuerdos con los jefes de las cabilas, y las acciones militares, muy impopulares en la península. El tratado hispanofrancés de 1912 fijaba los límites de los protectorados respectivos sobre Marruecos. En el mismo acuerdo se decidió la internacionalización de la ciudad de Tánger.

En 1913 las tropas españolas emprendieron una nueva ofensiva que comportó la ocupación de Tetuán, pero los rifeños iniciaron una resistencia activa que obligó al gobierno español a cambiar de estrategia. A partir de entonces la política española se basó fundamentalmente en una penetración pacífica que permitió al general Jordana, hasta 1919 alto comisario español, ocupar importantes posiciones en la zona occidental, entre Tetuán y Larache. Sin embargo, desde ese año se impuso un cambio de estrategia: el nuevo alto comisario, el general Berenguer, planeó un conjunto de operaciones con el propósito de liquidar el problema militarmente. Su objetivo consistía en ocupar la zona occidental del protectorado mientras el general Fernández Silvestre hacía lo propio en la zona oriental. La operación decisiva debía llevarse a cabo con la conquista de la bahía de Alhucemas, que permitiría unir las dos comandancias, la de Ceuta y la de Melilla. Frente a las tropas españolas, las cabilas se había unido al mando de Abd-el-Krim, el cual demostró una gran capacidad táctica y estratégica, unida sin duda al perfecto conocimiento del terreno donde habían de desarrollarse las operaciones. Berenguer consiguió capturar Xauen en 1920 y tomar así la inciativa. Las cosas en cambio fueron mucho peor en la zona oriental. A la hora de planear el avance de las fuerzas del general Fernández Silvestre hacia Alhucemas, no se tuvo en cuenta la capacidad operativa de las cabilas. En el verano de 1921 la progresión española se mostró altamente vulnerable, ya que las comunicaciones con la retaguardia se hicieron cada vez más difíciles ante los ataques riffeños. Las fuerzas españolas concentradas en Annual, unos 80 kilómetros al oeste de Melilla, se vieron cercadas por las cabilas de Abd-el-Krim, que cortaron los suministros. La retirada ordenada por el general Fernández Silvestre (22 de julio) se conviritó en una desbandada que arrastró consigo al conjunto de posiciones de toda la zona oriental (Monte Arruit, Dar Drius, Igueriben, Ben-Tieb) que fueron asaltadas.

El número de bajas alcanzó una cifra próxima a los 12.000 hombres, y la propia ciudad de Melilla quedó al alcance de las cabilas. El desastre anuló los avances conseguidos en los doce años anteriores y provocó una oleada de protestas en toda España.

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