11 diciembre 1987

La masacre fue ordenada por Francisco Múgica Garmendia 'Pakito' y Arregui Erostarbe 'Fiti'

Matanza de Casa Cuartel Zaragoza: mujeres y niñas caen a manos del ‘Comando Argala’ de ETA de Parot, Esnal y Harambourne

Hechos

El 11.12.1987 se produjo un atentado con coche-bomba frente a la Casa Cuartel de Zaragoza. Entre las víctimas mortales hubo cinco niñas.

Lecturas

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Hechos: 11 de Diciembre de 1987. La explosión de un coche bomba en la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza destrozó el edificio y causó la muerte a 11 personas (entre ellas cinco niñas) e hirió a otras 83.

Víctimas Mortales:

José María Pino Arriero, José Luis Gómez Solis, Emilio Capilla Tocado,José Ballarín Casella, María Dolores Franco Muñoz, Rocío Capilla Franco (12 años), María del Carmen Fernández Muñoz, Silvia Pino Fernández (7 años),  Silvia Ballarín Gay (6 años), Julia Barrera Alcaraz (3 años) y Esther Barrera Alcaraz (3 años) y Perdro Ángel Alcaraz Martos.

LAS HERMANAS ALCARAZ

hermanas_alcaraz  Las hermanas gemelas Alcaraz, de 3 años de edad, fueron dos de las cuatro niñas asesinadas en el atentado.

LOS ASESINOS:

El ‘comando Argala’ realizó la operación:

parot_esnal_harambourne  Henri Parot, Jacques Esnal y Frederick Harambourne fueron los encargados de lanzar el coche-bomba, contra la Casa Cuartel donde vivían los guardias, las mujeres y las niñas que asesinaron. Henri Parot fue juzgado por ello en 1994 y condenado a penas que sumaban 1.802 años de cárcel. Esnal y Harambourne fueron condenados en Francia en 1997 a Cadena Perpetua, al igual que Jean Parot (hermano de Henri) que también colaboró.

UNA MATANZA ORDENADA POR ‘ARTAPALO’

pakito_mugica_garmendia  Francisco Múgica Garmendia ‘Pakito’

La masacre de la ‘Casa Cuartel de Zaragoza’ fue ordenada por el colectivo ‘Artapalo’, como eran conocidos los principales dirigentes del Comité Ejecutivo de ETA, Francisco Múgica Garmendia ‘Pakito’ y José Arregui Erostarbe ‘Fiti’. Por la citada matanza fueron condenados en 2003 a penas que sumaban 2.354 años de cárcel.

LA SOMBRA DE JOSU TERNERA

josu_ternera  José Antonio Urruticoetxea “Josu Ternera» fue señalado también por presos etarras como alguien que participó en la decisión de poner una bomba en la Casa Cuartel de Zaragoza, pero logró escapar antes de ser juzgado por aquel crimen.

INDIGNACIÓN EN TELEVISIÓN ESPAÑOLA (TVE)

D. Alfonso Ussía comenzó el programa ‘La Tarde’ en TVE dedicando elogios a todas las víctimas de la matanza de la Casa Cuartel de Zaragoza y calificando de ‘miserables’ a todos los asesinos y también a todos los que le justificaban, en referencia a la formación política Herri Batasuna. El Sr. Ussía aseguró que sus palabras no eran sólo porque hubieran muerto niños y que hubiera dicho lo mismo aunque únicamente hubiera fallecido una persona.

 El dirigente del socialismo vasco, D. Ricardo García Damborenea (Secretario General del PSOE en Vizcaya), intervino también en el programa ‘La Tarde’ para asegurar que no debía haber perdón para los asesinos. El Sr. Ussía elogió al político y deseó que «ojalá hubiera más Damboreneas» en el País Vasco.

12 Diciembre 1987

Después de la matanza

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

Leer

Cuando un grupo político o con pretensión de tal recurre a la matanza -de niños o adultos: de seres humanos- para demostrar que está vivo, que existe todavía a despecho de las esperanzas de la mayoría, ese grupo y la ideología que lo sustenta están condenados a muerte. Reducidossus objetivos a afirmar desesperadamente su existencia, ETA no tiene otro designio que el de los gánsteres comunes y los mafiosos de turno: morir matando. Sembrar el máximo dolor con el mínimo riesgo es ya su única estrategia. Para ello no hace falta ni un gran aparato logístico ni un valor desmesurado. Basta con carecer de sentimientos. Pero, en esto, los que manipulan los coches bornba no se encuentran solos. Las discusiones doctrinales que están retrasando la conclusión del pacto vasco contra el terrorismo resultan irreales a la luz de esta matanza y del atentado de Basauri.Si la agonía de ETA se está prolongando más allá de todo cálculo razonable, sembrando el dolor por doquier, se debe en gran parte al hecho de que permanentemente se le proporcionan esperanzas de estar cumpliendo una ineludible misión: la de poner de relieve con su desmesura y su crueldad que el marco de convivencia definido por el Estatuto de Gernika no satisface las aspiraciones de autogobierno. Cuando de manera sistemática se desacredita y se pone en cuestión ese marco por parte de quienes más obligados estarían a defenderlo, nadie: habría de extrañarse de que unos adolescentes que eran niños cuando murió Franco tomen por consigna de acción los discursos que hablan de «degeneración de la autonomía» de sentimiento de frustración por la falta de desarrollo del estatuto», de la necesidad de cambiar de carril para emprender otro camino diferente al legitimado democráticamente por los ciudadanos.

En Euskadi, el peso del radicalismo es todavía grande. Pero nada resulta tan inmoral como la actitud de quienes, habiéndolo alimentado desde fuera, se escudan en esa fuerza para renunciar a sus responsabilidades a la hora de proponer a la población vasca, y a los jóvenes en particular, algo diferente a lo que muchos desean oír: que la ficción de guerra que prolonga ETA es una parte del secular combate de los vascos contra sus opresores. Cuando lo único cierto es que el terrorismo se ha convertido ya en un medio de vida dificil de abandonar no sólo por los que empuñan las armas, sino también por los que les animan a hacerlo con discursos de orates y arengas del más rancio sabor militarista.

Elatentado se ha producido cuando el Gobierno español, apoyado por la práctica unanimidad de las fuerzas políticas, negocia enArgel con representantes de ETA una salida que permita devolver la esperanza y la paz a Euskadi, amén de un horizonte de recuperación económica. No cabe la más mínima duda de que quienes han puesto la bomba tratan o de evitar que este acuerdo se lleve a cabo o de presionar, por métodos siniestros, en la negociación. Ahora se ve que el deseo de González de encontrar respaldo parlamentario a su política antiterrorista no era una filigrana ni un gesto innecesario, como la derecha reaccionaria se empeñó en airear, sino una condición racional para sentirse apoyado en la toma de decisiones controvertidas y difíciles que hechos tan canallescos y repugnantes como el de ayer vuelven casi imposibles.

Es improbable que el Gobierno hubiera previsto un atentado de esta naturaleza, aunque anduviera preparado para un renacer de la violencia. Pero es indispensable que la lógica de los truhanes no haga mella en la conciencia de los gobernantes. Las soluciones propuestas contra el terrorismo, y que se venían adoptando ya en parte, han rendido frutos efectivos, en contra de lo que la matanza de Zaragoza pueda hacer suponer. Creer que, incluso si se llega a algo positivo en el diálogo de Argel, no quedarán todavía hechos violentos aislados de crueldad y salvajismo parejos sería desconocer la condición de delincuentes de quienes los perpetran. Pero quienes ponen las bombas, quienes les justifican, quienes les animan, quienes les amparan y quienes se encogen de hombros ante todo esto sólo merecen el desprecio unánime de sus conciudadanos.

El Análisis

Zaragoza: el terror contra las familias

JF Lamata

El atentado de ETA contra la Casa-Cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza ha dejado una de las escenas más estremecedoras que puede producir el terrorismo: cinco niñas y seis adultos muertos, además de decenas de heridos, después de que un coche-bomba cargado con explosivos fuera colocado junto al edificio donde vivían los agentes y sus familias. El objetivo no podía ser únicamente militar. En una casa-cuartel viven los guardias civiles, pero también sus mujeres, sus hijos y sus padres; convertir ese lugar en objetivo significaba asumir deliberadamente que los muertos podían ser civiles y, sobre todo, niños. ETA pretendió presentar el atentado como un golpe contra la Guardia Civil y contra el Estado, pero semejante explicación no puede ocultar la realidad: quienes colocaron la bomba sabían perfectamente dónde la colocaban y qué personas se encontraban al otro lado de sus paredes. Resulta particularmente repugnante la posterior justificación de la organización terrorista, según la cual la responsabilidad por la muerte de mujeres y niños correspondería a la propia Guardia Civil por permitir que sus familias vivieran junto a los agentes. Es la inversión moral característica del terrorismo: primero se coloca la bomba y después se intenta convertir a las víctimas en responsables de haber estado allí.

Zaragoza llega además después de Hipercor, donde en junio de este mismo año murieron 21 personas, entre ellas varios niños, en otro atentado con coche-bomba. Dos matanzas de civiles en un solo año deberían bastar para demostrar hasta dónde ha llegado la estrategia de ETA de convertir los explosivos indiscriminados en instrumento de presión política. La dirección encabezada por Pakito Múgica Garmendia, Fiti y Josu Ternera puede pretender convencer a sus militantes de que cada coche-bomba acerca la independencia del País Vasco; los hechos demuestran exactamente lo contrario. Ni Hipercor ni Zaragoza han acercado un solo paso esa supuesta causa a su objetivo. Han asesinado trabajadores, niños, mujeres, guardias civiles y ciudadanos que nada tenían que ver con el conflicto. Han dejado familias destruidas y una sociedad cada vez más convencida de que el terrorismo no es una vía hacia ninguna libertad, sino una maquinaria de muerte. Si ETA pretendía quebrar la moral de la Guardia Civil atacando precisamente los hogares donde vivían sus familias, ha conseguido únicamente reforzar la certeza de que frente a semejante barbarie no puede existir otra respuesta democrática que la firmeza del Estado de Derecho y el aislamiento absoluto de quienes colocan las bombas.

J. F. Lamata