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Haro Tecglen celebra que el 'Dios misericordioso' mandara a Franco a España para suceder al fallecido José Antonio

El diario INFORMACIONES homenajea a José Antonio y al Dictador Franco con artículos de Víctor de la Serna Espina y Haro Tecglen

HECHOS

  • El 21.11.1944 en la primera página del diario INFORMACIONES se publicaron los artículos ‘El Ausente’, del director del periódico, D. Víctor de la Serna y ‘Dies Irae’ del Redactor-Jefe D. Eduardo Haro Tecglen, dedicados al General Franco y a D. José Antonio Primo de Rivera.

El artículo de Eduardo Haro Tecglen (Redactor-Jefe de INFORMACIONES)

DIES IRAE

E. Haro Tecglen, 21.11.1944

La voz de bronce de las campanas de San Lorenzo, el laurel de fama de la corona fúnebre, la piedra gris del Monasterio, los crespones de luto en todos los balcones del Escorial, los dos mil cirios ardiendo en el túmulo gigantesco coronado por el águila de Imperio que se eleva en la Basílica, lloran en esta mañana, con esa tremenda expresión que a veces tienen las cosas sin ánimo, la muerte del Capitán de España.

Hasta el sol y el paisaje han cubierto su inmutable indiferencia con el velo gris de la lluvia y la niebla, y cae sobre la ciudad -lacrima coeli – una llovizna fina y gris.

El instituto, el subconsciente, nos ha repetido sus frases, sus profecías, sus oraciones; y no ha sido voz de ultratumba la suya; ha sido voz palpitante de vida, de la vida y el afán de todos estos magníficos camaradas de la Vieja Guardia, del Frente de Juventudes, de la Sección Femenina… La doctrina del Fundador vive en ellos como en aquellos tiempos, y si el cuerpo de José Antonio está muerto bajo la lápida, su espíritu tiene calor de vida en la de todos los camaradas de la Falange.

Se nos murió un Capitán, pero el Dios Misericordioso nos dejó otro. Y hoy, ante la tumba de José Antonio, hemos visto la figura egregia del Caudillo Franco. El mensaje recto de destino y enderezador de historia que José Antonio traía es fecundo y genial en el cerebro y en la mano del Generalísimo.

Y así, en este día de dolor -Dies Irae- a las once -once campanadas densas de todos los relojes han sido heraldos de vuelo de su presencia-, la corona del laurel portada por manos heroicas de viejos camaradas ha llegado a la Basílica, y, entre la doble fila de seminaristas -cirios encendidos en sus manos- ha pasado al Patio de los Reyes y ha entrado en el crucero. Ha sido depositada sobre la lápida de mármol donde grabado está el nombre de José Antonio y la palma de honor y martirio. Había dolor en todos los semblantes. Mientras el coro entonaba el Christus Vinci y los registros del órgano cantaban la elegía del héroe muerto, a nosotros nos parecía oír la clara palabra de José Antonio elevarse de allí donde el mármol vela su cuerpo.

Una alegría tenemos; la de ver que a José Antonio sucede un hombre tan firme y sereno como el que lleva a España por los senderos que él marcó.

E. Haro Tecglen

El Análisis

¿EVOLUCIÓN O SIMULACIÓN?

JF Lamata

El artículo ‘Dies Irae’ sería, sin duda, el que más le pesaría durante toda su trayectoria a D. Eduardo Haro Tecglen, puesto que – una vez se descubriera como izquierdista/comunista, todos sus enemigos del lado derechil (como el Sr. Aguinaga, o el Sr. Campmany) le recordarían sus encendidos elogios al Dictador aquel 1944. Sólo fue un artículo, pero el Sr. Haro Tecglen no era sólo un artículista, era redactor jefe de un diario, como INFORMACIONES, en un momento 1941-1945 en el que las loas a Franco y a Hitler eran casi diarias.

El caso del Sr. Haro Tecglen podía ser el del hombre ‘que evolucionó’ de un extremo a otro, de franquista a comunista. O del que siempre fue comunista y simuló ser franquista para ganarse la vida. Sus enemigos se empeñarían en insistir en la primera teoría. Pero si tenemos en cuenta que el padre del Sr. Haro Tecglen fue condeado a muerte por la dictadura, Sr. Haro Ibars, o los testimonios de S. Santos Juliá y D. Carlos Semprún Maura revelando la colaboración del Sr. Haro Tecglen con los agentes del PCE y la URSS infiltrados en España en los años cincuenta, parece más lógica la segunda opción.

J. F. Lamata

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