27 septiembre 1954
Hasta ahora el cargo desde el que Mao gobernaba se titulaba "Presidente del Comité del Gobierno Central de la República Popular China"
El dictador comunista chino Mao Zedong adopta el título de ‘Presidente de la República Popular China’ al estilo occidental
Hechos
El 27.09.1954 Mao Zedong asumió el cargo de Presidente de la República Popular China.
El Análisis
En un gesto cargado de simbolismo más que de cambio real, Mao Zedong ha asumido oficialmente el nuevo cargo de Presidente de la República Popular de China, título que añade a su condición ya consolidada de líder absoluto del Partido Comunista Chino y del Estado. Se institucionaliza así una estructura de Estado más reconocible en el escenario internacional, emulando, como ha hecho Tito en Yugoslavia, las típicas de los países occidentales, aunque en el fondo se mantenga incuestionada la concentración de poder en una sola figura. Quizá también un intento de conferir mayor legitimidad institucional ante una comunidad internacional que sigue sin reconocer a la China de Mao como la auténtica representante del pueblo chino. La ONU continúa otorgando ese título a la República de China exiliada en Taiwán, un anacronismo diplomático que refleja más las líneas de la Guerra Fría que la realidad geográfica y demográfica: la China comunista gobierna más del 95% del territorio y de la población del país.
Internamente, la situación es menos sólida de lo que la retórica oficial pretende. El país sigue arrastrando las secuelas de la guerra civil, las heridas no cerradas del hambre y el subdesarrollo, y la enorme tarea de transformar una sociedad feudal y rural en una economía socialista centralizada. Las campañas de colectivización forzosa, lanzadas en nombre del progreso, han provocado resistencias, descontento y no pocos episodios de represión.
Chou Enlai continúa como primer ministro, cumpliendo el papel de gestor de la maquinaria gubernamental, mientras que Mao, ahora revestido también de la jefatura formal del Estado, sigue gobernando más desde su carisma revolucionario y su autoridad personal que desde los límites —si es que los hay— de la legalidad institucional. Sin embargo, su exclusión de los organismos internacionales y su imagen exterior —más temida que admirada— siguen marcando los límites de su proyección global.
JF Lamata