13 noviembre 1954
Nasser se convierte en dictador de Egipto tras deponer y arrestar a Alí Naguib
Hechos
El 13 de noviembre de 1954 Alí Naguib fue depuesto como Presidente de Egipto.
Lecturas
Nagib era dictador de Egipto desde 1952.
Desde febrero Nasser estaba enfrentado abiertamente a Nagib.
El Comité Revolucionario de Egipto presidido por el coronel Gamal Abdel Nasser relevó este 13 de noviembre de 1954 al presidente de la república, el general Alí Naguib, que permanece en arresto domiciliario.
El movimiento nacionalista panárabe que encabeza Nasser se ha impuesto así al conjunto de fuerzas que apoyaban al conservador Naguib, formado por antiguos oficiales monárquicos, comunistas y ‘oficiales libres’. Nasser vio aumentar su prestigio por la evacuación del canal de Suez.
En octubre-noviembre de 1956 se producirá la guerra del Canal de Suez.
El Análisis
La caída del general Muhammad Naguib como presidente de Egipto consuma la definitiva consolidación de Gamal Abdel Nasser como nuevo dictador del país. Lo que comenzó en 1952 como una alianza de militares reformistas contra la corrupción monárquica ha terminado por convertirse en una batalla interna por el rumbo de la nación. Naguib, figura respetada y moderada, había intentado mantener equilibrios entre conservadores, comunistas y nacionalistas, pero fue arrinconado por el ala más radical del movimiento de los Oficiales Libres, encabezada por Nasser, quien ha hecho valer su visión panarabista y autoritaria frente a cualquier atisbo de pluralismo.
Nasser no solo ha triunfado en las luchas internas: también se ha apuntado un éxito internacional al lograr la evacuación británica del canal de Suez, gesto que ha elevado su prestigio entre las masas árabes. Su cercanía creciente a la Unión Soviética y al bloque del Este despierta preocupación en Washington y Londres, que temen la deriva de Egipto hacia la órbita comunista. Pero más aún inquieta el sueño de Nasser de convertirse en el líder del mundo árabe, con un mensaje que mezcla justicia social, antiimperialismo y una promesa velada —pero persistente— de destruir al Estado de Israel. Nasser ya no es solo el presidente de Egipto: se postula como el símbolo de una era que puede redibujar el equilibrio de poder en Oriente Medio.
J. F. Lamata