29 octubre 1935

Alcalá Zamora, pidió a Lerroux que meditase antes de dimitir, pero este la presentó de manera irrevocable

El informe ‘estraperlo’ derriba definitivamente del Gobierno a Alejandro Lerroux consolidando a Chapaprieta

Hechos

El 29.10.1935 se formó un nuevo Gobierno presidido por el Sr. Chapaprieta.

Lecturas

El 29 de octubre de 1935 como resultado de las derivaciones política de la denuncia por negocios del juego en el llamado caso del straperlo dimiten de su puestos los ministros D. Alejandro Lerroux García y D. Juan José Rocha García, salpicados por el caso. El Sr. Lerroux García fue el forjador del pacto Partido Radical-CEDA, que formó gobierno el pasado 6 de mayo de 1935, aunque tras el cambio de gobierno del pasado mes de septiembre, su labor se limitaba a ser ministro de Estado, puesto de que ahora abandona.

D. Alejandro Lerroux García también dimite como Jefe del Partido Radical, puesto en el que es reemplazado por D. Santiago Alba.

  • Presidente de la República – D. Niceto Alcalá Zamora
  • Presidencia del Gobierno y Hacienda – D. Joaquín Chapaprieta Torregrosa (Independiente)
  • Guerra – D. José María Gil Robles Quiñones (CEDA)
  • Estado – D. José Martínez de Velasco Escolar (Partido Agrario)
  • Gobernación – D. Joaquín de Pablo Blanco (Partido Radical)
  • Justicia y Trabajo – D. Federico Salmón (CEDA)
  • Marina – D. Pere Rahola (Lliga Regionalista de Catalunya)
  • Obras Públicas y Comunicaciones – D. Luis Lucía (CEDA)
  • Industria y Comercio – D. Juan Usabiaga (Partido Radical)
  • Instrucción Pública – D. Luis Bardají (Partido Radical).

El Gobierno del Sr. Chapaprieta durará hasta diciembre cuando se produce la ruptura defintiva con la CEDA.

30 Octubre 1935

La reorganización ministerial

AHORA (Directo: Luis Montiel)

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Si no fuese un verdadero hábito el comentar las crisis políticas, ahorraríamos al lector el comentario de la de ayer, porque… ¡hay tan poco que comentar! El ciudadano sigue sin explicarse el forcejeo de la semana última, porque sí a la nota primera de la Presidencia del Consejo sobre el asunto del juego hubiera seguid la reorganización del Gabinete, tal vez se habría ahorrado la intervención del Parlamento y desde luego, se habrían ganado diez días.

Eso ya es irremediable. Lo era ayer también el planteamiento de la cuestión de confianza, que el Jefe del Estado hizo perfectamente en resolver de plano. Y el Sr. Chapaprieta hay que reconocer que obró con diligencia y energía.

El acoplamiento tenía poco que hacer y son los hechos los que han de decir si es acertado. Un poco extraño resulta que el jefe del Partido Agrario deje la cartera de Agricultura a un ingeniero cuyas actividades políticas no han tenido relación con el campo; y que la cartera de Instrucción Pública pase a ser ocupada por quien descuella en conocimientos jurídicos y económicos ; pero la política no se distinguió nunca por la aplicación del ‘The Right Man in the right place”.

En conjunto puede asegurarse que la significación del Gobierno es la misma después de la reorganización de carteras que antes. La misma ponderación de partidos, la jefatura del Sr. Chapaprieta, la permanencia en Guerra y Gobernación de los señores Gil Robles y De Pablo, demuestran que no ha cambiado nada sustancial en orden a la significación política. La nota que, al fin, dio ayer la minoría radical en la consagración del bloque.

Tal vez respecto a la fortaleza del Gobierno no pueda decirse lo mismo que respecto de la significación. El bloque, que aparentemente sigue igual, ¿Lo sigue también en el fondo? ¿No hay resquebrajamientos y grietas? La ausencia del Gabinete del Sr. Lerroux y algunas que otras manifestaciones que en la intimidad deslizan sus correligionarios hace sospechar que haya salido de la crisis el bloque con menos cohesión.

Si fuese así se había acortado la vida del Gobierno y del Parlamento. Claro que si bien se recapacita al Partido Radical es al que menos conviene la disolución de las Cortes, y en tal sentido es de suponer que se esfuerce en apoyar la situación. Y en esto estriba el porvenir político: si los radicales mantienen el bloque podrá hacerse una obra gubernamental; si desfallecen, imposibilitarán la vida del Parlamento, su autodisolución por la revisión constitucional y harán que entre la política española es una etapa de incógnitas. La responsabilidad no puede ser mayor, y de cómo la entienden y la sirven nos informarán los días venideros. Esta es la nota más destacada de la crisis, porque repetimos, es la clave del porvenir político inmediato.

30 Octubre 1935

Un gobierno ‘presupuestario’ sin programa y sin la confianza del país

LA LIBERTAD (Director: Antonio Hermosilla)

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En la presente situación, llena de preocupaciones de orden político y social, la solución de la crisis no es, en realidad, una solución. La formación del nuevo Gobierno – llamémosle así – es casi idéntica a la del anterior. Es un Gobierno que nace desgastado, que no tiene perspectiva, que se apoya en una coalición desprestigiada y estigmatizada por un proceso moral, ya resuelto y sentenciado por el más alto tribunal que es el pueblo.

De lo que podemos congratularnos los republicanos de izquierdas es de la nula capacidad antirrevolucionaria del bloque agrario-radical-cedista que continúa en la gobernación del Estado. Sus errores, su inepcia para estudiar y resolver los problemas  nacionales, su sectarismo nos proporciona elementos para el progreso revolucionario de la República. No obstante, se le ha dejado maniobrar demasiado tiempo al bloque reaccionario, y aunque resulta perfectamente triunfadora la táctica de los partidos republicanos de izquierda de dejarle que se desprestigia y deshaga por si mismo, hubiéramos preferido y seguimos estimándolo preciso, una acción más directa, intensa y fuerte por parte de aquellos, en cuyo programa debe de alentar el anhelo popular y el espíritu de lucha sin tregua para reconquistar y vigorizar la República democrática y constitucional implantada por él. A nuestro juicio la acusación parlamentaria en el negocio del juego debieron acometerla las izquierdas, y, entre otras cosas, se hubiera evitado el que la CEDA, encubridora del escándalo y sucio negocio, se aproveche de la descomposición de un partido [el Partido Radical]. La actuación de los partidos de izquierda ha de ser, ante todo y siempre, resueltamente revolucionaria, en el sentido de exterminio de las fuerzas de derechas, todas hasta ahora monarquizantes, y de la reconstrucción moral de España. Y no se puede perder un minuto ni una posición en la lucha. Táctica y política, bien, pero a la entera satisfacción del pueblo, que desea hechos palpables y lucha sin tregua contra la reacción.

El Gobierno reorganizado con la misma significación sigue sin contar con la confianza del país. No tiene otro programa que el plan económico del Sr. Chapaprieta, que ofrece a la República una labor – buena o regular, eso se verá en su día – pero a la que no podemos negar una buena intención (tampoco puede negarse el justo sentido responsabilista – aceptable garantía personal – del Sr. Chapaprieta, que ha sabido velar por los prestigios de la justicia). Lo demás no tiene hechura de programa gubernamental. Es un Gobierno-ficción que, a lo sumo intentará la aprobación de los Presupuestos generales del Estado. Un Gobierno ‘presupuestario’.

Pero, ¿y el paro obrero y las obras públicas, y el restablecimiento de las garantías constitucionales? No realizará el nuevo Gobierno un trabajo aceptable y fructuoso para el régimen. Bien es verdad que su actuación transitoria no pasará de ser un episodio más de la política funesta y bochornosa del segundo bienio.

30 Octubre 1935

La solución de la crisis

LA ÉPOCA (Director: Alfredo Escobar, marqués Valdeiglesias)

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No parece haber satisfecho mucho en general. Unos – los que consideraban el bloque cedorradical como el instrumento más perfecto de Gobierno que cupiera imaginar – temen por los efectos de su debilitación. Parece ser que la salvación de España no era en realidad, como algunos erróneamente habían creído obra exclusiva del señor Gil Robles, ni tampoco del señor Lerroux, sino precisamente de la perfecta amalgama que se había forjado entre ambos.

Otros han encontrado insuficiente la medida de profilaxis adoptada.

Algunos, en cambio, la han encontrada excesiva. Ciertos detalles de su ejecución en particular parece que han tenido la virtud de herir la delicada susceptibilidad de los radicales.

Pese a todo, nosotros nos sentimos optimistas y creemos que las cosas abarán derivando pooro el mejor cauce posible. Es preciso reconocer que en el momento actual se han ajustado a términos de gran lógica y naturalidad.

La elevación del Sr. Alba de la que dan cuenta algunos diarios de esta mañana, es un acierto por todos conceptos. El Sr. Alba reúne todas las cualidades que son requeridas y aún añade algunas peculiares que no dejarán de ser vistas con mayor simpatía por todos los afiliados.

Es seguro que si entrañable y leal ha sido la compenetración entre los señores Gil Robles y Lerroux, no lo será menos la que se establezca entre los señores Alba y Gil Robles, a los que unos intereses políticos tan comunes sirven ya de lazo de unión. Quizás algún acto-homenaje semejante al reciente banquete del Ritz servirá de ocasión al jefe de la CEDA para testimoniar públicamente el alto aprecio en que ha tenido siempre la actuación de don Santiago Alba, cuya consecuencia y generosidad cantará con tan elocuentes y sinceras palabras como las dedicadas a Lerroux, lo cual sellará entre ambos una amistad de la que el país podrá legítimamente esperar óptimos frutos.

Estimamos, pues, infundados los temores que algunos han sentido sobre posibles debilitaciones del bloque cedorradical. Creemos por el contrario que este episodio lo que ha hecho es demorar su homogeneidad, ya que se ha visto como no consistía en una simple unión personal, sino en algo más profundo e indestructible.

‘Cuando llegue la hora no separaremos como caballeros’, había dicho recientemente el señor Gil Robles, y, en efecto, llegada la hora, como un caballero se comportó personalmente con el Sr. Lerroux, sin que ello significase la disolución de un bloque que ha llegado a ser algo ya casi consustancial con la República.

30 Octubre 1935

La serpiente ahuyenta al león

LA NACIÓN (Director: Manuel Delgado Barreto)

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Nosotros hemos sido espectadores de la obra, en la que hubo indudablemente, escenas inmorales y trazos de picaresca.

Pero hoy nos sorprende un desenlace. Estamos, indudablemente, frente a un momento final. Y ese momento final, sea cual fuere nuestra manera de pensar – que todo el mundo conoce, por lo constante y lo invariable – y sean también cuales fueran – y son abismáticas – las diferencias que nos separan de la víctima; este desenlace – decíamos – en el que hay algo desconcertado y algo desconcertante, lleva, queramos o no queramos, a la punta de la pluma en la mañana de hoy una sombra de emoción. No la extendemos en las cuartillas. ¿Para qué? ¡Háganlo los republicanos, si tienen conciencia y memorial Tratándose de nosotros, no hay malicia que borre, ni suspicacia que diluya, ni rencor humano que amortigüe, de ninguna manera, todo lo que nos ha separado en la vida de don Alejandro Lerroux y nos separa. Nosotros sabemos, por añadidura y de sobra, que la política, arte de realidades, práctica de circunstancias no se hace con el sentimiento. Pero… Lerroux, que ha sufrido tantas equivocaciones, clavó en Ifni la bandera de España y prestó a su Patria, a la sociedad y a la civilización el servicio eminente que supone en la Historia, la noche del 6 de Octubre.

Nosotros como particulares y políticos, no le debemos a Lerroux nada; es decir, le perdonamos los agravios a nuestras convicciones religiosas y a nuestras ideas políticas. Nunca le ayudamos, en bloque ni sin bloque. No le hemos defendido en lo que no era defendible. Pero al alejarse, transitoria  o definitivamente, el anciano ex presidente, nosotros, que le hemos combatido con dureza y con pasión, queremos saludarle desplegando a los cuatro vientos y desde esta tribuna monárquica, una bandera de justicia.

Ya en un terreno crítico, nosotros creemos que el Sr. Lerroux que tiene todavía sobrados alientos, debió sacrificar muchas cosas, y los anhelos, incluso, de un descanso a las exigencias que impone la lucha y la necesidad de la defensa. Máxime, porque el Sr. Lerroux no sólo conoce sus deberes, sino que conoce a sus enemigos. ¿Qué sufriría el sentido republicano? Ah. Pero ¿es que no son las vestales del régimen, los auténticos, los autores de la maniobra y de la intriga?

No tenemos inconveniente en reconocer que queda en el Gobierno un hacendista, que es el señor Chapaprieta, y un parlamentario, que es el Sr. Gil Robles. Y el brazo del Gobierno, que el Sr. Gil Robles, resguárdese de la serpiente. Porque ya le apuntan. Y también, y no transcurrirá mucho tiempo, lo van a morder.

El refuerzo que se le ha puesto al motor en marcha no supone gran cosa.

El Análisis

EL FINAL DE LERROUX

JF Lamata

La caída de Alejandro Lerroux el 29 de octubre de 1935 marca un punto crítico en la política española, con el escándalo del Straperlo que lo obligó a dimitir junto a Juan José Rocha, dejando a Joaquín Chapaprieta como presidente del Consejo de Ministros. Luis Montiel, desde ‘Ahora’, cuestiona la estabilidad del nuevo gabinete, señalando que aunque la estructura partidaria parece intacta, la cohesión interna podría estar en riesgo. Por su parte, Manuel Delgado Barreto, en ‘La Nación’, mezcla ironía y reconocimiento, despidiendo a Lerroux con una mezcla de crítica por sus errores y una inesperada bandera de justicia, destacando la persistente influencia de Gil Robles y advirtiendo sobre las futuras intrigas que amenazan al gobierno.

J. F. Lamata