23 abril 1976
Ha estado 40 años en el exilio y vuelve, dice, sin resentimientos y deseando paz, ante el aperturismo mostrado por el Gobierno Arias Navarro
El ex Presidente de la República en el Exilio, Claudio Sánchez Albornoz, vuelve a España: «Nos hemos matado demasiado, entendámonos»
Hechos
El 23 de abril de 1976 D. Claudio Sánchez Albornoz regresó a España 40 años después se su salida del país.
Lecturas
Sánchez Albornoz había dimitido como Jefe de Gobierno de la República en el exilio en 1971.
El 23 de abril de 1976 D. Claudio Sánchez Albornoz regresó a España con un mensaje de paz y pidiendo reconciliación entre derecha e izquierda: “nos hemos matado ya demasiado”, pronunció en un emotivo discurso recogido por Radio Nacional de España.
Su regreso supone un voto de confianza a la política de reconciliación del Rey Juan Carlos I y del presidente del Gobierno D. Carlos Arias Navarro.
El Análisis
El 23 de abril de 1976, cuarenta años después de abandonar España al término de la Guerra Civil, Claudio Sánchez Albornoz regresó a su tierra. El regreso no es un hecho meramente personal: constituye, en realidad, un símbolo. Con él se certifica el final práctico de aquel Gobierno de la República en el exilio que, aunque no se disolverá oficialmente hasta 1977, llevaba décadas reducido a una sombra nostálgica, sin capacidad de influencia sobre la España real ni siquiera sobre la propia oposición antifranquista.
Lo verdaderamente relevante de este regreso ha sido su mensaje de reconciliación. Ante los micrófonos de RNE, Sánchez Albornoz emocionó a muchos españoles, de un lado y otro de las trincheras de la guerra civil, con unas palabras sencillas y hondas: “Al pisar España dije que vendría llorando y llorando estoy. No tengo más que una palabra: paz”. Su llamamiento a entenderse en libertad, a darse la mano entre adversarios de ayer y a construir unas nuevas Cortes que representen a todos, refleja con claridad el espíritu que hoy impregna la política española bajo el reinado de Juan Carlos I y el Gobierno de Carlos Arias Navarro, alentado por la labor reformista de ministros como Manuel Fraga y, especialmente, José María de Areilza.
El retorno de Sánchez Albornoz no es, pues, un episodio aislado, sino un síntoma del nuevo tiempo. El exilio republicano se disuelve porque España, por fin, parece abrir un camino hacia un sistema de libertades que hará innecesarios los gobiernos simbólicos del pasado. Y su discurso, lejos de abrir viejas heridas, las ayuda a cerrar al reclamar lo que buena parte del país desea: paz, reconciliación y democracia.
Cuarenta años después, el regreso del viejo presidente del exilio no es tanto la vuelta de un dirigente, sino la despedida de un tiempo ya agotado y la bienvenida a una nueva etapa en la que los españoles deberán aprender a convivir en libertad.
J. F. Lamata