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El nuevo jefe de TVE y RNE es hermano del secretario general de UCD, Rafael Arias Salgado e hijo del jerarca de prensa del franquismo Gabriel Arias Salgado

El Gobierno Suárez nombra nuevo Director de RTVE a Fernando Arias Salgado reemplazando a Rafael Ansón Oliart

HECHOS

  • En noviembre de 1977 D. Fernando Arias Salgado fue nombrado Director General de Radio Televisión Española (RTVE), hasta ese momento secretario técnico del Ministerio de Asuntos Exteriores.

El periódico El Alcázar dirigido por D. Antonio Izquierdo Ferigüela y el periódico ABC dirigido por D. Guillermo Luca de Tena Brunet publican editoriales contra RTVE y su director general D. Rafael Ansón Oliart los días 12, 13 y 14 de noviembre después de que el programa ‘Yo Canto’ se lanzaran ataques a D. Francisco Franco Bahamonde mientras se exhibían banderas tricolores. El 19 de noviembre D. Rafael Ansón Oliart fue reemplazado como Director General de RTVE por Fernando Arias-Salgado Montalvo.

Profesionales de RTVE encabezados por la socialista Pilar Miró denuncian una ‘caza de brujas’ en el ente público com motivo de la sustitución del Sr. Ansón por el Sr. Arias Salgado. El Sr. Ansón se vio forzado a presentar la dimisión tras el escándalo por la emisión de un programa de D. Luis Prados.

EL MANIFIESTO DE DENUNCIA ‘CAZA DE BRUJAS EN RTVE’

PilarMiróTVE Los abajo firmantes, directores-realizadores de TVE, ante la actitud adoptada por los periódicos EL ALCÁZAR y ABC en sus editoriales de los días 12 y 13 de los corrientes, respectivamente, que han promovido dentro de nuestra empresa una nueva serie de acciones inquisitoriales e incontroladas, declaramos lo siguiente:Haciéndose portavoces de las «numerosísimas muestras de justificada indignación nacional», juzgan de irresponsable e intolerable la actitud de RTVE al emitir el viernes, día 11, el programa «Yo canto», dedicado a Luis Pastor. Nos resulta curioso, cuando menos, la facilidad que tiene ese determinado sector de la prensa para recabar con tal celeridad un testimonio tan mayoritario que le permite la utilización de un superlativo tan amplio como «numerosísimas». A nosotros -que trabajamos en el medio informativo de mayor difusión- ya nos gustaría obtener con tanta facilidad el eco de nuestro trabajo; para condenarlo o alabarlo. Nuestra experiencia nos señala una enorme dificultad para contactar de manera inmediata y real con la opinión de los espectadores. Envidiamos, pues, la suerte que esos órganos de opinión tienen en la comunicación «verdadera» con el público, porque ello les ha de « servir, evidentemente, para su perfeccionamiento profesional, su certera orientación y su plena realización. Algo de lo que nosotros, tristemente, carecemos.

Se acusa a renglón seguido a RTVE de «abundantes muestras de marxisitización», lo que suponemos que es simplemente un mal chiste. So pena que el editorialista padezca tina enfermedad visual tan grave que le lleve a confundir al pequeño Marco con Lenin, al inspector MacMillan con Engels y al profesor Sanchezstein con Carlos Marx. Lo que a toda luces parece evidente es que, en relación al tanto por ciento que los partidos marxistas tienen en el Parlamento gracias al consenso popular, el espacio que RTVE les dedica no es en absoluto «abundante», sino insólitamente mínimo.

Hay, además, en la argumentación de los editorialistas una muy sui generis interpretación del hecho democrático al confundir, como sinórtimos, los conceptos de mayoría y totalidad. Al parecer, que exista una mayoría de votos orientados en un sentido significa la no existencia o condena de los demás. iCómo sino se puede hacer «un ataque demoledor contra el sentir de la mayoría nacional»!… Ya se sabe: la democracia significa, al parecer, que el que gana unas elecciones, unifica, uniforma a la totalidad. Quién ha ganado en las umas puede hablar, el resto debe ser silencio. Si no es esta filosofía, ¿cuál creen los editorialistas que es la de un Estado totalitario? En base a esta inefable concepción de la democracia, no sólo RTVE, sino el propio Gobierno está actuando de manera intolerable e irresponsable, dado que continuamente hace gala de estar promoviendo el cambio democrático. Pero llegamos al objeto concreto de la irritación de los columnistas: el programa sobre Luis Pastor. «… lo definitivamente grave es la irrepetible irresponsabilidad de TV al ofrecer un programa presentado como musical -con lo que burló la buena fe de los espectadores- y resultó un mitin político. Como descarada arenga revolucionaria. Y como ataque directísimo a la Corona.»

Vayamos por partes: ¿Quién ha sido engañado? Los recitales de Luis Pastor están autorizados, sus discos se venden, y no poco. Hay un gran sector del público que esperaba «ese» Luis Pastor. Quien no lo conocía pudo hacerlo a través del programa. No se anunció a Julio Iglesias o a Karina, se anunció a Luis Pastor; y él canta y es así. ¿Dónde está la burla? ¿Que sus canciones son políticas? ¡Pues claro! ¿Y qué? ¿Todas las canciones tienen que hablar exclusivamente de pañuelos tirados

al río, o amores que se olvidaron como flores de un vaso en cada esquina? Un artista debe expresar lo que siente, no lo que alguien quiera que exprese. Claro, que como «coreografía del espectáculo musical» había banderas rojas y alguna tricolor! El articulista debía saber que la mayor parte del programa se rodó en un mitin del PSP durante la campaña electoral. Y esas banderas estaban allí, y por cierto, que no fueron utilizadas por el realizador de manera especial, preponderante o fundamental. ¿Es eso «un ataque directísimo» a alguien o a algo? En ese caso, ¿qué tienen que decir los españoles que a lo largo de más de cuarenta años se sienten molestos al tener que soportar otros símbolos e imágenes no gratos para ellos? La cuestión es bien clara: la convivencia civilizada, la democracia, consiste en el respeto a todo. Tan simple como eso. Exhibir unos símbolos no es atacar. Atacar conlleva en sí mismo una actitud violenta. Y, desde luego, ninguna violencia hubo en el programa que nos ocupa. Utilizar instituciones tan respetables como la Corona, de manera frívola y usando una vieja y grandilocuente retórica, como telón de fondo y pretexto para solapar las rabietas personales, no es un comportamiento digno. Es cuando menos, mezquino y peligroso. Un solo punto «nos estremece de preocupación y nos indigna», al igual que a nuestros editorialistas, «que lo ilegal y lo ilegítimo sea promovido por el propio Estado, a través del antidemocrático monopolio de la televisión». Porque nosotros, profesionales del medio, lo hemos venido padeciendo desde siempre. Y aseguramos que esa aspiración de que RTVE sea un organismo controlado democráticamente, es nuestra de manera fundamental. Queremos y exigimos la defensa de cada uno de los profesionales de RTVE, de su trabajo, sin que el ataque o la crítica de un sector de la opinión repercuta frustrante y a veces irremediablemente en nuestra profesión. Queremos y exigimos que actitudes como las de El Alcázar y ABC sobre el programa «Yo canto» no determinen a quienes ostentan el Poder a actitudes inquisitoriales e incontroladas, de caza de brujas, de supresión de programas o de petición de cabezas responsables, sin más. Queremos y exigimos que el control democrático se ejerza ya mismo. Y aseguramos que las centrales sindicales y los movimientos de opinión independientes en RTVE lucharán por defenderse de actitudes despóticas, impidiendo que su empresa se convierta en campo de Agramante de manipulaciones soterradas. Porque para nosotros eso es lo legal y lo legítimo. Nos preocupa que el recién nombrado Consejo Rector esté compuesto en su mitad por representantes del Gobierno y que un 30% del resto lo ocupen representantes de UCD -habida cuenta de que UCD y Gobierno es lo mismo-, y para nada se haya contado con los profesionales de RTVE en cuanto tales. Nos preocupa sufrir una televisión gubernamental y no verdaderamente nacional. Nos preocupa, en fin, que el nuevo Consejo Rector no vaya a ser sino una junta más de las que hemos venido padeciendo hasta la fecha, y que no han hecho sino pellizcar el deteriorado presupuesto de RTVE. Y para terminar, lamentamos que sectores de opinión ideológicamente diferentes a EL ALCÁZAR y ABC, que habitualmente exigen a RTVE un contenido distinto en su programación al de épocas pasadas, no sean capaces de romper una lanza en favor de aquellos que intentan llevar a cabo, precisamente, lo que ellos desean. Es una incoherencia incomprensible y peligrosa que puede acarreamos a los profesionales de RTVE, a todos los espectadores, una situación de estancamiento y aun de retroceso.

Firman el manifiesto: D. Antonio Giménez-Rico, Dña. Pilar Miró, D. Luis Sánchez Enciso, D. Alfonso ungria, D. J. García Dueñas, D. Carlos Serrano, D. Juan Mediavilla y D. Pedro Amalio López.

18 Noviembre 1977

Una dimisión digna de ser aceptada

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

POR SEGUNDA vez en muy pocas semanas, Rafael Ansón, director general de Radiotelevisión Española, ha puesto el cargo a disposición del Gobierno. La población televidente ignora a qué espera el Gobierno para aceptar esta dimisión.La realidad es que tras la actitud existe una trastienda, buena o mala para el dimisionario. Se puede dimitir por humildad, por honradez, por incompetencia o hasta para acceder a escalones superiores los televidentes no deben ignorar que tras la constitución de unconsejo rector de RTVE (36 miembros), en el que están proporcionalmente representados los partidos parlamentarios, éstos han de elegir un presidente que, por la lógica del reparto de escaños en el Congreso, será un hombre de confianza de Unión de Centro Democrático, coalición de partidos que detenta el poder bajo la jefatura del presidente Suárez. Nada estaría más dentro de la lógica de la política -y hasta de la lógica matemática- que un hombre de Suárez, un hombre con las espaldas curtidas en servicios a la coalición gobernante, resultara elegido presidente del todopoderoso consejo rector de RTVE. Tampoco sería motivo de extrañeza que el auriga radiotelevisivo de la campaña ucedista en las elecciones de junio resultara elegido presidente del Consejo Rector de RTVE.

Permítasenos decir que para esas dimisiones y esos viajes hacen falta escasas alforjas. Porque algunos ven venir el ascenso del señor Ansón a la presidencia de dicho Consejo.

La permanencia del señor Ansón al frente de RTVE, y en una peana sobrealzada, es, no obstante, contraria a los intereses ciudadanos por una larga sarta de motivaciones, que pasaremos a enumerar:

No se recuerda desde hace mucho que la programación de RTVE alcanzara tan bajos niveles de calidad, de comercialidad (son términos conjugables) o de competencia. Llegan a emitirse conciertos sinfónícos o eventos deportivos a la misma hora y en las dos cadenas; algún altísimo responsable del medio televisivo pretende a estas alturas descubrir y comprarla serie dejim West, ha tiempo televisada; la programación política ya dejó de ser tendenciosa para admitir el calificativo de banal y confusa. A este respecto basta recordar que, ahora mismo, el señor Ansón está recibiendo severas críticas desde órganos de expresión de ultraderecha por alguna de las programaciones de Prado del Rey. Baldón que le conviene políticamente, pero que no oculta la verdad del desconcierto que reina entre los directivos de aquella casa.

La gestión económica de RTVE encuentra en el Boletín Oficial de las Cortes de ayer un dato revelador: la concesión de un crédito extraordinario por más de 2.000 millones de pesetas para la liquidación de «ejercicios anteriores». Resulta paradójíco que un medio de comunicación tan extensivo como RTVE nohaya disipado informativamente por sus propias antenas la gran sospecha que pende sobre Prado del Rey respecto a su financiación: nóminas fantasmas, inexplicados compromisos con casas discográficas, política sobre derechos de autor, trabajos y nórnínas impagados, y el incontestable argumento de que RTVE es, presumiblemente, la única gran empresa de ámbito estatal que jamás ganó un juicio ante una Magistratura de Trabajo.

Este es un país con dos escándalos descomunales: las cuentas de la Seguridad Social (de las que el ex ministro Fernando Suárez llegó a decir, en vida de Franco, que no las destapaba so crisis regimental), y las de Radiotelevisión Española.

Rafael Ansón -o sus iguales políticos- dimitirán, en suma, una y mil veces. Pero RTVE seguirá sin encontrar su auténtico rumbo democrático.

Una comisión parlamentaria debe, sin duda, controlar tan importante órgano de expresión. Pero RTVE debe ser cultural y periodísticamente administrada por los profesionales que la realizan; que deben quedar al margen de las decisiones del ministro de turno e, igualmente, lejos de un director tan arbitrario como el actual, duplidimisionario y public relations del presidente.

01 Diciembre 1977

Tormenta sobre Radiotelevisión Española

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

RADIOTELEVISION ESPAÑOLA es un tema de Estado. Su gestión, sus niveles de calidad, sus techos informativos, su política de personal, sus servidumbres partidistas, todo el abanico de sus problemas, debe afrontarse con la altura política que reclama tan influyente aparato de comunicación; una red audiovisual que incide desde el comportamiento de los niños hasta las inclinaciones de voto del electorado. RTVE es un tema, en suma, que no admite un tratamiento informativo de dimes y diretes ni el tono discursivo propio de las reyertas callejeras.RTVE -todo hay que decirlo- sé ha ganado a pulso, a base de secretos, silencios, triunfalismos, dependencias antiprofesionales y conocidos arbitrismos generalizados, el tener que ver ahora su ropa tendida en la ventana. Hasta la muerte de Franco RTVE no pudo ser sujeto de más investigación que la crítica literaria y especulativa de su programación. Ahora, tras algunos tímidos intentos anteriores y al socaire de la constitución de un Consejo Rector, de los trabajos de un «Comité Anticorrupción», integrado por trabajadores de la empresa y del cambio del director general del organismo, la prensa escrita ha comenzado a levantar el cómodo manto de silencio bajo el que tan cómodamente han habitado los máximos responsables de Prado del Rey.

Pero la tradición de secretismo típica de RTVE se está empezando a volver contra el propio organismo y, acaso, en forma escasamente elegante. Los trabajadores de RTVE que forman el «Comité Anticorrupción» tienen acceso a una documentación -pese a ellos y la intención ética que los anima- sin duda incompleta. Este «comité», que, de tener un neto carácter representativo de los 7.500 trabajadores de RTVE, debería encontrar su mejor aliado en el nuevo director general y en el recién creado Consejo Rector, en realidad trabaja a niveles o de neoclandestinidad o, en el mejor de los casos, de molesta tolerancia por parte de la dirección de RTVE. Se le cuestiona representatividad y se le tacha de politización. Al menos, habrá que reconocerle el hecho de que ha logrado, por fin, dar una voz de alarma sobre lo que está sucediendo en Prado del Rey. Hay un «Comité Anticorrupción» porque hay corrupción.

Así las cosas, las cuentas de Radiotelevisión Española continúan siendo un misterio hacendístico y hasta meramente contable, el papel que RTVE debe jugar en cuestión tan seria como el tránsito de toda una nación desde la autocracia a la democracia se convierte en un mero pim-pam-pum de salarios y situaciones personales, de hablillas de pasillo -ciertas o no-, de cazas de brujas, esta vez a la inversa, y hasta de cuentos de alcoba. Todo aquello que ayude a RTVE a erigirse en un órgano difusor, altamente profesionalizado y verdaderamente autónomo y atento a los auténticos niveles culturales de esta sociedad debe ser propiciado y defendido.

La prensa escrita -y desde luego EL PAIS- jamás tendrá inconveniente alguno en cantar su palinodia si un profesional de la radio o la televisión del Estado ha visto menoscabado su honor o sus derechos. Con la publicación de la hoja informativa del «Comité Anticorrupción», los periódicos no hemos comenzado una historieta de escándalo, sino informado de unas denuncias que ya se habían hecho públicas en los pasillos de Prado del Rey. Es desde luego lamentable que prestigios personales se vean dañados innecesariamente, pero los profesionales de RTVE se han visto obligados a recurrir a métodos insólitos de investigación para obtener una información necesaria a la que ellos y los españoles tenemos derecho y se nos viene ocultando: de qué manera administra el Gobiemo el dinero de los ciudadanos. Por eso debiera ser la propia RTVE quien abriera en sus antenas y pantallas el debate y la información sobre lo que en su seno acaece. Porque no deja de ser paradójico que tema de tamaña importancia económica, política y social se esté ventilando en la prensa escrita mientras guardan silencio quienes esgrimen encuestas de audiencia que llegan hasta los quince millones de españoles.

Ni siquiera se le pide a RTVEque ponga lasradiosy los televisores de rodillas para solicitar excusas y perdones de la sociedad entera. Sólo se sugieren normas de procedimiento tan elementales como que el Parlamento controle y sea responsable último (con la tribuna de público y prensa abierta) de la gestión de tan vasta cadena. Se sugiere que los profesionales de la radio y la televisión desempeñen un papel protagonista y responsable en la programación de RTVE, por cuanto ellos son por vocación y preparación los llamados a administrar lo que sale por las antenas. Ya serán la opinión pública y los representantes del pueblo -y no los telefonazos de influencia- quienesjuzgarán su trabajo.

Por esos caminos pudiera alcanzarse una RTVE que aportara a este país lo que ahora no está aportando: un soporte y un acicate para la sociedad democrática, culta y tolerante que se pretende alcanzar. Si los altos dirigentes de RTVE, los partidos parlamentarios y hasta los propios profesionales del medio lo entienden así, estaremos en el camino deseado. Si del Gobierno para abajo, desde el político de UCD que acceda al cargo de presidente del Consejo Rector de RTVE hasta los trabajadores del «Comité Anticorrupción», no entienden que toda la sociedad española tiene entre manos un asunto de primer orden político, nos podremos apasionar en la observación de peleas intestinas y hasta personales. Pero habremos perdido el tiempo, el rumbo y la propia RTVE.

03 Enero 1978

El editorial que nunca existió

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

es mala, es corrupta, es cara, es monopolística, es oficial, es vergonzante, es triste.

HABÍAMOS DECIDIDO hacer un editorial sobre Televisión. Queríamos poner de relieve que es inadmisible, en medio de un programa de austeridad económica que obliga a la propia Televisión a cerrar temprano el alarde de consumismo publicitario que se hace en la pantalla, eligiendo, además, como víctimas al sector de la población más indefenso: el niño. Pero se nos liaron las cosas. Al hablar de la inmoralidad del Gobierno, no perseguida por nadie, a la hora de la explotación publicitaria de la televisión nos encontramos con la inmoralidad añadida de que en realidad TVE es un organismo oficial que concurre en régimen de monopolio al mercado publicitario aplicando tarifas ridículas y deformando todo el sector, con evidente perjuicio para la supervivencia de la prensa periódica y para la pluralidad de expresión. Varios diarios y semanarios están al borde del cierre agobiados por problemas económicos y ante la presión de una política oficial prepotente que de boquilla defiende la libertad de expresión y con sus hechos la dificulta al máximo. Pero de esto hablaremos otro día. Luego nos encontramos que esta riada de anuncios de juguetes, bebidas y otras cosas incidía negativamente en la coyuntura económica, excitando al consumo y provocando la inflación. ¡Vaya plan de austeridad en el que la demanda es incitada casi sin límite desde la televisión del Gobierno! Con los datos para escribir el editorial sobre Televisión caímos en la cuenta de que no podía dejar de señalarse el hecho de que todo este inventito le costó en 1977 a los españoles varios miles de millones de pesetas que se necesitan en créditos extraordinarios. Y enseguida pudimos damos cuenta de que esto eran gastos ya realizados sin que nadie, por supuesto en el Gobierno -en el Gobierno Suárez-, pensara antes cómo se iban a pagar. A continuación nos llegaron informes del comité anticorrupción y otros de personas particulares en los que se hablaba de los problemas de la publicidad indirecta, los circuitos cerrados de contratación de actores, el absentismo laboral, las concesiones y adquisiciones en el terreno técnico, la calidad de la emisión… Bien, pensamos, aquí hay material suficiente para hacer un editorial sobre TVE. Adjuntamos los cientos de cartas que se reciben cada semana protestando por la horrísona calidad de los programas, la chabacanería de los más, la mala utilización de la segunda cadena y el aburrimiento generalizado en el que nos han sumido. Y dijimos: vamos ahora a escribir el editorial sobre Televisión. Pero antes enchufamos el aparatito y nos encontramos con que el domingo primero del año la televisión, española festejaba el nacimiento de 1978 repitiendo tres horas de un programa indescriptible y abochornante que contribuyó la noche del 31 de diciembre a acabar el 77 con el pesimismo debido y a aumentar el mareo de los españoles a base de los jueguecitos electrónicos del señor Lazarov.Y entonces dijimos: ¿para qué vamos a hablar de Televisión, si lo hemos dicho todo ya?: es mala, es corrupta, es cara, es monopolística, es oficial, es vergonzante, es triste. Y desistimos del empeño, sobre todo cuando nos dimos cuenta de que el señor Suárez había sido director general del asunto. A lo mejor la cosa viene desde entonces; pues cualquiera la arregla.

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