16 abril 1985

El propio Vicepresidente del Gobierno D. Alfonso Guerra se presentó en el congreso para terciar la batalla a favor de su hombre

4º Congreso PSOE vasco – El ‘guerrista’ Benegas se impone a Damborenea y logra ser reelegido Secretario General del PSE-PSOE

Hechos

El congreso del PSE-PSOE celebrado de abril de 1985 D. José María Benegas fue reelegido como Secretario General, derrotando a la candidatura de D. Ricardo García Damborenea.

Lecturas

El 14 de abril de 1985 el Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) celebró en su IV Congreso la votación para elegir a su secretario general.

El ‘guerrista’ D. José María Benegas Haddad, líder de la federación vasca del PSOE desde el inicio de la democracia, volvió a presentar su candidatura a secretario general del PSOE vasco a pesar de que desde diciembre de 1984 era, además, secretario de Organización del PSOE a nivel nacional. Un sector del PSOE encabezado por el líder del partido en Vizcaya, D. Ricardo García Damborenea, se opuso a su reelección por considerar que no debía ocupar ambos cargos de manera simultánea.

En su edición del 14 de abril el periódico ABC da por seguro el triunfo del Sr. García Damborena, por contar con el respaldo de la federación de Vizcaya y de también de la UGT, pero el resultado de la votación es el siguiente:

  • D. José María Benegas Haddad – 59,69%.
  • D. Ricardo García Damborenea – 42,28%.

El resultado del congreso es un triunfo personal del vicepresidente del Gobierno y vicesecretario del PSOE, D. Alfonso Guerra Gozález, que se desplazó personalmente el Congreso para hacer gestiones ante los delegados y así garantizar el triunfo ‘guerrista’.

La nueva ejecutiva queda compuesta de la siguiente manera.

  • Presidente – D. Ramón Jáuregui Atondo.
  • Secretario general – D. José María Benegas Haddad.
  • Vicesecretario – D. Juan Manuel Eguiagaray Ucelay.
  • Organización – D. Fernando Buesa Blanco.
  • Comunicación – Dña. Ana Miranda.
  • Cultura – D. José Antonio Maturana.
  • Secretario ejecutivo – D. Javier Rojo García, D. José Luis Ibáñez, D. José Ramón García y D. Carlos García Canivano.

RESULTADO DE LA VOTACIÓN PARA ELEGIR AL SECRETARIO GENERAL DEL PARTIDO SOCIALISTA DE EUSKADI – PSOE

benegas Votos a favor del Sr. Benegas – 54,7%

Dambo001 Votos a favor del Sr. García Damboenea – 42,3%

NUEVA EJECUTIVA DEL PSE-PSOE

Presidente- D. Ramón Jauregui

Secretario General- D. José María Benegas (Txiki)

Otros- D. Juan Manuel Eguiagaray, D. Fernando Buesa, D. Enrique Antolín, Dña. Ana Miranda, D. José María Díez, D. José Antonio Maturana, Doña Rosa Díez, D. José Luis Ibáñez, D. José Ramón García, D. Javier Rojo y D. Carlos García.

El siguiente congreso del PSE-PSOE será igual de tenso, se celebrará en 1988.

13 Abril 1985

Benegas-Damborena: una política, dos sensibilidades

Patxo Unzueta

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A medida que el sistema de partidos políticos instaurado por la Constitución de 1978 se va consolidando, los factores de rivalidad personal entre los dirigentes -o, visto desde el otro lado, la búsqueda de focos alternativos de lealtad por parte de los militantes- tienden a sustituir en la vida intrapartidista a las querellas ideológicas que caracterizaron a las distintas formaciones políticas en los primeros años de la transición.Cualquiera que sea la fórmula bajo la que se presente el debate sobre la continuidad de Benegas al frente del PSE-PSOE, difícilmente podrá prescindirse de lo que Graham Greene ha denominado el factor humano a la hora de explicar el porqué de la polarización que dicha cuestión ha provocado en un partido cuyas aguas parecían, tras la firma del pacto con el Gobierno vasco, más remansadas que nunca.

La antigua etiqueta según la cual Benegas encabezaría el sector pronacionalista y Damborenea el antinacionalista, si siempre fue abusiva, carece hoy de mínimo fundamento. Lo mismo cabe decir de la hipótesis según la cual la diferencia estaría en que el uno busca el pacto y el otro el enfrentamiento con el PNV. Desde hace mucho tiempo tanto Benegas como Damborenea saben que cualquier intento de normalización de la vida política vasca pasa por el pacto PNV-PSOE, y que los nacionalistas sólo pactarían si se les forzara a ello mediante una estrategia deliberada que no excluyera, sino todo lo contrario, el enfrentamiento en determinados terrenos.

Menos abusiva es la versión que identifica a los dos sectores que habitualmente se han señalado en el seno del PSE-PSOE con la diferencia de sensibilidad existente entre los socialistas guipuzcoanos y los vizcaínos. Ciertamente, la sensibilidad de Damborenea conecta con algunas de las tradiciones del socialismo vizcaíno tanto, al menos, como el estilo Benegas con las del socialismo -y la izquierda en general- guipuzcoano. En esa perspectiva, la analogía con el carácter geográfico de la división actual del PNV podría resultar menos descabellada de lo que parece (a condición de que la analogía se mantenga en el terreno de la sensibilidad colectiva sin pretender establecer identificaciones lineales entre personas concretas de uno y otro partido).

Sin haber, pues, auténticas diferencias ideológicas o estratégicas, sí existen distintas sensibilidades o estilos o talantes. En el límite, esa diferencia de estilo podría traducirse en la posibilidad de resultados divergentes de una, misma estrategia. Simplificando podría decirse que, en el marco de una única política, el matiz Damborenea consiste en que su propuesta alternativa al nacionalismo va prioritariamente dirigida a la comunidad no nacionalista. La sensibilidad Benegas se caracterizaría por ir dirigida al conjunto de la población vasca nacionalistas incluidos.

Es decir, el uno defendería que para construir una Euskadi abierta es imprescindible contraponer al modelo nacionalista un contramodelo antinacionalista, de forma que la resultante fuera un marco de convivencia para todos. Benegas sostendría, por el contrario, que la única manera de desgastar los aspectos sectarios y exclusivistas del nacionalismo consistiría en presentar no un modelo simétrico al del PNV, sino un proyecto que en sí mismo constituyera un marco de convivencia pacífica entre nacionalistas y no nacionalistas.

En lo inmediato, sin embargo, el debate se plantea en relación a la incidencia que la presencia de uno u otro tendría en el futuro del pacto suscrito con el Gobierno de Ardanza. Ambos están por el mantenimiento del pacto hasta las elecciones de 1986 o incluso, sí es posible, hasta las autonómicas de 1988. Si todo va bien, cualquiera de los dos eventuales candidatos velaría con similar afán por sostener el acuerdo. Pero si algún factor circunstancial (política de orden público, transferencias, etcétera) lo pusiera en peligro, su recomposición sería probablemente mucho más difícil con Damborenea de secretario general que con Benegas al frente de los socialistas vascos.

16 Abril 1985

Los socialistas y la política vasca

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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EL IV Congreso del PSE-PSOE ha sido escenario del abierto conflicto entre dos candidaturas, encabezadas respectivamente por José María Benegas y Ricardo García Damborenea, que aspiraban a ocupar los órganos de dirección de los socialistas vascos. Aunque los intentos de eludir esa confrontación y de presentar una lista unitaria de síntesis contaban con el patrocinio de las más altas instancias del partido, y pese a que Alfonso Guerra había apadrinado personalmente las aspiraciones de Benegas a la reelección, la avenencia resultó finalmente imposible. El apurado margen de la victoria de José María Benegas -un 54% de los votos emitidos-muestra hasta qué punto las aspiraciones de la candidatura rival tenían fundamento. El gesto final de Ricardo García Damborenea, que reconoció noblemente su derrota y llamó a la unidad después de haber peleado duramente por la victoria, constituye, en cualquier caso, una estampa de buen estilo democrático merecedora de elogio.La superficie de la disputa estuvo ocupada por los argumentos esgrimidos por Ricardo García Damborenea contra la compatibilidad de la secretaría de organización del PSOE -que ha convertido a José María Benegas en el tercer hombre de la jerarquía del partido, tras Felipe González y Alfonso Guerra- y la simultánea titularidad de la secretaría general de los socialistas vascos. No parece, en verdad, que ambas funciones, cuyo exigente nivel de dedicación salta a la vista, puedan ser cumplidas de forma óptima por una misma persona. Pero el auténtico problema de fondo que planteaba la eventual renuncia de José María Benegas era la significación política de la persona destinada a reemplazarle en el cargo. Si el candidato para sustituirle hubiera sido alguien plenamente identificado con los planteamientos actuales del Gobierno (como Ramón Jáuregui o José Manuel Eguiagaray), Benegas habría renunciado de buena gana a la secretaría general del PSE-PSOE, que le obliga a una casi esquizofrénica división de sus esfuerzos como secretario de organización del PSOE. Sucede, sin embargo, que las aspiraciones al cargo -tan legítimas como indesmayables- de Ricardo García Damborenea, cuya trayectoria de áspera confrontación con el PNV se halla, en formal contradicción con el espíritu que anima los pactos de legislatura con el Gobierno Ardanza, sólo podían ser contrarrestadas -y con serias dificultades, tal y como se demostró en la votación final por José María Benegas.

Ricardo García Damborenea enlaza simbólicamente con las broncas tradiciones del socialismo de la margen izquierda del Nervión durante las primeras décadas del siglo, simétricamente enfrentadas a las actitudes del nacionalismo vasco fundamentalista. Se diría que las diferencias de sensibilidad política entre Vizcaya y Guipúzcoa son comunes al PNV y al PSOE, que padecen hoy una parecida división territorial de lealtades personales y de afinidades ideológicas en ambas provincias. García Darriborenea tiene firmes apoyos entre los socialistas vizcaínos, más numerosos que sus compañeros guipuzcoanos y alaveses, y en la UGT, también poderosa en Vizcaya. José María Benegas y el espíritu que representa gozan, en cambio de un amplio respaldo en Guipúzcoa y Alava. Recordemos, por lo demás, que la derrota en el XXX Congreso del PSOE de Nicolás Redondo, enfrentado con Felipe González a propósito de la política económica y de la salida de la Alianza Atlántica, y el desaire sufrido en esa misma asamblea por el propio García Damborenea, cuya candidatura a la presidencia de esa asamblea quedó desautorizada casi en el último momento, son heridas todavía sin cicatrizar.

Pese al gesto de García Damborenea al concluir el IV Congreso del PSE-PSOE, los socialistas vascos corren el serio riesgo de que la bicefalia de hecho de su liderazgo debilite su estabilidad organizativa interna, imprescindible para desarrollar el pacto de legislatura con el Gobierno del PNV. Aunque José María Benegas continúe siendo el secretario general del PSE-PSOE, la dedicación prioritaria de sus esfuerzos a la política global y a la organización del PSOE en toda España le impedirá el seguimiento cotidiano de la compleja situación vasca. Y aunque Ricardo García Damborenea no figure oficialmente en la dirección del PSE-PSOE, el polémico diputado continúa al frente de la poderosa organización vizcaína y cuenta con el respaldo mayoritario de UGT. Si los actuales conflictos del PNV tuvieran un reflejo más o menos simétrico en el PSE-PSOE, las esperanzadoras perspectivas abiertas por el pacto de legislatura suscrito por el Gobierno Ardanza y los socialistas vascos podrían verse en peligro. No se trata únicamente de que la operatividad institucional, legislativa y administrativa de ese entendimiento quedara bloqueada o sufriese retrasos. Todavía más grave resultaría que los debates intrapartidistas, al desembocar por su propia lógica en conflictos entre los partidos, dificultaran o torpedearan la dinámica de oposición frontal a la violencia y en favor de la paz y la negociación que el acuerdo de legislatura entre el PNV y el PSOE ha hecho posible.

15 Abril 1985

Voto de castigo para Felipe González

Fernando Jáuregui

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El voto de castigo cosechado por Txiki Benegas en su reelección como secretario general del Partido Socialista de Euskadi -obtuvo tan sólo un 54,7% de la votación de los delegados asistentes al cuarto congreso del PSE-PSOE- debe achacarse más a una crítica contra los dirigentes nacionales del partido que a un rechazo a la figura de Benegas, casi incontestada en el socialismo vasco. Así lo pusieron de manifiesto ayer fuentes de la UGT de Vizcaya, organización que ha capitaneado la oposición a que Benegas fuese reelegido, por estimar el cargo de secretario general del PSOE de Esukadi incompatible con la secretaría de organízación en la ejecutiva federal.

«Fue el error de Felipe González, nombrando a Txiki secretario de organización en el 30 congreso lo que ha hecho que nos colocásemos frente a su reelección», dijeron dirigentes del sindicato socialista. Aún ahora, casi cuatro meses después de la sorpresiva designación de Benegas en el 30 congreso como secretario de organización del PSOE y número tres de hecho del partido, nadie parece capaz de explicar las razones que impulsaron a Felipe González a variar de golpe los planes iniciales, renunciando a establecer la figura de coordinador del partido y situando a Benegas en la conflictiva secretaría federal de organización.

El propio interesado admitió entonces su sorpresa al verse, sin apenas preaviso, nombrado secretario de organización, en una decisión unipersonal de González tomada repentinamente en la madrugada del 15 al 16 de diciembre pasado, horas antes de la clausura del 30 congreso. Era un momento en el que comenzaba a ponerse en marcha el pacto de legislatura con el PNV, tan trabajosamente iniciado por Benegas, y era al tiempo un momento en el que se avecinaba la celebración de 16 congresos regionales socialistas, algunos tan previsiblemente conflictivos como los de Galicia o Castilla y León. Una y otra cosa parecían ya entonces claramente incompatibles para ser puestas bajo la responsabilidad de una misma persona.

El apoyo de Redondo ,

El congreso ha significado así el primer encontronazo político por causas internas del partido entre UGT y PSOE. Para nadie es un secreto que, desde la distancia, Nicolás Redondo apoyó desde el primer momento la alternativa de Ricardo García Damborenea, y que incluso el presidente del PSOE, Ramón Rubial, hubiera preferido la no reelección de Benegas.

El hecho de que la candidatura oficialista de Benegas obtuviese tan sólo el 54,7% de los votos, llevando en su lista como presidente a Ramón Jaúregui, significa no sólo un revés para el propio Benegas, número tres del partido, sino también para Alfonso Guerra, que acudió a Bilbao en apoyo del secretario de organización, de quien dijo que sólo Felipe González tenía mayores capacidades dentro del partido. En último término, es también un revés para el mismo Felipe González, que no pudo lograr la retirada de la candidatura alternativa de Damborenea, pese a sus varias llamadas telefónicas a Bilbao, apelando a la necesidad de otorgar el más amplio apoyo posible a Benegas «por razones de Estado».

Así, el clima de unidad mostrado ayer en la sesión de clausura con un largo abrazo público entre Benegas y Damborenea, no lograba ocultar la tensión vivida a lo largo de las tres jornadas congresuales.

El Análisis

GUERRA IMPONE SU PODER

JF Lamata

El ‘guerrista’ D. José María Benegas, líder del PSOE vasco desde la llegada de la democracia había pasado a ser Secretario de Organización de todo el PSOE nacional, por lo que todo parecía indicar que debía dejar el liderazgo de la formación en Euskadi. ¿Y quién mejor para reemplazarle que D. Ricardo García Damborenea? El hombre que tanto había dado la cara por el PSOE en las tres provincias vascas ante los asesinos de ETA. El Sr. García Damborenea contaba con el apoyo de toda la federación de Vizcaya, que dirigía y, presumiblemente de muchas federaciones vascas, así como de la UGT y de la cúpula de Interior del ministro Sr. Barrionuevo.

En una votación entre los delegados vascos, todo parecía indicar que el Sr. Damborenea se impondría al Sr. Benegas. Pero ‘Txiki’ contaba con un apoyo mucho más importante para las decisiones internas: el de D. Alfonso Guerra. Los hombres del todopoderoso Vicepresidente se desplazaron a Euskadi a reunirse uno por uno con todos los delegados. ¿Presiones, propuestas? Fuera como fuera, logró dar la vuelta al congreso: el Sr. Benegas seguiría siendo Secretario General del PSOE vasco, a la vez que Secretario de Organización del PSOE nacional. El propio Sr. Guerra asistió a la clausura de aquel tenso congreso del socialismo vasco en el que había dado buena muestra de su poder.

 J. F. Lamata