29 mayo 2008

El Gobierno autónomo vasco no tiene competencias para convocarlo sin la autorización del Estado, pero Ibarretxe garantiza que lo hará si es reelegido lehendakari el 25 de octubre

El lehendakari Juan José Ibarretxe anuncia que convocará unilateralmente un referendum sobre ETA y el Derecho a Decidir

Hechos

El 28.05.2008 D. Juan José Ibarretxe anunció la convocatoria de una consulta a los ciudadanos vascos con dos preguntas.

Lecturas

Las dos preguntas no plantean el rechazo explícito al terrorismo de ETA ni piden la desaparición de la banda

LA DOS PREGUNTAS QUE SE HARÁN EN LA «CONSULTA» PARA RESPONDER ‘SÍ’ O ‘NO’

Primera Pregunta: «¿Está usted de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?

Segunda Pregunta: «¿Está usted de acuerdo en que los partidos vascos sin exclusiones inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del pueblo vasco y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010?

La papeleta de Ibarretxe

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Dos cosas han quedado claras: que habrá elecciones anticipadas en Euskadi; y que Ibarretxe prefiere que ello ocurra porque le haya dicho no el Tribunal Constitucional a que sea porque ha quedado en minoría en el Parlamento vasco. Porque en ese caso tendría que dimitir o anunciar que no sería candidato; mientras que si el rechazo viene del Gobierno y los tribunales, tal vez consiga atraer, como en 2001, a los votantes de la izquierda abertzale, que ya no podrán utilizar el disfraz del PCTV para participar en los comicios. Tras las grandes palabras del lehendakari, lo que hay es, en primer lugar, esa astucia interesada.

Habrá elecciones en todo caso porque así figura en su hoja de ruta para el caso de rechazo de su propuesta por el Parlamento vasco; y porque ésa sería también la salida de Ibarretxe (elecciones plebiscitarias con su propuesta como programa) si la consulta es prohibida por los tribunales a instancias del Ejecutivo, que ya adelantó ayer su intención de impugnarla si fuera aprobada (antes no es posible).

La formulación concreta de la consulta, que incluye (insólitamente en un referéndum) dos preguntas, parece dirigida a hacer posible el voto favorable del PCTV: no se incluye la condena de ETA, en contra del criterio adelantado hace sólo tres días por el presidente del PNV; y el acuerdo político que se insta a forjar se plantea en términos de «derecho a decidir», o sea, de autodeterminación. La doble pregunta vuelve a relacionar el fin de la violencia con la aceptación del programa máximo nacionalista: la sustitución del principio autonómico por el soberanista, aunque planteado de manera deliberadamente ambigua.

Con impostada ingenuidad, el lehendakari adelantó ayer que no entendería que cualquier grupo parlamentario, incluyendo los del PSOE y el PP, votase en contra de «dar la palabra al pueblo» y de conocer «lo que la sociedad vasca piensa sobre el principio ético y el principio democrático». También dijo que hasta ahora se le ha respondido sólo con descalificaciones.

Pero también ha habido razones, incluso desde dentro de su partido. Se le recordó su compromiso de condicionar la consulta a la ausencia de violencia, en su día considerado un principio ético ineludible, y el riesgo de proporcionar a ETA un pretexto para seguir si el Parlamento vasco votaba a favor y las instituciones del Estado lo impugnaban (lo que podía darse por seguro dada la falta de competencias para convocar consultas). También se le dijo que la consulta sólo tendría sentido si era para ratificar un acuerdo plural, y no para sustituir la falta de acuerdo trasladando la división entre partidos a la población.

Lo peor fue que insistiera en llamar «principio ético» a algo de lo que se había excluido expresamente el rechazo de la violencia, base de cualquier acuerdo, y más con ETA de vuelta, con la finalidad de conseguir los votos de la máscara de Batasuna que necesita para no ser derrotado por el Parlamento que le hizolehendakari.

29 Mayo 2008

El ciclista fanático

Germán Yanke

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Juan José Ibarretxe es previsible porque se ha metido en un callejón que sólo tiene una salida. Ha impuesto al PNV tanto una doctrina (la de la autodeterminación a pasos acelerados) como la estrategia de avanzar en compañía de Batasuna en la «acumulación de fuerzas nacionalistas» para que su plan puedan ser aprobado en el Parlamento vasco. De ahí que las especulaciones sobre la posibilidad de incluir en su intento de esperpéntica consulta una pregunta para manifestar el rechazo a ETA haya quedado en nada, lo que, por otra parte, tampoco resolvería la inconstitucionalidad de la pretensión. No es posible asumir la doctrina política de la banda terrorista y, al mismo tiempo, darle un capón. Y, por ello, ha recibido inmediatamente una palmadita de Batasuna: le reprocha la intención electoral pero añade que, si actúa «sin trampas», tendrá todo su apoyo.
Era evidente que Ibarretxe no se presentó en La Moncloa con la intención de conseguir un principio de acuerdo con el presidente Rodríguez Zapatero al dejar sobre la mesa un documento, además de anticonstitucional, jurídicamente impresentable y políticamente indigno. Se trataba de escenificar allí una representación que estaba dirigida a Batasuna por medio de la anteúltima de sus caretas, el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que es el que puede votar en el Parlamento de Vitoria.
La única salida del lendakari es tratar de conseguir una mayoría en la cámara (como la consiguió con su Plan tras el préstamos de algunos de los votos de Batasuna) y presentarse a las elecciones como la víctima de Madrid para lograr, como en 2001, una porción de los votos de la Izquierda Abertzale que compensen la permanente sangría electoral sufrida por el PNV por su causa. No hay más.
Atrapado
El PNV está atrapado en esa estrategia, tan lamentable como desesperada, para evitar el riesgo no ya de división, sino de escisión. Pero en las circunstancias actuales (que incluyen desde el poder interno desproporcionado de los partidarios del lendakari hasta las consecuencias prácticas del clientelismo de una administración autonómica económicamente poderosa), sólo queda a los críticos, aunque estén en la cúpula del PNV, el recurso a una retórica aparentemente más moderada o, como hizo Josu Jon Imaz, tomar las de Villadiego y volver a los currículos sin el amparo del presupuesto. Si Ibarretxe insiste es porque lo sabe muy bien y no vislumbra en el panorama una verdadera oposición interna.
Ahora pastoreará a Batasuna. Si unos están atrapados, hay que intentar que los otros estén enganchados. No se trata tanto de remachar la idea de que están unidos, porque la violencia terrorista espanta a muchos votantes clásicos del PNV, como la de ofrecer banderines a los votantes menos dogmáticos de la Izquierda Abertzale, de dar la impresión de que sus reivindicaciones tienen cabida en la oferta del PNV. «El nacionalismo somos nosotros», viene a decir con estos gestos, y, si se quiere votar nacionalista, es la única opción.
Ibarretxe es, no se sabe si como afición dominguera o rasgo psicológico, un ciclista. Tiene claro que si se deja de pedalear la bicicleta se viene abajo con el ciclista encima. Y pedalea y pedalea sin quitarse las orejeras. Si se las quitara un momento vería, quizá, cómo su Gobierno y su secuestrado partido han hecho suya la doctrina de Batasuna: la formalización de la negociación política para que, convirtiendo el terror en disculpa, se consigan pretensiones inaceptables de otro modo y le autodeterminación como elemento vertebral de esa misma negociación. Pero para qué quitársela si no pretende construir el futuro democrático del País Vasco sino enhebrar los mimbres que le permitan seguir sobre la bicicleta.
Por cierto, Izquierda Unida, que no sabe si conoce España ni cómo salir del agujero, apoya en Vitoria todo esto.