26 mayo 2008
Los diputados del PP Juan Costa, Alejandro Ballesteros y Carlos Aragonés se unen al bloque opositor a Mariano Rajoy
Sorpresa en Génova: el ex jefe de campaña del PP, Gabriel Elorriaga, pide en un artículo en EL MUNDO la retirada de Mariano Rajoy
Hechos
El lunes 26.05.2008 el diputado del PP y miembro de la dirección D. Gabriel Elorriaga se sumó a los contrarios a que este se presentara a la reelección.
Lecturas
El lunes 26 de mayo de 2008 D. Gabriel Elorriaga Pisarik, secretario de comunicación del Partido Popular, considerado hasta ese momento del sector afin al presidente del PP D. Mariano Rajoy Brey publica una tribuna en el diario El Mundo solicitando la retirada política del Sr. Rajoy Brey. El artículo, además, es respaldado públicamente por otro diputado, D. Carlos Aragonés Mendiguchía, exdirector de gabinete del Sr. Aznar López.
Su ruptura se produce en un momento en el que los medios de comunicación afines a la presidenta del PP de Madrid, Dña. Esperanza Aguirre Gil de Biedma, el propio diario El Mundo de D. Pedro José Ramírez Codina y el grupo Libertad Digital de D. Federico Jiménez Losantos (que controla varios programas de la COPE) están en campaña para forzar al Sr. Rajoy a no presentarse a reelección como presidente del PP. Es el tercer ‘lunes negro’ para el Sr. Rajoy, tras el lunes 12 de mayo (ruptura de la Sra. María San Gil Noain) y el lunes 5 de mayo (ruptura del Sr. Acebes Paniagua).
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Gabriel Elorriaga habla con J. F. Lamata y Esteban del Pozo sobre su papel en aquella crisis: Elorriaga, Rajoy, Mundo y Cope_mp3
MANUEL FRAGA: «EL ARTÍCULO DE ELORRIAGA ES UNA SANDEZ»
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LOS ENEMIGOS INTERNOS DE RAJOY COMIENZAN A DAR LA CARA:
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– Programa ‘En Días Cómo Hoy’ en RNE – D. Juan Ramón Lucas pregunta a D. Mariano Rajoy por el artículo del Sr. Elorriaga: RNE, Lucas y Rajoy_mp3
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– Programa ‘Noticias CUATRO’ – D. Iñaki Gabilondo ve la mano de D. Pedro J. Ramírez, que siempre usa los lunes para sus ‘intoxiaciones’
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LA PRENSA PRO-RAJOY ATACA A ELORRIAGA PRESENTÁNDOLO COMO UN ENCHUFADO
Por su parte, toda la prensa gubernamental (PÚBLICO, EL PAÍS o las tertulias de TVE, SER y RNE) consideraron que el Sr. Elorriaga se había alineado con el sector ‘duro’ del PP en el que situaban a Dña. Esperanza Aguirre y D. Juan Costa.
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– Programa ‘Los Desyunos’ de TVE – D. Enric Sopena culpa a D. Pedro J. Ramírez y D. Federico Jiménez Losantos de estar detrás de la conspiración contra el Sr. Rajoy.
EL DIARIO LA RAZÓN, DIRIGIDO POR FRANCISCO MARHUENDA, MÁXIMO APOYO DE RAJOY
26 Mayo 2008
Rajoy no es capaz de ofrecer un liderazgo renovado, sólido e integrador
Afirmar algo cuyo contrario es un absurdo es un recurso fácil habitualmente utilizado por los políticos de oficio. «Quiero mejorar el nivel de vida de los españoles» es un ejemplo simple de lo que digo. Nadie en su sano juicio, cualquiera que fuese su ideología o estrategia, podría afirmar que su proyecto busca empeorar el nivel de vida de sus compatriotas. «Debemos bajar los impuestos», por ejemplo, sí constituye un compromiso político diferenciador de los partidos de centro derecha puesto que subirlos ha formado parte consustancial de la ideología socialdemócrata europea durante las últimas décadas. Cuando quedan menos de cuatro semanas para que se celebre el XVI Congreso Nacional del Partido Popular, proclamar con solemnidad que se quiere un partido unido e integrado, capaz de ganar las próximas elecciones, forma parte del primer grupo de afirmaciones; ningún dirigente, militante o simpatizante podría asumir lo contrario. El debate, por lo tanto, se hace incomprensible cuando gira en torno a lo evidente y constituye una obligación -o al menos así me lo parece- el intentar clarificar de qué estamos discutiendo.
A lo largo de los últimos veinte años somos muchos, millones de personas, los que nos hemos sumado al proyecto político popular como votantes, militantes o dirigentes. Lo hicimos acudiendo a la llamada en 1989 de José María Aznar, que fue capaz de ofrecer un proyecto político atractivo e integrador. Con una orientación inequívoca y un progreso electoral constante, el PP se supo transformar en un partido ganador. Desde entonces, sin saltos ni rupturas, nuestras bases ideológicas han ido madurando. Congreso tras congreso, programa tras programa, se ha ido perfeccionando la articulación de nuestros fundamentos políticos. El respaldo electoral obtenido desde entonces ha hecho del Partido Popular un verdadero partido de gobierno y una referencia internacional para la integración de los partidos de centro derecha.
Fue en el XIII congreso, un año antes de la mayoría absoluta del año 2000, cuando se introdujo por primera vez una definición ideológica que aporta y precisa el concepto de centro reformista y que, con leves cambios, se mantiene vigente. Liberales y democristianos, conservadores y centristas nos hemos sentido bien acogidos bajo esta definición y nos ha permitido trabajar juntos hasta alcanzar los mayores éxitos. Es curioso y agradable comprobar que en la ponencia de Estatutos, por primera vez desde 1999, no se propone ningún cambio en esta definición, ni tan siquiera de matiz. El debate en nuestro congreso, por lo tanto, no será ideológico, sino estratégico, y en esos términos es como se debe analizar.
Desde mi punto de vista, el líder y su equipo, junto a un correcto análisis de la realidad política en la que toca trabajar, constituyen la base de cualquier estrategia, y de eso es de lo que deberíamos estar hablando. Si falla alguno de esos tres pilares, cualesquiera que sean las ideas que se defiendan, el proyecto fracasará. Y aunque sea obvia resulta estrictamente necesaria una precisión más: el planteamiento del que hablamos, su éxito o su fracaso, no puede estar referido exclusiva ni básicamente a las próximas elecciones generales que, además, estarán precedidas de un nuevo congreso nacional. Las elecciones en Galicia, el País Vasco y Cataluña, las europeas del próximo año y, por supuesto, las elecciones autonómicas y locales de 2011, constituirán el trabajo principal y el compromiso inexcusable del equipo que resulte elegido. Todas estas elecciones son, además, la única base sobre la que resulta posible construir una alternativa viable al gobierno socialista de Zapatero.
A lo largo de la pasada campaña no nos cansamos de exigir al Partido Socialista un balance de su gestión. Quien concurre a unas elecciones tras cuatro años de gobierno tiene la obligación de explicar el trabajo realizado, acreditar sus logros o explicar los fracasos; solo a partir de ahí es posible plantear nuevos objetivos. Omitir ese análisis, o dejarlo dudosamente implícito, es hurtar la esencia del debate, es rehuir la responsabilidad propia y, lo que es más importante, implica dejar sin fundamento cualquier compromiso futuro. Algo muy parecido se puede decir de quien ha estado al frente de la oposición.
A diferencia de lo que ocurrió a partir de 1989, pocas han sido las incorporaciones -mi buen amigo Manuel Pizarro es una brillante excepción- y demasiados los abandonos de nuestro proyecto. A diferencia de entonces también, han sido insuficientes los progresos electorales alcanzados y bastante significativos algunos retrocesos. Ambas circunstancias deben formar parte de cualquier análisis.
Surge ahora un falso debate ideológico que tan solo aporta exclusiones y renuncias; un discurso arrojadizo que más parece que pretende distanciar a algunos que invitar a nadie. La inmensa mayoría de los populares vemos con estupor el resurgir de viejas batallas ya superadas hace años y no acertamos a entender la causa. En circunstancias normales, el silencio puede ser una contribución eficaz a la resolución de los problemas; en circunstancias excepcionales, esa omisión se transforma en deslealtad hacia la organización de la que formamos parte. No es responsable callar ante el esperpento injustificable que todos los españoles pudieron ver a las puertas de Génova 13 el pasado viernes, no lo es seguir adelante sin tratar de reflexionar sobre lo que nos está pasando.
El Partido Popular tiene un sólido proyecto sobre el que es posible construir una alternativa clara y atractiva. La legislatura que ahora comienza será, una vez más, crucial. Zapatero intentará consolidar y ampliar las reformas insolidarias que ha introducido en nuestro modelo de Estado. Tras la sentencia del Constitucional habrá que hacer un balance de su contenido y será ineludible actualizar nuestra posición política. Con toda probabilidad, tendremos la obligación de ofrecer a los españoles un cauce adecuado para reconstruir un esquema territorial tan descentralizado como justo y eficaz.
La gestión de la crisis económica y sus inevitables consecuencias sobre la política social será el segundo eje de esta legislatura. La ocultación interesada del alcance de la situación, el anuncio y la aprobación de medidas completamente contraindicadas y la ausencia de políticas reformistas han sido las características de la gestión socialista. La ecuación ahora se les vuelve irresoluble, con ingentes compromisos adquiridos, escasos recursos con los que atenderlos y ninguna idea apreciable para reconducir los problemas. En tercer lugar, la inmigración desordenada y sus consecuencias no abandonarán el centro de la atención pública en los próximos años. Los discursos y decisiones irresponsables del gobierno de Zapatero se quieren ahora sustituir, de tapadillo y sin debate alguno, por posturas de aparente firmeza amparadas en la coartada europea. Algo habrá que decir.
No son éstos los únicos problemas pero sí los más importantes, en mi opinión. En todos tiene el Partido Popular una posición ganada ante la opinión pública española; en todos ellos tenemos buenas ideas y soluciones que ofrecer. Y sólo nosotros somos una opción viable sobre la que construir la alternativa posible, y estamos en condiciones de hacerlo.
Desde otro punto de vista, es fácil constatar que el Partido Popular incorpora un inmenso capital humano capaz de relanzar nuestro mensaje. Cientos, si no miles, de dirigentes han desempeñado con enorme eficacia puestos de segundo nivel en el Gobierno nacional o en las comunidades autónomas, en los grupos parlamentarios o en los miles de ayuntamientos gobernados por nuestro partido. La generación que surgió y creció a la sombra del mandato de Aznar está más que nunca preparada para asumir el relevo, tiene experiencia, talento y determinación.
El Partido Popular que surja del próximo congreso debe ser la alternativa potente que todo sistema democrático maduro ha de ser capaz de generar. El presidencialismo es lo contrario del liderazgo, como la imposición es lo contrario de la seducción. No valen ya las estrategias reactivas; no valen soluciones incompletas o escasamente atractivas. No valen ahora los desafíos internos ni las actitudes excluyentes. Tenemos la obligación de salir de nuestro congreso, el próximo 22 de junio, con la ambición de pelear y ganar cada uno de los próximos procesos electorales. Hay proyecto y hay equipos disponibles, lo que ahora se necesita es un liderazgo renovado, sólido e integrador, y eso es algo que, aunque me pese, Mariano Rajoy no está en condiciones de ofrecer.
Gabriel Elorriaga
27 Mayo 2008
La gaviota ventrílocua
Los perros ladran y los gatos maúllan; los elefantes barritan; los toros mugen; las ranas croan; los caballos relinchan; la gallina cacarea; pero, ¿cuál es la voz de la gaviota? Incluso sabemos que la pantera himpla y distinguimos el crotorar de la cigüeña; pero, insisto, ¿cuál es la voz de la gaviota? El graznido es propio de los cuervos y los gansos, los grajos grajean, cabe sospechar, después de lo que llevamos visto, que las gaviotas elorriaguean. Gabriel Elorriaga Pisarik, hijo de Gabriel Elorriaga Fernández, número siete por Madrid en la lista del PP para el Congreso y miembro del Comité Ejecutivo Nacional, publicó ayer en El Mundo un artículo con el que consiguió poner el mingo en la disparatada guerra por el poder que se libra en la formación que preside sin liderar Mariano Rajoy.
Según Elorriaga, un Bruto menor para un César de segunda, «Rajoy no está en condiciones de ofrecer un liderazgo renovado, sólido e integrador». No se trata de denunciar una conducta clásica, líquida y disolvente; sino de asestarle un garrotazo definitivo a un líder al que, salvo Esperanza Aguirre, todavía capaz de distinguir lo mal hecho, apoyan con aparente entusiasmo y sospechoso oportunismo todos los barones regionales del PP. El hecho de que Elorriaga fuera subdirector del Gabinete de Presidencia del Gobierno, uno de los tres o cuatro nombres más próximos a José María Aznar, le añade dimensión a lo que es, en cualquier caso, un grave problema nacional. En un momento internacional difícil en lo político y en lo económico constituye un grave riesgo colectivo la ausencia, prácticamente total, de una oposición atenta a la flagrante incompetencia del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
El silbo de la serpiente, el ajeo de la perdiz, el otilar del lobo, el rebuzno del asno o el tauteo de la zorra no son nada frente al elorriagueo con el que, a menos de cuatro semanas del XVI Congreso, se expresa el PP en la persona del responsable máximo de su comunicación. La versión oficial de la dirección del PP todavía vigente es que Rajoy no está en condiciones de liderar el partido. Éramos pocos, Juan Costa incluido, y parió la abuela. Una situación que parecía desesperada ha llegado a su límite. El vodevil con el que los barandas del partido nos divertían, en exhibición de sus ambiciones, a los espectadores y/o votantes se ha convertido en una tragedia que invita al llanto.
Cuando escribo estas líneas todavía no hay noticias de que Rajoy, el hombre que tiene confundidos sus recelos y sus confianzas, haya fulminado a la insólita y extemporánea voz de la gaviota, a Elorriaga. Esa es una prueba de cargo contra Rajoy. Un partido serio, y el PP tiene que serlo, puede admitir el chirriar de los grillos y hasta el vanidoso titar del pavo. Incluso el rugido del león. El elorriagueo, extraño caso de gaviota ventrílocua, es intolerable.
28 Mayo 2008
El Club del Sable o por qué Costa y Elorriaga se alinean con el ala dura del PP
Lo bueno que tienen las hemerotecas es que, efectivamente, están ahí y uno puede acudir a ellas de cuando en cuando en busca de referentes que sirvan para explicar algunas de las cosas de la actualidad que necesitan análisis y atención. En fin, no les voy a aburrir a ustedes con un relato detallado de lo que pasó en el PP después del Congreso de 1989, es decir, tras la refundación, pero baste recordar que entonces Aznar inició un proceso de renovación del PP –hasta ese momento AP- que, obviamente, levantó muchas ampollas. Cuando se preparaba el Congreso de 1990, el famoso de Sevilla,Fernando Suárez ya protestaba por la manera en que desde el aparato se protegía la candidatura de José María Aznar. Tras ese congreso, que fue definitivo para la ‘muerte política’ de la vieja guardia ‘aliancista’, se levantaron algunas voces como la de Alfonso Osorio quien reprochaba a Aznar que no escuchara a “personas del partido tan destacadas como Miguel Herrero,Fernando Suárez, Isabel Tocino, y así sucesivamente, mientras que sí se presta atención y se dispensan honores a algunos personajillos que todos conocemos”. Los ‘personajillos’ eran, entonces, Rodrigo Rato, Luis Ramallo,Celia Villalobos, Álvarez Cascos…
Unos meses después, el 6 de junio de 1993, Aznar se presentaba a sus segundas elecciones, y perdía, pero el resultado no permitió a la ‘oposición interna’ al líder del PP iniciar el acoso tal y como tenía previsto. Por aquellos tiempos Aznar ya le dedicaba a Pedro J. Ramírez lindezas como esta: “Vamos a actuar con cautela y con soberanía… porque empiezo a estar bastante harto de consejos que vienen de personas a las que yo no se los pido…”. La no victoria de aquel 6 de junio de 1993 elevó al cielo mediático preguntas como esta: “¿Se volverán a repetir las inmejorables circunstancias objetivas de las que la derecha ha gozado para que Aznar y su PP obtengan la confianza del pueblo?”. Aznar tuvo que hacer frente, entonces, a una campaña de acoso mediático considerable, pero a una oposición interna bastante debilitada. Sin duda esa es la gran diferencia de entonces a ahora: quienes habían combatido junto a su líder se mantuvieron a su lado y no se dejaron tentar por los cantos de sirena que desde los aledaños del PP les invitaban a la rebelión contra el patrón de la nave. Había que afrontar el camino definitivo del PP al centro, y dejar atrás a una generación de políticos que hicieron otro camino distinto, el de la Transición.
Menudo contraste, sobre todo cuando algunos de los que hicieron aquel viaje ahora son los que se niegan a que el PP emprenda, de nuevo, el camino de la renovación. Otra vez se vuelve a calificar de ‘personajillos’ a quienes acompañan al líder, e incluso se atreven algunos a pedir la dimisión deEsteban González Pons por criticar a Elorriaga, pero no la de Elorriaga por criticar a Rajoy. Se cuestiona el modo de elección, un sistema que lleva veinte años funcionando sin que nadie antes lo haya puesto en entredicho, y solo ahora se reclama un cambio a remolque del interés de unos. Y se critica la baja participación en el sistema electoral, como si eso fuera, de hecho, una negación de legitimidad… ¿No son legítimos, entonces, los refrendos de aprobación de los estatutos de Cataluña y Andalucía? Y se busca acabar con el líder no desde la legitimidad del Congreso, sino desde la conjura de cenáculos madrileños, trayendo a la mente la imagen de épocas caciquiles, de tiempos de la Restauración, cuando se quitaban y ponían líderes de la derecha en salones de alcurnia. Quienes amparan toda esta estrategia de acoso y demolición lo hacen desde el más puro maquiavelismo político, ese que lleva a los contrincantes a pedirle facilidades al que tiene ventaja porque saben que, por sí solos, son incapaces de conseguirlo… Y acaban sucumbiendo a ese lema propio de los despotismos: “Yo solo respeto las reglas cuando me benefician”.
Me sorprende, se lo digo sinceramente, que dos personas que merecen toda mi consideración como Gabriel Elorriaga y Juan Costa se hayan avenido a contribuir a esta estrategia autoritaria y golpista diseñada en los aledaños mediáticos del PP. Sobre todo porque esas dos personas, cuyo talante moderado y centrista no pongo en duda, se echan con ese gesto en manos de la derecha más dura, aquella misma derecha antiliberal, anticapitalista y antiamericana que dio vida en los orígenes de la Transición al Club del Sable, del que formó parte Pedro J. Ramírez, y que se caracterizó en sus primeros años por un atroz inmovilismo que impedía a la derecha española avanzar por el camino de la moderación y la apertura, necesario para dejar atrás la herencia franquista. No es de extrañar que algunos de los que compartían mesa y mantel aquellos viernes del Club del Sable estén ahora en la trastienda de la conspiración contra Rajoy. Son los mismos que entonces se dejaban llevar por la suave textura de la Nueva Derecha francesa de De Benoist, una derecha elitista y algo racista, y que ahora se hacen fuertes en el inmovilismo antes que avanzar en la dirección correcta de una sociedad abierta y libre. Lo bueno de esto es que la estrategia de acoso a Rajoy está haciendo fluir el verdadero encontronazo entre un estatismo caduco y retrógrado, y un liberalismo moderno y aleccionador. Por eso lo de Costa y Elorriaga solo tiene una explicación: personalismo.
Federico Quevedo
El Análisis
En un ambiente de tensión en el PP, Dña. Esperanza Aguirre se había convertido en la principal esperanza de los críticos al Sr. Rajoy, pero la presidenta del PP madrileño se negó a dar el paso, porque aunque se dejaba querer por los anti-rajoistas y no se desvinculaba de la campaña anti-rajoy de sus periodistas afines, sabía que si daba el paso podía perder su asiento. Por todo ello se quedó en una extraña nebulosa que servía para sacar de quicio al Sr. Rajoy pero, oficialmente, le impedía actuar contra ella.
No fue ese el caso de los Sres. María San Gil, D. Juan Costa, D. Alejandro Ballesteros, D. Carlos Aragonés o D. Gabriel Elorriaga. Ellos si dieron un paso al frente, y aunque no presentaron una candidatura alternativa, si se posicionaron suficientemente en contra del Sr. Rajoy como para ser ‘quemados’. Fueron las ‘víctimas’ de aquella crisis del PP.
J. F. Lamata