23 mayo 2008

Los contrarios a Rajoy intentan presionar para que este desista de presentarse a reelección

José Antonio Ortega Lara se da de baja del Partido Popular como protesta por la actitud de Rajoy hacia María San Gil

Hechos

El 23.05.2008 la prensa se hizo eco de que D. José Antonio Ortega Lara se daba de baja como militante del Partido Popular.

Lecturas

EL SMS DE JOSÉ MANUEL SORIA BURLÁNDOSE DE MARÍA SAN GIL

soria_san_gil  El diario EL MUNDO aseguró que en el malestar de Dña. María San Gil también influyó que el presidente del PP Canarias, D. José Manuel Soria, criticara su ponencia sobre España con un SMS titulado ‘¡Arriba España!’. Teniendo en cuenta que era un SMS personal, si lo publicó EL MUNDO sólo podía ser porque Dña. María San Gil se lo había pasado, evidenciando que era un hecho el contacto entre la Sra. San Gil y EL MUNDO durante aquellos meses de campaña anti-Rajoy.

USAN LA MARCHA DE ORTEGA LARA PARA AUMENTAR LA PRESIÓN PARA QUE SE RETIRE RAJOY

2008_OrtegaLara2  La marcha del Sr. Ortega Lara se sumaba a la de Dña. María San Gil y llevaba al diario EL MUNDO y a la Cadena COPE a exigir a D. Mariano Rajoy que no se presentara a reelección como presidente del PP en el Congreso de Valencia.

aguirre_elche  Dña. Esperanza Aguirre: «Las marchas de Maria San Gil y Ortega Lara no son malas, sino muy malas noticias para el Partido Popular y demuestran que la dirección [de Rajoy] está haciendo las cosas no mal, sino muy mal».

juan_costa  D. Juan Costa: «No nos resignamos a renunciar a contar con las ideas que ha defendido María San Gil para el Partido Popular».

granados_consejero  D. Francisco Granados (afín a Dña. Espeanza Aguirre): «Es un miserable quien dude de la rectitud de las intenciones de María San Gil y su calidad moral. Algo está haciendo mal Rajoy».

23 Mayo 2008

Un PP sin Ortega Lara y con una cúpula en estado de paranoia

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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La decisión de José Antonio Ortega Lara de darse de baja del PP coloca a Mariano Rajoy aún más contra las cuerdas. El ex funcionario de prisiones es un símbolo de la lucha contra ETA dentro y fuera del PP y su secuestro en un zulo durante 532 días movilizó a toda la sociedad española hace una década.

La marcha de Ortega Lara está motivada por la presunta intención de Rajoy de dar un giro a la estrategia de su partido en relación con los nacionalistas, pero especialmente por el trato dispensado a María San Gil, a quien el presidente del PP despachó en 45 minutos en la reunión en la que supuestamente debía convencerla de que no abandonara la vida política. Es probable que la sangría popular no acabe aquí. Regina Otaola, la alcaldesa de Lizarza, otro estandarte de la lucha por la libertad en el País Vasco, reconoció ayer que medita abandonar su partido. No debería hacerlo, sino contribuir a buscar una alternativa que permita recuperar a San Gil.

El torrente de reacciones que han provocado las bajas de San Gil y Ortega Lara contrasta con la asombrosa indiferencia mostrada por Rajoy. Es más, su reacción de ayer, volviendo a atribuir como en Elche la crisis del partido a algunos medios de comunicación, como si San Gil, Ortega Lara, Aguirre, Aznar o Rato -por citar sólo a algunos- fueran marionetas de «importantes» periodistas, revela el grado de paranoia que le ciega. A este paso, puede estar a punto de decretar el segundo boicot a medios de comunicación en menos de un año, sólo que en este caso a los que le apoyamos hasta las elecciones.

Enfrente, Esperanza Aguirre manifestó ayer que la marcha de Ortega Lara «es la confirmación de que algo se está haciendo no mal, sino muy mal en la dirección del PP». José María Aznar, de regreso de un viaje a Perú, dijo sentirse «profundamente disgustado» y remitió sendos mensajes de apoyo a San Gil y a Ortega Lara. Ana Botella, esposa del ex presidente y concejal en el Ayuntamiento de Madrid, no sólo se mostró «triste y preocupada» por la situación, sino que incluso eludió aclarar si se fía del presidente de su partido. Todos han entendido que la respuesta es «no».

De la soledad en la que se está quedando Rajoy, parapetado tras algunos barones regionales, habla también a las claras la avalancha de bajas de militantes o el hecho de que Rodrigo Rato se haya negado a reunirse con él.

En este ambiente, ayer circularon algunos SMS convocando a los militantes a manifestarse hoy en apoyo de San Gil y Ortega Lara ante la sede de Génova. No es un buen método, pues entre otras cosas evoca antipáticos precedentes de presión desde la calle, pero lo realmente esperpéntico -y da una idea certera del desconcierto que vive la dirección del PP- es que desde Génova se enviaran por la tarde SMS para tratar de neutralizar ese acto fantasma. Los mensajes convocan en el mismo lugar y a la misma hora a los afiliados para que apoyen a Rajoy. Es más que probable que todo quede en nada, pero lo grave -e insólito- es que desde la dirección del partido se aliente el enfrentamiento entre las propias bases.

Los errores calamitosos y continuados de Rajoy desde que decidió aferrarse al poder a toda costa han llevado al PP a un grado de deterioro y descomposición tales que, a un mes para el Congreso, resulta evidente que nada de lo que suceda en Valencia podrá detener ya su agonía.

23 Mayo 2007

El PP en la encrucijada

ABC (Director: Ángel Expósito)

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El Partido Popular del País Vasco se enfrenta a una urgente búsqueda de liderazgo que reduzca al mínimo los perjuicios de la renuncia de María San Gil a presentarse a la reelección en el congreso extraordinario convocado para julio. Los debates sobre los motivos de fondo que han llevado a San Gil a tomar esta decisión no deben sobreponerse a la responsabilidad que incumbe al resto de populares vascos para afrontar en condiciones una etapa de convulsión política que necesita su concurso para que estén presentes determinados principios y valores de carácter democrático y constitucional. El contexto en el que se produce esta crisis del PP vasco está marcado por la campaña terrorista de ETA, la ofensiva soberanista del PNV y del lendakari, y el crecimiento electoral del Partido Socialista de Euskadi, cuyas posibilidades de ganar en las próximas autonómicas aumentaron tras su clara victoria el 9-M. Será un factor muy negativo para la pluralidad política del País Vasco y la defensa del orden constitucional y estatutario que el PP no esté recuperado a tiempo y que su situación interna ahuyente votos por utilidad hacia el PSE, que debería tener muy en cuenta que para desalojar al PNV del poder y llevar y hacer cumplir la Constitución en el País Vasco no cabe más opción que la de llegar a un franco y cabal entendimiento con el Partido Popular. Si lo que se propone Patxi López es suplantar al PNV con un plan cuyas consecuencias reales sean la reforma del estatuto de Guernica y la legitimación del discurso nacionalista del PNV, la presencia de un PP fuerte y cohesionado será más necesaria que nunca. La descompensación entre fuerzas no nacionalistas, en caso de que el PP no salga reforzado tras el congreso de julio, y el posible voto útil al PSE pueden conducir a los populares a una situación difícilmente reversible y, al mismo tiempo, allanar el camino para la importación al País Vasco del modelo confederal catalán.
María San Gil ha anunciado que va a colaborar en la transición de su partido abierta con su renuncia. Mejor así, porque contribuye a rebajar la tensión y evitar un desbordamiento de los acontecimientos, aunque la baja de José Antonio Ortega Lara como militante del PP es un doloroso síntoma del proceso interno que sufre este partido. A pesar de tanta declaración diaria, lo cierto es que en Génova consideran que a la crisis del PP le faltan motivaciones claras y comprensibles. Es legítimo que María San Gil desconfíe de Mariano Rajoy, pero en este escenario de discordia también pesa la mayoría de abstenciones que se formó entre sus compañeros cuando la presidenta del PP vasco propuso la celebración del congreso extraordinario. Mayoría de quienes, asumiendo también un alto riesgo para sus vidas y defendiendo los principios tradicionales del PP, no quisieron caer en la alternativa dramática entre Rajoy y María San Gil.
Rajoy tiene parte de culpa, pero no toda, y lo que el PP está reclamando es, de una vez por todas, que las cartas se pongan sobre la mesa. María San Gil, en buena medida, lo ha hecho, demostrando esa coherencia y honradez personal de la que siempre ha hecho gala, aunque esta vez haya tenido que ser no frente a los nacionalistas, sino frente a la dirección de su partido. Pero lo cierto es que la nebulosa de críticos a Rajoy no acaba de concretar su discurso, sus alternativas, ni su abanderado, al margen de que no todos los que ahora critican a Rajoy pueden calificarse de custodios de las esencias del PP. Entre ortodoxia y oportunismo hay una diferencia sustancial. Rajoy está dejando que sean otros los que, de forma fragmentaria y con una perspectiva muy legítima, pero personal, estén trazando los perfiles del nuevo PP, sin que conste que sean candidatos a presidirlo. El problema para el líder del Partido Popular es que se encuentra ante la tesitura de ejercer con firmeza la labor de oposición que corresponde a un partido obligado a cumplir su papel de crítica al Gobierno y al mismo tiempo ocuparse de la dolorosa situación interna que atraviesa su formación. Trabajo doble y complejo para un momento político en el que el Gobierno se convierte en espectador complacido ante el espectáculo de su vecino opositor, lo que supone una indudable e inmerecida ventaja para el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero.

23 Mayo 2008

Sobra Rajoy

Federico Jiménez Losantos

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Hay que reconocer que la gandulería tradicionalmente asociada al liderazgo de Rajoy en el PP ha desaparecido. Aquella vagancia crónica, aquel fumarse un puro ante cualquier dificultad, aquel repantigarse ante las crisis, aquella eterna vocación de siesta han mutado en vocación destructora, frenesí exterminador, fiebre letal y voracidad caníbal. Rajoy no es que sea otro hombre, es que es otra especie. Es la secuela, el eslabón perdido de la serie V, aquellos reptiles ultragalácticos que se disfrazaban de humanos para someter a su férula a los habitantes de la Tierra. En dos meses, los que han pasado desde la segunda derrota en las elecciones generales, Mariano se ha destapado como un Nerón con ínfulas de Calígula o una Barbiagripina con hechuras de Mesalina. En realidad, puesto que el PP ha decidido someterse a la dictadura de lo políticamente correcto según El País, debemos hablar de nerones y neronas, de calígulos, agripinos y mesalinos, dejando para el Emperador de la ruina genovesa ese terrible paralelismo con el sucesor de Augusto, cuya biografía tituló Marañón Tiberio o el resentimiento.

En el PP del Neorrajoy sobra Zaplana pero faltaba Soraya, sobra Acebes pero faltaba Ayllón, sobra Aznar pero faltaba Fraga, sobra Aguirre pero faltaba Gallardón, sobra María San Gil pero faltaba Lasalle y ya está la estrategia electoral en manos de los Ceaucescu, que es como en Málaga llaman ahora al matrimonio Arriola & Villalobos. En fin, que en el PP de este Rajoy sobra el PP de aquel Rajoy que se las tenía tiesas con Zapatero en la tele y que cosechó 10 millones largos de votos. Por supuesto, también sobran Pizarro, Juan Costa, Rato, Mayor Oreja y otros muchos que me ahorro, porque me apena y me irrita hacer la relación paralela de mindundis fletados por la banda genovesa para sustituirlos. El problema de Rajoy, cuyas mañas aviesas y dictatoriales ni conocíamos ni sospechábamos, es que a diferencia de los emperadores romanos de la dinastía Julia-Claudia, de César a Nerón, habita una institución que no favorece la dictadura, sino todo lo contrario. Eso no sucedía en Roma. Dejando aparte al fulgurante César, ni el cauto Augusto, ni el resentido Tiberio, ni el monstruo Calígula, ni las monstruas que desposaba Claudio, ni todos los crímenes de Nerón pudieron torcer el rumbo del Imperio Romano ni revivir una aristocracia republicana que carecía de virtud y de fuerza para cumplir sus ambiciones. Todos los desmanes de los emperadores no lograron cargarse el Imperio Romano. Y, en su mezquina medida, tampoco Rajoy podrá sojuzgar siempre al PP. En una democracia, los partidos políticos necesitan democracia interna o están condenados a perecer. Nadie debería sobrar en el PP, y menos que nadie María San Gil. Pero hay una excepción: Mariano Rajoy. O sobra él o sobra el PP.

25 Mayo 2008

El monstruo ha vuelto

EL PAÍS (Director: Javier Moreno)

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Rajoy sufre la estrategia de agitación y hostigamiento que él mismo amparó

La dirección del Partido Popular ha tenido que bregar esta semana con el mismo monstruo que lanzó contra las instituciones del Estado durante la pasada legislatura. Los sectores más radicales han vuelto sus baterías contra Rajoy y, al igual que trataron de hacer con el Gobierno de Zapatero, prefieren agitar la calle antes que imponerse a través de los procedimientos estatutarios. De ahí la paradoja a la que se asistió el viernes ante la sede de la calle de Génova: el número de manifestantes fue mayor que el de las enmiendas presentadas a las ponencias del próximo congreso del partido. Los estatutos del PP no son, precisamente, un ejemplo de democracia interna. Pero la alternativa no puede ser el hostigamiento callejero de quienes, aparte de responsabilidades en un partido, ostentan cargos institucionales que deben ser respetados.

Bajo esta batalla política ante el congreso, los dirigentes populares siguen dirimiendo el análisis de la derrota electoral, un debate insensatamente pospuesto desde 2004. Frente a quienes defienden que la derrota se ha debido a la estrategia extremista seguida durante la anterior legislatura, se han alzado quienes sostienen la exclusiva responsabilidad de Rajoy, al que acusan de pusilanimidad. La apelación de estos sectores a la defensa de unos principios que nunca especifican no es una novedad: también era ésta su consigna frente a Zapatero. La pervivencia de esta estrategia convierte la crisis del PP en un asunto que concierne a todos, puesto que, si se vuelve a imponer, marcará la legislatura recién comenzada e intentará reproducir entre los ciudadanos la misma división que está provocando entre los militantes populares.

Ahora que pretende rectificar es cuando mejor se advierte hasta qué punto Mariano Rajoy se comportó durante los cuatro últimos años como un aprendiz de brujo. La entronización de «referentes morales» en la lucha contra ETA, como María San Gil y Ortega Lara, tenía como propósito deslegitimar cualquier política antiterrorista que no fuera la del PP. Esos «referentes morales» se han vuelto no sólo contra Rajoy, sino también contra el propio PP del País Vasco, que ha desautorizado las inexplicables maniobras de María San Gil. Su condición de amenazada merece el respeto y la solidaridad, lo mismo que el sufrimiento de Ortega Lara. Pero no los hace distintos de los ciudadanos que sufren en carne propia el azote terrorista. Estar o haber estado en el objetivo de ETA no es la única razón para combatirla, ni tampoco la mejor garantía para hacerlo con eficacia. Porque en esta lucha participan la inmensa mayoría de los ciudadanos y porque la condición de víctima no otorga mayor clarividencia política.

El resultado de la crisis que se dirime en el seno del PP afectará, entre otros aspectos, al papel de los medios de comunicación en una sociedad democrática. La prensa sensacionalista, con el diario EL MUNDO y la emisora episcopal [Cadena COPE] a la cabeza, han confundido la labor crítica que debe ejercer el periodismo con la intervención cínica y descarada en los asuntos de un partido político, cuya función está reconocida por la Constitución. No sólo han sustituido los argumentos por las descalificaciones, sino que han llegado al extremo de convocar manifestaciones ante la sede del PP, igual que antes las convocaron contra el Gobierno. Rechazar esta injerencia no es defender a Mariano Rajoy, como tampoco fue en su día defender al Gobierno; es defender el sistema democrático frente a los grupos de presión de cualquier naturaleza que utilizan el chantaje y el matonismo.

Para que el debate político se pueda desarrollar en libertad, es preciso que los ciudadanos estén informados y no enardecidos, y que nadie les coloque en la descarnada disyuntiva de elegir entre lo que hay y lo intolerable.