27 noviembre 2013
El líder del PSM Tomás Gómez dimite como senador por Madrid para expresar su protesta a la actual estrategia del líder del partido, Alfredo Pérez Rubalcaba
Hechos
La denuncia a su acta del Sr. Tomás Gómez como senador por Madrid es noticia el 27 de noviembre de 2013.
Lecturas
El secretario general del PSM, Tomás Gómez, dimitió ayer como senador en protesta por el pacto entre el PSOE y el PP para repartirse el CGPJ. Gómez no está en contra del acuerdo general entre los partidos, pero sí de que hayan nombrado vocal a Gerardo Martínez Tristán, el juez que ha frenado la paralización de la privatización sanitaria en Madrid.
El líder de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, cumplió ayer su amenaza –que envió el lunes por carta a Alfredo Pérez Rubalcaba– y dimitió como senador en protesta por el acuerdo alcanzado entre el PSOE y el PP para renovar el CGPJ. El problema para Gómez es el nombramiento del juez Gerardo Martínez Tristán, propuesto por los populares.
Este juez es presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y el responsable de paralizar la investigación de la privatización sanitaria que está llevando a cabo el Gobierno de la Comunidad. Además, es marido de una consejera del Ejecutivo de María Dolores de Cospedal.
Gómez no informó ayer de su decisión a Rubalcaba. Se lo comunicó a la Comisión Permanente del PSM, primero, y después al portavoz socialista en el Senado, Marcelino Iglesias. Éste telefoneó de inmediato al secretario general, pero Rubalcaba ya lo sabía porque el equipo de Gómez había filtrado el anuncio a los medios de comunicación.
Acto seguido, Tomás Gómez dio su última rueda de prensa en la Cámara Alta. En ella proclamó que dimitía como «un acto de rebeldía contra el PP y la privatización sanitaria». Todos, sin embargo, interpretaron que era su último golpe a la dirección federal del PSOE.
«En ocasiones, la coherencia tiene un precio alto», dijo, «pero la incoherencia tiene un precio más alto todavía». Preguntado expresamente, no quiso confirmar si consideraba incoherente lo que han votado todos los demás senadores y diputados socialistas, entre ellos algunos de sus más fieles en el PSM.
Ésta y otras manifestaciones levantaron la indignación de la Ejecutiva Federal, de la mayoría de los diputados en el Congreso, de los senadores y de una parte del PSM. «De todos los diputados y senadores, ¿sólo él es coherente?», se preguntaba una senadora socialista, que destacaba el «afán de protagonismo desmedido» de Gómez y rechazaba que «trate de dar clases de dignidad».
Salvo algunos fieles al PSM como los senadores Delia Blanco y Maru Menéndez, Enrique Cascallana, la mayoría de los senadores socialistas lo consideraron un acto propagandístico, «su primer acto como candidato a las primarias de Madrid».
«En mis tiempos no pasaba esto, no había tanto yoísmo», afirmó ayer un dirigente histórico del PSOE enfrentado a Rubalcaba, pero que es también un importante cargo de la dirección. La portavoz socialista en el Congreso, Soraya Rodríguez, o la ex ministra Trinidad Jiménez descalificaron abiertamente el gesto. Otros dirigentes eran más duros: «trata de dejar en evidencia a todo el partido» y «nada tiene que ver con la defensa de la sanidad pública».
En Twitter, sus dirigentes y diputados autonómicos más cercanos crearon un hashtag, #dignidadTomas, que fue objeto de chanzas entre sus críticos.
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Las candidaturas en 2015.
El Sr. Tomás Gómez aspira a ser candidato del PSOE a la presidencia de Madrid otra vez en las elecciones autonómicas de 2015 y que su hombre de confianza, D. Antonio Miguel Carmona, candidato a la alcaldía de Madrid. Lo segundo sí lo conseguirá, pero, tras la Operación Púnica, la carrera política del Sr. Gómez se verá truncada, pero no será obra del Sr. Rubalcaba, sino del Sr. Pedro Sánchez.
El Análisis
El líder del PSM, Tomás Gómez, ha vuelto a lanzar un órdago a la dirección federal, esta vez dimitiendo como senador en protesta por el pacto PSOE-PP para renovar el CGPJ, especialmente por el nombramiento de Gerardo Martínez Tristán. Aunque Gómez lo presentó como un acto de coherencia y rebeldía contra la privatización sanitaria, en Ferraz y el Senado lo interpretaron como otro capítulo de su guerra abierta con Rubalcaba. Jugar al rebelde constante puede ser romántico, pero cuando el Comité Federal lleva la guillotina en la mochila, el riesgo es real. Por ahora, Gómez sigue en pie, pero en política, las facturas siempre acaban llegando. ¿Quién pagará la próxima? Un spoiler: no será Rubalcaba.
J. F. Lamata