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El dirigente defenestrado acusa al secretario general del PSOE de tomar aquella decisión por su 'debilidad' y de pretender dominar la federación madrileña

Pedro Sánchez destruye a Tomás Gómez como líder del PSOE madrileño y candidato a la presidencia autonómica

HECHOS

  • El 11.02.2015 la ejecutiva federal del PSOE – cuyo Secretario General es D. Pedro Sánchez – resolvió disolver la ejecutiva de la federación madrileña del Partido Socialista de Madrid (PSM-PSOE), cuyo secretaria general era D. Tomás Gómez.

El Secretario General del PSM D. Tomás Gómez (desde el año 2007) llevaba años enfrentado a la Dirección Nacional, primero a la de D. José Luis Rodríguez Zapatero, luego a la de D. Alfredo Pérez Rubalcaba y finalmente a la de D. Pedro Sánchez.

A pesar de sus malos resultados frente al PP, D. Tomás Gómez se había hecho fuerte en las votaciones internas del PSM por el apoyo de los afiliados madrileños como evidenció en su reelección en 2012, pero sus perspectivas electorales seguían siendo malas y la mala imagen que daba el sobrecoste del tranvía de Parla y la detención de un amigo y colaborador personal suyo, el Sr. Fraile, por corrupción en la Operación Púnica han llevado a la Dirección Nacional a tomar una medida radical: la destitución fulminante de él y de toda la ejecutiva del PSM ante su negativa a dimitir.

TODA LA EJECUTIVA DESTITUIDA

Zerolo_Maru La resolución del Comité Federal del PSOE no sólo destituye a D. Tomás Gómez, sino a toda la ejecutiva del PSOE en Madrid (PSM), incluyendo a su secretaria de Organización, Dña. Maru Menéndez y al Presidente del PSM, D. Pedro Zerolo, que apenas llevaba unas semanas en el puesto después de que reemplazara a D. Juan Barranco.

LA INVESTIGACIÓN DEL CASO ‘TREN DE PARLA’ DE TELÓN DE FONDO

El líder del PSOE en Madrid estaba siendo cuestionado por la prensa por el caso sobre costes para la construcción de una vía de tren en Parla cuando D. Tomás Gómez era alcalde de Parla. Las obras se habían presupuestado en 93 millones, pero las obras habían terminado costante hasta 42 millones más. Había varios concejales imputados aunque entre ellos no estaba el Sr. Gómez.

TOMÁS GÓMEZ NO RECONOCE LA DESTITUCIÓN Y ACUSA DE ‘DEBILIDAD’ A PEDRO SÁNCHEZ

 D. Tomás Gómez se negó a reconocer su destitución y recorrió la práctica totalidad de programas de radio y televisión deslegitimando al secretario general del PSOE, D. Pedro Sánchez.



 

RAFAEL SIMANCAS PRESIDIRÁ LA GESTORA: Y CAMBIA LA CERRADURA DEL DESPACHO DE TOMÁS GÓMEZ

D. Rafael Simancas asumió la dirección provisional del PSM al frente de una Gestora que se encargaría de designar al nuevo candidato a la Presidencia de la Comunidad. En la Gestora no podía contar con veteranos dirigentes socialistas habitualmente convocados para estos menesteres como el que fuera líder del sector mayoritario del socialismo madrileño durante años, D. José Acosta Cubero, el jefe del antiguo sector leguinista D. Ramón Espinar o su antiguo número 2, D. Antonio Romero, por encontrarse todos ellos expulsados del partido. Sí pudo contar con D. Jaime Lissavetzky uno de los pocos ex líderes del PSM que seguían en el partido.

CARMONA, INTOCABLE

 D. Antonio Miguel Carmona, candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, no fue incluido en la defenestración decidida por la dirección nacional del PSOE, por lo que él seguiría siendo candidato del PSOE al asiento municipal. El Sr. Carmona atribuyó a su condición de ‘amigo’ tanto de D. Pedro Sánchez como de D. Tomás Gómez para justificar no tomar partido en su liza.

12 Febrero 2015

Golpe de timón

EL PAÍS (Director: Antonio Caño)

El PSOE no puede arriesgarse a acudir a las próximas elecciones autonómicas con un cabeza de cartel cuestionado por los sobrecostes del tranvía de Parla —el municipio del que Tomás Gómez fue alcalde—, tras las investigaciones de la policía y de la fiscalía reveladas por EL PAÍS. Cerrar los ojos y aplazar decisiones sería contradecir la necesidad de presentarse ante la ciudadanía con candidaturas libres de sospechas, un requisito necesario para recuperar la credibilidad.

Por eso el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, no ha dudado en apartar al líder de la organización socialista madrileña, en un movimiento que refuerza considerablemente su liderazgo y permite elegir a un mejor candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. Vale más una decisión contundente que aguardar a que investigaciones habitualmente lentas determinen inocencias y culpabilidades. La inquietud de los ciudadanos por la corrupción y el fraude no admite ese tipo de excusas para eternizar la adopción de medidas políticas.

La virulenta reacción de Gómez, acusando al secretario general del PSOE de sumarse a una operación “no democrática” de la derecha —en la que de paso incluye a este periódico—, confirma no solo su pésimo talante, sino que su suerte personal le importa mucho más que el futuro del partido. Al margen de que Gómez resulte imputado o no —él atribuye la responsabilidad del tranvía al Consorcio Regional de Transportes, presidido en su día por María Dolores de Cospedal—, caben pocas dudas de su responsabilidad política sobre uno de los proyectos creados al calor del ladrillo y cuya consecuencia es la quiebra técnica del Ayuntamiento que soportó la obra. Si a esos hechos derivados de su época de alcalde se suman el continuo deterioro de la influencia del PSOE en Madrid, los malos resultados alcanzados en las elecciones de 2011 y las pobres perspectivas de las próximas, se obtiene un cuadro que hacía su destitución más que recomendable.

Es verdad que la agitación de los socialistas madrileños viene de lejos. También es cierto que las pugnas internas de los partidos y la falta de cohesión entre sus dirigentes les destrozan ante los ciudadanos, si no se explican en función de ideas y programas. En estas condiciones será difícil combatir al PP y hacer frente a las acometidas de las nuevas opciones que luchan por instalarse en el tablero político.

Aún así, el Partido Socialista está obligado a dar una batalla seria en Madrid, tanto por la importancia de esta Comunidad como por las repercusiones más allá de sus límites. Sin perjuicio del derecho de Tomás Gómez a la presunción de inocencia judicial, lo cierto es que el sistema organizado por él ha conducido a esta fuerza política a la mediocridad. No es posible presentarse en mayo ante los ciudadanos con tan magro bagaje, que no se ve precisamente fortalecido por la presencia como candidato a la alcaldía del tertuliano Antonio Miguel Carmona, que arropó a Gómez en su despedida.

Pedro Sánchez se traza un camino exigente, pero es mejor tomar con firmeza el timón que navegar entre dudas o curar heridas con paños calientes.

12 Febrero 2015

Sánchez se anticipa al desastre

ABC (Director: Bieito Rubido)

Descabalgando a Gómez, que ha llevado al PSM a su suelo electoral histórico, el secretario general socialista corre el velo que cubría el declive imparable de su filial madrileña. Se trata de una maniobra arriesgada pero, sin duda, necesaria
Pedro Sánchez decidió ayer descabezar la Federación Socialista Madrileña, destituyendo a Tomás Gómez y nombrando a Rafael Simancas presidente de la comisión gestora que se hará cargo de la organización en Madrid. Sin embargo, lo que se gestó como un golpe de autoridad –con Gómez como destinatario directo y otros muchos como destinatarios indirectos– se convirtió en un pulso interno en el que Pedro Sánchez ha puesto en juego su autoridad como secretario general. No se trata solo de que Sánchez consiga imponer su decisión de destituir a Tomás Gómez, que se ha declarado en rebeldía pública, sino también de convencer a sus militantes y votantes de que el momento de hacerlo era este, a tres meses y medio de unas elecciones autonómicas y municipales que, en Madrid, resultan agónicas para el PSOE.
No le falta razón al líder del PSOE al afirmar que Gómez deteriora la imagen del partido y crea inestabilidad en su seno. De hecho, Gómez cuenta sus participaciones electorales en Madrid como derrotas, a cual más rotunda que la anterior. La superación del PSOE en Madrid por Podemos se da por descontada. Estas perspectivas no podían dejar indiferente a la dirección nacional socialista, menos aún a medida que arrecian las informaciones que confirman las irregularidades en la obra del tranvía de Parla, cuando Gómez era alcalde de esta localidad madrileña, tal y como ABC ha venido informando estos últimos años con sucesivas exclusivas. Entre la debacle electoral que vaticinan las encuestas y el daño a la marca del PSOE, Sánchez tenía que tomar las riendas de la situación en Madrid. El secretario general se ha limitado a correr el velo que cubría el declive imparable del socialismo madrileño.
Aun así, el PSM sigue siendo un organización significativa, y el ataque directo a Gómez puede traducirse en un cierre de filas en torno a su persona. Ayer mismo, durante su rueda de prensa, junto a Tomás Gómez se hallaba el candidato a la alcaldía de Madrid, el televisivo Antonio Miguel Carmona. Si Carmona se suma al desafío de Gómez a Pedro Sánchez y la insumisión de los socialistas madrileños se generaliza, el líder del PSOE tendrá que maniobrar con astucia y firmeza para evitar que la decisión de destituir a Gómez se vuelva contra él. Tras haber apoyado el acuerdo antiterrorista con el Gobierno, no sin críticas internas, y estar resistiendo movimientos envolventes, como los de Susana Díaz, Pedro Sánchez apuesta con riesgo, pero necesariamente, por atajar los focos de inestabilidad en su partido, que debe recuperar cuanto antes su fortaleza en la izquierda y su función protagonista en la vida política española.
12 Febrero 2015

El gran Invictus

Luis Ventoso

Lo único asombroso es que Gómez todavía estuviese ahí
La descalificación frontal, el insulto, es una baza dialéctica facilona, zafia. El exabrupto opera como una pirotecnia estruendosa, que encubre la penuria argumental de quien recurre al estacazo. Solo debe aplicarse con cuentagotas, en casos tan palmarios que suponga la constatación de un hecho empírico insoslayable. Ciertos políticos acumulan tal cantidad de desatino en su deambular por el ágora que se hacen acreedores del blasón que Luis del Val, desde la libérrima atalaya de su calidad y experiencia, suele otorgar a algunos de nuestros prohombres: «Tonto contemporáneo». Es de temer que Tomás Gómez Franco laboró a destajo para intentar ser cofrade de tan populosa hermandad.
En la vida se puede ser una buena persona de mollera limitada, o se puede ser un cabrón con pintas de inteligencia y capacidades descollantes. Lo que no funciona nunca es ser mediocre y encima retorcido. Tomás Gómez Franco, nacido hace 46 años en los Países Bajos, yace arrollado en los bajos de su tranvía manirroto, después de que ABC le destapase la trapisonda. A Gómez lo ha arrojado a las vías Sánchez, cuyo móvil no es la ética, sino darse a valer como sea para apuntalar una estampa apolínea de pedestal de gaseosa (el justiciero se inhibe ante Chaves y Griñán, cuyas andanzas de Rinconete y Cortadillo con los fondos de los parados convierten a Tomás en un pícaro monaguillo que ha sisado del cepillo unas perras). Bisoño y torpón hasta para empuñar la daga, Sánchez ni siquiera sabe que en política una purga así –ejemplar y necesaria, por otra parte– se adorna siempre con los ropajes de la dimisión y la autocrítica (hasta el genocida Stalin exigía la previa confesión de los pecados revolucionarios antes de ordenar la fosa o el Gulag). Pero Sánchez está tan verde que pretendiendo desatar la madre de todas las batallas éticas ha armado un astracán castizo, al gusto del gritón socialismo madrileño, con Tomás enrocándose entre pucheros y diciéndole que nones, que él no se pira ni con dos picoletos sujetándolo por los sobacos rumbo a la trena.
Gómez Franco fue el fenómeno que encargó un cartel electoral tamaño fachada haciéndose llamar «Invictus». El photoshop sobreimprimió su cara cuadrada y sudorosa y su pelillo real con corte de peluquín en el lugar que ocupaba el venerable Mandela en el póster de la película. Como guinda, en la parte baja aparecía a caballo y ataviado de guerrero. Los historiadores todavía intentan dilucidar si Tomás iba de romano, de vikingo o de extra de un péplum híper hormonado de Cinecitta. En las urnas, el caballo de Gómez resultó ser el de Atila: por donde pasó no volvieron a brotar los votos. La toña fue de una épica acorde a las emociones que prometía la cartelería: firmó el peor resultado de su partido en Madrid. Por supuesto no se fue y hasta siguió pontificando.
Que a Tomás lo hayan derribado del caballo supone una pésima noticia para los candidatos virtuales del PP, esos que moran en el limbo de la mente de Rajoy, quien tal vez tenga el detallazo de anunciarlos incluso antes de los comicios. Cuesta concebir un candidato peor que Tomás. Lo tenía todo. El asombro es que todavía estuviese ahí.
11 Febrero 2015

La destitución de Tomás Gómez en ocho claves

Ignacio Escolar

1. El tranvía de Parla iba a costar 93 millones de euros. Acabó saliendo por 142 millones y los intereses han elevado la factura final hasta los 256 millones; la carísima infraestructura ha dejado arruinada a esta ciudad, que es hoy de las más endeudadas del país. Los sobrecostes del ruinoso tranvía están bajo investigación penal porque, dice la Fiscalía y la UDEF, parte de las obras comprometidas en la ampliación del presupuesto jamás se hicieron. Fue un proyecto liderado por Tomás Gómez como alcalde que continuó gestionando su número dos y sustituto en la alcaldía, José María Fraile: un político que está hoy en libertad bajo fianza, imputado por corrupción en la trama Púnica.

2. No, Tomás Gómez aún no está imputado. No está claro siquiera que lo vaya a estar. Pero independientemente de cómo acabe lo del tranvía o el caso Púnica –aún bajo secreto de sumario–, no es tolerable equiparar responsabilidad política con responsabilidad penal. No ser un delincuente condenado no puede ser el único requisito para gestionar lo público, por mucho que haya casos muchísimo más graves que el de Tomás Gómez en el lodazal de la política española y en la cloaca de Madrid, un lugar donde personas con el currículum de Ignacio González o Esperanza Aguirre pueden gobernar.

3. Tomás Gómez, en el mejor de los casos, se equivocó al confiar en un número dos como José María Fraile; tiene que asumir la responsabilidad directa por su nombramiento y también por no saber vigilar lo que ocurría en su propio partido y en su propia ciudad. También es el primer responsable de impulsar el proyecto del tranvía. Irónicamente –no dice nada bueno de nosotros como sociedad–, aquel tranvía ruinoso, inaugurado unas semanas antes de las elecciones, hizo de Gómez el alcalde más votado de España.

4. Tomás Gómez debería haber dimitido tiempo atrás, la semana en la que estalló la Púnica y su sucesor en el Ayuntamiento de Parla fue a prisión preventiva. En lugar de eso ha preferido enrocarse en su despacho y complicar aún más la nada fácil situación del PSOE en Madrid, donde “invictus” parecía condenado a otra derrota más. Como decía Esperanza Aguirre en una frase tan cruel como acertada, Gómez se había convertido en un especialista en ganar los congresos por la mínima y perder las elecciones por la máxima. Después del espectáculo que está dando en estas horas el PSM –tan dividido históricamente como la izquierda madrileña en general–, dudo que las expectativas de voto de los socialistas vayan a mejorar gran cosa, por más que haya quien así lo quiera vender.

5. Tomás Gómez no parecía ni el mejor candidato ni el mejor secretario general para el PSOE en Madrid. Pero las sombras sobre su gestión, aunque han aumentado en estas últimas semanas, hace meses que estaban presentes: la operación Púnica estalló a finales de octubre y, en noviembre, la dirección del PSOE le respaldó como candidato: tenía “la confianza absoluta” de Ferraz. ¿Qué ha cambiado en estos tres meses para que ya no sea así? ¿Por qué lo que entonces fue tolerable hoy ya no lo es? ¿Por qué tardó tanto la dirección del PSOE en actuar? Si las encuestas hubiesen dado a Gómez como ganador, ¿habría sido Pedro Sánchez tan contundente?

6. ¿Forma parte esta batalla de la nada disimulada guerra por el liderazgo del PSOE? Hay importantes dirigentes socialistas que creen que sí, y que relacionan la debilidad interna de Pedro Sánchez con sus dos grandes decisiones de estas últimas semanas: el cuestionado pacto antiterrorista con el PP y la gestora de Madrid. Pedro Sánchez ha decidido dar un golpe de autoridad con una medida que está en sus atribuciones como secretario general y que es coherente con su discurso sobre la corrupción –y con lo que hizo con los implicados en las tarjetas ‘black’, cuando los expulsó antes incluso de ser imputados–. Pocos defienden a Tomás Gómez, pero muchos critican el método y el momento elegido para destituirle: nombrando una gestora en una federación tan importante como la de Madrid, sin una novedad palmaria sobre la mesa y a nada de las elecciones. Sánchez tomó esta decisión de forma unilateral, sin buscar antes el apoyo de los demás barones del PSOE; tampoco el de la poderosa presidenta andaluza. Se lo pueden hacer pagar.

7. Los golpes de autoridad suelen estar bien vistos entre el electorado, salvo cuando salen mal. Tal y como está ahora la situación en Madrid –más aún si se judicializa, como amenaza la dirección destituida del PSM–, esto solo puede acabar de dos formas: o con la muerte política de Tomás Gómez, o con la de Pedro Sánchez, por mucho que la dirección del PSOE no quiera exponer a su líder en este espinoso asunto y dejar que el secretario de Organización, César Luena, y el máximo responsable de la nueva gestora, Rafael Simancas, den la cara en su lugar.

8. El nuevo número uno de la lista del PSOE a la Comunidad de Madrid se elegirá a dedo y sin primarias. Los candidatos con más posibilidades son dos exministros: Ángel Gabilondo y Trinidad Jiménez, la candidata hace años derrotada en las primarias de Madrid por el mismo Tomás Gómez ahora defenestrado. Los perdedores de otros procesos internos y otras elecciones –Rafael Simancas y Jaime Lissavetzky– van a ser ahora quienes dirijan la gestora. El precedente es peligroso para el propio Pedro Sánchez. A él también se lo pueden aplicar.

12 Febrero 2015

Pedro Sánchez se quema en el incendio del PSOE en Madrid

EL MUNDO (Director: Casimiro García-Abadillo)

EL PASO dado ayer por Pedro Sánchez al desmontar el Partido Socialista de Madrid y dejarlo sin candidato a la Asamblea a sólo tres meses de las elecciones municipales y autonómicas es algo tan insólito y arriesgado que sólo puede responder a causas excepcionales. Dos son las que se barajan dentro del PSOE: que el secretario general tiene noticia de que la imputación de Tomás Gómez por el caso del tranvía de Parla es probable, y que las encuestas que maneja Ferraz revelan que el partido va directo al abismo con el ex alcalde como candidato autonómico.

Siendo dos razones de peso, sólo la primera, la del cese preventivo, tendría cierta justificación. Los socialistas sufrirían, en efecto, un cataclismo si su cabeza de lista en la Comunidad de Madrid fuera señalado por corrupción en plena campaña electoral, cuando ya no hubiera tiempo para reaccionar. Sin embargo, no es previsible que eso ocurra, dado que no hay datos nuevos en las investigaciones abiertas que apunten en esa dirección. De otro lado, sería muy peligroso que Sánchez hubiera tomado la medida únicamente empujado por las encuestas, porque el mensaje que se trasladaría entonces es que sobran las primarias y hasta el partido: a partir de ahora, habría que dejar el nombramiento de los candidatos del PSOE en manos de institutos demoscópicos.

César Luena, secretario de Organización del PSOE, justificó la decisión de apartar a Tomás Gómez y disolver la ejecutiva en Madrid básicamente por «el deterioro grave de la imagen pública» del partido como consecuencia de las sospechas de corrupción. Pero dado que Gómez ni siquiera está imputado, actuar con ese rasero debería haber llevado a Susana Díaz, por ejemplo, a repudiar hace tiempo a Chaves y a Griñán y, al no haberlo hecho, ahora Sánchez tendría que instarle a actuar.

El golpe de mano dado por del secretario general del PSOE hace fácil la crítica a sus detractores, que ayer hablaban de «decisión antiestatutaria» y «operación no democrática». La puesta en escena elegida ayer por Tomás Gómez para rebelarse contra Ferraz, rodeado por los suyos y entre aplausos, refuerza su buscado papel de víctima. Pero precisamente la federación madrileña es la que menos puede presumir en cuanto a regeneración: es de las pocas que se negó en su día a celebrar primarias abiertas a los simpatizantes y el aparato se encargó de que no hubiera ningún otro aspirante para así poder aupar a Tomás Gómez. El error de la dirección del PSOE fue consentir entonces esas maniobras.

Pedro Sánchez, que no anda sobrado de apoyos internos, se juega mucho en este pulso. Es muy significativo que Susana Díaz no se pronunciara ayer acerca de un episodio de gran impacto, retransmitido en directo por televisión y que cayó como una bomba en el partido. Su silencio ha sido una forma clamorosa de no respaldar al secretario general.

Sánchez parece contar con el aval de varios líderes autonómicos, pero la mayoría considera que el momento y las formas han sido inadecuados. Aun cuando existe el convencimiento general de que el PSOE iba hacia el desastre en Madrid con el ex alcalde de Parla como candidato, nadie se explica por qué no se ha actuado antes.

Dentro del indudable desgaste que este escándalo comporta para el PSOE hay dos hechos que pueden ayudar a calmar las aguas en los próximos días. El relevo de Tomás Gómez será, tal y como hoy avanzamos, el ex ministro de Educación Ángel Gabilondo, un hombre que cuenta con grandes simpatías dentro y fuera del partido. Por otra parte, la circunstancia de que Antonio Miguel Carmona se mantenga como aspirante a la Alcaldía de Madrid evita empezar desde cero.

Con todo, la realidad es que hoy el PSOE y Pedro Sánchez están más débiles que ayer: el partido, porque da una imagen de caos y ruptura total a 100 días de unas elecciones; el secretario general, porque toma una decisión sin causas sólidas que lo justifiquen. Eso abona la teoría –que sustentan los seguidores de Tomás Gómez– de que el secretario general de los socialistas ha actuado pensando en su propio beneficio y para reforzar su liderazgo.

14 Febrero 2015

De cómo, para algunos, el PSOE reconquistó Madrid

Víctor de la Serna Arenillas

Pedro Sánchez, si leen ustedes El País, ha salvado al PSOE defenestrando a Tomás Gómez. Otros no lo ven tan claro.

Así, José María Carrascal acusaba en ABC: «Estas batallas internas se resuelven discretamente, a puerta cerrada, sin armar ruido, para facilitar una salida digna, y no por decreto. Lo que quiero decir es que, más que ‘un golpe de autoridad’, lo que ha hecho Sánchez es poner en evidencia la división interna del partido. (…) De ahí que dude que Sánchez haya ‘afianzado su liderato’ con esta medida, como dicen algunos. Lo que sí sé es que ha abierto un frente a sus espaldas, que es lo que él y su partido menos necesitan».

Se lo explicaba a Carrascal el editorialista de El País, que él sí que sabe: «La decisión debía de haberse tomado hace meses, pero los diversos intentos por la vía del diálogo fracasaron». Y agregaba, en un desmayado texto: «La mejor manera de dejar de hablar de la crisis del PSOE es provocar que empecemos a hablar de las ideas del PSOE». Eso, por cierto, al segundo día; en el editorial de la víspera, sólo aplausos a Sánchez y denuestos contra Gómez.

En el mismo periódico, tantos años portavoz extraoficial del PSOE, dos analistas de Metroscopia, José Pablo Ferrándiz y Francisco Camas, explicaban con desenvoltura la fulminante encuesta que en unas horas les permitió determinar que el despido de Gómez había devuelto a los socialistas al primer puesto en Madrid: «La decisión, pese a ser inesperada, ha calado muy pronto en la opinión pública madrileña». Ah.

Insistía Carrascal, elevando la mirada algo más allá: «No es sólo el PSOE (…) el que se halla en crisis, sino la entera izquierda. ¿Por qué? Pues por algo tan simple como que no tiene soluciones para la gran crisis que atravesamos. Lo único que saben decir sus dirigentes es que, cuando lleguen al poder, revocarán todas las medidas que han tomado los gobiernos conservadores. O sea, volver a la situación anterior, que condujo a la crisis».

Hurgaba en la herida, desde El Periódico, Antón Losada: «Muchos de entre quienes ayudaron a Sánchez a llegar a la secretaría general no mueven ahora mismo otra idea en su cabeza que la de liquidarle para situar a Susana Díaz. Si lo consiguen, al minuto siguiente ya no les valdrá y querrán que pase Eduardo Madina, Carme Chacón o quien se deje engañar. En política, cuando careces de ideas matar por matar es lo único que te queda porque es lo único que sabes hacer para mantenerte vivo».

Eso sí, Luis Ventoso reconocía en ABC: «Cuesta concebir un candidato peor que Tomás. Lo tenía todo. El asombro es que todavía estuviese ahí».

El Análisis

¿TAN POCO QUIERE USTED A SU PARTIDO, Sr. GÓMEZ?

JF Lamata

Seguramente cuando a D. Joan Ignaci Pla le defenestraron como líder de la federación valenciana del PSOE en 1999 tras un tormentoso congreso, cuando D. Joaquín Almunia disolvió su ejecutiva e impuso en su lugar una gestora dominada por los enemigos del Sr. Pla, a este debió hacerle bastante poca gracia, pero en su comparecencia fue claro: «la Comisión Ejecutiva ejerce». El Sr. Pla sabía que si el en esa rueda de prensa hubiera puesto a caer de un burro al líder del PSOE, eso, en la práctica, era perjudicar la imagen del PSOE. Nada iba a revertir la decisión tomada ¿para qué dañar al partido? El Sr. Pla guardó silencio y en las bambalinas preparó su retorno. El Sr. Almunia caería como líder del PSOE tras las generales de 2000 y a los pocos meses el Sr. Pla pudo retornar al liderazgo del socialismo valenciano sin que nadie le pudiera acusar de haber perjudicado a la formación.

Cuando el PSOE echó como a chacales a destacados dirigentes como D. Virgilio Zapatero o D. José Acosta, estos podían haber hecho ruedas de prensa para defenderse y cargar contra ese ‘jovenzuelo’ que les estaba echando, pero también guardaron silencio. No quisieron perjudicar la imagen del partido.

D. Tomás Gómez, no. No quiso acatar la defenestración y, algo sin precedentes, dio una rueda de prensa para despellejar a su teórico líder. Con ello no lograba cambiar nada, eso sí, destrozaba por unas jornadas la imagen de su partido: ¿Tan poco apreciaba a su partido, Sr. Gómez?

J. F. Lamata

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