26 mayo 1976

El nuevo ministro Secretario General del Movimiento refuerza su poder como joven promesa del nuevo falangismo

El ministro del Movimiento Adolfo Suárez elegido nuevo Consejero Nacional del Movimiento derrotando al yerno de Franco

Hechos

El 26.05.1976 D. Adolfo Suárez fue elegido nuevo Consejero Nacional del Movimiento Nacional.

Lecturas

Discurso de Suárez como ministro Secretario General del Movimiento:

El 25 de mayo de 1976 se celebra una votación para cubrir la vacante producida por la muerte de D. José Antonio Elola. Se presentan para el cargo el ministro secretario general del Movimiento, D. Adolfo Suárez González y D. Cristobal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde, yerno de D. Francisco Franco Bahamonde. El resultado de la votación es el siguiente:

  • Adolfo Suárez González – 66 votos.
  • Cristóbal Martínez Bordiú – 25 votos.
  • En blanco – 11 votos.

Este resultado supone un triunfo para el ministro del Movimiento y la confirmación de que los políticos falangistas no desean contar con el marqués de Villaverde ni el resto de la familia Franco para puestos políticos relevantes una vez ha fallecido el general.

LOS CANDIDATOS PROPUESTOS POR LA TERNA

Ante el fallecimiento del Sr. Elola Olaso, el Consejo Nacional del Movimiento debía elaborar una ‘terna’ para escoger a quien le reemplazaría. Fueron propuestos tres destacadas figuras del falangismo

AdolfoSuarez_recurso1  D. Adolfo Suárez González, propuesto por 29 votos del Consejo

MarquesVillaverde  D. Cristobal Martínez Bordiú, propuesto por 23 votos del Consejo

CarlosPinilla  D. Carlos Pinilla Touriño, propuesto por 18 votos del Consejo (pidió no ser votado)

RESULTADOS DE LA VOTACIÓN

AdolfoSuarez_recurso1  D. Adolfo Suárez González –  66 votos

MarquesVillaverde  D. Cristobal Martínez Bordiú – 25 votos

Votos en blanco – 11 votos

Adolfo Suárez será el encargado de defender la legalización de los partidos políticos en nombre del Gobierno Arias en Las Cortes en junio de 1976.

26 Mayo 1976

El elefante de papel

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián Echarri)

Leer

El primer paso para la reforma se ha dado sin la menor dificultad.

El ambiente en la mañana de ayer era tenso, casi prebélico. Aún rumiaban su amargura reciente los ex combatientes que no pudieron manifestarse por Madrid. Y, hacia las diez, 77 consejeros nacionales no «Cumplían con su deber», desoyendo el telegrama del marqués de Villaverde, que perdía su escaño A partir de aquí, pocos dudaban que el Pleno (le las Cortes sería la batalla de las Ardenas del bunker. lntegristas y reformistas se aprestaban para librar la primera batalla de la reforma o la penúltima del autoritarismo. Allí debían encerrarse, sin interrupción, hasta que fuera debatido el proyecto de reunión y manifestación, por un máximo de veinticuatro horas. En las redacciones de los periódicos se hacían planes para cubrir la información de los señores procuradores tomando churros madrugada y batiendo briosos e insomnes sus armas durante toda la noche. ¡Caramba!, se decían los más viejos de la Corte, si el Opus se defendió de Fernando Suárez manteniendo las Cortes en vela toda una noche, ¿qué no hará el bunker ahora por algo mucho más importante que las subvenciones a la Universidad de Navarra? Nada. Hasta el viejo profesor, Tierno, parece haberse excedido al reputar al bunker de elefante de papel. Ayer los montes del bunker sólo parieron en la carrera de San Jerónimo una tímida ratita. De las veinticuatro horas de debate, sobraron veinte. No hubo noche legislativa de los cuchillos largos y, ya puede irse buscando excusa mejor que la del bunker para aplazar o echar agua al vino de las necesidades políticas de este pueblo. Porque el tan temido bunker hizo ayer aún mejor el soneto de Cervantes: «…caló el chapeo/ requirió la espada/miró al soslayo /fuese/y no hubo nada.»

 

El Análisis

Suárez frente al marqués, la nueva cara del franquismo

JF Lamata

La votación celebrada el 26 de mayo de 1976 para cubrir la vacante en el Consejo Nacional del Movimiento ha tenido un valor que va mucho más allá de lo meramente corporativo. La victoria clara de Adolfo Suárez sobre Cristóbal Martínez Bordiú, marqués de Villaverde, yerno del fallecido Franco, no es sólo la designación de un consejero, sino un símbolo del momento que vive España. Frente al peso del apellido, del parentesco con el dictador fallecido, los procuradores han optado por la figura de un político joven, hábil y con respaldo del Gobierno.

El resultado constituye una derrota moral para el yerno de Franco, que pretendía traducir en poder político lo que durante décadas fue influencia social y familiar. La bofetada de realidad es evidente: los propios procuradores franquistas entienden que la etapa del nepotismo se ha agotado y que, en un contexto de transición, quienes cuentan son los cuadros preparados y con proyección, no los herederos del régimen por vínculos de sangre. En este pulso, el marqués ha salido mal parado y Suárez emerge reforzado.

El episodio confirma que en el seno mismo de las instituciones franquistas se abre paso una nueva generación de dirigentes. Suárez, apoyado en una estrategia política bien diseñada –en la que ha contado con el asesoramiento de figuras como Rafael Ansón– representa un franquismo joven, con vocación de adaptarse a los cambios que ya nadie ignora. La votación no resuelve el futuro, pero señala una dirección: incluso dentro del Movimiento, los ecos de la vieja guardia pesan menos que la necesidad de encontrar rostros capaces de pilotar el inevitable tránsito hacia otra España.

J. F. Lamata