2 mayo 1978

Fin de las andanzas del 'Viejo Profesor' como líder solitario de un partido político

El PSOE absorbe al Partido Socialista Popular (PSP) de Tierno Galván, que ocupará un cargo honorífico bajo el liderazgo de Felipe González

Hechos

En mayo de 1978 se celebró el acto de fusión entre el PSP y el PSOE por el cual el PSP se disolvía y todos los militantes del PSP pasaban a serlo del PSOE.

Lecturas

En un acto público el 1 de mayo de 1978 con los líderes socialistas de Italia, Bettino Craxi, Portugal, Mario Soares y Francia, François Mitterrand, el Partido Socialista Popular se integra oficialmente en el Partido Socialista Obrero Español. El hasta ahora líder del PSP, D. Enrique Tierno Galván asumirá la presidencia de honor del PSOE, mientras que D. Ramón Rubial Cavia y D. Felipe González Márquez seguirán siendo presidente y secretario general de la formación.

En un solemne acto celebrado en mayo de 1978 D. Felipe González, Secretario General del PSOE, D. Ramón Rubial, Presidente del PSOE y D. Enrique Tierno Galván, Presidente del PSP celebraron el acto de integración PSOE-PSP. Acto que, en la práctica, suponía la desaparicón por absorción del PSP en el PSOE. .

D. Enrique Tierno Galván era recompensado con el cargo de ‘Presidente de Honor del PSOE’, aunque en la práctica no asumiría ningún cargo ejecutivo al no gozar de la confianza ni de D. Felipe González, ni de D. Alfonso Guerra.

Al acto de ‘Unidad Socialista’, como se le llamó oficialmente, asistieron el líder del Partido Socialista Frances, Francois Mitterrand, el líder del Partido Socialista Portugués, D. Mario Soares y el líder del Partido Socialista Italiano, D. Bettino Craxi.

El proceso de unificación comenzó por los militantes en julio de 1977, pocos días después de las elecciones generales de junio de 1977 cuando un centenar de miembros del PSP anunciaron su pase al PSOE. El 9 de abril de 1978 se celebró el último congreso del PSP en el que sus militantes con el apoyo del propio D. Enrique Tierno Galván, aprobaron la disolución del partido y la integración de todos los militantes en el PSOE.

25 Abril 1978

Veinticinco años de lucha por la democracia

Raúl Morodo

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Se intenta una transformación orgánica, pero manteniendo la misma práctica. Y tengo la impresión, y algo más que la Impresión, que el casi un millón de votos que obtuvo el PSP el 15 de junio, expresaron esta contradictoria ambigüedad ideológica y espíritu de resistencia de todos estos años.

En 1953, en Salamanca, se constituía en torno al profesor Tierno Galván un grupo intelectual-profesional que, desde entonces, estará presente, de manera constante, en todas las luchas, grandes y pequeñas, en pro de una democracia política y social y de una profunda renovación cultural. El «grupo Tierno». con sus distintas denominaciones, como Asociación por la Unidad Funcional de Europa, como Frente Socialista y Democrático, como Partido Socialista en el Interior y, finalmente, desde 1974, como PSP, entra dentro de la historia Política contemporánea española y se estudiará ya sosegadamente desde un punto de vista académico.

Con su fusión en PSOE, el PSP-organización cierra, así, un ciclo histórico, altamente positivo, de modernización cultural y de búsqueda, junto con otros grupos políticos, de una sociedad abierta y no represiva. Establecida la democracia en España, en vías de culminar el proceso de formalización constitucional, la primera y gran función histórica del «grupo Tierno», la de resistencia democrática, se disuelve. Los planteamientos y consecuencias electorales obligan también -con nostalgia, con sacrificio y con responsabilidad- a coadyuvar el proceso de racionalización o, al menos, de simplificación, de los espacios políticos: así, el PSP-organización, respetando las opciones personales, se fusiona con el partido histórico de¡ socialismo español.

La especificidad de¡ «grupo Tierno» fue, no sólo últimamente, sino desde siempre, objeto de discusión y de intento de fijación del grupo en un espacio político concreto. Pero la ambigüedad, como arma política eficaz en la lucha por la democracia, configuró también, hasta el final, la propia dinámica de¡ grupo. Por ello, como una primera aproximación, creo que sería útil definir, aunque sea aproximativamente, algunas notas que pueden ayudar a entender este peculiar fenómeno político que se dio en el franquismo. A saber: ser un grupo en donde la extraordinaria y compleja personalidad de Tierno Galván será eje-clave y decisoria en todo su proceso; ser un grupo abierto, en donde coexistan, implícita o explícitamente, tendencias ideológicas, desde progresistas hasta socialistas radicales de izquierda, y, por último, ser un grupo netamente del interior, actuando en la difícil frontera de la legalidad-ilegalidad.

Tierno Galván, revulsivo y aglutinante

La historia de este grupo, cuya formalización última será el PSP, hasta ahora es la historia del «viejo profesor». Su biografía político-intelectual se proyecta y se realiza, tenazmente, sobre amplios sectores de cuadros intelectuales, profesionales y, en menor medida, sindicales, que desean cambiar la sociedad española. Tierno Galván, contestatario de la cultura de hibernación dominante, actúa como un gran aglutinante ideológico y desde la protesta crítica respecto a esta cultura vicaria, la transforma en protesta cultural y ética y, en definitiva, en protesta política. Quien relea, ahora, por curiosidad, el Boletín de Salamanca, encontrará allí, entre los años cincuenta y sesenta, la penetración de las nuevas ideas que sorprendían y, en gran medida, seducían. Tierno Galván será, de esta manera, el gran seductor intelectual, crítico pero no demagógico, de esta época: casi por magia, introduce el culturalismo secularizado, el europeísmo político e ideológico, el marxismo humanista. El «viejo profesor», como un Croce radical, inicia un espíritu de resistencia democrática y aglutina a los cuadros jóvenes que, gradualmente, se van introduciendo en la Administración, en las Universidades, en las empresas, en las profesiones liberales. El dato objetivo de la tolerancia relativa por parte del propio sistema, que no excluye procesamientos, cárcel, confinamientos o sanciones, coadyuvará también a la cristalización de una imagen de máxima respetabilidad y de un mito, que permanece. En este sentido, creo que Tierno ha sido, y seguirá siendo, el intelectual-político de izquierda más admirado por la derecha, aunque no le vote, y que desearía que fuese suyo.

El resultado positivo que proyecta esta personalidad no podía ser otra cosa que un movimiento flexible y heterogéneo, que imprime a sus actuaciones un sello peculiar y diferenciado con respecto a los demás grupos. Este proceso, definido por él mismo en su ensayo sobre Ambigüedad y semidesarrollo, tiene. naturalmente, sus contradicciones, pero éstas -dentro del denominador de resistencia democrática- darán también cohesión al grupo y permitirán su extensión a ámbitos ideológicos más amplios. Hoy, en las Cortes, o en los partidos políticos, desde comunistas a ucedistas, se encuentran hombres que estuvieron -o siguen estando ligados- a esta aventura político-intelectual, curiosa y sorprendente.

Movimiento «versus» partido-organización

Este primer dato, clave en todo el proceso, de creación y de disolución, condicionará las distintas formalizaciones de lo que últimamente llamamos PSP. Porque, en realidad, han existido distintas versiones del «grupo Tierno». La flexibilidad y ambigüedad del grupo, la semi-ilegalidad en que se desenvolvía, el acusado, ingrediente libertarlo, la prioridad de la imaginación anti-burocrática, no permitía, desde luego, una disciplina cristalizada de partido. Por ello, habría que hablar, sociológicamente, de «movimiento» en el que, junto a la referencia inexcusable a Tierno, se aglutinaban mentalidades de resistencia democrática caracterizadas ideológicamente por el progresismo y el socialismo.

El proceso gradual de formación de los partidos, durante el franquismo, iba unido a la búsqueda de un concreto espacio político-social. Por nuestra parte, erróneamente o no, considerábamos más útil la actuación por medio de frentes amplios democráticos, es decir, siguiente la mejor y clásica tradicional resistente europea. Así, fuimos el primer grupo de izquierda que aceptó claramente la Monarquía y, también, el primer grupo que dio la mano a los comunistas en la Junta Democrática. Progresismo y marxismo humanista coexistían, de una u otra forma, en todo este largo camino. Para unos, el «viejo profesor» sería su proyección subjetiva de un Azaña modernizado, para otros, su proyección de la reactualización de Besteiro o de Negrín.

Sólo en los dos últimos años, a partir de junio de 1976. por el inevitable deterioro del valor «resistencia», al entrar en un período de reformismo avanzado, se intenta una transformación orgánica, pero manteniendo la misma práctica -y, en el fondo, los mismos supuestos- de nuestra política tradicional. Y tengo la impresión, y algo más que la Impresión, que el casi un millón de votos que obtuvo el PSP el 15 de junio, expresaron esta contradictoria ambigüedad ideológica y espíritu de resistencia de todos estos años. La imagen socialista radical, que se quiso vender en las elecciones. no creo que fuese captada o asimilada. Creo que, realmente, la imagen percibida -y la que obtuvo ese voto- fue la concebida como grupo progresista y de resistencia democrática. El espacio electoral objetivo, al margen de declaraciones y programas, se concretó en amplios sectores de las nuevas clases sociales, burguesía avanzada y progresista, consciente de la necesidad de un cambio político y socioeconómico y que, por diferentes razones, era discrepante con el PC, con el PSOE y con la UCD. Recogimos, así, los votos residuales de estas tres organizaciones. Tierno Galván, en sus intervenciones ante la televisión, cuando pidió -único dirigente- el voto no para el PSP, sino, genéricamente, para la democracia y para la izquierda, estaba siendo fiel al espíritu tradicional de resistencia.

El fin de la aventura

El «grupo Tierno», como grupo o como movimiento, actuó siempre en el interior y desde las estructuras internas de la sociedad política española. Desde el primer momento, se rechazó radicalmente la idea de clandestinidad: no por razones de principio, sino por la propia exigencia del componente social-profesional del grupo y por razones de eficacia. Era, muchas veces, difícil, convencer a los dirigentes del exilio, demócratas y socialistas, que la lucha por la consecución de la democracia estaba en e¡ interior y no ya fuera. Y que las nuevas generaciones de posguerra eran las predestinadas a llevar a cabo el cambio político. Los sitemas autoritarios, salvo en caso de fuerza, sólo se quiebran desde dentro. gradualmente, y nadie en España pensaba seriamente en guerras o invasiones.

Estos dos factores (espíritu de resistencia y lucha política no clandestina) condicionaba, evidentemente, el tipo y nivel de actuación. Estábamos y actuábamos. pues. en la ilegalidad con alguna pasividad y discrecionalidad por parte del sistema. En esta frontera, nada fácil, de ilegalidad y, de lucha por la legalidad nueva democrática, nos movíamos todos y especialmente nosotros, por nuestro mayoritario componente social-profesional. En el fondo, pues, teorizábamos sobre la ruptura, pero todos los grupos, y aquí no excluyo a nadie, íbamos practicando ya la reforma pactada y lo que hoy llamamos la «estrategia del consenso». No existía la Moncloa, como referencia política, pero se estaba configurando. Junta Democrática, Coordinación, Platajunta, Comisión de los Nueve, son etapas veloces que convierten la ilegalidad en legalidad. Y aquí acaba la resistencia. Que algunos de los grupos que, durante todos estos años, hayan establecido, coadyuvado o hecho efectiva esta estrategia, y ahora no protagonicen el proceso político actual, es otro tema. En todo caso, lo haya quien lo haya hecho, lo protagonice quien lo protagonice, es bueno y pos¡tivo para el país y para la sociedad española toda. En nuestro caso, la derrota era ya nuestra victoria, y, así es justo asumirlo.

Es, dentro de estas coordenadas, en donde hay que situar el deslizamiento que culmina en la integración del PSP-organización en el PSOE. En una nueva legalidad, a la que tanto hemos contribuido, no cabía ya un movimiento de resistencia democrático, progresista y socialista, en su esquema tradicional. El PSP tenía que asumir su rol histórico, que terminaba, o Iniciar solo, o con el PSOE, una nueva aventura. Tenía, de esta manera, que elegir, constituirse o reconstituirse como partido burocrático entre UCD y PSOE, o entre PSOE y PC, unirse al PSOE, o autodisolverse. El IV y último Congreso del PSP, por mayoría, acordó, como opción orgánica, fusionarse en el partido de Pablo Iglesias.

Raúl Morodo, ex Secretario General del PSP y accionista de EL PAÍS

23 Junio 1978

Pragmatismo y política

Enrique Tierno Galván

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Por exigencia del período de transición y compromiso político que atravesamos, hemos dado, la mayoría de quienes sobre política escribimos, en llamarnos pragmáticos y recomendar pragmatismo. El uso de la expresión, e incluso la conciencia de los límites del concepto que en la expresión se significa, ha ido convirtiéndose en abuso. «Pragmatismo» se ha convertido en una palabra que aún conserva connotaciones cultas o académicas, que encubre en bastantes casos el oportunismo sin principios, la resignación ante la quiebra, que se juzga inevitable, de valores ajenos a la práctica ordinaria, o la indiferencia ante lo que rebasa a lo común y placentero.Si continuamos jactándonos de pragmáticos, y permitiendo que corra la falsa idea de que el pragmatismo equivale a seguir el camino más fácil para vivir mejor o con menos preocupaciones, estamos inoculando un veneno para el que no vamos a tener triaca. Puede llegar un momento en que se convoque para un entusiasmo que exija más que el grito o el aplauso efímero, y nadie concurra en nombre del falso pragmatismo, que, por desgracia, crece sin corrección alguna.

Presidente de honor del PSOE

En una sociedad que invita a eludir el esfuerzo y cultivar lo trivial, que desposeamos la política de ideales superiores e incluso de quijotismo, es añadir error sobre error y flaqueza sobre flaqueza.

Es notable, aparte consideraciones filosóficas, la falsa imagen que del pragmatismo británico se tiene entre nosotros. No estaría de más que se recordase que en ese país de pragmáticos han nacido géneros literarios en los que son esenciales la ilusión, la credulidad, y también la inocencia. Los británicos crearon la utopía en cuyos cauces se dispara la imaginación, de tal modo que cuesta a veces un pequeño esfuerzo reencauzarla por los vericuetos y preocupaciones de la vida cuotidiana.

Los británicos dieron los primeros ejemplos de novelas de aventuras modernas, de reconstrucción novelada de la historia, de novelas fantásticas, como Frankenstein o los relatos de Stevenson, y por último, de la novela policiaca en los modelos iniciales, que exige que la imaginación burguesa se encare con lo inverosímil y lo admita como algo común y hacedero.

Unicamente un pueblo que cultiva la imaginación, y con frecuencia el idealismo, sabe poner límites a la noción divulgada de lo pragmático. De este modo, cuando toca sufrir con entusiasmo en crisis bélicas o económicas., por defender la integridad nacional o los principios democráticos, se hace sin que la toxina del falso pragmatismo haya malogrado las respuestas oportunas respecto de ideales superiores. Lo mismo se podría decir de otras muchas culturas o modalidades culturales en las que el pragmatismo es coherente y compatible con los ideales superiores. Mucho tendríamos que aprender los europeos del pragmatismo chino, tanto histórico como presente. Pero volviendo a nosotros los españoles, es incuestionable que tenemos que, ir quitando de nuestra enseñanza política, y también de nuestra propaganda política, la idea de que hemos de apegarnos a lo más útil, inmediato y agradable, dejando para después u olvidándonos de que hay realidades que no son inmediatamente útiles ni planceteras, que no pueden darse de lado o rechazarse. El pragmatismo, entendido del modo vulgar e insano que he descrito en política es un suicidio; es más, no es pragmatismo, porque un pragmático absoluto sabe, y sabe muy bien, que también es pragmático el conservar el entusiasmo por los ideales, para que la vida práctica no se estanque y corrompa.

El famoso «desencanto» del que tanto se habla está condicionado, en una parte considerable, por la idea, que han extendido quienes debían haber tenido cuidado de no salirse de los límites adecuados, de que los políticos son unos pragmáticos que van a lo suyo y que la política no pasa de ser el arte de sobrevivir, medrar y seducir. Si la política fuera esto, nunca lograríamos la normalidad democrática ni el aprecio de nuestros conciudadanos. Repito que hay algo semejante al suicidio en esta idea ruin del pragmatismo. El conocimiento de las cosas, el saber aprovechar la ocasión para ganar al contrario, o mantener unas relaciones internacionales en las que se eluda lo quimérico, es pragmatismo necesario y sano. Lo mismo podríamos decir del pragmatismo que consiste en justipreciar la realidad para no incurrir en la demagogia de prometer hacer más de lo que se puede. Este pragmatismo es inherente a la actividad política y compatible con dos principios que dan al quehacer político dignidad y fuerza, uno que no es lícito traspasar el límite impuesto por los valores éticos superiores para conseguir lo que redunda simplemente en beneficio o placer; no es lícito practicar la traición o hacer de la deslealtad el camino del triunfo.

El segundo supuesto es tan importante como el que acabamos de enunciar; dice que el pragmatismo es la muerte del entusiasmo, y si a la política se la desposee de entusiasmo se desposee de sustancia y de futuro.

Desde muy antiguo se ha insistido por clásicos y modernos en la necesidad del entusiasmo colectivo como exaltación de la confianza en la comunidad y en los ideales comunitarios. La necedad de oponer pragmatismo a entusiasmo, que implícitamente se está extendiendo, puede costarnos muy cara. No saldremos nunca de la necesidad de vivir entusiasmados por ideales colectivos que se asumen como ideales individuales que quedan en depósito hasta que la necesidad obliga a manifestarlos como testimonio de afirmación de aquello en lo que creemos. Así subsiste la idea de que una comunidad es algo más que una sociedad anónima, y que el Estado es algo más que un aparato gestor de los bienes comunes. El entusiasmo democrático puede caer e incluso perderse si continuamos con el mal ejemplo de alardear de pragmáticos como un procedimiento para sostenernos en el cinismo vulgar. Nadie que sea pragmático en el sentido que la expresión está adquiriendo en boca de todos, es propiamente ni, ciudadano, ni demócrata.

02 Mayo 1978

Un PSOE reforzado

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

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El acto celebrado en Madrid el pasado domingo con la firma del acta notarial por la que el PSP se integra en el PSOE, los discursos de Felipe González y Enrique Tierno y la presencia de las grandes figuras de la Internacional oficiando como testigos, ha culminado el proceso de unificación de los socialistas españoles. Sólo quedan ahora fuera de las filas del partido fundado por Pablo Iglesias algunos pequeños grupos de implantación exclusivamente regional (y minoritarios incluso en esas zonas en relación con eI PSOE) o colectivos de vocación extraparlamentaria. La única excepción seria tiene carácter sólo formal; pues la unidad entre el Partido Socialista de Cataluña y la Federación Catalana del PSOE será refrendada, con toda probabilidad, el próximo mes de junio.El paso dado anteayer produce una considerable alteración en el actual equilibrio de las fuerzas políticas españolas. Desde ahora, la presentación que de sí mismo suele hacer el PSOE como una «alternativa real de poder» pierde en jactancia propagandística lo que gana en consistencia como posibilidad concreta. Es indudable que sólo la prueba de las urnas puede ser concluyente al respecto; pero la hipótesis de que la unidad socialista va a tener efectos multiplicadores, y no simplemente aditivos, sobre el comportamiento electoral parece algo más que pensamiento desiderativo de los dirigentes del PSOE.

El PSP, cuyo gusto por la ambigüedad de imagen y la equivocidad de planteamientos ha sido más una decisión consciente que una falta de coherencia, aporta al socialismo histórico elementos de muy variada significación que pueden ampliar su ámbito de influencia tanto hacia la izquierda como hacia la derecha. Las formulaciones doctrinales de tono radical, colorido tercermundista y sabor autogestionario fueron asumidas, independientemente de sus intenciones últimas, de manera totalmente sincera por buen número de cuadros y militantes del PSP, que las irradiaron en torno suyo y capturaron votos en el espacio situado entre el PSOE y el PCE. Pero la figura, las maneras y las palabras del profesor Tierno ejercieron, por su parte, un gran poder de atracción en los comicios de junio de 1977, sobre sectores moderados de la clase media, a los que sigue tranquilizando esa imagen pública construida con piezas de austeridad, moralismo, sentido común y prudencia. Esa doble y contrabalanceada influencia a la derecha y a la izquierda, queda reforzada, además, por la incorporación al PSOE de los profesores universitarios, profesionales y funcionarios del PSP, que podrían dar mayores garantías de que el eventual ascenso de los socialistas al Gobierno no iría en detrimento de la eficacia en el manejo de la Administración pública y del respeto a las opiniones de los expertos y los técnicos en diferentes áreas.

Podría decirse, así, que una fotografía actual del socialismo unificado mostraría sus posibilidades a una luz favorable, sobre todo si se las compara con las que en estos momentos tiene UCD, sometida al desgaste de la acción gubernamental y sumida en una grave crisis como organización partidista.

Las elecciones parciales al Senado en Asturias y Alicante van a suministrar reveladores indicios sobre el aumento o la pérdida de popularidad de unos y otros. Sin embargo, queda todavía un largo trecho hasta las elecciones municipales y otro, todavía más prolongado, hasta las legislativas. Durante este tiempo, los aciertos y los errores de los dos grandes partidos que se reparten la hegemonía de la derecha y de la izquierda pueden hacer variar sus posiciones relativas, así como la participación residual que corresponda a AP y al PCE, competidores de UCD y del PSOE en los dos hemisferios de nuestra vida política.

Por lo demás, este PSOE reforzado se encuentra ante una encrucijada de caminos para decidir su estrategia. Pese a que sectores importantes de las bases socialistas y comunistas desearían un acercamiento entre sus dos partidos (como se hizo visible en las rectificaciones hechas por los delegados en el IX Congreso del PCE al informe del secretario general, sumante crítico respecto al PSOE), no parece que las direcciones del PSOE y del PCE estén dispuestas a emprender esa ruta. Las irritadas intervenciones en la campaña electoral asturiana, tanto del señor Carrillo, que insistió en sus puntos de vista acerca del robo de un escaño de que ha sido objeto su partido por la falta de ética política del PSOE y que llamó a los militantes socialistas a insubordinarse contra su dirección, como del señor González, que para replicar al secretario general del PCE le mentó a su padre (en el sentido más débil de la expresión), son un claro síntoma de que la hostilidad entre los estados mayores de ambos partidos oscila entre la guerra abierta y la agresividad contenida.

Descartada la estrategia de la unidad de la izquierda, el PSOE puede encerrarse en un glorioso aislamiento y tratar de alcanzar el poder en solitario. También puede volver a su estrategia de principios de otoño, basada en el rompimiento de la unidad de UCD y en una alianza de Gobierno con los sectores socialdemócrata y liberal. Finalmente, la UCD en su conjunto, o purgada tan solo de los sectores colindantes con Alianza Popular, podría ser el socio de esa coalición, a la que convertiría en necesaria el estancamiento de las posiciones electorales de ambos partidos en las próximas legislativas. Pero lo que vaya a ocurrir en los comicios municipales y generales de finales de 1978 o comienzos de 1979, y la incidencia que en su resultado pueda tener el comportamiento de los partidos durante los meses venideros es, como solía escribir Rudyard Kipling, otra historia.

El Análisis

Presidente de honor o el arte de la butaca vacía

JF Lamata

Enrique Tierno Galván, el célebre «viejo profesor,» fue coronado como Presidente de Honor del PSOE en 1978, un título que parece más digno de un museo que de un despacho político. Al leer su artículo «Pragmatismo y Política», queda claro que su aceptación del cargo no fue un acto de rendición, sino una maniobra cargada de crítica velada. Tierno Galván advierte contra el pragmatismo mal entendido como resignación y oportunismo, sugiriendo que la política debe ser más que un simple juego de supervivencia. Su texto es un alegato en defensa de los ideales frente a una realidad política cada vez más inclinada a sacrificar principios en el altar de lo útil e inmediato.

Sin embargo, el propio Tierno Galván parece atrapado en la contradicción que denuncia. Al aceptar un puesto honorífico sin funciones ejecutivas, se convierte en la encarnación del pragmatismo que critica: renuncia a la lucha frontal por el poder real para preservar su influencia simbólica. Es como si, al no encontrar espacio en la primera fila del PSOE, hubiera optado por quedarse de pie en el vestíbulo, saludando con cortesía a quienes entran y salen. Su artículo nos recuerda la importancia de los ideales, pero su nuevo cargo plantea dudas sobre si la defensa de esos ideales puede hacerse desde una tribuna decorativa.

En última instancia, su discurso sobre la necesidad de entusiasmo y ética en política es tan inspirador como desconectado de su propia situación. Tal vez, al igual que los británicos que admira por equilibrar pragmatismo e idealismo, Tierno Galván entendió que en tiempos de transición es mejor ser un símbolo que un mártir. Pero la pregunta persiste: ¿puede un símbolo sin poder real mantener viva la llama del entusiasmo democrático, o terminará por ser otro retrato polvoriento en la galería de los desengañados?