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Antonio Maura y Juan de la Cierva apartados del Gobierno

El Rey Alfonso XIII cede a la presión del ‘Maura, no’ y devuelve el poder a los liberales de Segismundo Moret

HECHOS

El 21.10.1909 se constituyó un nuevo Consejo de Ministros presidido por D. Segismundo Moret.

El 21 de octubre de 1909 el Rey de España D. Alfonso XIII nombra a D. Segismundo Moret Prendergast, del Partido Liberal, nuevo presidente del consejo de ministros en sustitución del líder del Partido Conservador, D. Antonio Maura Montaner, que es así cesado de sus funciones tras los sucesos de la llamada ‘semana trágica’ y el fusilamiento de D. Francisco Ferrer.

El Sr. Maura había sido nombrado presidente en enero de 1907 el Sr. Maura había logrado un gobierno con una relativa estabilidad, frente al caos de anteriores gobiernos liberales.

El Gobierno queda formado así:

  • Presidente y ministro de Gobernación – D. Segismundo Moret Prendergast
  • Ministro de Estado – D. Juan Pérez Caballero y Ferrer
  • Ministro de Gracia y Justicia – D. Eduardo Martínez del Campo
  • Ministro de Hacienda – D. Juan Alvarado y del Saz
  • Ministro de Fomento – D. Rafael Gasset Chinchilla
  • Ministro de la Guerra – D. Agustín de Luque y Coca
  • Ministro de Marina – D. Víctor María Concas
  • Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes – D. Antonio Barroso y Castillo

El Gobierno Moret durara hasta el 9 de febrero de 2010.

LOS MINISTROS DEL NUEVO GOBIERNO MORET:

PerezCaballero D. Juan Pérez Caballero – Ministro de Estado

MartinezCampo  D. Eduardo Martínez del Campo – Ministro de Gracia y Justicia

JuanAlvarado D. Juan Alvarado – Ministro de Hacienda

VictorConcas D. Victor Concas – Ministro de Marina

RafaelGasset D. Rafael Gasset – Ministro de Fomento

AgustinLuque D. Agustín Luque – Ministro de Guerra

AntonioBarroso D. Antonio Barroso – Ministro de Instrucción Pública.

LOS DERROTADOS

AntonioMaura003JuanDeLaCierva D. Antonio Maura y D. Juan de la Cierva, los políticos más atacados por liberales, socialistas y anarquistas como ‘responsables’ de la represión con la que se respondió a los sucesos de la ‘semana trágica’ de Barcelona.

El Porqué de una crisis

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena Álvarez Ossorio)

22-10-1909

No es de hoy; desde hace mucho tiempo está España sitiada por los anarquistas de todos los países, que por creerla débil la han elegido como primera víctima, como tierra propicia para tantear sus fuerzas, cual preludio de sus mayores empresas.

Surgió el conflicto armado de Melilla: las causas de él, las razones por las que a gusto o a disgusto, nos hemos visto obligados a llevar allá nuestras armas están tan claramente expuestas en el discurso, que ayer mismo publicamos, del Sr. Maura, que no hay para que repetirlas. El dilema era claro: renunciar á toda influencia en Africa, dejando nuestras plazas a merced de injurias de los cabileños, o acudir a escarmentarlos; acceder a las exigencias de Muley Hafid, evacuando la Restinga y Cabo de Agua, ocupadas con aplauso de todos los españoles meses antes o hacer lo que se ha hecho; hacer pesar en el Rif nuestra autoridad y prestigio, o decir a las potencias signatarias del Acta de Algeciras que España no podía mantener el orden en las inmediaciones de sus plazas resignándose a que OTRAS NACIONES lo impusieran. EN suma, la guerra o la vergüenza y la anulación de España como nación.

Solicitado el Gobierno por dos gravísimos problemas, uno de honra nacional en África, otro que afecta al orden y a la vida de España, planteado por el anarquismo internacional ha tenido que combatir a la vez con una insensata coalición de anarquistas y republicanos y, lo que es más monstruoso, de gentes ¡monárquicas! Que teniendo en más que el amor a España, el odio a Maura, el aborrecimiento a La Cierva, acudieron a dperimir el espíritu nacional en lo relativo a la guerra, actuando de agoreros, de pájaros negros, aumentando las bajas, inventando desastres.

Llegaron los días de castigo en Barcelona, castigo triste, pero necesario y a las calumnias por el anarquismo esparcidas en Europa, pintándonos como un pueblo de fieras, se respondía aquí haciéndolas coro, diciendo que las manifestaciones donde se pisoteaba nuestra bandera, en las que se intentaba asaltar nuestra embajada no eran ofensas a España.

Dando una prueba de valor cívico arrostró el Gobierno, hoy caído, los peligros no leves del viril cumplimiento del deber, dando una prueba de respeto, poco común en nuestros Gobiernos, que frecuentemente huyen del Parlamento, abrió las Cámaras en época más temprana que la mayor parte de los años cuando la índole de los dos conflictos pendientes podía justificar un aplazamiento que seguramente no le hubiera sido censurado.

Y por desdicha se ha patentizado que no el Partido Liberal, mucho más grande y más sano que unos cuantos políticos incapaces de soportar más de dos años de alejamiento del poder, sino que esos políticos a quienes la vanidad o los apetitos empujan a la conquista del poder, no se cuidan de lo que a España pueda costarle el triunfo que hoy celebran.

Empujado por esas impaciencias ha pedido imperiosamente el poder el Sr. Moret sin advertir que hay muchos liberales de los que no persiguen actas ni subsecretarías ni direcciones que no le seguirán en el camino emprendido.

Con la calma y la imparcialidad de quien no está ligado a ninguno de los anatomistas, acabamos de leer la discusión entre el Sr. Morety  el Sr. La Cierva y declaramos lealmente que, cual podrá comprobar quien quiera leer el Diario de la Sesiones, nada absolutamente hay en las palabras del Sr. La Cierva que pueda tomarse como descortesía o falta de personal consideración al Sr. Moret.

Hay, sí, verdades amargas, crítica de sus ideas y de sus actos políticos, cosa que tiene obligación de saber oír con calma todo hombre público, y más cuando son contestación a ataques tan duros y desdeñosos como los que él había hecho al Sr. La Cierva.

Pero en lugar de contestar argumentos en vez de tomar en cuenta las expresiones de particular respeto que se dirigían pareciéole más oportuno negar al contendiente autoridad para discutir con él, y la voz de éste quedó ahogada por las de muchos diputados, que creyeron mejor que refutar argumentos ahogarlos con sus gritos dando un espectáculo indigno de un Parlamento.

Para terminar: sube el Sr. Moret al poder empujado por los republicanos, que la darán el pago; sube dando el ejemplo triste de que en España se mudan los Gobiernos por las protestas del anarquismo internacional; sube sin exponer su criterio sobre la solución de las gravísimas cuestiones pendientes; sube sin que se sepa si es cierto o no que su partido empieza en él y termina en Lerroux.

Ya lo sabemos; no faltará quien nos llame conservadores, cosa que ni es verdad ni nos importa. No tenemos relación ni compromiso con los caídos; pero somos justos y a título de españoles amantes de la patria y la verdad hablamos desde lo alto de nuestra independencia, que no reconoce otro señor que nuestra conciencia; desde lo alto del crédito que nos da nuestra inmaculada historia de periodistas; desde lo alto de la estimación popular a que nos ha encumbrado el número de nuestros lectores.

Y por ser independientes podremos olvidar cómo y con qué peligros para España sube al Poder el Sr. Moret; y si éste gobierna como cumple al jefe de un partido monárquico y de orden, le haremos la justicia que en recientes tiempos hemos hecho a sus adversarios; y también se la haremos en contra suya si gobierna destrozando el Partido Liberal, comprometiendo la tranquilidad y el crédito de España, haciéndose instrumento de intransigentes sectarismos.

Así probamos que no nos preocupa, cual injuriándonos, supusieron algunos, el ponernos a bien con el nuevo Gobierno; mientras que cuando sean provistos los cargos en la nueva situación aparecerá clara la razón que han tenido ciertas campañas y actitudes.

Esperanzas

EL LIBERAL (Director: Alfredo Vicenti)

22-10-1909

Decíamos cuando cayó la otra vez: ‘A ese moro muerto, no un grande, sino cien grandísimas lanzadas, para que no resucite’.

La democracia, siempre generosa en sus triunfos, dejó a los pocos días la lanza en el astillero y Maura revivió, tornó a incautarse del poder y, en estos dos años últimos ha estado a punto de acabar con la libertad con el honor de España. A su amparo, lo invadió todo el clericalismo, y la nación, convertida en otro Paraguay, hízose feudo de los hijos de Loyola y del clero regular, auxiliados por un clero secular desconocedor de sus propios intereses.

Unos meses más, y se hubiera completado la anómala transformación a que aspiraban las derechas de todos fustes y matices. Es ley en los países constitucionales que los partidos conservadores mantengan los avances efectuados por los partidos democráticos, siquier los regulen y circunscriban dentro de límites discretos. Aquí empenaba a prevalecer una teoría diametralmente contraria. Se tiraba a que los liberales, cuando llegasen al gobierno, aceptasen con base dogmática e invariable lo amañado e introducido a cuña por los conservadores.

Reducido cada vez más el cmapo de acción de las izquierdas, iban llegando éstas al extremo lastimoso de no atreverse a hacer memoria de su antecedentes, de sus características ni de sus programas.

Por fortuna ha venido a tiempo el desmoronamiento de la Bastilla neoconservadora. Y es todavía mayor fortuna para los liberales el que haya sobrevenido un cambio total de política a las veinticuatro horas de una ruptura definitiva y estrepitosa con los enemigos natos de la emancipación del espíritu y de las fórmulas del progreso.

Moret, entrando en el poder con el beneplácito y el concurso directo o indirecto de Maura, hubiera sido un prisionero o un delegado interino de sus émulos y competidores.

La dificultad mayor, entre las muchas de la hora presente, consiste en tapar las brechas que ellos han abierto y en repurar los daños que dentro y fuera han producido. Un Gobierno liberal se entenderá desembarazadamente con los gobiernos liberales de las dos naciones a quienes más estrechos lazos nos unen, y muy pronto hará cesar la tirantez que en nuestras inteligencias con la República francesa habían promovido las insensateces política y las aversiones piadosas de Maura.

Rastan la sedación, el reposo y la confianza para curar heridas, más extensas que hondas, cuya gravedad se mantenía por la intervención constante de un cirujano tan torpe como truculento.

Pidamos serenidad y entereza a los gobernantes, y, en vez de estorbarles, ayudémosles, si proceden con lealtad, a quemar las mulezas y a destruir las trampas, que de igual manera que a ellos, nos perjudican y amenazan a nosotros.

En el orden moral, puede repetir hoy Moret la célebre frase dicha por el marqués de Pompal, después del terremoto de Lisboa: “enterremos la muerte y garanticemos el pan y la seguridad, de los vivos”.

Para mantener los derechos de ciudadanía del os cuáles sólo residuos iban quedándonos y para asegurar aquellas bases sin cuya firmeza es imposible la vida moderna, no basta la labor de un ministerio, ni siquiera la de un partido; requiere la vigilancia asidua y el trabajo incesante de todos.

Noramala se vayan, abrumados por el desprecio y el odio: Maura el impulsivo y La Cierva el perturbador, con sus frailes, sus agiotistas, sus solidarios y sus rastacueros.

Y no nos cansemos de amontonar tierra sobre la hoya de los conservadores ultramontanos, para consolidar las libertades que han estado en vísperas de bajar, en vez de ellos, a la sepultura. De ese modo, en el caso de que vuelvan, no será el vampiro clerical y sanguinario, sino un Partido Liberal-Conservador el que resucita.

Por hoy, no nos es dable recobrar la fe.

Pero sí nos es permitido y también a la nación, abrir el pecho a la esperanza.

Nueva etapa

EL IMPARCIAL (Director: Luis López Ballesteros)

22-10-1909

Vencido por la opinión pública, bajo el peso de una sentencia inapelable, rendido a sus torpezas y a sus errores, ha caído del poder el Gobierno del Sr. Maura después de treinta y tres meses de vida oficial.

Encontró a España tranquila, la Hacienda prospera, el crédito moral y financiero del país, en el más elevado concepto ante las demás naciones y a la opinión preparándose a la obra del progreso en la cultura y en el fomento del trabajo.

Al marcharse deja en todas partes la perturbación: una guerra llena de peligros, la antipatía de la intelectualidad universal, las pasiones encendidas, rastros de sangre y nubes de tempestad.

Antes que nada, hay que formular el inventario de la obra del Sr. Maura, para que no caiga sobre sus sucesores la responsabilidad del desastre. Hay que apuntar con toda exactitud el daño impuesto al país por los inhábiles gestores de su vida. Los destrozos causados, los perjuicios sufridos, las ignominias y las afrentas perpetradas forman larga columna, suscríbanse las terribles cifras para que, de hoy más consten en la historia. El descuido de las gentes, la olvidadiza condición de las muchedumbres, el perdón que tan fácilmente aquí se otorga no han de impedir que se abra severa cuenta y se estampe riguroso catálogo de tamañas desventuras.

El Sr. Maura ha puesto en trance de peligro la paz social y ha provocado conflictos tales que, para remediarlos, será preciso labor penosa, duro y largo sacrificio. En su afán de permanecer en el mando el jefe de la comunidad gobernante que no ha llegado a ser jefe del Partido Conservador, ha comprometido al poder irresponsable, el cual ha sido rescatado, para bien del país, por el empuje gallardo de la democracia. Las imprudencias y las temeridades, las imprevisiones y los arrebatos de orgullo han hecho de esta etapa un continuado martirio de la nación. No ha acertado el Sr. Maura en ninguna de sus empresas. Cuanto tocaron sus manos se trocó en ruina. En lo grande y en lo pequeño, en la idea y en el procedimiento fracasó el temerario gobernante, y así los tristes anales contienen tan sólo notas de dolor.

Fundó toda su política en la reforma del régimen municipal y provincial, y ahí queda el proyecto muerto para siempre entre el hervor de los odios y entre las palpitaciones de impulsos disolventes. Se declaró enemigo de toda aventura belica y ha empeñado al país en un tremendo litigio militar. Gobernando en nombre de los conservadores, sólo ha servido los intereses reaccionarios. Proclamándose restaurador del principio de autoridad, ha consentido que la profanen los terroristas de Barcelona. Cada paso ha sido una caída, cada día una conflagración.

Ha caído ese gobierno funesto, y ha sido llamado a los consejos del a Corona el Partido Liberal. El Sr. Moret, al recibir el peligroso mandato, tiene que ocuparse desde luego en reparar los muros del edificio nacional. La obra es difícil y arriesgada. Adviértalo todos, y sirva de punto de comparación para lo porvenir, el momento presente.

No era posible que durase esto más. La dignidad de España no lo toleraba. No era posible que se prolongase un régimen de violencia, que sólo contaba con los ciudadanos para pedirles dinero o la vida. El estruendoso fracaso del Sr. Maura despierta hoy en España alegrías de redención y esperanzas de justicia.

Ahora el Sr. Moret va a comenzar la empresa reparadora, y ha de hacerlo inspirándose en el sentimiento público que le ha dado el rigor de la victoria. Tiene que realizar una política ampliamente liberal, esforzadamente democrática; y ha de procurar sobre, que la paz moral se restablezca. Nada de política de banderías, nada de odios sectarios, nada de violencias. El sr. Moret ha de gobernar para todos los españoles, restablecido el concepto de la monarquía constitucional, interpretando las leyes de suerte que, dentro de ellas, puedan desarrollarse todos los anhelos por el mejoramiento social, según como cada uno lo entienda.

Todas las iniciativas oficiales, todos los esfuerzos de España, debene dirigirse sin pérdida de una hora, al ejército que allá, en la ingrata costa africana, sostiene nuestro honor y nuestros derechos. Los soldados españoles que con tanta bravura pelean por la patria deben recibir el homenaje de la admiración, quebrantándose el círculo de hierro que los separa que sus conciudadanos. Hay que abrir ancha vía de comunicación entre las tropas de Melilla y España. Hay que poner en plena luz la marcial actividad, el esfuerzo generoso, el sacrificio y el empuje de aquellas legiones. En cuanto se rompa el muro que aisla al soldado del ciudadano, al campamento de la urbe, desde el Polígono a Beni-hu-Ifrur y desde Zeluán a zoco el had, vibrará la jubilosa palpitación del entusiasmo. ¡Todo es poco para recompensar a nuestro ejército! ¡Toda ofrenda parecerá pobre y cualquier generosidad resultará parva!

Cumple el Sr. Moret obligación ineludible aceptando el poder en tan dificultosas circunstancias; pero no podrá negarse que realiza un acto meritorio. Si acierta, no le faltará nuestro apoyo. Si se equivoca, seremos los primeros en la censura.

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