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Lula da Silva ha ido moderando sus posiciones marxistas para aproximarse al laborismo estilo Tony Blair

Elecciones Brasil 1998 – El socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso logra la reelección frente al izquierdista Lula

HECHOS

En octubre de 1998 se celebraron elecciones presidenciales en Brasil en las que ganó la candidatura de Fernando Henrique Cardoso.

05 Octubre 1998

El valor de Brasil

ABC (Director: Francisco GIménez Alemán)

Brasil, la eterna potencia emergente que no acaba de salir a flote, acudió ayer a las urnas entre el escepticismo y la esperanza para respaldar ampliamente como estaba previsto, a la colaición que apoya a Fernando Henrique Cardoso, la única posibilidad real que en estos momentos tiene la nación amazónica de capear la tormenta económica que se le avecina.

El país que quizá mejor ejemplifica los agudos contrastes a los que da lugar el complejo proceso del desarrollo, el que ayer intentaba conciliar el voto electrónico con las formas tradicionales de sufragio, el de los rascacielos de cristal y los ‘meninos da rua’, sólo tenía dos opciones en la encrucijada del momento actual: hacer de tripas corazón, y aceptar los sacrificios inevitables a los que toda política de ajuste obliga, continuando así el camino emprendido en junio de 1994 con el Plan Real, o desandar esa senda en no se sabe qué dirección, de la mano de un antiguo líder sindicalista, Luis Ignacio Luca da Silva, que, aunque reconvertido a la moderación, sigue inspirando temor en una población que ha preferido apretar el paso antes de que los nubarrones descarguen.

Porque las dificultades verdaderas empiezan ahora. Cardoso, que no quiso poner en marcha el nuevo ajuste anunciado a finales de 1997 por miedo al consiguiente desgaste electoral, deberá entender la renovada confianza de los brasileños. De las inversiones extranjeras supone una gran ayuda para luchar contra una deuda de 550.000 millones de dólares: la semana pasada el dinero salía del país a una media diaria de 500 millones al día, y ello contando con el mejor de los escenarios posibles, la prevista victoria de Cardoso.

De modo que los comicios de ayer pueden considerarse como un breve intermedio en un proceso que, aunque eficaz en sus comienzos – acabó con una inflación del mil por ciento – está muy necesitado de un relanzamiento. Los brasileños eran conscientes e ellos, y saben que la última palabra, al final, la tiene el FMI. Probablemente, habrá que devaluar la moneda, y hacer otros esfuerzos poco atractivos. Pero el hecho de que el electorado haya dado su aprobación en las urnas dice mucho de un país que lucha por vencer el tópico, o la inercia, de la política populista de promesas fáciles.

06 Octubre 1998

Los retos de Cardoso

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

Si, como parece, los brasileños han reelegido como presidente en la primera vuelta al socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, jubilando al tres veces derrotado aspirante de la izquierda, Lula, lo han hecho en busca de salvación. Confiando en que este sociólogo de 67 años y ex ministro de Finanzas les libre ahora de las peores calamidades que se avecinan como lo hizo en 1994 con el plan de estabilización que introdujo el real y rebajó a menos del 4% una inflación que se medía en cuatro dígitos. Los ciudadanos del gigante latinoamericano no pueden llamarse a engaño. Estaban avisados por el propio Cardoso, que en plena campaña electoral tuvo el gesto inusual de anunciar que pintaban bastos en Brasil, malherido por la crisis financiera, y que su eventual reelección significaría el arranque de un programa de austeridad inaplazable. Para muchos brasileños se ha acabado ser los turistas más espléndidos en las tiendas neoyorquinas.Sobre Brasil, que representa el 45% del PIB latinoamericano, cabalgan como jinetes de mal agüero una vertiginosa deuda exterior, un formidable déficit público, la baja de ingresos presupuestarios, una masiva hemorragia de capitales y la desaceleración económica. Durante el mes pasado, de la octava economía mundial han huido unos 750 millones de dólares diarios. Sus reservas han caído en más de 20.000 millones de dólares desde agosto, y el precio del dinero ha subido hasta el 50% para intentar evitar que su divisa, el real, siga el tobogán del rublo. Sean cuales fueren las recetas que se apliquen, 1999 será el año de la recesión. El colapso del país de contrastes que cubre la mitad del continente -165 millones de personas que pese a relámpagos de modernidad viven todavía en un sistema político clientelista, donde los rascacielos y el voto electrónico coexisten con los terratenientes despiadados y los niños que mueren en la calle- arrastraría casi con seguridad a sus vecinos. Argentina, que vende a Brasil la tercera parte de sus exportaciones, contiene el aliento.

El segundo mandato de Cardoso, sus primeros cien días, deberán ser los del electrochoque fiscal, el arranque de reformas largamente aplazadas para poner orden en un insoportable déficit presupuestario que ha pasado en un año del 4,5% al 7%. No va a ser fácil, incluso con los 30.000 millones de dólares, millón más o menos, que el FMI parece tener apalabrados (aunque hoy por hoy no disponga de los mismos) para acudir al rescate. El reelegido presidente tendrá que lidiar dos viejos e intactos monstruos: la insaciable maquinaria del Gobierno (que da trabajo en condiciones privilegiadas a un 9% de los brasileños empleados) y un elefantiásico sistema de pensiones que favorece desmedidamente a los funcionarios. Hasta el punto de que tres millones de jubilados públicos perciben como 18 millones del sector privado, y muchos se retiran en la cuarentena para aprovechar la bicoca.

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