4 noviembre 1952

Derrota al demócrata Adlai Stevenson

Elecciones EEUU 1952 – El General Dwight Eisenhower se convierte en nuevo presidente como candidato del Partido Republicano

Hechos

Las elecciones del 4.11.1952 dieron la presidencia a Dwight D. Eisenhower.

Lecturas

Por primera vez en el siglo XX será un militar el que resida en la Casa Blanca tras derrotar a su rival, el candidato demócrata Adlai Stevenson.

El Partido Republicano ha obtenido una amplia victoria en las elecciones presidenciales: su candidato, el general Dwight Eisenhower, ha obtenido más de 33 millones de votos contra 27 millones de su principal adversario, el demócrata Adlai Stevenson. Desde hace veinte años, Estados Unidos no tenía un presidente del ‘Great Old Party’, el Partido Republicano (su última victoria fue en 1928, desde entonces, en todas las elecciones había ganado el Partido Demócrata, las últimas, las de 1948, bajo el liderazgo de Truman). .

El presidente electo, que entrará oficialmente en funciones el 20 de enero del año próximo tiene 63 años; su compañero de fórmula electoral y ahora vicepresidente Richard Nixon tiene 40 años y un futuro prometedor.

En el ánimo del electorado ha tenido un peso considerable la actuación de Eisenhower ‘Ike’, como le llaman familiarmente sus compatriotas durante la Segunda Guerra Mundial que le convirtió en un héroe.

Por otra parte, Eisenhower encarna el viejo ideal norteamericano del self-made-man: surgido de una familia modesta, Ike consiguió ingresar y graduarse con altas notas en la academia militar de West Point y llegó a ser, en 1944 comandante en jefe de los ejércitos aliados en Europa. Por otra parte Eisenhower está considerado un firme defensor de Occidente, pero alejado de excesos inquisitoriales como los del senador republicano Joseph Mac Carthy [MacCarthy] para quien el departamento de Estado de los Estados Unidos de América (está lleno por completo de comunistas).

MACARTHUR, EL CANDIDATO QUE QUEDÓ DESCOLGADO

Los planes del general Douglas MacArthur, que desde su destitución como comandante en jefe de las tropas en Asia por Truman, maniobraba para ser candidato a la presidencia por el Partido Republicano, quedaron bastante truncados ante la aparición de las candidaturas de Eisenhower y Taft. MacArthur deseaba que ninguna de las dos candidaturas lograr suficientes apoyos y que él fuera proclamado por aclamación y por ello fue aplazando la presentación de su candidatura. Un error, dado que al final Eisenhower fue acumulando apoyos. En el último momento MacArthur apoyó a Taft, en la que ya sólo parecía un aspiración a ser ‘candidato a vicepresidente’, pero el elegido por Convención del Partido Republicano fue Eisenhower y escogió como candidato a vicepresidente a Richard Nixon, por lo que la carrera política de MacArthur ha quedado descolgada antes incluso de empezar.

Las siguientes elecciones están previstas para noviembre de 1956.

06 Noviembre 1952

El vencedor y el vencido

ABC (Director: Torcuato Luca de Tena Brunet)

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El primer telegrama de pláceme que el general Esienhower recibió en la mañana de ayer estbaa firmado por su contrincante derrotado, el gobernador de Illinois, Mr. Stevenson. Había sido muy dura, híspida, la batalla en el curso de dos meses de porfiada y pública polémica, salpicada a menudo de violencias de lenguaje. Si hemos de creer a la revista ‘Time’, la campaña electoral que acaba de dar el triunfo al artífice de la victoria en la última guerra mundial, ha sido la más violenta que se ha conocido en el territorio federal en los últimos treinta años. Más que los programas chocaban los ‘slogans’, y si los republicanos decían, por ejemplo: “Stevenson es la corrupción y el comunismo”, los demócratas, a su vez, clamaban: “Eisenhower es la dictadura fascista, la segregación racial, la guerra y el capitalismo”. En realidad, las invectivas estaban cubiertas con un ropaje tan sensacionalista que era difícil pensar que sus propios autores les daban algún crédito. Buscaban al elector por el camino de la estridencia, y no parecía que hubiese consideraciones de índole alguna que fueran a la mano de los candidatos y de sus partidarios, que atajaran ni calmaran su ardor bélico o reprimieran su viveza verbal. Las radios crepitaban a impulso de voces iracundas.

Y he aquí que de repente, la victoria se corona de nuevo al general Eisenhower, y se hace el silencio, y vuelve el imperio de la tranquilidad sobre un país que parecía alucinado. Y, entonces, es el vencido quien primero tiende su homenaje al vencedor, y, requiriendo a sus huestes esparcidas por el inmenso territorio nacional, les pide que se sumen al regocijo de la victoria y brinden al nuevo presidente de los Estados Unidos su apoyo y su respeto, más no a título de capitulación y vasallaje, sino arriando, como tributo al ganador las banderas de la contienda con la mirada fija en los intereses del país a quien, unos y otros, republicanos y demócratas, sirven de consumo. Porque – son las claras palabras del derrotado Stevenson – “Lo que, como ciudadanos americanos, nos une, es mucho más importante que lo que nos separa como partido político”. El encono de la lucha acaba con ella, y no deja en los luchadores sangre sin restañar ni cicatrices abiertas. Un apresurado afán de colaboración en el bien común y frente a los enemigos comunes, suplanta al espíritu combativo y a la rivalidad en la conquista de los mandos. El nuevo presidente de los Estados Unidos sale así enaltecido en su prestigio y no desgarrado por la colisión, y en su torno van hacinándose todas las voluntades que aspiran noblemente a la grandeza de la patria. El general Eisenhower vuelve a ser de nuevo una figura nacional, símbolo y encarnación del país, cuyos atributos ejecutivos requieren, en su función normal y eficaz, el acatamiento de los ciudadanos.

Es norma en todas las pugnas electorales norteamericanas que el vencido se apresure a ofrecer su lealtad al vencedor, y este mero ademán contribuye a suavizar, en beneficio del país, las relaciones futuras de los contendientes. Pero, en el caso actual, Mr. Stevenson ha sido más explícito, y ha ido un poco más allá en el homenaje al general Eisenhower. Quizás porque la lucha fue más violenta que otras veces; quizás porque cada días se pulen un poco más las costumbres ciudadanas; quizá porque es hoy más que nunca necesaria la unidad del país frente a los peligros larvados y evidentes.

Lo cierto es que Mr. Stevenson acaba de dar al mundo entero un noble ejemplo de patriotismo y de esa forma inextinguible de llana caballerosidad que es de todos conocida por nombres muy diversos y convergentes: espíritu de convivencia, civismo, ciudadanía, buenos modales…

06 Noviembre 1952

Eisenhower obtiene su más difícil puesto

LA VANGUARDIA (Director: Luis de Galinsoga)

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Después de 20 años de ostracismo, los republicanos vuelven al Poder en los Estados Unidos en la figura prestigiosa del general Eisenhower. Por cinco veces consecutivas, en efecto, desde que Roosevelt, en 1932, accedió a la Presidencia, el pueblo norteamericano había dado su preferencia al otro gran Partido turnante, al demócrata. Y no sólo es esto: tampoco habían conseguido los republicanos derrotar a sus rivales en las elecciones legislativas celebradas durante la veintena aludida, salvo en 1946, cuando lograron obtener un Congreso en el que tenían mayoría; mayoría que perdieron en 1948.

Justamente, lo que le ha reprochado al vencedor – las sonrisas y promesas a un lado y a otro – le otorgan, una vez que el pueblo le ha votado por amplia mayoría, una autoridad y una libertad de acción extraordinarias para el desempeño de su misión presidencial. Indudablemente su sistema de comprometerse un poco con todos pero no completamente con nadie le deja ahora las manos sueltas para hacer lo que, una vez haya tomado las riendas del Estado le corresponde hacer: o sea, lo que entiende ser más conveniente para su país en cada momento y para que este pueda hacer frente debidamente a las tremendas responsabilidades que le competen.

El puesto para que ha sido designado es más difícil sin duda de cuantos ha desempañado hasta ahora, porque entraña responsabilidades supremas de las que como jefe militar estuvo, en definitiva, exento. En su desempeño, Ike habrá de escoger caminos y personas.

Sobre aquellos, es interesante notar que el resultado de la gran consulta electoral norteamericana ha causado inmensa alegría en Formosa y seria preocupación en Austria, los dos extremos del mundo no comunista, directamente abocado al contacto con el abismo, reaccionan en el fondo, semejantemente: por la creencia de que el Presidente electo hará la política del ala asiática de su partido: y que utilizará a Formosa como instrumento de acción en Asia, posponiendo la preocupación por la defensa de Europa.

Nada autoriza seriamente, por el momento, a esta interpretación tan radical, porque no debe olvidarse lo dicho al principio y que nos parece muy cierto: esto es, que la autoridad personal del Presidente electo es muy superior al prestigio que goza el Partido Republicano. Por lo tanto, el primero podrá escoger sus colaboradores dentro del segundo, con entera independencia. Hasta ver quienes son estos no se puede juzgar, porque muy distinto sería si otorgara su confianza por ejemplo a un Foster Dulles – “asiático” y violento – o a un Dewey o un Cabot Lodge – ‘europeos’ y ‘políticos’. Y, como indicación parcial pero elocuente, de cómo el país ha marcado su voluntad, a la cual siempre podrá apelar destaquemos que el Estado de Ohio, que ha dado una gran mayoría al general ha derrotado en cambio en el mismo día en las elecciones para gobernaor al hermano de Taft, el famoso senador por el distrito y cabeza visible de neoaislacionistas y “asiáticos”.

Decimos antes que Eisenhwoer ha mostrado su habilidad ya después de las elecciones. En efecto, sin pérdida de tiempo ha dirigido un mensaje amistoso a Francia, lo cual es un gesto que le valdrá para suavizar las relaciones con este país más que meses de negociaciones; a la vez se retira a descansar unos días, indicando que, sin suspenderlo ni mucho menos, no corre demasiada prisa el viaje a Corea. Al tiempo que renuncia a la amable trampa que le tiende el astuto Truman al ofrecerle el avión presidencial, ‘Independence’ para hacer inmediatamente el desplazamiento a la triste y peligrosa península asiática.

El Análisis

Ike, el general que cruzó a la política

JF Lamata

Las elecciones presidenciales de 1952 en Estados Unidos han marcado un punto de inflexión simbólico: el mando del país pasa de un Partido Demócrata que ha gobernado ininterrumpidamente desde 1933 a un Partido Republicano renovado por la figura del héroe militar más popular de la Segunda Guerra Mundial. Dwight D. Eisenhower, conocido cariñosamente como «Ike», ha logrado capitalizar su imagen de comandante victorioso del desembarco en Normandía y de garante del orden frente al caos global. Enfrente tuvo a un candidato culto y elocuente como Adlai Stevenson, gobernador de Illinois, cuyo perfil intelectual sedujo a las élites liberales, pero nunca logró conmover al votante medio. Stevenson representaba la continuidad del trumanismo en tiempos de fatiga; Eisenhower, en cambio, encarnaba el cambio sin estridencias, el patriotismo sin demagogia y la promesa de “poner fin a la guerra de Corea” sin precisar cómo.

El telón de fondo era claro: tras años de guerra, inflación, escándalos de corrupción en la administración Truman y la sombra permanente del comunismo internacional, el electorado buscaba una figura paternal y fuerte, pero también con carisma propio. En ese escenario, el hecho de que Eisenhower aceptara finalmente lanzarse a la arena política —tras años de especulaciones sobre figuras militares como Douglas MacArthur, cuya ruptura con Truman fue sonada y amarga— supuso un terremoto. A diferencia de MacArthur, Ike proyectaba una imagen de mesura y estabilidad, más apetecible para un país cansado de tensiones. Su independencia era tan auténtica que ni siquiera había estado afiliado a un partido antes de 1952: los republicanos lo reclutaron como quien recluta a un símbolo nacional.

Junto a Eisenhower ascendió al primer plano otro nombre que dará que hablar: Richard Nixon, senador por California, elegido como vicepresidente con una campaña agresiva contra la corrupción y el comunismo, lo que le valió acusaciones de oportunismo, que él intentó sofocar con su famoso «Checkers Speech». Por el lado demócrata, Stevenson optó por John Sparkman, senador por Alabama, como gesto hacia el sur conservador, aunque sin gran impacto. Estas elecciones no solo han dado un nuevo presidente, sino que también han definido una nueva era: la del militar que, lejos del autoritarismo, conquista la política por la vía del consenso y el afecto. El pueblo estadounidense no ha votado solo a un partido, sino a una figura que les dio la victoria en Europa y que ahora promete traer orden, prosperidad y fin a los conflictos. Ike no solo ha ganado, ha sido coronado por un país que necesitaba un padre firme con rostro amable.

JF Lamata