6 noviembre 1956
Permanecerá cuatro años más en la Casa Blanca
Elecciones EEUU 1956 – El General Dwight D. Eisenhower (Republicano) gana por segunda vez a Adlai Stevenson (Demócrata)
Hechos
El 6.11.1956 se celebraron elecciones a la presidencia de los Estados Unidos de América que ganó Dwight D. Eisenhower
Lecturas
El General Eisenhower es presidente de los Estados Unidos desde que ganó las elecciones de 1952.
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Las siguientes elecciones noviembre de 1960.
08 Noviembre 1956
Grandioso plebiscito a favor de la paz
El presidente Eisenhower ha sido reelegido por una mayoría de votos superior a la que obtuvo en 1952. Entones, casi 34 millones favorecieron al vencedor de Normandia contra poco más de 27 al gobernador de Illinois. La proporción de anteayer, aunque no conocida en su última cifra, señala ya una distancia mayora: 32 millones largos, contra poco más de 23, respectivamente.
“El Presidente de la Paz” ha sido favorecido, una vez más, por su inmensa e inatacable popularidad, por la confianza de su indudable buena voluntad y su prestigio despiertan en el hombre medio norteamericano y por el momento tremendo que atraviesa el mundo. No es, ciertamente, una ocasión como la que estamos, la mejor para que el pueblo que mayor responsabilidad tiene en el mundo – por la máxima potencia de que está investido – cambie de jefe.
El ‘Presidente de la Paz’ parece el más indicado para regir al país en un momento en que el fantasma de la guerra parece rondar más cerca que a otras veces en torno a la afligida humanidad. Con su voto masivo, los ciudadanos norteamericanos han demostrado que confían en que Eisenhower evitará la guerra. Y, también; que si la guerra llega y los Estados Unidos se ven mezclados en ella será porque era absolutamente imposible evitarlo. El hecho de que las tres últimas guerras en que se han visto mezclados los Estados Unidos hayan sido bajo presidentes demócratas (Wilson Guerra Europea; Roosevelt Segunda Guerra Mundial, Truman Corea) ha sido muy bien movido por los republicanos en favor de su candidato.
El demócrata, por otra parte, ha hecho una campaña poco acertada. En un principio, Stevenson, pareció entrar con buen pie y con distintas características de 1952. Ahora, ha accedido a realizar todos aquellos gestos característicos del candidato norteamericano, destinados a dar la popularidad: ha besado cuantos niños le han puesto por delante, estrechado cuantas manos le han tendido, sonreído cuanto ha sido preciso. Pero en este cambio, Stevenson, madera indudable de gobernante, se ha dejado llevar, sin embargo, por la corriente de la demagogia. Y ha cometido el gran error de adoptar una postura contraria a los experimentos nucleares. Con ello, ha dado fácil blanco para que se le acusara de tratar de poner en peligro la seguridad de los Estados Unidos. Y dio pie a Bulganin [Jefe de Gobierno de la URSS] para cometer la gafe de citarle favorablemente en una carta a Eisenhower: acto que ha sido, sin duda, un motivo de pérdida de varios millones de votos.
Ahora ha terminado ya el interregno electoral, es de suponer que el presidente Eisenhower actuará con toda la inmensa autoridad moral y política de que se encuentra investido. El momento lo exige así del Presidente de los Estados Unidos. Del acierto que se le desea por todas las gentes de buena voluntad a través del mundo, nos beneficiaremos todos.
El Análisis
Las elecciones presidenciales de 1956 en Estados Unidos han sido, en apariencia, una reedición del duelo de 1952: Dwight D. Eisenhower contra Adlai Stevenson, los mismos nombres, los mismos estilos, pero en un contexto internacional y doméstico profundamente transformado. La Guerra Fría ha ganado temperatura, con la crisis de Suez, la brutal represión soviética en Hungría y el impacto global del Sputnik, el satélite que ha colocado a la Unión Soviética al frente de la carrera espacial y ha sacudido la autoconfianza estadounidense. Frente a ello, el pueblo norteamericano ha optado por la continuidad, reafirmando su confianza en el general Eisenhower, ese veterano de guerra que, a través de su sobriedad y su imagen de moderación, ofrece estabilidad en tiempos inciertos.
Eisenhower, acompañado nuevamente por su vicepresidente Richard Nixon, ha conseguido ser reelegido con holgura, gracias en parte a una política exterior que ha sabido contener el comunismo sin desembocar en conflictos abiertos, y a una economía que, aunque con desigualdades, vive años de bonanza. Del otro lado, Adlai Stevenson, con su verbo refinado y apelaciones a la razón progresista, no ha logrado conmover a una mayoría que quiere certezas más que discursos. Esta vez incluso sus propios seguidores lo apoyaban más por lealtad ideológica que por esperanza real de victoria. El dúo Eisenhower-Nixon ha demostrado solidez frente a un Stevenson que, pese a sus méritos intelectuales, ha vuelto a ser percibido como un candidato más de aula universitaria que de plaza pública.
En España, el resultado ha sido recibido con abierta satisfacción por el régimen franquista, que desde hace años apostaba por Ike como la figura clave en la rehabilitación internacional del país. Fue durante su primer mandato cuando se rompió definitivamente el aislamiento diplomático de la posguerra, se firmaron los acuerdos militares con Washington y España empezó a convertirse en pieza útil del tablero occidental. La propaganda oficial ha presentado la victoria de Eisenhower como una ratificación de la alianza hispano-estadounidense, que pronto se consolidará con la esperada visita del presidente norteamericano a Madrid. Así, mientras Estados Unidos reafirma su liderazgo mundial bajo un general convertido en símbolo de equilibrio, España se esfuerza por aparecer como socio fiable en la retaguardia occidental.
JF Lamata