21 diciembre 1958

Elecciones Francia 1958 – El General Charles De Gaulle pasa de primer ministro a Jefe de Estado con el objetivo de convertir la IV República en V República

Hechos

Las elecciones se celebraron el 21.12.1958.

Lecturas

Desde junio de 1958 De Gaulle era primer ministro de Francia, ahora pasará a ser presidente.

El colegio de electores de Francia – un organismo creado por la nueva constitución para la nueva V República, aprobada por referéndum en septiembre pasado – ha elegido nuevo Jefe de Estado de Francia al general Charles de Gaulle, por un amplia mayoría.

El colegio compuesto de 81.765 electores, otorgó a De Gaulle 62.394 votos. El candidato comunista Georges Marrane – senador por el departamento de Seine y alcalde de Ivry – recibió 10.355 votos, y el postulante por la izquierda no comunista, Albert Chatelet, 6.791 votos.

El Partido Socialista había anunciado ya que, dado que René Coty renunciaba a su candidatura, apoyaría al general De Gaulle. Los partidarios del general se impusieron por amplia mayoría en el referéndum constitucional del 28 de septiembre pasado y volvieron a imponerse en las elecciones legislativas del 23 y 30 de noviembre. El general De Gaulle asumirá un cargo que, con la nueva constitución tiene muchísimas prerrogativas.

La V República se proclamará oficialmente en enero de 1959.

El conflicto en Argelia continuará con el putsch de 1961. 

El Análisis

LA V REPÚBLICA NACE FORJADA POR ARMAS Y UN CAUDILLO MILITAR

JF Lamata

Francia inaugura hoy una nueva etapa con la toma de posesión de Charles de Gaulle como presidente de la República. Pero más allá de la pompa oficial, lo cierto es que no nace sólo un nuevo mandato, sino un nuevo régimen: la V República. El general ha cumplido su plan desde que volvió del retiro, no tanto llamado por el pueblo como empujado por los cuarteles. Su propuesta era clara: enterrar la inestabilidad crónica de la IV República a golpe de Constitución. Y así lo ha hecho, con una arquitectura institucional hecha a su medida: un Ejecutivo fuerte, un Parlamento debilitado y un presidente convertido en timonel del Estado.

Las elecciones que lo han elevado al Elíseo no han sido precisamente una fiesta de la democracia. Sólo votaron unas 80.000 personas —no los 40 millones de franceses— en un sistema opaco, indirecto y restrictivo que ha garantizado su victoria por aclamación (78%) y ha dejado al comunista Marrane como una nota a pie de página. Legal, sí. ¿Legítimo? No tanto, si uno escucha a figuras como François Mitterrand, que ya denunció la “sedición” que rodeó su llegada a Matignon como primer ministro. Porque el general no llegó por los votos, sino por el miedo: el de los partidos ante un Ejército insurrecto en Argelia y ante el espectro de un golpe de Estado.

Así nace el gaullismo: con rostro de salvación y manos manchadas de presión. Una república hecha por y para De Gaulle, que confía en que la estabilidad valga más que los procedimientos. Quizá tenga razón: si la V República logra dotar a Francia de gobiernos duraderos y eficaces, quizá nadie recuerde demasiado las amenazas militares que la alumbraron. Pero si no es así, no serán pocos los que vuelvan a mirar al origen de este nuevo régimen y vean no un renacimiento democrático, sino una rendición pactada.

J. F. Lamata