9 mayo 1993

Logró un 41% de los votos derrotando a los candidatos de la izquierda Caballero Vargas (24%) y Domingo Laino (31%)

Elecciones Paraguay 1993 – Juan Carlos Wasmosy, candidato del Partido Colorado, apoyado por el ejército gana las elecciones

Hechos

El 9.05.1993 se celebraron elecciones presidenciales en Venezuela en las que fue proclamado vencedor Juan Carlos Wasmosy.

Lecturas

Las elecciones del 9 de mayo de 1993 debían demostrar hasta dónde había llegado la transición iniciada con el derrocamiento de Alfredo Stroessner cuatro años antes. El candidato gubernamental era Juan Carlos Wasmosy, ingeniero y empresario de 54 años enriquecido en buena medida alrededor de las grandes obras de Itaipú y sin el perfil tradicional de militar o dirigente histórico colorado. Su candidatura, sin embargo, llegaba marcada por un origen muy controvertido. En las internas del Partido Colorado (ANR) de diciembre de 1992 se enfrentó a Luis María Argaña, veterano dirigente que había ocupado importantes cargos bajo Stroessner pero que apoyó el golpe de Andrés Rodríguez en 1989. Argaña pareció inicialmente vencedor; un discutidísimo recuento terminó proclamando ganador a Wasmosy, operación en la que tuvieron un papel decisivo el aparato gubernamental y sectores militares encabezados por el general Lino Oviedo. Estudios posteriores han calificado directamente de fraudulenta aquella inversión del resultado. Wasmosy llegaba así a las elecciones como primer candidato presidencial civil del coloradismo en décadas, pero también como el candidato preferido por el poder establecido.

Frente a él concurrían dos oposiciones muy diferentes. Domingo Laíno, abogado de 57 años y candidato del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), representaba la oposición histórica: perseguido, detenido y expulsado del país durante el stronismo, ya había disputado a Rodríguez las presidenciales de 1989 y simbolizaba para muchos paraguayos la resistencia democrática tradicional. Guillermo Caballero Vargas, abogado y empresario de 49 años, ofrecía algo nuevo: encabezaba Encuentro Nacional, formación centrista creada alrededor de sectores independientes que pretendían romper la vieja división entre colorados y liberales. Durante la campaña llegó a aparecer como posible vencedor en distintas encuestas y atrajo especialmente a sectores urbanos deseosos de renovación. Pero la división opositora favoreció al Colorado y el Ejército introdujo un elemento inquietante: Lino Oviedo intervino abiertamente en la campaña y dejó claro el compromiso militar con la continuidad colorada.

El resultado oficial definitivo dio a Wasmosy 468.213 votos, el 39,9%; a Laíno 376.868, el 32,1%, y a Caballero Vargas 271.421, el 23,1%. La participación rondó el 69%. La oposición denunció irregularidades y hubo problemas durante el recuento —incluidas denuncias de hostigamiento policial y sabotaje de comunicaciones empleadas por grupos de observación—, pero observadores independientes concluyeron que el fraude detectado no parecía suficiente para explicar la ventaja de Wasmosy. Más revelador todavía fue el resultado parlamentario: el Partido Colorado consiguió 38 de los 80 diputados y 20 de los 45 senadores, perdiendo la mayoría absoluta, mientras liberales y Encuentro Nacional reunían conjuntamente una mayoría opositora. Paraguay elegía así al primer presidente civil en casi cuarenta años, pero lo hacía manteniendo en la Presidencia al mismo partido que había sostenido a Stroessner.

LOS DERROTADOS EN LAS ELECCIONES

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G. Caballero Vargas, era el candidato a la presidencia de Paraguay por el partido Encuentro Nacional, considerado de ideología socialdemócrata moderada.

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Domingo Laino, candidato del Partido Liberal Radical Auténtico, liberal socialista, el partido que más presumía de haber luchado contra la dictadura de Stroessner.

EL DERROTADO EN LAS PRIMARIAS DEL PARTIDO COLORADO

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Otro protagonista de aquella campaña fue Luis María Argaña, que fuera colaborador de la dictadura de Stroessner, aunque luego apoyara el golpe de Estado contra él. Fue aspirante a hacerse con la candidatura del Partido Colorado en unas primarias en las que fue derrotado por Wasmosy, aunque él consideró que hubo fraude. Durante las elecciones presidenciales hizo campaña contra Wasmosy.

12 Mayo 1993

Civiles en Paraguay

EL PAÍS (Director: Joaquín Estefanía)

Leer

ES PROBABLE que, tras las elecciones presidenciales celebradas en Paraguay el pasado domingo, la ciudadanía se encoja fatalistamente de hombros y admita que se dirimía menos una cuestión de democracia que una de genitales. A ellos aludió el actual hombrefuerte del Ejército paraguayo para explicar que la decisión de las Fuerzas Armadas era «cogobernar con el glorioso e inmortal Partido Colorado per saecula saeculorum». Y, sin duda, gran parte del voto conservador ha sido consecuencia del espectro de una acción militar con la que implícitamente amenazaba el Ejército para garantizar la elección del candidato colorado, Juan Carlos Wasmosy. Votando colorado, a lo mejor se mantenía en los cuarteles a un Ejército confiado en que mandan los suyos.Es evidente que el derrocamiento de Stroessner en febrero de 1989 por su propio consuegro -el hasta ahora presidente, general Rodríguez- no sirvió para desmontar el sistema de control político consolidado tras 35 años de poder omnímodo: que en un país de tres millones de habitantes, más de un tercio (1.200.000, para ser exactos) pertenezca al partido dominante, y que todos los funcionarios públicos deban encuadrarse en él, es revelador de un sistema basado en la prebenda y la servidumbre. Y es así que el sistema colorado subsiste casi intocado, apoyándose en la simbiosis con un Ejército que, tras décadas de poder incontrolado, es escandalosamente corrupto. A principio de año, el presidente Rodríguez intentó lavarle la cara depurándolo con vistas a los comicios del pasado domingo. Sin embargo, aun cuando las Fuerzas Armadas puedan ser hoy algo más limpias, el sistema de tiranía instaurado por Stroessner persiste. Por ejemplo, es sabido que gran parte, probablemente más del 50%, de los paraguayos vive fuera del país y concretamente en las naciones vecinas; la pobreza y la dictadura los han empujado al exilio. Lejos de animarles al regreso para que ejercieran su derecho a votar como hubiera sido de ley democrática, el Gobierno paraguayo (un juez, aseguran), consciente de que el voto no residente es un voto anticolorado, cerró las fronteras con la peregrina excusa de que sólo podían votar los residentes.

Con todo, es probable que no se hayan producido instancias estrepitosas de fraude electoral. La masiva presencia de observadores extranjeros, encabezados por el ex presidente de EE UU Jimmy Carter, y el acuerdo firmado ayer por las principales fuerzas políticas para controlar conjuntamente las actas, tenderían a confirmar la relativa limpieza de los comicios.

El Partido Colorado ha ganado; es interesante que, para ser proclamado candidato, el hoy triunfador Wasmosy tuviera que derrotar con escandaloso fraude -esta vez sí- a su correligionario Luis María Argaña. Han perdido el Partido Liberal Radical Auténtico (los azules), de Domingo Laíno -el gran luchador anti-Stroessner de la última década-, y el movimiento independiente Encuentro Nacional. Dicho todo lo cual, Juan Carlos Wasmosy será el primer presidente civil que ha tenido Paraguay en 40 años. Por algo se empieza.

El Análisis

¿Democracia o stronismo sin Stroessner?

JF Lamata

La pregunta que dejan estas elecciones no es solamente quién ha ganado, sino qué clase de régimen acaba de elegir a Juan Carlos Wasmosy. Sería injusto afirmar que nada ha cambiado desde Stroessner: existen varios partidos, la oposición puede hacer campaña, hay una Constitución democrática, los periódicos pueden criticar al Gobierno y el Partido Colorado acaba incluso de perder la mayoría absoluta del Congreso. Tampoco puede afirmarse, con las pruebas disponibles, que Wasmosy haya obtenido la Presidencia simplemente mediante un fraude en las elecciones nacionales: observadores independientes reconocieron irregularidades pero consideraron que no bastaban para alterar el vencedor. Todo ello habría sido inconcebible durante buena parte de los treinta y cinco años de stronismo. Pero tampoco puede hablarse todavía de una democracia plenamente normalizada cuando el mismo Partido Colorado continúa confundido con buena parte del aparato estatal y los militares se permiten intervenir en la selección y campaña de su candidato. El episodio más grave quizá no esté en las urnas del 9 de mayo, sino en las primarias que llevaron a Wasmosy hasta ellas: Argaña apareció como vencedor y un recuento extraordinariamente cuestionado, respaldado por el poder militar, acabó entregando la candidatura al hombre preferido por Rodríguez y Oviedo.

El gran ganador es, por tanto, el Partido Colorado, que consigue sobrevivir políticamente a su propio dictador: gobernó con Stroessner, gobernó con el general Rodríguez que lo derribó y seguirá gobernando ahora con el civil Wasmosy. Los perdedores son Laíno y Caballero Vargas, pero también ellos demuestran que el país ha cambiado: entre ambos reúnen bastante más voto que el candidato oficialista y sus partidos pueden controlar conjuntamente el Parlamento. Ésa puede ser precisamente la prueba decisiva de la transición. Una democracia no se demuestra sólo permitiendo elecciones, sino aceptando que el partido del Estado pueda algún día perderlas y entregar realmente el poder. Paraguay ha conseguido en 1993 unas elecciones competitivas, pero todavía conserva un Ejército acostumbrado a decidir quién debe gobernar y un Partido Colorado acostumbrado a considerar el Gobierno como patrimonio propio. Wasmosy puede convertirse en el presidente que termine de separar partido, cuarteles y Estado, o en el civil que proporcione apariencia democrática al viejo sistema. El resultado electoral por sí solo todavía no permite saber cuál de las dos cosas será.

JF