3 julio 1996

Quien acusa es el alcalde de Marbella Jesús Gil

Escándalo de corrupción en el PSOE andaluz: Expulsado el exconsejero Jaime Montaner y baja voluntaria del exvicepresidente Salinas al saber que estaban siendo investigados

Escándalo de corrupción en el PSOE andaluz: Expulsado el exconsejero Jaime Montaner y baja voluntaria del exvicepresidente Salinas al saber que estaban siendo investigados

Hechos

El 3 de julio de 1996 el PSOE resolvió suspender de militancia a D. Jaime Montaner al tiempo que se daban de baja voluntaria D. José Miguel Salinas y D. Antonio Prieto.

Lecturas

El 3 de julio de 1996 causan baja del Partido Socialista Obrero Español D. José Miguel Salinas Moya, que fuera vicepresidente de la Junta de Andalucía y D. Jaime Montaner Roselló, que fuera consejero de Obras Públicas al conocerse que ambos hayan sido procesados judicialmente por el posible cobro de comisiones  en ilegales en una operación de compra de aviones Boeing. El denunciante del caso ha sido el alcalde de Marbella y presidente del Atlético de Madrid, D. Jesús Gil Gil.

El 3 de julio de 1996, la ejecutiva del PSOE de Andalucía, encabezada por Manuel Chaves González, acordó por unanimidad suspender cautelarmente de militancia al exconsejero de Política Territorial Jaime Montaner Roselló, mientras que el exvicepresidente de la Junta José Miguel Salinas Moya y el antiguo administrador electoral socialista Antonio Prieto Durán solicitaron voluntariamente su baja. La decisión respondía a una denuncia presentada el 28 de junio por la Fiscalía Anticorrupción por presuntos delitos de cohecho y prevaricación, relacionados con una operación urbanística desarrollada diez años antes en Marbella. El origen de las acusaciones estaba en el empresario y alcalde marbellí Jesús Gil y Gil, quien afirmaba que en 1986, cuando todavía no era alcalde, personas relacionadas con la Administración socialista andaluza le habían exigido 220 millones de pesetas para facilitar un incremento de la edificabilidad de terrenos de su propiedad en el sector de Los Cipreses. Según su versión, llegó a entregar 85 millones de pesetas mediante varios cheques, cuyos destinatarios incluían a personas próximas al PSOE. Entre los investigados figuraban el abogado cordobés José Salinas González, padre del exvicepresidente, su hijo Rafael Salinas Moya, antiguo asesor urbanístico del Ayuntamiento de Marbella, y el propio Montaner, que había intervenido como consejero en la tramitación administrativa. También aparecían Antonio Prieto y varios empresarios vinculados a trabajos para el partido. La Fiscalía trataba de esclarecer si los pagos respondían a una operación de extorsión y financiación irregular o si tenían una explicación profesional y mercantil legítima.

La investigación provocó una crisis política en el socialismo andaluz. José Rodríguez de la Borbolla Camoyán, presidente de la Junta cuando se produjeron los hechos, negó conocer ninguna trama de sobornos, mientras que Chaves, que no había presidido todavía el Gobierno autonómico en 1986, intentó evitar que el escándalo alcanzase a la dirección del partido. La oposición del Partido Popular y de Izquierda Unida reclamó explicaciones parlamentarias y responsabilidades políticas. Montaner rechazó las acusaciones, aseguró que el aumento de edificabilidad había seguido los procedimientos legales y se negó a abandonar voluntariamente el PSOE porque consideraba que ello equivaldría a aceptar una sospecha de culpabilidad. Su situación contrastaba con la de Salinas, que prefirió apartarse de la organización. El exconsejero reclamó que se le dispensara el mismo trato que a otros socialistas sometidos a procedimientos judiciales, citando expresamente al exministro José Barrionuevo Peña. Entretanto, la defensa del abogado José Salinas sostuvo que los pagos de Gil correspondían a honorarios por servicios urbanísticos, y dos antiguos asesores de Montaner declararon que la modificación de la edificabilidad se había tramitado legalmente. El PSOE se personó en la causa para contribuir al esclarecimiento de los hechos, mientras la dirección federal, encabezada por Felipe González Márquez, respaldaba una política de mayor contundencia ante los nuevos escándalos de corrupción.

El desenlace llegó con rapidez, aunque no resolvió judicialmente el fondo de las acusaciones. En diciembre de 1996, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Sevilla ordenó el sobreseimiento y archivo de las diligencias al considerar prescritos los posibles delitos de cohecho y prevaricación, por referirse a hechos de 1986. La resolución no afirmaba que los pagos denunciados fueran legítimos ni declaraba probada una trama de corrupción: entendía que había transcurrido el plazo legal para exigir responsabilidad penal. El PSOE andaluz decidió entonces rehabilitar a Montaner, Salinas y Prieto y devolverles sus carnés, sin esperar a que concluyeran todas las posibilidades de recurso. La Fiscalía Anticorrupción impugnó el archivo y la Audiencia admitió su recurso para elevar la controversia al Tribunal Supremo. Así, el partido rectificaba políticamente la sanción que había adoptado cinco meses antes, mientras la discusión judicial sobre la prescripción todavía no estaba definitivamente cerrada. Para Montaner, el archivo suponía un alivio incompleto: había perdido su militancia y sufrido un importante desgaste público, pero no había podido celebrar el juicio en el que aspiraba a demostrar su inocencia.

Cronología política y judicial

Fecha Acontecimiento
1984 José Salinas González comienza a prestar servicios de asesoramiento jurídico a Jesús Gil, según la documentación difundida posteriormente por su entorno.
1986 Se tramita la modificación urbanística de los terrenos de Los Cipreses, en Marbella, durante el Gobierno andaluz de Rodríguez de la Borbolla. Gil afirma haber pagado 85 millones de pesetas de una comisión exigida de 220 millones.
25-1-1990 Aparece públicamente otra controversia, independiente, por presuntas comisiones solicitadas a McDonnell Douglas en la compra de aviones para Iberia.
27-5-1993 Jesús Gil acusa públicamente a José Miguel Salinas y a otros intermediarios de haberle exigido pagos para sus proyectos inmobiliarios. No presenta entonces una querella.
28-6-1996 La Fiscalía Anticorrupción presenta denuncia por el caso Marbella, que corresponde al Juzgado de Instrucción número 12 de Sevilla.
29-6-1996 Izquierda Unida pide dimisiones y responsabilidades políticas, incluyendo a Montaner y al expresidente Rodríguez de la Borbolla.
1-7-1996 Montaner niega haber cometido irregularidades. La dirección del PSOE andaluz abre una investigación interna, pero inicialmente descarta suspender a los afectados.
3-7-1996 La ejecutiva del PSOE-A suspende cautelarmente de militancia a Montaner. José Miguel Salinas y Antonio Prieto presentan sus bajas voluntarias.
4-7-1996 Montaner pide recibir un trato semejante al de José Barrionuevo. El consejero Francisco Vallejo defiende en el Parlamento la legalidad del procedimiento urbanístico.
23-7-1996 Montaner declara ante la justicia y mantiene que su actuación fue legal. También comparecen Rafael Salinas e Higinio Garrido.
30-7-1996 José Salinas González declara ante el juez y reconoce haber recibido 35 millones de pesetas de Gil, que atribuye a honorarios profesionales.
8-8-1996 Dos antiguos asesores de Montaner declaran que la modificación urbanística se ajustó a derecho y equiparó la edificabilidad a la de terrenos vecinos.
Diciembre de 1996 La Audiencia Provincial de Sevilla ordena archivar la causa por prescripción.
12-12-1996 Se publica la noticia del archivo. El PSOE rehabilita a los tres militantes apartados. Montaner lamenta que no haya podido celebrarse un juicio para demostrar su inocencia.
17-12-1996 La Fiscalía Anticorrupción recurre el archivo al considerar incorrecta la aplicación de la prescripción.
23-12-1996 La Audiencia admite el recurso, abriendo la vía para que el Tribunal Supremo examine la cuestión.
EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

03 Julio 1996

¿Se atrevería el PSOE a expulsar a Jaime Montaner?

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

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Jaime Montaner, ex consejero de la Junta andaluza acusado por la Fiscalía Anticorrupción de prevaricación y cohecho, ha tratado de desmarcarse del affaire marbellí recurriendo a lo de siempre: no lo sabía. Llega a admitir el hecho: («Cheques de Jesús Gil por licencias de obras fueron destinados a trabajos encargados por el PSOE o a determinadas cuentas privadas»). Lo contrario sería negar la evidencia, ratificada por la investigación del fiscal. Pero a renglón seguido, se apresura a advertir «…pero yo lo desconocía». Era el consejero de Obras Públicas, el encargado de decidir sobre la alteración del nivel de edificabilidad de los terrenos de Jesús Gil, y sin embargo «lo desconocía». Es lógico que, paralela a la judicial, la dirección regional del PSOE haya puesto en marcha una investigación interna para aclarar este grave escándalo de corrupción. Manuel Chaves asegura que cree en su inocencia, pero advierte que si él estuviera en la piel de Montaner habría renunciado a la militancia cautelarmente. El presidente andaluz considera que mientras dura la investigación interna, lo apropiado sería que el ex consejero de Obras Públicas dejara su militancia a disposición del partido. La duda está en saber si la dirección regional se atreverá a llevar a término su rigor disciplinario con el antiguo socio de Palomino, cuñado de González.

Juan Luis Galiacho

07 Julio 1996

CORRUPCION EN EL PSOE Incluso con Gil

Juan Luis Galiacho

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Cómo se hizo el «loco» y engañó con dinero a los socialistas andaluces dinero a cambio de recalificaciones urbanísticas. Esas fueron las reglas de juego que «acordaron», en 1986, Jesús Gil y la Consejería andaluza que presidía Jaime Montaner. Entonces Gil no era alcalde de Marbella, aunque sí tenía allí importantes negocios inmobiliarios. Los detalles de la «extorsión» han sido contados por el propio Gil a la Fiscalía Anticorrupción, que le venía pisando los talones por presuntas irregularidades en su gestión municipal. Amparado en el nuevo Código Penal, el alcalde se ha sacado una última carta de la manga: la víctima, dice, fue él. Los villanos, los dirigentes del PSOE andaluz.

Desde que a mediados de los 80, el promotor inmobiliario Gregorio Jesús Gil y Gil desembarcara en el reino de la Costa del Sol, sus problemas con el Ayuntamiento socialista de Marbella fueron continuos. Las irregularidades urbanísticas de su sociedad Vegangeles, en la construcción del complejo residencial Los Cipreses del Mar, le habían enfrentado al Consistorio.

Gil había comprado en la llamada «milla de oro» dos parcelas (Hacienda Villa Mariola y Huerta Cristo del Guadapín) a la sociedad L’Etablissement Almanara, domiciliada en Vadouz (Suiza), con intereses en Ginebra y representada por el libanés Walid El Assaad. El precio confesado de la venta ascendía a 100 millones.

En la nueva finca, dividida por la carretera N-340, Gil acondicionó una casa principal como sucursal de su buque insignia, el Club Financiero Inmobiliario, construyendo en el resto del terreno una urbanización de lujo.

Los problemas de Gil con los hombres del entonces líder espiritual del PSOE andaluz, el presidente José Rodríguez de la Borbolla, comenzaron pronto. Gil quería un volumen de edificabilidad mayor al ofrecido por el Ayuntamiento marbellí. El 3 de junio de 1986, el consejero de Política Territorial de la Junta, Jaime Montaner, suspendía «las determinaciones relativas al número de plantas y altura máxima de edificación». Gil comenzó a atacar a técnicos y políticos.

Consciente de que su política de agresión no le reportaba ningún beneficio, cambió su estrategia. Recibió el mensaje de que para solucionar sus problemas debía ponerse en contacto con el abogado cordobés José Salinas González, padre el ex vicepresidente de la Junta de Andalucía, José Miguel Salinas Moya, uno de los estrategas del PSOE en los sistemas de recaudación paralela.

El constructor soriano se reunió varias veces con la familia Salinas, a la que conocía de antaño porque el abogado había trabajado para él en cuestiones urbanísticas. En las conversaciones, según la Fiscalía Anticorrupción, se llegó al acuerdo de que Gil entregase 220 millones. El destino del dinero: 20 millones para cubrir los gastos y la minuta del despacho de José Salinas, y el resto (200 millones), para la Junta de Andalucía. Este último montante fue a parar, entre otros, al entonces secretario de Asuntos Económicos de la Consejería de Presidencia, Antonio Prieto Durán. Otros, llegaron a «Mundicom», editora de periódicos próximos al PSOE.

El 7 de julio de 1986 Gil pagó el primer plazo a los recaudadores socialistas. Entregó 85 millones a los familiares de José Miguel Salinas. El dinero se dio en once cheques al portador, seis de 10 millones y los otros de 5. Los cheques fueron extendidos contra la cuenta corriente 8703960 de la Caja Postal situada en la calle O’Donell nº 18, de Madrid, a escasos metros de la vivienda del presidente atlético. Gil había encontrado en la Caja Postal un aliado financiero. Días antes, el 12 de junio de 1986, la entidad estatal acordó concederle un crédito hipotecario de 1.250 millones de pesetas, el primero de una serie de cinco por un total de 4.499 millones.

Para la entrega de los talones, Gil puso a trabajar a su fiel gregario, José Luis Jiménez Jiménez. Personaje detenido por la Policía en 1970 por una presunta estafa y encargado en otro tiempo del complejo Los Angeles de San Rafael (Segovia), Gil le había situado en la Costa del Sol al frente de sus sociedades Vegangeles S.A. y José L. Jiménez Jiménez S.A.

Fue Jiménez quien entregó los cheques a Manuela Rosario de la Fuente en el domicilio de la familia Salinas en Córdoba. Pero Gil lo tenía todo atado y bien pensado. Ese mismo día, en una operación secreta ideada por su abogado, José Luis Sierra, el constructor soriano fue al domicilio de su notario habitual, José Ignacio Fuentes López, y levantó un acta de once folios donde narraba toda la extorsión sufrida. No era esta la primera vez que maquinaba una argucia jurídica para tener atrapados a sus adversarios. Así ocurrió con la compra de una finca al duque de Santo Buono, o con el crédito impagado a la Caja de Segovia por más de 1.500 millones. En aquella ocasión, marzo de 1983, Gil, a los tres días de haber firmado con la entidad bancaria un contrato de dación en pago de los créditos, consiguió un certificado médico en el que se indicaba que en el momento de firmar el acuerdo tenía perturbadas sus facultades mentales. Con el certificado médico, Gil y Gil pretendía asegurarse la posibilidad de anular la dación en pago, gracias a aquella demencia transitoria.

Gil, ciclotímico

El parte médico rezaba así: «Don Jesús Gil y Gil sufrió una notoria ciclotimia, con inhibición motora y del pensamiento». La estrategia dio resultado. Con el acta notarial en una caja fuerte y el dinero en manos socialistas, Gil recurría de nuevo ante la Consejería de Jaime Montaner para exigir que el coeficiente de edificación se elevara. Ya no hubo problemas.

En octubre de 1986, Montaner resolvía el recurso dándole la razón. Logrado su objetivo, Gil se desentendió del resto de los pagos acordados… Los problemas volvieron a surgir. Y hubo nuevo pacto. Esta vez, con el pago de 50 millones al Ayuntamiento socialista. En mayo de 1988, siendo ya presidente del Atlético, Gil llegaba a un acuerdo transaccional con el entonces alcalde marbellí, Alfonso Cañas (que ahora ha acusado a González de inhibirse en el caso).

Pero los conflictos continuaron. Y una vez alcanzada la popularidad futbolística, decidió presentarse a la alcaldía «para así poder vender mis pisos». Era la única ficha que aún le faltaba por mover. El 15 de junio de 1991 salía elegido por aclamación popular. Desde ese día, sus problemas con la Junta de Andalucía (PSOE), no han desaparecido. Gil tenía en mente que, a cambio de modificar verbalmente el Plan General de Ordenación Urbana en beneficio de particulares y empresas, conseguiría suculentos fondos para su causa mesiánica. Sin embargo, las recalificaciones sólo podían ser declaradas legales por la Junta de Andalucía.

Los ansiados fondos no llegaban y Gil se encontraba en un agujero sin salida. Además, la Fiscalía Anticorrupción llevaba tiempo investigándole. Pero, otra vez, volvió a sacar sus armas.

El nuevo Código Penal le permite convertirse en un arrepentido sin que la Ley caiga sobre él. Antes de que finalizara el plazo de gracia concedido, se personó ante la Fiscalía para ratificar la extorsión. Gil había rastreado con lupa el paradero de los cheques. El PSOE calculó mal sus bazas, porque no hay peor cuña que la de la misma madera.

El Análisis

¿Pagaron Salinas y Montaner por el desgaste acumulado del PSOE?

JF Lamata

El apartamiento de José Miguel Salinas y Jaime Montaner revela hasta qué punto los escándalos de corrupción habían alterado los reflejos políticos del PSOE. Después de años defendiendo públicamente a dirigentes sometidos a investigaciones judiciales, el partido había sufrido el desgaste de los casos de Gabriel Urralburu y Javier Otano en Navarra, además de otros procedimientos que afectaban a destacados responsables socialistas. En ese contexto, la dirección de Felipe González y Manuel Chaves parecía menos dispuesta a asumir nuevos riesgos reputacionales: antes que defender a sus antiguos dirigentes hasta conocer el resultado de la investigación, prefirió apartarlos para evitar que una nueva sospecha de financiación irregular comprometiera al conjunto de la organización. La pregunta es si esa prudencia política acabó convirtiéndose en un sacrificio de personas cuya responsabilidad todavía no estaba demostrada. Montaner lo planteó abiertamente al exigir el mismo trato que recibía José Barrionuevo y negarse a solicitar una baja voluntaria que consideraba una admisión implícita de culpa. Cinco meses después, el PSOE devolvía el carné a los afectados tras el archivo judicial, aunque la resolución descansaba en la prescripción, no en una sentencia absolutoria sobre los hechos. Esa diferencia tampoco debe utilizarse para mantener indefinidamente una sospecha que no ha sido acreditada. La experiencia deja una cuestión incómoda para cualquier partido: ¿cómo actuar con firmeza frente a la corrupción sin convertir la mera apertura de una investigación en una condena política anticipada? La rehabilitación orgánica puede ser inmediata; recuperar la reputación pública perdida resulta mucho más difícil.

J. F.