13 octubre 1968
El ministro de Información, Manuel Fraga, fue el encargado de firmar la independencia en nombre de España
España concede la independencia a Guinea Ecuatorial, que queda bajo el yugo del dictador Francisco Macías
Hechos
El 13 de octubre de 1968 España concedió legalmente la independencia de Guinea Ecuatorial, convirtiéndose Francisco Macías en el presidente de aquel país.
Lecturas
En julio de 1968 se había publicado la relación Trevijano – Macías.
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ONDO, EL RIVAL DE MACÍAS ASESINADO
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EL ASESOR ESPAÑOL DE MACÍAS:
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En marzo de 1969 se producirá un supuesto golpe de Estado en Guinea Ecuatorial.
Memorias de estío
1993
Pag. 38
Se enfrentaron el candidato oficial apoyado por Presidencia y los intereses madereros, Bonifacio Ondo Edu, Francisco Macías como candidato de una coalición entre MUNGE, el viejo IPGE y una fracción disidente de MONALIGE, y el propio MONALIGE con Atanasio Ndongo a la cabeza. Los dos candidatos más votados el día 22 de septiembre fueron Macías y Ondo y, siguiendo una peligrosa política de castástrofe, Ndongo dio al primero sus votos en una segunda vuelta el día 29 del mismo mes. Macías fue proclamado presidente ante la sorpresa de los españoles todos, gobernantes y colonos.
La influencia de Trevijano en Guinea fue a continuación decisiva y la ejecución de la política española, desastrosa.
El Análisis
España ha concedido hoy la independencia a Guinea Ecuatorial, en un acto solemne en Malabo al que asistió en representación del Gobierno español el ministro Manuel Fraga Iribarne. Con ello, se cierra un capítulo colonial que, aunque breve en comparación con otros imperios europeos, dejó una huella profunda. La independencia se presenta como un gesto de modernización del franquismo y una apertura hacia África en un contexto internacional que presionaba para poner fin al colonialismo.
El proceso estuvo marcado por unas elecciones presidenciales insólitas. Bajo la tutela del Gobierno español, y con la expectativa de mantener una Guinea amistosa y vinculada a Madrid, se permitió concurrir a distintos candidatos. Para sorpresa de muchos, el favorito de España, Bonifacio Ondó Edu, perdió frente a Francisco Macías Nguema, apoyado por el abogado español Antonio García-Trevijano. Fue un hecho llamativo: en plena dictadura franquista, el régimen no manipuló el resultado en favor de su candidato, abriendo la puerta a un liderazgo imprevisible.
Un tercer dandidato, Atanasio Ndongo, decidió apoyar en la segunda vuelta a Macías que, a cambio le hizo ministro. Se soñaba entonces con una Guinea independiente, democrática y amiga de España. Pero las esperanzas se disiparían pronto: Macías, que toma posesión con promesas de concordia, derivará en apenas unos años hacia un régimen de terror y represión, convirtiendo a antiguos rivales —como el propio Ondó— en víctimas de una maquinaria implacable.
El experimento guineano muestra tanto la voluntad de España de adaptarse a los vientos de la descolonización como sus limitaciones para garantizar un futuro estable en el país. La independencia, que debía inaugurar una etapa de cooperación y democracia, será recordada más bien como el punto de partida de una dictadura que aislará a Guinea del mundo y sumirá a su población en un largo calvario. España, mientras tanto, quedará marcada por el desconcierto de haber entregado el poder a quien muy pronto se revelaría como un tirano mucho peor que la administración española.
J. F. Lamata