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El abogado - vinculado al diario suspendido MADRID - anuncia que demandará a Emilio Romero, a José María Carrascal, a Saturnino Ibongo y a Atanasio Ndongo

PUEBLO destapa que los opositores a España en Guinea Ecuatorial son asesorados por Antonio García-Trevijano

HECHOS

  • El 9 julio de 1968 el periodista del diario PUEBLO, D. José María Carrascal, hizo públicos los vínculos del abogado español, D. Antonio García Trevijano con un sector de los representantes de Guinea Ecuatorial.

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D. José María Carrascal (periodista de PUEBLO en 1968) explica a J. F. Lamata como destapó la vinculación de Trevijano en el ‘caso Guinea’:

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D. Antonio García Trevijano habla con J. F. Lamata sobre el ‘caso Guinea’ aireado por PUEBLO:

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La Ley Fraga abría las puertas a volver a intentar ese periodismo de investigación. Como apenas se escribían cosas peligrosas sobre lo que ocurría dentro, la primera “patata caliente” – como la definió uno de sus protagonistas – la produjo un corresponsal en el periódico fue PUEBLO, don José María Carrascal, que publicó un artículo que ocupó la portada de PUEBLO del día 9 de julio de 1968 en relación a un notario que estaba asesorando-sobornando a los líderes independentistas de Guinea para que se opusieran al proceso de independencia que proponía el Gobierno de España. Al frente de esos dirigentes guineanos supuestamente ‘comprados’ por ese abogado estaría Francisco Macías. El Sr. Carrascal conocía los datos porque en un encuentro entre opositores los líderes guineanos Atanasio Ndongo y Saturnino Ibongo así lo habían denunciado, el Sr. Carrascal llevó esa acusación a las páginas de PUEBLO.

Un notario de Madrid, ligado a la fracción “oposicionista” reunió el pasado 20 de mayo a un grupo de participantes indígenas y les puso 216.000 pesetas sobre la mesa con objeto de que boicoteasen la conferencia. (…) Los objetivos de ese alguien en la sombra son crear problemas al Gobierno español y representar a los grupos que tienen intereses en entrar en Guinea en cuanto se haga independiente. (D. José María Carrascal, PUEBLO, 9-7-1968)

El implicado exigió una primera rectificación explicando que no era un notario en funciones sino un abogado. El diario PUEBLO emitió la correción pero con el retintín de añadir “con mucho gusto hacemos esta aclaración puesto que los notarios de Madrid no querrán verse involucrados en cuestiones de estas características”. El abogado en cuestión era don Antonio García Trevijano, que envió una carta de replica a PUEBLO.

El diario PUEBLO con su escandalosa crónica ha comprometido gravemente mi honor personal. Desmiento categóricamente todas las afirmaciones del diario PUEBLO. Señor director, no soy tan ingenuo como para pretender que mi concepción constitucional de la democracia inmediata guste a todo el mundo, pero un español aspira a que no se mancille un servicio de España de un pequeño país de África. (D. Antonio García Trevijano, carta al director de PUEBLO, 19-7-1968)

La actitud del señor García Trevijano nos parece indeseable. En lugar de recibir honorarios entrega cantidades a sus clientes para sus pleitos. Nos encontramos ante un manipulador que aspira a una plataforma política. Estábamos ante  nuestro perfecto derecho de no haber publicado esa carta, si lo hacemos es para que no vaya ahora a manipular con nuestro silencio. (Editorial PUEBLO, 19-7-1968)

La información era lesiva a la persona que reunió a los guineanos, pero no menos cierto era que la actuación de esa persona lesionaba los intereses españoles. Mi conciencia, como mi cartera, está limpia y no tengo miedo de la sentencia del pueblo ni de los jueces sobre los generosos repartos de dinero del señor Trevijano y mi información sobre ello. (D. José María Carrascal,  PUEBLO, 19-7-1968)

El señor García Trevijano estaba, ciertamente, más cerca de un talante democrático que el señor Romero, pero eso no quita que el director de PUEBLO acierta plenamente en lo de la plataforma política. Además, si el objetivo del señor García Trevijano era establecer una democracia en Guinea Ecuatorial lo hizo bastante mal, porque el presidente de aquel país terminó proclamándose dictador vitalicio y estableciendo un régimen de terror policial que se mantuvo hasta que cometió el error de meterse con la familia de su ministro de Defensa, que lo escabechó y se puso en su lugar. El abogado culpó del fracaso a los enviados del Gobierno como Sr. Herrero Rodríguez de Miñón. La carrera pública del Sr. García Trevijano quedaría marcado por aquello.

19 Julio 1968

Carta de Trevijano a Emilio Romero

Antonio García-Trevijano

El diario PUEBLO publicó el pasado día 9 una crónica de su corresponsal en Nueva York, José María Carrascal, que mereció ocupar los grandes titulares de la primera página y toda la página once. Tanto los títulos de ambas páginas, debidos a la Redacción, como el texto de la crónica, debido a José María Carrascal, aluden inequívocamente a mi persona. Para evitar toda confusión, el diario PUEBLO ha publicado el pasado día 11 una nota aclaratoria especificando que la crónica se refería a las actividades un notario que no está en activo, sino excedente, y que solamente a título de abogado es como debe de haber actuado.

Y en efecto, soy yo, Antonio García-Trevijano y Forte, notario excedente, residente en Madrid, abogado en ejercicio, con bufete en el Paseo de la Castellana, 106, quien se ha ocupado de la Independencia de Guinea.

Varias agencias y varios periódicos madrileños me han solicitado que confirme o desmienta las afirmaciones difundidas por el diario PUEBLO. Sin embargo, para huir de todo sensacionalismo, he preferido dar a usted la oportunidad de que, junto conmigo, se atenga estrictamente a lo que para estos casos dispone la ley de Prensa, sobre el derecho de réplica que me asiste; y sobre el deber y la forma de inserción que a usted le atañen.

La Ley de Secretos Oficiales aplicada por primera vez a la Conferencia Constitucional para la Independencia de Guinea, ha sido la única razón por la que mi intervención ha permanecido secreta frente a la opinión pública. Ahora el diario PUEBLO con su escandalosa crónica, al sacar este asunto ante la opinión española ha situado en una equívoca posición al Gobierno español y, desde luego, ha comprometido gravemente mi honor personal.

En efecto, leyendo la información de PUEBLO el Gobierno español queda en una azarosa posición la de Ignorar o la de consentir unas actividades que, a juzgar por dicha información, el Código Penal califica de delitos que comprometen la paz o la independencia del Estado, condenando con la pena de prisión mayor a los que ‘con el fin de perjudicar la autoridad del Estado o comprometer la dignidad o los intereses vitales de España, mantuvieron inteligencia o relación de cualquier género con Gobiernos extranjeros, con sus agentes o con grupos, organismos o asociaciones internacionales o extranjeras” (artículo 129).

Y ha comprometido mi honor personal, porque me acusa de esos graves delitos y me falicifa además de ‘sobornador’. La imagen que su periódico ha trazado de mi personalidad moral y el error que su falsa información ha producido en la opinión pública nacional me obligan hoy a acudir ante los tribunales de justicia en defensa de mi honor, y a reproducir en este escrito de réplica, en defensa de la verdad, la parte del informe confidencial que hace dos meses hice llegar a la Presidencia del Gobierno, referente a los extremos directamente relacionados con la información de PUEBLO.

En la relación de hechos contenida en este informe dije:

“El día 26 de noviembre de 1967, los político guineanos del partido Munge, don Francisco Salomé Jones y don Justino Mba Nsue, me ratifican su deseo de que les asesore en la preparación y redacción de su futura Constitución, a la vez que me solicitan también ayuda económica para sus gastos personales en Madrid y para mantener los gastos de sus organizaciones políticas en Guinea. Acepté, como jurista, la primera petición; pero rechacé la segunda, advirtiéndoles claramente que no tenía interés alguno de tipo económico en Guinea, y que si algún día lo tuviese no utilizaría el camino político para entrar en el mercado económico. Ante esta respuesta tan categórica me expusieron la precaria situación en la que se encontraban para defender con integridad su independencia. Les prometí entonces ayuda económica, pero sujeta a las condiciones que se expresaban en el recibo de la primera cantidad, y cuyo texto, literal es el siguiente: “He recibido de don Antonio García-Trevijano Forte la cantidad de… en concepto de donación al pueblo guineano, y de cuyo destino o empleo concreto al servicio del fin expresado, me hago plenamente responsable. Acepto, por tanto, la única condición o modo impuesto por el donante: a saber, que este dinero no puede ser empleado o gastado en beneficio de persona o grupo político alguno”.

A partir de esta fecha he donado distintas cantidades, siempre en las mismas condiciones.

En su día, puse en conocimiento del excelentísimo señor ministro de Asuntos Exteriores y del excelentísimo señor director general de Seguridad la ayuda moral, técnica y económica que venía prestando a los políticos guineanos.

En su día, puse en conocimiento del excelentísimo señor ministro de Asuntos Exteriores y del excelentísimo señor director general de Seguridad la ayuda moral, técnica y económica que venía prestando a los políticos guineanos.

El día 30 de abril de 1968, a las doce horas, celebré una reunión a la que asistieron… representantes de todos los grupos políticos y étnicos de Guinea, a excepción del grupo político de don Atanasio Ndongo (advierto al lector que este grupo es el que, según el diario PUEBLO, ha denunciado ante el Comité de los Veinticuatro el intento de soborno de que fueron objeto precisamente en esta reunión a la que no asistieron, y añado que a los personajes de este grupo, salvo al señor Ibongo, ni siquiera los conozco de vista) y de don Gustavo Watson, para tratar del proyecto constitucional elaborado por los técnicos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Antes de entrar en la materia, advertí a todos, a sabiendas de que iba a ser difundido públicamente las condiciones en que venía prestando ayuda económica leyendo uno de los recibos para evitar toda confusión o rumor infundado sobre esta delicada cuestión. Después emití verbalmente un breve juicio crítico sobre el proyecto de Constitución…  Les aconsejé que solicitaran un plazo de siete días para poder presentar una enmienda total al proyecto concebido dentro de los términos manifestados por el Gobierno español, es decir, un solo Estado guineano que salvaguarde la personalidad de Fernando Poo. Al final de la reunión, y sin que yo lo solicitase, me entregaron un documento firmado por los dirigentes de los partidos Ipge Monalige y Munge, señores don Antonio Oworo, don Francisco Macías y don Agustín Eñeso y por los representantes de las minorías étnicas ndowe y fernandina, señores Bote y Grange, en el que se me acredita como único letrado asesor en materia constitucional.

Los días 1, 2 y 3 de mayo me reuní con catorce miembros de la delegación guineana, designados por sus respectivos grupos, para debatir y conocer los puntos básicos de orden político que la mayoría de la delegación guineana podía aceptar como determinantes de la Constitución. Durante estos tres días yo me limité a escuchar y a dirigir las discusiones entre ellos, advirtiendo de las ventajas e inconvenientes de cada una de las soluciones políticas que se iban proponiendo…

Con todos estos datos he intentado realizar una síntesis política que, teniendo en cuenta la realidad de las diferencias étnicas existentes las superé, sin embargo, en el juego político constitucional.

Después de haberme aislado cuatro días y de haber elaborado el proyecto de enmienda total… me reuní con los catorce miembros que me habían proporcionado los acuerdos básicos de este proyecto, para comentarlo y someterlo a su aprobación. Fue unánimemente comprendido y aceptado y, luego, he tenido conocimiento de que fue firmado por veintitrés miembros de la delegación guineana y presentado a la Mesa de la Conferencia Constitucional como enmienda total al proyecto del Ministerio de Asuntos Exteriores.

En la exposición de motivos contenida en este informe, dije:

“Prescindiendo de mi ambición, como jurista, de poder contribuir a la creación de una Constitución realmente africana y moderna, y de mi orgullo, como español, de que esta creación sea una genuina aportación de la cultura española, los motivos de orden político que me han empujado a ocuparme de la Constitución de Guinea han sido los siguientes:

  • – 1. Procurar unas nuevas relaciones, sinceras y profundas entre el pueblo español y el pueblo guineano, de orden político, económico y cultural.
  • – 2. Procurar la continuidad del orden existente en Guinea durante el periodo de organización del nuevo Estado independiente, para que la brusquedad política del salto a la independencia se lleve a cabo en un clima de confianza y de serenidad.
  • – 3. Procurar la formación de una conciencia nacional guineana que supere las actuales tendencias tribalistas y separatistas.
  • – 4. Procurar la creación de un marco político y jurídico que facilite el desarrollo económico y social del pueblo guineano.

Para conseguir el primer objetivo la condición básica es que la independencia se produzca de una manera sincera, leal y generosa por parte del Gobierno español. Toda confusión o todo equívoco en este aspecto no pueden más que perjudicar las futuras relaciones entre ambos pueblos y, por supuesto, sus respectivos intereses actuales.

Para conseguir el segundo objetivo, la condición básica está en la confianza y en el convencimiento de la delegación guineana de que la iniciativa constitucional está en sus manos. La creencia o el temor de que la iniciativa constitucional  del Gobierno español es un recurso técnico para perpetuar la actual situación de dependencia les empujará a la destrucción del orden existente.

Para conseguir el tercer objetivo la condición básica está en una Constitución que no teniendo la hipocresía de ignorar las diferencias tribales, ni tampoco el cinismo de pretender aumentarlas, garantice a las minorías étnicas su derecho a participar en la construcción nacional del Estado.

Para conseguir el cuarto objetivo la condición básica está en una Constitución que facilite la eficacia de un Gobierno fuerte dentro de una sociedad libre y democrática, y que dificulte el nacimiento de los tres grandes obstáculos contra el desarrollo: las dictaduras ideológicas, el partidismo político y la centralización burocrática”.

En fin, aunque no sea ya necesario, tras la prueba concluyente del informe aquí reproducido, desmiento categóricamente todas las afirmaciones del diario PUEBLO.

Señor director, no soy tan ingenuo como para pretender que mi trabajo sea apreciado por todos y que mi concepción constitucional de la democracia inmediata guste a todo el mundo, pero nadie de buena fe puede enturbiar la acción de un español que, no estando movido por la moral del éxito, aspira, sin embargo, y simplemente, a que no se mancille ante la opinión y ante la Historia una obra limpia realizada en servicio de España y de la paz en un pequeño país de África.

Espero de su respeto a la legalidad la integra reproducción de este escrito en las condiciones de espacio y tipografía determinadas por la ley.

Cortésmente

Antonio García-Trevijano Forte

19 Julio 1968

El notario (excedente) se descubre

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Pocas cosas pueden decirse en réplica a la carta que publicamos de don Antonio García-Trevijano Forte, porque todo está claro como la luz. Resulta que es abogado de un grupo de guineanos que sostienen opiniones diferentes – respecto al texto de su Constitución de independencia – no sólo con otros grupos políticos del mismo territorio, sino con el negociador fundamental de la independencia, que es el Gobierno español. Y luego, asombrosamente, en lugar de recibir honorario de abogado, como es lo que procede en el servicio abogado-cliente, entrega cantidades a los propios clientes para llevar adelante sus pleitos. Naturalmente, nadie se va a creer que el señor García-Trevijano Forte es un mecenas de constitucionalistas africanos de la independencia, porque su despacho se vería invadido por los múltiples clientes de la descolonización.

Lo que no podemos de ninguna manera ahogar en esta réplica a la carta del señor García-Trevijano Forte son dos repugnancias indisimulables como españoles: cuando un Gobierno, cualquiera que sea su signo político, se encuentra ante el apremio de la Historia de conceder la independencia a un territorio como es el caso de Guinea, y abre una delicada negociación, ya no puede haber abogados particulares  en estos asuntos. Unicamente las Cortes representativas de la nación son quienes en nombre de todo el pueblo español deben estimular o limitar, tras la autorización para negociar, la acción del Gobierno. Entonces ya no hay más que un abogado: España. La conducta del Sr. García Trevijano Forte nos parece indeseable desde todos los puntos de vista. Pero si al propio tiempo la carta que envía al director de PUEBLO para su publicación acogiéndose al derecho de réplica, ha sido leída ante el Comité de los Veinticuatro de las Naciones Unidas ante de que su destinatario pudiera dar cuenta de ella a los lectores, salta a la vista que nos encontramos ante un manipulador político que aspira a una plataforma. Estábamos en nuestro perfecto derecho, ante tal incorrección, de no haber publicado esta carta; si lo hacemos es porque no vaya ahora a manipular con nuestro silencio, y, de paso, ofrecemos a nuestros lectores con su propia carta su verdadero semblante, y la prueba irrefutable de que lo que dijo en su día nuestro corresponsal en Nueva York era verdadero. Nosotros fuimos más delicados y no dimos su nombre, y lo sabíamos. Ahora el propio interesado se descubre y afirma que ha hecho una Constitución para unos disidentes, y además les ha dado dinero. Esto es lo que dijimos.

Nuestra segunda repugnancia como españoles es esa de la entrega de cantidades por parte del Sr. García-Trevijano Forte en asuntos como este, que parte de su propia incorrección aparece agravada por destinarse esos fondos a apoyar actividades contra España claramente manifestadas en las Naciones Unidas, de acuerdo con los textos que exhibiría mañana nuestro corresponsal. Ello da pábulo a todas las especulaciones en orden a la posibilidad de soborno por razones políticas o económicas. Precisamente el señor Ndong, dirigente guineano, señaló ante el Comité de los Veinticuatro, que en su hotel en Madrid fue visitado por grupos económicos alemanes, ingleses y franceses, interesados en la Guinea independiente. ¿Está claro? En el momento en que España negocia la concesión de la independencia Guinea, con un texto constitucional, atendiendo al signo de la época y al mandato de las Naciones Unidas, los buitres del capitalismo internacional revolotean sobre el nuevo país africano. ¿Cuál es el papel del asunto? No se nos ocurre hacer ninguna inculpación concreta; lo dejamos todo al recto juicio de los españoles, con los documentos sobre estas páginas.

19 Julio 1968

Digna actitud corresponsal

José María Carrascal

Lo escuchado el 5 de julio ante el Comité de los Veinticuatro  era lo que los alemanes suelen llamar ‘una patata caliente’. Lo más cómodo es hacerla saltar entre los dedos hasta que se enfríe. Creo que todo periodista se ha encontrado por lo menos una vez en su vida con un caso de este tipo, en el que hay dinero y política por medio. Puede hacérsele bailar entre los dedos sin comprometerse o puede metérsele el cuchillo. Yo elegí esto último, consciente de las dificultades que me iba a acarrear.

Creo y es una opinión personal, que sólo hay tres casos en que puede retenerse una información.

  1. Cuando afecta gravemente a los asuntos internacionales y amenaza la paz.
  2. Cuando daña los intereses del Estado.
  3. Cuando lesiona inútilmente la intimidad o los intereses de una persona.

La información escuchada en el Comité de los Veinticuatro era, sin duda, lesiva a la persona que reunió a los guineanos en el número 126 del paseo de la Castellana. Pero no menos cierto era que la actuación de esa persona lesionaba gravemente los intereses españoles, al plantear a nuestro Gobierno dificultades en las Naciones Unidas, en un piano más amplio, dañaba intereses internacionales al dificultar la independencia de un país africano. Ante ello, juzgué no sólo mi derecho, sino también mi deber, dar cuenta de lo escuchado.

No entro hoy en pormenores. Creo que vamos a tener ocasión abundante de desmenuzar el asunto. En cualquier caso, mi conciencia, como mi cartera, está limpia y no tengo miedo de la sentencia del pueblo ni de los jueces sobre los generosos repartos de dinero del señor Trevijano y mi información sobre ello.

José María Carrascal

El Análisis

UNA DEMANDA CONTRA CUATRO, QUE PRONTO QUEDÓ EN DOS

JF Lamata

El abogado D. Antonio García-Trevijano negó la información de publicó del español Sr. Carrascal, en el periódico dirigido por el también español Sr. Romero basándose en lo que le habían filtrado los Sres. guineanos, Saturnino Ibongo y Atanasio Ndongo. Y su siguiente paso fue demandar tanto a los dos españoles, como a los dos guineanos. Los cuatro en total. Sin embargo el camino de los cuatro procesados no fue, exactamente el mismo. En cuanto tomó el poder en Guinea Ecuatorial Francisco Macías, asesorado por el propio Sr. García-Trevijano, ‘evolucionó’ en un dictador sanguinario y entre las personas que ordenó asesinar se encontraron los Sres. Ibongo y Ndongo. Ninguna responsabilidad puede achacársele al Sr. Trevijano en esas muertes, pero sí en haber asesorado, o haberse dejado engañar, por alguien que se disfrazó de demócrata como Macías, y luego demostró tener un alma de tirano.

Por muchas cosas de distinto valor que hiciera el Sr. García-Trevijano en los años venideros, siempre quedaría marcado por haber asesorado a aquel oscuro personaje. En 1975-1976, el Sr. García-Trevijano trató de erigirse como líder de Coordinación Democrática (‘La Platajunta’, agrupación de todos los partidos de la oposición al franquismo) pese a no tener ningún partido detrás, apareciendo como un posible jefe de Estado si Coordinación Democrática tomaba el poder con algún gobierno de coalición, pero en seguida su pasado de asesor guineano reapareció en forma de dossier enterrando para siempre esa opción.

J. F. Lamata

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