2 abril 1954

Escenas de emoción y lágrimas en el Puerto de Barcelona

España recibe como héroes a los repatriados de la Unión Soviética tras haber luchado en la ‘División Azul’

Hechos

El 2 de abril de 1954 en el puerto de Barcelona tomo tierra el buque de la Cruz Roja ‘Semiramis’ en el que regresaban a España los repatriados, liberados por la URSS, después de haber sido hechos prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial.

Lecturas

La URSS ha aceptado repatriar a los prisioneros españoles en cárceles soviéticas encarcelados durante su participación en la División Azul cuando Alemania intentaba invadir la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

1954_munozgrandes  El ministro del Ejército, General Agustín Muñoz Grandes, recibió a los soldados en representación del General Franco.

El Análisis

La despedida de la División Azul

JF Lamata

Este 2 de abril de 1954, el puerto de Barcelona ha recibido a los últimos fantasmas de una historia que el régimen español preferiría enterrar en silencio: los prisioneros españoles de la División Azul que, tras más de una década en tierras soviéticas, han regresado a bordo del buque Semiramis bajo la bandera neutral de la Cruz Roja. Su llegada simboliza el cierre simbólico de la aventura germano-falangista en la Segunda Guerra Mundial, aquella “unidad de voluntarios” que marchó a luchar contra el comunismo… al lado de la Wehrmacht.

Hoy, el Gobierno de Franco quiere vender la repatriación como un triunfo humanitario, como si estos hombres hubieran luchado por Occidente en abstracto, evitando mencionar que lo hacían junto a Hitler. La propaganda del régimen ha reciclado la historia: se borra cualquier referencia a la Alemania nazi ahora se centra en la lucha anticomunista, lo cual, casualmente, es música para los oídos de Washington. La División Azul, convenientemente reetiquetada, sirve ahora para reforzar la imagen de una España útil en la guerra fría, con aspiraciones de socio fiable para los norteamericanos.

Pero este gesto, por mínimo que parezca, también apunta a algo más complejo: aunque España y la URSS no se reconocen diplomáticamente, Moscú ha aceptado repatriar a los prisioneros y, lo que es más insólito, ha votado a favor del ingreso de España en la ONU como parte de un sutil trueque diplomático con Washington. Así que mientras unos celebran a los repatriados como héroes y otros prefieren mirar hacia otro lado, lo cierto es que el mundo sigue girando: ya no es 1941, y hasta los enemigos irreconciliables parecen dispuestos a entenderse, aunque sea a través del lenguaje frío de la geopolítica.

J. F. Lamata