8 julio 1988

Corcuera (UGT) será ministro de Interior, mientras que en el gabinete habrá cuatro fichas de confianza del todopoderoso Vicepresidente, Alfonso Guerra

Felipe González forma un nuevo Gobierno con Rosa Conde como nueva ministra-Portavoz y el fichaje del ex comunista Jorge Semprún

Hechos

El 8 de julio de 1988 se anunció un cambio de gobierno que se hizo efectivo el 12 de julio de 1988 cuando el Presidente del Gobierno, D. Felipe González formó un nuevo gabinete, que incluía a D. Jorge Semprún como ministro de Cultura y a las mujeres doña Rosa Conde y doña Matilde Fernández.

Lecturas

El 7 de julio de 1988 el Gobierno de D. Felipe González Márquez anuncia un cambio de Gobierno con respecto al cambio de gabinete formado en julio de 1986.

El nuevo gobierno queda formado de la siguiente manera.

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  • Presidente – D. Felipe González Márquez.
  • Vicepresidente – D. Alfonso Guerra González (G).
  • Asuntos Exteriores – D. Francisco Fernández Ordóñez.
  • Justicia – D. Enrique Múgica Herzog (G).
  • Defensa – D. Narcís Serra Serra.
  • Economía y Hacienda – D. Carlos Solchaga Catalán.
  • Interior – D. José Luis Corcuera Cuesta.
  • Transportes – D. José Barrionuevo Peña.
  • Obras Públicas – D. Javier Sáenz Cosculluela (G).
  • Educación – D. Javier Solana Madariaga.
  • Trabajo – D. Manuel Chaves González.
  • Industria – D. Claudio Aranzadi Martínez.
  • Agricultura – D. Carlos Romero Herrera.
  • Administraciones Públicas – D. Joaquín Almunia Amann.
  • Cultura – D. Jorge Semprún Maura.
  • Sanidad y Consumo – D. Julián García Vargas (G).
  • Relaciones con las Cortes – D. Virgilio Zapatero Gómez (G).
  • Bienestar Social – Dña. Matilde Fernández Sanz (G).
  • Portavoz del Gobierno – Dña. Rosa Conde Gutiérrez del Álamo.

Este cambio de Gobierno supone que el Sr. Barrionuevo Peña deja el ministerio de Interior para pasar a hacerse cargo de Transportes y le reemplaza D. José Luis Corcuera Cuesta que mantendrá, en gran medida al mismo equipo antiterrorista liderado por D. Rafael Vera.

Los ‘guerristas’ llegan al cenit de su poder con un total de seis ministerios.

BOFETADA A LOS SINDICATOS: CARLOS SOLCHAGA, REFORZADO EN ECONOMÍA

Solchaga1988 D. Carlos Solchaga, la ‘bestia negra’ de los sindicatos, incluyendo el sindicato socialista Unión General de los Trabajadores (UGT) que le responsabiliza personalmente de una política que consideran ‘liberal’, seguirá siendo ministro de Economía en contra de los deseos de D. Nicolás Redondo que quería que D. Felipe González aprovechara la crisis de Gobierno para reemplazarle.

DOS MINISTRAS: ROSA CONDE Y MATILDE FERNÁNDEZ

RosaConde_MatildeFernnades_1988 Dña. Rosa Conde será la nueva ministra portavoz (hasta ahora ese cargo lo ocupaba el Sr. Solana) y Dña. Matilde Fernández será ministra de un nuevo ministerio: Asuntos Sociales. La Sra. Conde está considerada dentro del PSOE una afín al sector de D. Felipe González y la Sra. Fernández será afín al sector de D. Alfonso Guerra.

SOLANA REEMPLAZA A MARAVALL

Maravall_ministro Uno de los grandes perdedores de este cambio de Gobierno es D. José María Maravall, cuyas leyes de educación LODE y LOGSE han tenido una fuerte contestación en la calle.

Solana1988El nuevo ministro de Educación será D. Javier Solana, hasta ahora ministro portavoz (funciones que asumirá la Sra. Conde) y Cultura (ministerio que asumirá el Sr. Semprún).

CORCUERA A INTERIOR, BARRIONUEVO A TRANSPORTES

Corcuera1988 D. José Barrionuevo abandona el Ministerio de Interior para pasar a ser Ministerio de Transportes, el nuevo ministro de Interior será D. José Luis Corcuera, dirigente proveniente de la UGT, pero que no respalda la animadversión de D. Nicolás Redondo a D. Felipe González. Ambos, el Sr. Corcuera seguirán siendo dos destacados ‘felipistas’ en el Gobierno.

BarrionuevoTransportes1988 D. José Barrionuevo, el polémico ministro de Interior – sobre el que había habido una fuerza batalla mediática (en especial por el Grupo PRISA al que llevó a los tribunales) fue reemplazado, pero no dejó el Gobierno, pasó a ser ministro de Transportes, fue reemplazado por D. José Luis Corcuera, que había sido un destacado dirigente de UGT. El nombramiento podía interpretarse como un intento de D. Felipe González de acercarse al sindicato UGT y a su líder D. Nicolás Redondo, con el que estaba enfrentado, pero en una entrevista con J. F. Lamata el Sr. Corcuera negó esa posibilidad.

UN HISTÓRICO A JUSTICIA

Mugica1988 D. Enrique Múgica, miembro de la Ejecutiva del PSOE desde el Congreso de Suresnes y destacado seguidor de D. Alfonso Guerra será el nuevo ministro de Justicia.

‘LA LARGA MARCHA’ DE JORGE SEMPRÚN: MINISTRO DEL PSOE

Semprun_ministro D. Jorge Semprún

D. Jorge Semprún, histórico antifascista, había protagonizado una larga evolución del comunismo stalinista a su enfrentamiento radical con el PCE carrillista. Con su designación como ministro por D. Felipe González culminaba su acercamiento al PSOE.

LA FUERZA DE LOS GUERRISTAS

Mugica_AlfonsoGuerra D. Enrique Múgica y D. Alfonso Guerra.

El Vicepresidente del Gobierno, D. Alfonso Guerra, mantiene una gran influencia en el Gobierno de D. Felipe González. A su propio poder como Vicepresidente debe unir el de los ministros D. Enrique Múgica (Justicia), D. Javier Sáenz de Cosculluela (Obras Públicas y Urbanismo), D. Virgilio Zapatero (Relaciones con las Cortes) y Dña. Matilde Fernández (Asuntos Sociales), todos ellos fichas de su confianza.

GOBIERNO ESTABLE HASTA 1991

La siguiente crisis del Gobierno cambiará los equilibrios, dado que incrementará la presencia ‘guerrista’ con la entrada de D. Luis Martínez Noval en lugar de D. Manuel Chaves González. Pero todo cambiará con el siguiente cambio que será, precisamente, la renuncia de D. Alfonso Guerra González a seguir en el gabinete lo que llevará a D. Felipe González Márquez a configurar un nuevo consejo de ministros.

08 Julio 1988

Los fieles ministros

EL PAÍS (Director: Juan Luis Cebrián)

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La primera impresión que ofrece la composición del nuevo Gobierno es la de que Felipe González ha querido reforzar sus lazos con el partido socialista y con los sectores de UGT que le son fieles frente a la estrategia de Nicolás Redondo. La entrada en el Gabinete de tres miembros de la Ejecutiva Federal del PSOE -uno de ellos, el sindicalista Corcuera; otro, el histórico Múgica, y, finalmente, la feminista Matilde Fernández- parece indicar un deseo del presidente de recompensar los esfuerzos de todos los sectores socialistas por mantenerse unidos y de no primar con pírrícas victorias a las sedicentes alas del PSOE.Aunque es difícil admitir la eventual existencia de auténticos barones en el partido gobernante, los que pueden considerarse a sí mismos como tales están presentes en el equipo, con la excepción de Maravall. Guerra, Solchaga y Serra marcan claramente tres tendencias diferenciadas, y las tres reciben el refrendo de la continuidad, por más que los socialistas catalanes, que hoy esperan a González en Barcelona, sean los que menos tajada han sacado en la remodelación. La presencia de Solana al frente de Educación equivale al mantenimiento de una figura también despegada del guerrismo, y la de Fernández Ordóñez en Exteriores es el premio a su observancia de la disciplina. Aranzadi es un técnico del equipo de Solchaga; éste ha jugado con habilidad para no dejarse colar un solo nombramiento que no le agrade, aunque ha tenido que desprenderse de Croissier, otro hombre suyo de confianza. Corcuera es un sindicalista adicto al presidente -que ya pensó en él como ministro de Trabajo para el primer Gobierno socialista-, y hace tiempo que se distanció de la línea oficial del sindicato dirigido por Redondo. Causa sorpresa ver a Matilde Fernández -otra ugetista con entrada en la Moncloa- formar parte de un equipo en el que las mujeres no ocupan más del 10% de las sillas: ella fue la promotora, en el congreso del PSOE, de la cuota del 25% femenino en todos los órganos del partido. La llegada de Rosa Conde al cargo de portavoz supone una incógnita en cuanto a resultados. En su especialidad es una profesional competente. Jorge Semprún, el nuevo titular de Cultura, es un intelectual independiente que proviene de las filas del comunismo, donde su nombre de guerra, Federico Sánchez, se hizo mítico en los años de la clandestinidad. Amigo personal de Felipe González, su presencia actualizará el eterno debate sobre la valía de los teóricos en los puestos de gestión.

Ver a Barrionuevo en Transportes causa ternura, y hace suponer que el presidente no ha querido descabalgarlo del todo a fin de no dar su brazo a torcer ante la opinión pública. Durante la gestión ministerial de este inspector de Trabajo al frente de la policía, ha aumentado la inseguridad ciudadana, se ha deteriorado la imagen policial, se han desparramado las sombras y las dudas sobre los GAL y ha tenido lugar toda clase de enfrentamientos entre el aparato de seguridad del Estado y la autoridad judicial. Quien fue un mal ministro del Interior no tiene por qué ser bueno en Transportes. La llegada de Enrique Múgica a Justicia repara una deuda personal (y política) del presidente con uno de los hombres que ayudaron a crear y desarrollar el mito González. Múgica es un político casi en estado puro, al que no se le conoce ninguna capacidad específica en el terreno judicial, a excepción de su carrera universitaria en la abogacía. Hombre de diálogo, componedor y moderado, tiene ante sí una tarea verdaderamente ingente. Como la tiene Javier Solana, que llega a uno de los ministerios más difíciles después de haber dejado tras de sí una estela de contradicciones en las dos carteras que ocupó anteriormente. Respecto a los que se van, el juicio es también contradictorio. Ledesma comenzó con un ambicioso programa de reforma en Justicia, que fracasó por la propia debilidad del ministro y por los embates que sufrió desde Interior. Maravall ha impulsado una importante reforma educativa en EGB, BUP y en la Universidad. Hombre batallador, acabó muriendo en la batalla. Es, sin duda, una de las mejores cabezas del PSOE, pero, después de su enfrentamiento con todos los sectores involucrados en la enseñanza, su permanencia era absurda. Las ausencias de Caballero y de Croissier en el Gabinete no dejarán ninguna huella en la historia política de este país.

14 Julio 1988

¿Cambios en el régimen o cambio de régimen?

YA (Director: Ramón Pi)

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Lo peor de este régimen es que cada vez se parece más al ‘Régimen’. En la crisis de Gobierno se han dado cita todos los elementos clásicos de los relevos franquistas, y las semejanzas empiezan a alcanzar grados alarmantes. Desde la propia teoría del relevo – no hay ministros fracasados o quemados: todos lo han hecho bien: alcanzados los objetivos propuestos, se ha producido el lógico relevo en el mando – hasta la difusión de la noticia en rigurosa exclusiva por la agencia EFE. Sin olvidar el reparto de poder entre las familias del régimen: ya se puede volver a hablar de ministros de sindicatos, de ministros del disciplinado ‘movimiento’ socialista y de ministros tecnócratas, que no tienen carné del partido. Vuelven los ‘regimenólogos’ los expertos en La Moncloa, como antes había quienes pasaban por ser expertos en El Pardo.

Se observan de nuevo a los que levantan el puño y cantan en los actos oficiales y a los que no, como antes se comentaba – con miradas de inteligencia – quienes llevaban o no camisa azul. Hay ministros incombustibles, como aquellos de los que se decía que nunca se habían bajado del coche oficial – ¿habrá que mencionar ahora al señor Fernández Ordoñez? – y otros a los que ya se empieza a llamar la sonrisa del régimen.

Pero no se vea en estas comparaciones un divertimento más o menos anecdótico. La interpretación que se nos ofrece desde el poder acerca de lo que está sucediendo no admite dudas: después de un régimen de cincuenta años de dictadura vino una etapa provisional de transición (la UCD), para entra finalmente en el socialismo, donde la democracia se ha consolidado. El año 1982 es un hito – lo acaba de decir el señor Guerra en el aula de verano de la universidad autónoma de Madrid – que marca el comienzo de otro régimen: su régimen. No se nos dice si por otros cincuenta años. Tampoco hace falta.

Pero lo peor de todo sería que la propia sociedad, los medios de comunicación, acabasen cayendo en la trampa – propia de todo el régimen – de quedar pendientes de lo que diga o deje de decir tal ministro, o del significativo cambio que ha supuesto la entrada de tal otro. Antes de que la cosa llegue a más, es urgente salir al paso de un peligroso fenómeno, que ya empieza a detectarse: el de creer que los cambios en la política gubernamental, las alternativas y los horizontes esperanzadores van a venir de la mano de un ‘relevo’ en éste o aquel Ministerio, y no de un cambio político a través de unas elecciones.

Comprendemos que la tentación de lanzar las campanadas al vuelo por el cese del señor Ledesma es grande. Entendemos la alegría de los damnificados por el señor Maravall, al oír la noticia de su vuelta a casa. Incluso nos hacemos cargo de la ilusión de los sufridos usuarios de Telefónica, Renfe o Correos al saber que quien ha presidido su deterioro será sucedido por alguien tan acostumbrado a los problemas de orden público como el señor Barrionuevo.

Pero no nos engañemos. Quien puso a los señores Ledesma y Maravall sigue ahí. Quien no los cesó al día siguiente de su primer estropicio, de su primer experimento social – de sus primeras víctimas – ahí continúa. Continúan el programa político que se les ordenó ejecutar, las nefastas leyes que hicieron aprobar; y nadie ha dicho que esas leyes vayan a derogarse, o que esos objetivos vayan a alterarse.

Puede que a partir de ahora se persigan esos objetivos con menos torpeza y arrogancia – cosa fácil: el listón ha quedado por los suelos – Pero los fines que se pretende alcanzar son los mismos.

No nos engañemos. Aquí no habrá un cambio de verdad hasta que las elecciones arrojen una nueva mayoría al Parlamento. Hasta ese momento seguirá haciendo su política y tomando sus decisiones el mismo de siempre, verdadero responsable de los sucedido hasta ahora y de lo que suceda en adelante: el presidente del Gobierno, don Felipe González Márquez.

El Análisis

El nuevo equipo de Felipe González

JF Lamata

El 7 de julio de 1988, el presidente Felipe González anunció un significativo cambio en su Consejo de Ministros, marcando una etapa crucial en su gobierno. Este nuevo gabinete refleja tanto una reafirmación de poder como un intento de acercamiento a sectores claves dentro del PSOE y la UGT, en un momento donde la unidad del partido y la gestión eficiente son vitales.

Según la editorial de El País, este cambio evidencia un esfuerzo de González por consolidar sus lazos con el partido socialista y con aquellos segmentos de la UGT leales a él. La inclusión de figuras como José Luis Corcuera en Interior y Matilde Fernández en Bienestar Social es vista como un gesto hacia la reconciliación interna y una recompensa a la fidelidad, mientras que el mantenimiento de Carlos Solchaga en Economía refuerza la línea económica que ha sido criticada por los sindicatos. Esta reestructuración, aunque no radical, sugiere un deseo de estabilidad y continuidad dentro del gabinete, con personalidades destacadas como Alfonso Guerra y Narcís Serra conservando sus posiciones influyentes .

En contraste, el periódico Ya, a través de la pluma de Ramón Pi, critica este cambio gubernamental como una mera continuación de las prácticas del pasado, comparándolas con los relevos durante el régimen franquista. Desde esta perspectiva, se percibe una falta de auténtico cambio y una perpetuación de políticas y figuras que han sido parte del problema. El editorial de Ya subraya que, mientras Felipe González siga al mando, los problemas estructurales y las controversias que han marcado su administración permanecerán sin resolver .

La sustitución de José Barrionuevo por José Luis Corcuera en el Ministerio del Interior, así como el movimiento de Barrionuevo a Transportes, ha sido uno de los cambios más destacados. El País interpreta esto como un intento de González de mantener a sus aliados cercanos mientras intenta mejorar la gestión en áreas críticas, sin ceder ante la presión pública o sindical . Por otro lado, Ya ve este movimiento como un simple intercambio de fichas sin una verdadera intención de resolver los problemas de fondo que enfrenta el país .

En resumen, el nuevo gabinete de Felipe González refleja tanto un deseo de mantener la estabilidad y la continuidad como un intento de apaciguar tensiones internas dentro del PSOE y la UGT. Sin embargo, las críticas apuntan a una falta de cambios significativos que puedan abordar los problemas profundos y sistémicos del gobierno, dejando la percepción de que, en última instancia, sigue siendo el mismo liderazgo el que define el rumbo del país.

J. F. Lama