11 marzo 1991
A pesar del varapalo a Alfonso Guerra, sus partidarios mantienen el control de cuatro carteras
Felipe González forma un nuevo Gobierno con Narcís Serra de Vicepresidente y cambia a Semprún por Solé Tura
Hechos
El 11 de marzo de 1991 se constituyó el primer Gobierno de D. Felipe González en el que ya no figuraba D. Alfonso Guerra como Vicepresidente.
Lecturas
Desde que el 12 de enero de 1991 D. Alfonso Guerra González anunciara su dimisión como vicepresidente del Gobierno estaba previsto un cambio de Gobierno. El nuevo vicepresidente será el hasta ahora ministro de Defensa D. Narcís Serra Serra. Además el presidente del Gobierno ha aprovechado para nombrar a seis nuevos ministros: D. Juan Manuel Eguiagaray, D. Jordi Sole Tura, D. Tomás de la Quadra-Salcedo, D. Josep Borrell y D. Pedro Solbes. El nuevo Gobierno es presentado el 11 de marzo de 1991.
A punto de cumplir 10 años en el poder sólo cuatro personas permanecen en el Gobierno desde entonces: D. Felipe González Márquez, D. Narcís Serra, D. Javier Solana Madariaga y D. Carlos Solchaga.
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NUEVO GOBIERNO PSOE
- Presidente- D. Felipe González
- Vicepresidente- D. Narcís Serra
- Interior- D. José Luis Corcuera
- Exteriores- D. Francisco Fernández Ordoñez
- Justicia- Sr. Tomás de la Quadra
- Defensa- D. Julián García Vargas
- Economía Hacienda- D. Carlos Solchaga
- Obras Públicas- D. Josep Borrell
- Educación Ciencia- D. Javier Solana
- Trabajo- D. Luis Martínez Noval (guerrista)
- Industria- D. Claudio Aranzadi
- Agricultura- D. Pedro Solbes
- Administraciones Pub.- D. Juan Manuel Eguiagaray
- Cultura- D. Jordi Solé Tura
- Sanidad- D. Julián García Valverde (guerrista)
- Relaciones Cortes- D. Virgilio Zapatero (guerrista)
- Asuntos Sociales- D. Matilde Fernández (guerrista)
- Portavoz- D. Rosa Conde
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EL ASCENSO DE NARCÍS SERRA, BOFETADA PARA GUERRA
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LOS GUERRISTAS CONSERVAN CUATRO MINISTERIOS
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EX COMUNISTA REEMPLAZA A EX COMUNISTA
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LA PERMANENCIA DE SOLCHAGA, NOTA AMARGA PARA EL GUERRISMO
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JOSE BORRELL ASCIENDE A MINISTRO DE OBRAS PÚBLICAS
El que fuera Secretario de Estado de Hacienda ‘asciende’ al cargo de ministro de Obras Públicas
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SIGUIENTE CAMBIO, SIGUIENTE ESCÁNDALO…
El siguiente cambio en el Gobierno también será fruto de un escándalo: la dimisión del ministro Sr. García Valverde por el caso AVE. El siguiente cambio de gabinete se producirá tras las elecciones generales de 1993 cuando se configurará un nuevo consejo de ministros.
12 Marzo 1991
Un Gobierno de cohesión
Casi 17 meses después de las últimas elecciones generales, el presidente del Gobierno, Felipe González, ha preparado un nuevo Gabinete. El que ahora se marcha, que ha durado casi tres años, ha tenido que enfrentarse con algunos de los acontecimientos más decisivos en la historia moderna de España, tales como el 14-D -una huelga general de amplio seguimiento-, importantes casos de corrupción política y la guerra del golfo Pérsico, en la que por primera vez nuestro país intervino, con importante apoyo logístico, en una conflagración bélica, al lado de las fuerzas que representan la democracia en el mundo.La verdadera crisis del Gobierno no ha empezado ahora, sino hace dos meses, con la salida de Alfonso Guerra del Ejecutivo; los nombramientos son tan sólo su culminación, un ajuste, aunque sea muy significativo. Este que nace hoy es el primer Gabinete que elabora Felipe González sin la presencia de Guerra, aunque le haya consultado su formación previamente al viaje de este último a Australia y le haya informado de su composición a su vuelta (ayer por la mañana), con los cambios cerrados. González ha declarado en otras ocasiones que el Gobierno es «de España, y no de los socialistas», y es cierto que todo Gobierno debe reflejar intereses más amplios que los del partido que lo apoya, pero no lo es menos que esa autonomía reclamada por González ha de producirse, por coherencia electoral, en el marco del programa aprobado por el PSOE.
Con todo, los dos rasgos más singulares de esta crisis no tienen que ver con los equilibrios de poder en el seno del PSOE, sino con la emergencia de un nuevo vicepresidente, Narcís Serra, y con la voluntad del presidente de lograr un Gabinete técnica y políticamente más cohesionado, con vistas a los difíciles retos que este país tiene delante. Está pendiente de definir el papel de la vicepresidencia en el Gobierno -la experiencia de Alfonso Guerra es irrepetible- y de conocer el pensamiento político profundo de su nuevo titular: de Serra se saben sus opiniones sectoriales respecto a la defensa, el servicio militar y la participación de España en su entorno natural, pero pocas veces, en ocho años, ha hecho manifestaciones públicas globales sobre la política del Ejecutivo socialista. Su presencia como número dos del Gobierno parece deberse, además de a su afinidad con Felipe González, a su voluntad de no participar en guerras internas en el Gobierno o en el PSOE y a su capacidad de diálogo, que le permitiría pactar cuando fuese necesario con otras fuerzas políticas, especialmente con los nacionalistas.
El segundo rasgo del nuevo Gabinete es la cohesión técnica de sus integrantes. A ello, más que a banderías internas, hay que atribuir la presencia de nuevas personas y los cambios de departamento de otras. Aspectos complementarios de esta coherencia son el nuevo enfoque que se intuye para el gasto público con la creación de un Ministerio de Obras Públicas y Transportes; el carácter abierto de bastantes de los ministros, viejos y nuevos, y una presencia más densa de políticos socialistas arraigados en comunidades autónomas históricas (sobre todo catalanes, pero también algún vasco). Un desarrollo eficaz de estos elementos debiera preparar la apuesta histórica de este país en este momento concreto. El presidente se ha mostrado siempre obsesionado por acudir en las mejores condiciones posibles al reto prioritario que tiene España en los próximos tiempos: el mercado único a partir del 1 de enero de 1993.
Con este objetivo convocó las elecciones de octubre de 1989 y con este fin ha preparado el Gabinete que mañana tomará posesión. Atrás deben quedar definitivamente los reflejos de las viejas luchas por el poder y la parálisis aguda de la Administración que supuso. La Europa unida supone un fuerte sacrificio para todos los ciudadanos. Para abordarlo, éstos exigen a sus gobernantes el mayor esfuerzo y cohesión. Volver al pasado sería incomprensible para todos. Un Gobierno tiene derecho a un periodo de gracia para desarrollar su política, y éste no debe ser excepción, pero, dado que supone la continuidad con el Gabinete anterior y que lleva ya recorrida media legislatura, no tiene tiempo para ponerse al día. La reflexión está hecha desde hace mucho; ahora se trata de actuar y ganar los meses perdidos.
12 Marzo 1991
El primer Gobierno socialista sin Guerra
La remodelación no va a ser la madre de las crisis. La composición del nuevo Gobierno socialista, dada a conocer ayer, confirma estas palabras recientes de Felipe González porque, al cabo, no ha sido más que el epílogo al verdadero final de la función representada, hace dos meses, cuando Alfonso Guerra anunció su marcha, días después de que González le aceptara por carta -según cuenta José Onetola dimisión que el «número dos» le había presentado en dos ocasiones anteriores. El epílogo tiene algo de epitafio. Estamos ante el principio del fin del guerrismo. La marcha de Guerra, que parecía configurarse como un repliegue táctico para seguir conservando cotas de influencia desde Ferraz, podría desembocar en lo que se adivina como su paulatina desaparición de la vida política. Abona esa tesis el hecho de que Benegas continúe en el Partido, donde puede hacer mucha falta en el futuro (como sucesor o quizá como «vigilante» de Guerra), a petición del presidente. La crisis es coherente y responde a un fenómeno político de relieve. Por primera vez desde 1982, el guerrismo no tiene una peso específico en un gobierno. No está Guerra, ni proyecta su sombra con la presencia vicaria de sus hombres de confianza. No sería apropiado aplicar el apelativo a algunos de los nuevos ministros como Valverde o Eguiagaray, cuyo parentesco con el guerrismo es lejano. La continuidad de Matilde Fernández y la del, ante todo, felipista Zapatero tampoco tienen valor significativo. Lo esencial es que no están ni un Marugán, ni un Martín Toval, ni un Bono y que ni siquiera los guerristas han conseguido hacerse como premio de consolación con el Ministerio de Sanidad al que por su carácter «social» especialmente aspiraban. Se cierran diversas puertas al futuro de Guerra y se abre una etapa para el PSOE y para la gobernación del país. Apagada su, antaño, fulgurante estrella, a Guerra le aguardan dos alternativas posibles: el lento declive o la contestación dialéctica desde Ferraz. Más venturoso parece en, principio, el horizonte de un Gobierno sin guerrismo. Con su eclipse, el Gabinete se libra de un lastre de credibilidad democrática que hipotecaba su gestión y ofrece una imagen menos crispada que posibilita sus intentos por reencontrarse con la sociedad civil. A este esquema responde, de hecho, la fisonomía del nuevo equipo ministerial, donde el gran derrotado del Congreso socialista, Carlos Solchaga, se configura, desde el área económica, como triunfador. Predominan los ministros técnicos y los perfiles dialogantes; parece valorarse la capacidad por reconciliarse con sectores de la sociedad agraviados en la etapa anterior y el papel de vicepresidente lo interpreta Serra que, acaso no tiene el talante pacificador y la talla de Ordóñez o la capacidad integradora de Solana, pero que, al menos, no le hará sombra ni le causará problemas a González, en definitiva, único astro rey de este firmamento.
13 Marzo 1991
Adiós al socialismo
Fijándonos por el nuevo Gabinete, resulta que el PSOE ya no es socialista o que el Gobierno ya no es del PSOE. No sé cómo decírselo a ustedes, con el laconismo militar de nuestro estilo, para que me entiendan. González elige como vicepresidente al hombre que acaba de ganar la guerra del Pérsico, Narciso Serra, un otanista fanático/fáctico. Osea un militar de paisano. González se acantona así en el Ejército, por si las flais, y, una vez acantonado, se permite algunas alegrías con el Gabinete, tampoco muchas. Ahora podemos decir que el caso Juan Guerra ha sido utilizado, más allá de su natural penalización, para poner al socialismo español de cuerpo presente y enterrarlo en el cementerio civil, bajo lápida anónima, . a la sombra de don Pablo Iglesias. Felipe González, en su progresivo deslizamiento hacia el euroliberalismo (palabra que no es sino el antifaz de baile de la nueva derecha viejísima), necesitaba casarse por lo civil con esa su nueva naturaleza, y ésta ha sido la ocasión, hombre, con Guerra en Australia y una victoria bélica aureolándole todavía: ya se ha dicho aquí que FG se ha suscrito a la participación en beneficios de la gloria de Bush. Bueno, pues ya está, ya somos liberales (no se sabe bien lo que es eso) y europeos de toda la vida. Y aún dicen los politólogos, observadores y analistas que no ha habido remodelación. La remodelación ha sido profunda, completa, decisiva, y es la que va de un Gobierno que todavía cantaba «La Internacional» por los cumpleaños a un Gobierno al que le canta por dentro, cualquiera puede oírlo, «Barras y estrellas». El PSOE ya no es socialista, o quizás haya un socialismo residual en Ferraz, en el gentío, en Nicolás Redondo y la UGT, pero el presidente sabe que quien le da ahora los votos es el socialfelipismo, clase media alta y progresiva, midle/midle class reformista y apañadita, los liberalotes tresillistas de provin cias y muchos burgos podridos y tardoazañistas, el primero Madrid. Todo lo cual no viene a decir que sea el nuevo un Gabinete de baldados. Muy al contrario, . Serra es sigiloso y cautelar, García Vargas es dialogante y eficaz (se le ha calumniado mucho en Sanidad), Borrell pierde su poder impositivo sobre nosotros, Tomás de la Quadra no creo que sea superior en nada a Múgica, socialista y senatorial de toda la vida, un histórico con personalidad y cabeza de fauno que nunca dormía la siesta (quizá aquí salimos perdiendo), etc. Eguiagaray tampoco es superior en nada a Almunia. Lo del sutilísimo Almunia es un cese político más que un relevo. García Valverde, uno de los hombres más jóvenes, empujadores y lúcidos de la nueva generación, es fino y firme al mismo tiempo: puede dar mucho juego en cualquier parte. Solé Tura va a hacer cultura catalana, así como Semprún hacía cultura francesa, cada cual es de su pueblo. Solchaga, el hombre clave de esta crisis, se ha limpiado no sólo a Guerra, sino todo el guerrismo/socialismo. Reúne en sí al bueno, el feo y el malo. Ha triunfado. Se diría que la crisis la ha hecho él. Ordóñez es tan bueno en Exteriores que no se le encuentra sustituto. Todos los demás son canjeables, incluidas las alegres comadres del PSOE, Matilde y Rosa. Un Gobierno, en fin, para seguir haciendo eurofelipismo, muy lejos ya de la épica de los ochenta, que nos quitaba años. Un paquete muy euroamericano para que Felipe pueda venderlo por el mundo como esa cabra de los circos que sirve para todo: el equilibrismo, tirar de un trineo o para que la toree el payaso. Este es el primer Gabinete, desde el 82, muñido de ideólogos del INI y teólogos del Banco de España. Ludolfo Paramio y los presocráticos de Jávea recibieron laica sepultura a la sombra pauloeclesial del cementerio civil.
VALIDO ‘OPERACIÓN SIBILA’
Según el periodista D. Graciano Palomo, fue D. Narcís Serra quien ideo una operación política para reemplazar a D. Alfonso Guerra como Vicepresidente del Gobierno con el objetivo de llegar a suceder a D. Felipe González como Presidente.
El Análisis
El presidente del Gobierno, Felipe González, ha presentado un nuevo gabinete tras la dimisión de Alfonso Guerra como vicepresidente. Narcís Serra, hasta ahora ministro de Defensa, ha sido designado como nuevo vicepresidente, destacándose por su gestión y capacidad de diálogo. Este cambio simboliza un intento de González por equilibrar el poder dentro del PSOE y preparar a su equipo para los retos futuros, especialmente la integración en el mercado único europeo en 1993. El nuevo gabinete incluye a seis nuevos ministros, entre ellos figuras como Josep Borrell y Pedro Solbes, reflejando un esfuerzo por lograr una mayor cohesión técnica y política, según señala Joaquín Estefanía en EL PAÍS. Este movimiento estratégico busca fortalecer el Gobierno tras enfrentarse a eventos significativos como la huelga general del 14-D y la guerra del Golfo Pérsico.
Por otro lado, Pedro J. Ramírez en EL MUNDO interpreta estos cambios como el principio del fin del guerrismo dentro del PSOE. La salida de Guerra y la composición del nuevo gabinete sin sus principales aliados muestra una etapa de renovación para el partido. Aunque algunos guerristas conservan ministerios, el peso específico de este sector ha disminuido considerablemente. La continuidad de Carlos Solchaga como ministro de Economía destaca la victoria del área técnica sobre las banderías internas. La nueva configuración ministerial, con perfiles más dialogantes y técnicos, busca reconciliarse con la sociedad civil y superar la crispación del pasado, reflejando una apuesta de González por un liderazgo más unificado y eficaz de cara a los desafíos nacionales e internacionales que se avecinan.
J. F. Lamata