17 enero 1954

Golpe de fuerza en Yugoslavia: El dictador comunista Tito encarcela a su ‘número 2’, Milovan Djilas [Dilas]

Hechos

El 17.01.1954 Djilas fue destituido de sus cargos en Yugoslavia.

Lecturas

Tito es dictador de Yugoslavia desde 1945, con rango de presidente desde 1953.

Considerado hasta ahora el más importante dirigente gubernamental yugoslavo después del mariscal Tito, Milovan Djilas ha sido destituido de todos sus cargos oficiales.

Djilas, que hasta ayer era el presidente de la Asamblea Federal de Yugoslavia y vicepresidente de la República de Yugoslavia, había publicado en BORBA, periódico oficial de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (el partido único de la dictadura de Tito), artículos en los que criticaba el dominio absoluto ejercido por el partido en la economía y en la vida política.

A la destitución la acompaña la expulsión de Djilas de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia (que equivale a su inhabilitación para ocupar cualquier cargo público) y su encarcelamiento por traición al Gobierno de Tito.

Todo ello parece significar le fin de medidas liberalizadoras.

Tito, eso sí, será uno de los instigadores de la creación del bloque de los ‘No Alineados’.

El Análisis

La caída de Djilas: fin del espejismo liberal en Yugoslavia

JF Lamata

La defenestración política de Milovan Djilas, hasta ahora vicepresidente de Yugoslavia y presidente de su Asamblea Federal, confirma lo que muchos observadores internacionales temían: el experimento yugoslavo no admitirá disidencias internas, ni siquiera dentro de su propio partido único. Djilas, durante años el más estrecho colaborador del mariscal Tito, ha sido expulsado del poder por atreverse a cuestionar —desde las propias páginas de Borba, órgano del régimen— la omnipresencia del partido en la vida económica y política del país. Su crítica, medida y racional, no ha encontrado respuesta política, sino castigo disciplinario y prisión.

El castigo de Djilas marca el final del breve amago de liberalización que muchos creyeron ver tras la ruptura con Stalin en 1948. Si entonces Yugoslavia se presentó como una vía alternativa al estalinismo, más nacional, más flexible y menos represiva, la caída de Djilas demuestra que el titismo no admite herejías. Tito no es Stalin, pero tampoco tolera que desde dentro de su régimen se planteen reformas. La diferencia es que Djilas puede, al menos por ahora, decir que sigue con vida: en Moscú, Pekín o Tirana, su destino habría sido seguramente el paredón o una “caída” convenientemente mortal desde una ventana.

La expulsión de Djilas representa algo más que una purga: es un mensaje claro al resto de la cúpula yugoslava y a la comunidad internacional. La autonomía respecto a Moscú no se traduce en pluralismo ni en libertad interna. La dictadura de partido único continúa intacta, con Tito como líder absoluto e indiscutido. La crítica desde dentro, aunque sea con espíritu reformista y lealtad declarada, tiene un precio. Y en Yugoslavia, como en otros rincones del Este, la disidencia no se debate: se aplasta.

JF Lamata