14 enero 1953
Rompe la nomenclatura habitual de los gobiernos rojos en la que el cargo ejecutivo es "Secretario del Partido" y la jefatura del Estado es "Presidente del Soviet o presidium supremo"
El dictador comunista yugoslavo, Josip Broz ‘Tito’ adopta el título de ‘Presidente de la República de Yugoslavia’ al estilo occidental pero con carácter vitalicio
Hechos
El 14.01.1953 Josip Broz asumió la presidencia de Yugoslavia.
Lecturas
Tito es el mandatario absoluto de Tito desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.
En 1948 se produjo la ruptura entre Tito y Stalin.
En 1954 Tito dará un golpe de autoridad defenestrando a su vicepresidente.
El Análisis
Con la proclamación de Josip Broz Tito como Presidente de la República Federativa Socialista de Yugoslavia el pasado 14 de enero de 1953, el país consolida su particular modelo comunista, diferente del resto del bloque del Este. El nuevo cargo, oficialmente más próximo al esquema de una república parlamentaria occidental, reemplaza al anterior presidente de la Asamblea, Ivan Ribar. Sin embargo, a nadie escapa que se trata de una adaptación de formas, no de fondo: Tito sigue concentrando en su persona los poderes esenciales como jefe del Estado, jefe del Gobierno y líder absoluto del partido único.
La peculiaridad más llamativa no es tanto la unificación de funciones —común en regímenes de partido único— sino la sinceridad con la que se blinda su autoridad: Tito ha sido proclamado presidente vitalicio. En un mundo de dictadores que se aferran al poder sin admitirlo formalmente, el mariscal yugoslavo opta por la franqueza. Ni Mao en Pekín ni Franco en Madrid han puesto por escrito lo que todos entienden: que morirán en el cargo. Tito, en cambio, lo deja claro. No se trata sólo de liderar el país; se trata de representar una revolución nacionalista-comunista que ha querido emanciparse de Moscú desde la ruptura con Stalin en 1948 y construir una vía propia: ni capitalista ni satélite soviética.
En este sentido, la presidencia vitalicia es también una forma de institucionalizar el “titismo” como doctrina y Yugoslavia como excepción. El hombre que se enfrentó al nazismo y luego al Kremlin se corona ahora como jefe del Estado sin horizonte de sucesión. Y, mientras otros países del Este copian el molde soviético, Tito sigue diseñando el suyo propio, firme en su voluntad de ser comunista… pero no obediente.
JF Lamata