7 octubre 1973
En protesta por la ayuda de Occidente, en especial Estados Unidos, a Israel, los países árabes exportadores de petroleo decidieron subir el precio desatado una crisis de escala internacional
IV Guerra árabe-israelí en Yom Kippur: Israel logra vencer a Egipto y a Siria, pero desata el conflicto del petroleo
Hechos
- Aprovechando la festividad judía de Yom Kipur, tropas de Egipto y Siria trataron de invadir Israel, pero fueron derrotados por el ejército hebreo.
- Como respuesta a la ayuda de Estados Unidos y Occidente a Israel, los países árabes anunciaron que reducirían su exportación de petróleo.
Lecturas
Sadat asumió el mando de Egipto tras la muerte de Nasser.
Cuando en octubre de 1973 tropas egipcias y sirias pusieron en marcha un ataque sorpresa contra Israel, el estado judío contempló por primera vez la posibilidad de una derrota en manos de sus vecinos árabes. Sin embargo, un contragolpe de los israelíes logró contener la ofensiva.
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GANADORA DE LA CONTIENDA:
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PERDEDORES DE LA CONTIENDA:
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En el curso de la festividad judía más importante, el día de la confesión de los pecados y la purificación, Yom Kippur, los vecinos árabes – Egipto y Siria – atacaron por sorpresa al Estado de Israel. Con ello dio comienzo la cuarta guerra árabe-israelí desde la fundación del estado de Israel en el año 1948. Los combates se concentraron principalmente en la península del Sinaí y en los Altos del Golán. El segundo y tercer ejército egipcio atravesaron el canal de Suez y avanzaron hacia el interior del Sinaí, donde libraron duros combates con unidades acorazadas israelíes. Al mismo tiempo, las unidades sirias llegaron a los Altos del Golán, y se adentraron en las franjas ocupadas por Israel, donde consiguieron claras victorias. La contraofensiva israelí no se inició hasta 48 horas después, y se concretó en bombardeos aéreos sobre El Cairo y Damasco.
Tras duros enfrentamientos, las unidades israelíes lograron hacer retroceder a las tropas sirias en los Altos del Golán hasta el otro lado de la línea del alto el fuego que se había instaurado en 1967. Mientras tanto, proseguía el avance del ejército egipcio en el Sinaí que las tropas de Israel sólo pudieron frenar cuando abrieron una brecha entre los dos ejércitos egipcios.
Egipto y Siria recibían armas y municiones de la URSS, mientras que Estados Unidos suministraba material bélico a Israel a través de un puente aéreo. Una vez estabilizada la situación en ambos frentes, Egipto e Israel aceptaron en un principio el alto el fuego exigido por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Sin embargo, el estado israelí no lo respeto y sus tropas pusieron cerco al Tercer ejército egipcio, sin detener su avance hasta que la ONU hubo decidido el envío de tropas de interposición para vigilar el cumplimiento del acuerdo del alto el fuego.
Los árabes trataron de vender de cara a sus pueblos el final de la guerra como si fuera un triunfo, aunque no habían conseguido su objetivo última: expulsar a los judíos de aquellos territorios que formaban el Estado de Israel.
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- Inmediatamente después de la fundación del Estado de Israel en 1948 se produjo la Primera Guerra Árabe-Israelí en el que todos los países árabes formron una Liga para tratar de liquidar la existencia de un Estado Judío en Palestina, pero gracias a la superioridad bélica, los judíos derrotaron a los países de la Liga Árabe.
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- En 1956 tras negociar con Reino Unido y Francia (crisis de Suez) Israel llevó a cabo un golpe preventivo contra Eigpto, país líder dentro del mundo árabe, con la ocupación de la franja de Gaza y la península del Sinaí.
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- En 1967 al extenderse los rumores de una nueva ofensiva de los ejércitos de la República Árabe Unida y Jordania contra ellos, el Ejército de Israel encabezado por Moshe Dayan se adelantó a sus adversarios y en tan sólo seis días las tropas israelíes lograron asestar golpes decisivos contra los árabes.
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Concluida la guerra de Yom Kippur en 1973, Estados Unidos y la Unión Soviética se esforzaron por lograr la distensión en Oriente Próximo. La ‘diplomacia viajera’ del ministro de Exteriores de Estados Unidos Henry Kissinger desembocó en la firma de un tratado para el repliegue por parte de los ejércitos árabe israelí, que preveía entre otras cosas la retirada de los soldados de los territorios en disputa.
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LA VENGANZA
Los países exportadores de petroleo a occidente encabezados por Libia, Abu Dhabi y Kuwait (miembros de la OPEP) anunciaron que reducirían el nivel de petroleo que vendían a Europa y Estados Unidos encareciendo su precio como represalia por su apoyo al Estado de Israel.
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10 Octubre 1973
Ideología y guerra en oriente medio
Se dice que a nadie ha sorprendido el actual conflicto en el Oriente Medio. Así es, en efecto. En todo caso, habrá sorprendido la manifiesta unidad de los pueblos árabes, impensable hace tan sólo unos meses o, cuando menos, desconocida a ojos de los observadores occidentales. Ocurre, al parecer que Israel va llevando la peor parte en el conflicto armado. La cuestión es más seria de lo que parece, entre otras cosas, porque pone de relieve que los planteamientos en Oriente Medio han saltado, cualitativamente, de plano. Decía el profesor braileño Josué de Castro, recientemente fallecido que los problemas mundiales no tendrían solución hasta que la actual economía de guerra, en que se sustentan las grandes potencias, se cambie por una economía de paz, encaminada a resolver los temas pendientes en que la humanidad polariza su angustia. Esto es así, en efecto, pero habría que preguntr al profesor Josué de Castro si esa modificación sustantiva puede hacerse con orfandad ideológica, sin otras muletas que buenos y pacíficos propósitos. En principio, no parece que esto sea posible.
La cuarta guerra semítica se nos aparece fundamentalemnte, como una disputa ideológica afirmada en pleitos territorials y geopolíticos. El avance árabe supone una deflación de la presencia occidental, simbolizada por Israel. Sea cual fuere el final de la conteinda, lo que resulta obvio es que los países árabes han dejado de ser colonias; ése es su gran mérito, independientemente del final de la peripecia concreta. El polvorín reciente de Vietnam resuelto merced a la avenencia entre una ideología y un imperialismo, se traslada ahora a Oriente Medio, donde el pleito es poco más o menos igual. Hablar de socialismo en los países árabes acaso sea confundir de principio cualquier mentalidad occidental; debe entenderse que no estamos hablando de Hegel. Pero debe entenderse, también, que sí estamos hablando de solidaridad entre pueblos hasta ahora sometidos al control de los poderosos. Puede decirse que el gestor principal de esta maniobra que ha desembocado en el enfrentamiento se debe a Sadat, quien ha sido acusado no pocas veces de conservador y derechista; lo bien claro es que los árabes vislumbran ahora, por primera vez desde 1948, una ocasión de afirmarse frente a Wall Street y la City. De buscar su independencia y la realidad de una soberanía que hasta ayer les había sido negada. No es casual que se perciba como un anhelo de estar presentes en esta operación. Egipto, Siria, Kuwait, Marruecos, Argelia, Líbano, Libia… es toda la teoría de la emergencia árabe la que combate contra Israel, a quien nadie niega, por otro lado, su heroísmo y su coraje.
Ni su significado, por supuesot, Israel es la cifra de que Oriente sigue siendo una potencia del capitalismo. Lo movimientos políticos de los pueblos árabes, el deseo de que la soberanía llegue por vías solidarias, genuinas a la indiosincracia de susggentes. De pronto, los países árabes se han desperezado y han mostrado como se puede comenzar una empresa de independencia sobre sus propias fuerzas. Tampoco es causal que traten de afirmarse contra el imperialismo, contra la colonización política (y sobre todo económica) de uss antiguas metrópolis. De la impresión de que la legendaria figura del coronel Lawrence de Lawrence de Arabia está de más en ese escenario de conflagración y lucha.
Los que no están de más, por supuesto, son los palestinos. En el fondo, en ellos radica el nudo de la cuestión. Ellos son el objeto sustantivo del pleito. Porque sobre ellos, al fin y a la postre, ha recaído el máximo rol de injusticia y expoliaciones. Consecuentemente, ellos son en el mayor grado pensable la instancia objetiva de la revolución en el Oriente Medio. En sus filas militan con matices diversos, desde puras actitudes socialistas hasta planteamientos fascistas. No importa mucho. Lo que está clara es su necesidad. Y su razón de unidad capaz, acaso, de dotar de ideología coherente y transformación a un mundo que está demostrando contra todo pronóstico, que empieza a estar despierto.
PUEBLO
El Análisis
En la quietud solemne del Yom Kippur de 1973, cuando Israel se recogía en oración y ayuno, dos dictadores árabes —Anwar el-Sadat en Egipto y Hafez al-Assad en Siria— decidieron que era el momento perfecto para intentar de nuevo lo que ya había fracasado en 1948, 1956 y 1967: borrar del mapa al Estado de Israel. El ataque por sorpresa fue demoledor. Las tropas egipcias cruzaron el canal de Suez con determinación y los sirios se adentraron con fuerza en los Altos del Golán. Israel, confiado en su invulnerabilidad tras la victoria relámpago de la guerra de los Seis Días, tardó 48 horas en reaccionar. Pero cuando lo hizo, lo hizo a lo Moshe Dayán: con fuerza, con táctica y con apoyo aéreo estadounidense.
La contraofensiva israelí acabó cercando al Tercer Ejército egipcio y dejando a las puertas de Damasco a las tropas hebreas. Sadat y Assad intentaron vender la guerra como una «victoria moral» para sus pueblos, pero el mapa no miente: el Estado de Israel no sólo no desapareció, sino que volvió a demostrar que la unidad del mundo árabe no es suficiente cuando no hay una estrategia que resista más allá del primer envite. Para colmo, vino la venganza petrolera de la OPEP, que castigó a Occidente por su apoyo a Israel con una subida sin precedentes en los precios del crudo, inaugurando una nueva era de tensiones económicas globales.
La guerra de Yom Kippur fue, al final, el canto del cisne del panarabismo militarista. Sadat, quizás consciente de que no habría una quinta guerra que ganaran, acabó firmando la paz con Israel pocos años después. Y mientras la URSS armaba a unos y EE.UU. abastecía a otros, Henry Kissinger tejía desde los pasillos diplomáticos lo que los cañones no podían resolver. En Oriente Próximo, la tregua nunca es del todo tregua, pero la guerra de 1973 dejó una lección clara: los días de intentar destruir a Israel por la fuerza estaban llegando a su fin.
JF Lamata