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En protesta por la ayuda de Occidente, en especial Estados Unidos, a Israel, los países árabes exportadores de petroleo decidieron subir el precio desatado una crisis de escala internacional

Guerra de Yom Kipur: Israel logra vencer a Egipto y a Siria, pero desata el conflicto del petroleo

HECHOS

  • Aprovechando la festividad judía de Yom Kipur, tropas de Egipto y Siria trataron de invadir Israel, pero fueron derrotados por el ejército hebreo.
  • Como respuesta a la ayuda de Estados Unidos y Occidente a Israel, los países árabes anunciaron que reducirían su exportación de petróleo.

GANADORA DE LA CONTIENDA:

golda_meir_71 Golda Meir, primera ministra de Israel, logró que las tropas judías no sólo evitaran la invasión árabe sino ampliaran su territorio, aunque las presiones internacionales motivadas por la ‘crisis del petróleo’ le impidió aumentar la contraofensiva.

PERDEDORES DE LA CONTIENDA:

Sadat El dictador de Egipto, Anwar el Sadat, fue el principal cabecilla del intento de invasión de Israel aprovechando la festividad judía de Yom Kipur. Su objetivo de hacer desaparecer el Estado e Israel fracasó. Tras su derrota fue moderando su actitud hacia Israel.

assad El dictador de Siria, Hafez al Assad, apoyó totalmente la invasión de Israel y mandó a sus tropas para que lucharan contra las de Egipto, repitiéndose así la alianza egipto-siria de ‘La Guerra de los Seis Días’, a pesar de que para ese momento ya no existía ‘la República Árabe Unida’. Al contrario que Egipto, Siria mantendría una política de hostilidad total hacia la existencia de Israel

LA VENGANZA

Los países exportadores de petroleo a occidente encabezados por Kuwait anunciaron que reducirían el nivel de petroleo que vendían a Europa y Estados Unidos encareciendo su precio como represalia por su apoyo al Estado de Israel.

10 Octubre 1973

Ideología y guerra en oriente medio

PUEBLO (Director: Emilio Romero)

Se dice que a nadie ha sorprendido el actual conflicto en el Oriente Medio. Así es, en efecto. En todo caso, habrá sorprendido la manifiesta unidad de los pueblos árabes, impensable hace tan sólo unos meses o, cuando menos, desconocida a ojos de los observadores occidentales. Ocurre, al parecer que Israel va llevando la peor parte en el conflicto armado. La cuestión es más seria de lo que parece, entre otras cosas, porque pone de relieve que los planteamientos en Oriente Medio han saltado, cualitativamente, de plano. Decía el profesor braileño Josué de Castro, recientemente fallecido que los problemas mundiales no tendrían solución hasta que la actual economía de guerra, en que se sustentan las grandes potencias, se cambie por una economía de paz, encaminada a resolver los temas pendientes en que la humanidad polariza su angustia. Esto es así, en efecto, pero habría que preguntr al profesor Josué de Castro si esa modificación sustantiva puede hacerse con orfandad ideológica, sin otras muletas que buenos y pacíficos propósitos. En principio, no parece que esto sea posible.

La cuarta guerra semítica se nos aparece fundamentalemnte, como una disputa ideológica afirmada en pleitos territorials y geopolíticos. El avance árabe supone una deflación de la presencia occidental, simbolizada por Israel. Sea cual fuere el final de la conteinda, lo que resulta obvio es que los países árabes han dejado de ser colonias; ése es su gran mérito, independientemente del final de la peripecia concreta. El polvorín reciente de Vietnam resuelto merced a la avenencia entre una ideología y un imperialismo, se traslada ahora a Oriente Medio, donde el pleito es poco más o menos igual. Hablar de socialismo en los países árabes acaso sea confundir de principio cualquier mentalidad occidental; debe entenderse que no estamos hablando de Hegel. Pero debe entenderse, también, que sí estamos hablando de solidaridad entre pueblos hasta ahora sometidos al control de los poderosos. Puede decirse que el gestor principal de esta maniobra que ha desembocado en el enfrentamiento se debe a Sadat, quien ha sido acusado no pocas veces de conservador y derechista; lo bien claro es que los árabes vislumbran ahora, por primera vez desde 1948, una ocasión de afirmarse frente a Wall Street y la City. De buscar su independencia y la realidad de una soberanía que hasta ayer les había sido negada. No es casual que se perciba como un anhelo de estar presentes en esta operación. Egipto, Siria, Kuwait, Marruecos, Argelia, Líbano, Libia… es toda la teoría de la emergencia árabe la que combate contra Israel, a quien nadie niega, por otro lado, su heroísmo y su coraje.

Ni su significado, por supuesot, Israel es la cifra de que Oriente sigue siendo una potencia del capitalismo. Lo movimientos políticos de los pueblos árabes, el deseo de que la soberanía llegue por vías solidarias, genuinas a la indiosincracia de susggentes. De pronto, los países árabes se han desperezado y han mostrado como se puede comenzar una empresa de independencia sobre sus propias fuerzas. Tampoco es causal que traten de afirmarse contra el imperialismo, contra la colonización política (y sobre todo económica) de uss antiguas metrópolis. De la impresión de que la legendaria figura del coronel Lawrence de Lawrence de Arabia está de más en ese escenario de conflagración y lucha.

Los que no están de más, por supuesto, son los palestinos. En el fondo, en ellos radica el nudo de la cuestión. Ellos son el objeto sustantivo del pleito. Porque sobre ellos, al fin y a la postre, ha recaído el máximo rol de injusticia y expoliaciones. Consecuentemente, ellos son en el mayor grado pensable la instancia objetiva de la revolución en el Oriente Medio. En sus filas militan con matices diversos, desde puras actitudes socialistas hasta planteamientos fascistas. No importa mucho. Lo que está clara es su necesidad. Y su razón de unidad capaz, acaso, de dotar de ideología coherente y transformación a un mundo que está demostrando contra todo pronóstico, que empieza a estar despierto.

PUEBLO

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