2 noviembre 1930

Haile Selasie I ‘negus’ se convierte oficialmente en emperador ‘rey de reyes’ de Etiopía

Hechos

El 2.11.1930 Haile Selasie fue coronado.

Lecturas

El ras Tafari Makonnen fue coronado el 2 de noviembre de 1930 como emperador y rey de reyes de Etiopía, con el nombre de Jaile Selasie I. Tafari Makonnen ha gobernado el país desde 1917, como regente, en nombre de su tía la emperatriz Zawditu. Hace dos años, se adjudicó el título de negus, que ahora ha ratificado con su coronación, tras el fallecimiento de su tía.

La coronación del negus Haile Selasie I ha sido majestuosa.

Su entronización no hará en este aspecto más que reforzar su papel al frente del Estado. Desde que inició la regencia en 1917, ha dado muestras más que suficientes de su política prooccidental. En 1923 Etiopía ingresó en la Sociedad de Naciones y un año después se adhirió al pacto Briang-Kellogg, al tiempo que era abolida la constitución.

Ahora se propone promulgar una constitución de tipo occidental para asegurar su trono.

En 1936 Haile Selasie fue depuesto por el régimen de Mussolini, de Italia. 

El Análisis

Haile Selassie I: el León de Judá entra en escena

JF Lamata

El 2 de noviembre de 1930, Etiopía vivió una de las ceremonias más fastuosas de su historia reciente: la coronación de Ras Tafari Makonnen como emperador Haile Selassie I, “Rey de Reyes”, “León conquistador de la tribu de Judá”, descendiente directo, según la tradición, del rey Salomón y de la reina de Saba.

La entronización no fue un simple acto protocolario: fue la confirmación de un liderazgo que, en la práctica, llevaba ya trece años en manos del nuevo monarca. Desde 1917, Tafari ejercía como regente en nombre de su tía, la emperatriz Zawditu, y desde 1928 ostentaba el título de negus, preparando el camino para un reinado que prometía cambios.

Su trayectoria hasta la fecha ha estado marcada por un claro viraje hacia Occidente. En 1923 consiguió que Etiopía ingresara en la Sociedad de Naciones, y un año más tarde firmó el Pacto Briand-Kellogg, alineando al viejo imperio africano con las grandes potencias en el ideal de renunciar a la guerra como instrumento político. Paradójicamente, lo hizo mientras abolía la antigua constitución, en un esfuerzo por centralizar su poder.

Ahora, su promesa es otra: dotar a Etiopía de una constitución de corte occidental. Si lo logra, romperá siglos de aislamiento y de gobierno feudal, modernizando un país que, a pesar de su historia milenaria y su linaje imperial, ha permanecido en buena medida ajeno a los vientos políticos que han transformado otras naciones.

Haile Selassie I hereda un trono cargado de simbolismo, pero también un reto colosal: mantener el equilibrio entre las tradiciones que lo legitiman y las reformas que podrían consolidar su poder en un mundo que se asoma a una nueva década marcada por la incertidumbre.

El León de Judá ha rugido; queda por ver si podrá guiar a su pueblo hacia un futuro tan majestuoso como su coronación.

J. F. Lamata