22 mayo 1981

La izquierda denuncia presiones del Gobierno de UCD

Iñaki Gabilondo destituido como director de informativos de TVE tras emitir un informe sobre la crisis económica con parados falsos

Hechos

El 22 de mayo de 1981 el Director General de RTVE, D. Fernando Castedo, decidió la destitución de D. Iñaki Gabilondo como director de informativos.

Lecturas

El 20 de mayo de 1981 se emitió en el Telediario un reportaje sobre el paro en Teba, Lebrija y Puertoserrano,

La puntilla final a la etapa de Iñaki Gabilondo Pujol como director de Informativos de TVE comenzaría con el reportaje de los ‘parados falsos’. El miércoles 20 y el jueves 21 de mayo de 1981 se emite un reportaje sobre el paro en dos piezas realizados por Fernando de Giles Pacheco, que termina de hartar a los miembros de UCD, convencidos de que Iñaki Gabilondo Pujol trabaja abiertamente contra su partido. En aquel reportaje se presentaban a ciudadanos de pequeños pueblos como Lebrija, Puertoserrano o Teba que aseguraban estar en paro y, prácticamente, muriéndose de hambre por culpa de la gestión del gobierno de la UCD. El problema es que algunas de las personas que aparecieron en TVE asegurando ser parados, no eran tales. En el curso del programa un hombre de Teba, que aseguraba ser un parado y hacía campaña abiertamente a favor de la izquierda diciendo que un gobierno de izquierdas no permitiría ese abandono, y que si las cosas seguían así muchos se pensarían si recurrir a las armas, resultaba ser titular de un comercio junto a su esposa en el citado pueblo y era propietario de una casa valorada en dos millones de pesetas, mientras que su mujer era propietaria de dos pisos en Teba. El hombre de Teba aseguraría que había participado en el programa sobre el paro y había mentido “por solidaridad” con los que sí estaban en paro de verdad.

Otro de los ‘parados’ del programa que aseguró estar viviendo una desesperación especial, identificado como José Ignacio Suárez Delgado, manifestó ante las cámaras de Fernando de Giles Pacheco de TVE ‘ser padre de diez hijos” que se estaban muriendo de hambre. La realidad es que solo era padre de dos, y que tampoco estaba en paro en el momento de la grabación. También recurrió a una defensa similar: “Todo el mundo dice rollos ante la televisión y no veo por que no los voy a decir yo”. La lista de parados falsos siguió apareciendo en prensa conforme avanzaban las horas: Braulio ‘el carpintero’ dijo que no se podía vivir y estaba muerto de hambre… aunque gana dinero y acaba de estrenar un coche. Ezequiel Alonso, dijo que era parado y es empleado fijo en una empresa agropecuaria, Cesaréo Pérez, que dijo que estaba ahogado de impuestos, tiene una ganadería que no parecía ir mal, Pablo Sánchez García, que se presentó como parado, resulto ser el responsable máximo del PCE y CCO en Fuentelapeña. El ABC aprovechó para publicar un editorial contra toda la televisión pública a raíz de la pieza de parados falsos y reivindicar una televisión privada. Rafael García Serrano en El Alcázar publicaba una nota para cachondearse del programa con el estilo de prosa que sólo el sabía tener.

 El periodista D. Fernando de Giles realizó un reportaje para TVE sobre el paro que presentaba a España con un país asolado por la crisis económica. Entre los supuestos parados que participaron uno llegó a decir que tenía diez hijos y no tenía nada para darles de comer y otro que si la izquierda no tomaba el poder y si seguía UCD habría que recurrir a las armas porque la situación era insostenible. El reportaje terminaría siendo una fuerte polémica cuando el diario YA denunció que el reportaje había usado parados falsos.

Fernando de Giles Pacheco se defendió en sendas cartas publicadas en prensa los días 20 de junio de 1981 (en el Ya) y el 23 de junio de 1981 (en Diario16) negando que su documental estaba manipulado, asegurando que si un ciudadano se plantaba ante su cámara y aseguraba tener 10 hijos o estar en paro de manera falsa, era imposible para él poder acreditarlo y recordando los muchos datos reales que se dieran en la pieza. El periódico Ya llevó el tema a su portada con una sola palabra sobre la actitud del programa de Giles Pacheco en TVE: ‘Fraude’.

“Con cosas así no voy a poder seguir protegiéndote”, es el mensaje que Pío Cabanillas Gallas hace llegar a Fernando Castedo Álvarez ante este suceso. Cuando Castedo es notificado de que Iñaki Gabilondo Pujol había emitido aquellas piezas (que se emitían como suplemento después del SuperTelediario) sin haberlas visionado anteriormente, entiende que este ha cometido un error que hace imposible sostenerlo y lo destituye ese 22 de mayo de 1981. Se evidenciaban las dificultades de concentrar en una misma persona las labores de presentación y dirección de todos los informativos. Gabilondo contaba con una clara solidaridad desde los medios de comunicación que consideran que Castedo sacrifica a Gabilondo para intentar mantenerse en su puesto. El mismo día de su cese el director de El País Juan Luis Cebrián Echarri participa en ‘La Clave’ desde donde hace un alegato en favor de Gabilondo Pujol, siendo la primera vez que ante las cámaras de TVE, se analiza la situación de TVE. El día 23 de mayo de 1981 es Pedro J. Ramírez Codina el que dedica su portada a respaldar a Gabilondo Pujol y a denunciar que ha sido el propio presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, el que ha pedido su cabeza. La dirección de informativos quedaba temporalmente en manos de Pedro Erquicia López de Montenegro.

Fernando Castedo Álvarez defendería en el Congreso de los Diputados y ante una asamblea de trabajadores su decisión de echar a Gabilondo Pujol, asegurando que no se arrepentía “por el desenfoque de una funcionalidad que tenía asignada” y lo único que lamentó de aquello fue que Gabilondo Pujol rechazara su propuesta de ocupar otro cargo en RTVE. Gabilondo tomó la decisión de que si era despedido como director de informativos no permanecía en la casa pública ni un minuto más.

Pio_Cabanillas_Gallas  El dirigente de la Unión de Centro Democrático, D. Pío Cabanillas Gallas, fue señalado como el responsable de presionar desde el partido al Gobierno Calvo Sotelo para que exigiera ‘reconducir’ la línea izquierdista de TVE, una reconducción que pasaba por destituir a D. Iñaki Gabilondo como Director de Informativos.

Gabilondo Pujol defendía que su gestión había buscado la neutralidad, pero las reacciones políticas no parecen respaldarlo. El mismo día en que se conoce su cese, los partidos que le respaldan son, precisamente, los de izquierda, PSOE y PCE. “Estoy en contra, en principio de los ceses que se produzcan en razón del ejercicio de la libertad de expresión” (Gregorio Peces-Barba, PSOE). “Plena solidaridad y apoyo al cesado ante una medida injustificable y más propia de lamentables tiempos pasados” (Enrique Curiel, PCE). Y, en cambio, los partidos del centro-derecha, UCD y Alianza Popular, son más comprensivos hacia el cese. “Se trata de una decisión del director general del ente público en el ejercicio de sus funciones” (Juan Díaz Nicolás, UCD). “Los programas sobre la OTAN y el paro emitidos por RTVE no respondieron a una objetividad (…), no se puede alarmar a la población en la forma en que lo hicieron” (Manuel Fraga, Alianza Popular). Lo cual, inevitablemente, delata una tendencia.

A Giles Paheco, principal responsable del reportaje de los parados falsos, lo que más le molestó fue que el vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra González, se preguntara, en la emisión de ‘La Clave’ del 22 de mayo de 1981 si tal vez el reportaje de los parados falsos había sido una maniobra de la ultraderecha para dañar la imagen de Iñaki Gabilondo, amparándose en que Giles Pacheco había trabajado en el pasado para El Alcázar y en la participación de Irazazabal, al que Guerra también vinculaba con el derechismo. También a Guerra le dedicó Giles Pacheco una réplica, en este caso en una carta abierta publicada en La Hoja del Lunes del 25 de mayo de 1981 negando esa acusación. En su despedida Gabilondo se preguntaba a sí mismo “hasta qué punto este episodio es un hecho aislado, derivado de mis propios errores y desmesuras, o es la derrota de la independencia profesional frente a las presiones del poder político”. Le quedaría el consuelo de, años después, cuando reinaba en la radio como locutor estrella en la SER, un día en que comía con Leopoldo Calvo Sotelo para proponerle una colaboración el político comenzaba el encuentro con un ‘antes de que digas nada, quiero pedirte disculpas por lo que pasó entonces”, en referencia a su destitución en aquel mayo de 1981.

CeseGabilondo_print  El periódico DIARIO16, dirigido por D. Pedro J. Ramírez señaló abiertamente al Gobierno Calvo Sotelo como el responsable de la destitución del directivo de TVE.

23 Mayo 1981

Cerco a la libertad

EL PAÍS (Editorialista: Javier Pradera)

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La jupetariana destitución de Iñaki Gabilondo como director de los servicios informativos de Televisión Española es un síntoma más de esa preocupante combinación de temores, vacilaciones y apologías del mal menor que está configurando los comportamientos del Gobierno desde el 23 de febrero. En el momento de la designación de Fernando Castedo como director general del Ente Público RTVE saludamos en un editorial -titulado El coraje de Castedo- el valor político del candidato al aceptar ese difícil cargo. Parece probable, sin embargo, que las agitadas semanas que siguieron a su nombramiento hayan desatado tal huracán de presiones y amenazas sobre Fernando Castedo que sus reservas de aguante moral y de resistencia cívica hayan quedado exhaustas. De otra forma, resultaría inexplicable el cese fulminante, sin explicaciones previas al afectado, a un profesional de la información que, con la inevitable dosificación de aciertos y de errores que acompaña cualquier comienzo, había sacado los servicios informativos de Televisión Española del hieratismo, la momificación, el oficialismo, la propaganda y la censura, para tratar de conducirlos a los niveles medios de la Prensa y de la radio privadas. No faltarán, sin duda, quienes establezcan una forzada analogía entre la destitución de Iñaki Gabilondo y aquel aparatoso cese de Pío Cabanillas como ministro de Información, en el otoño de 1974, acusado de intolerables excesos en la política aperturista de su departamento.Resultaría sencillamente impertinente entrar en una valoración particularizada de la labor realizada por Iñaki Gabilondo desde el 20 de abril pasado, fecha en la que inició la renovación de los espacios informativos de Televisión Española. Los célebres cien días que exigen los políticos que acceden al poder para que sus actos sean juzgados serían el plazo mínimo de cortesía que podría haber reclamado el director de los informativos de Televisión Española para que se hiciera balance de su tarea. Iñaki Gabilondo, por lo demás, no es un gris funcionario que haya accedido a un cargo de elevada responsabilidad gracias a ese inflexible ascensor que es el escalafón, sino un profesional joven que fue requerido para desempeñar ese puesto en función de su brillante historial en las radios de la Cadena SER. Todo el mundo sabe que las empresas privadas sitúan los listones para la promoción de sus empleados mucho más altos que la inercial, complaciente y mecánica Administración pública, y que la carrera profesional de periodista radiofóníco de Iñaki Gabilondo se debe exclusivamente a los méritos que demostró en un mercado de trabajo altamente competitivo.

En cualquier caso, es un hecho indiscutible que la programación informativa de Televisión Española desde hace unas semanas había levantado el techo informativo del monopolio estatal hasta una altura casi comparable, en algunos aspectos, con la de los medios de comunicación privados, pero en modo alguno superior. Resultaría, así, que el Gobierno, resignado por el momento a que la sociedad letrada ejerza su derecho constitucional a la información, se resiste a la idea de que los ciudadanos inhabituados a los periódicos se enteren de lo que ocurre en el país y en el mundo en el que viven como sus compatriotas más cultos. Conscientes, de que la información es poder, nuestros gobernantes no parecen dispuestos a distribuirlo entre los españoles, abocados de esta forma a continuar siendo súbditos y no llegar nunca a la condición de ciudadanos. Para conseguir ese objetivo, el poder ejecutivo no tiene otra vía que la filtración, la manipulación o la supresión pura y simple de la información, justificada desde la mala conciencia o desde el cinismo con pretextos de alta política o de razón de Estado, en la televisión y, de resultarle posible, en todos los medios de comunicación. Sin embargo, la Constitución, a la que «los poderes públicos están sujetos» en el mismo grado que el resto de los ciudadanos, establece taxativamente que no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa, ni siquiera durante los estados de excepción y de sitio, el ejercicio de los derechos a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión.

Mucho nos tememos, por lo demás, que esa cabeza que ahora se ha hecho rodar no salve, a corto o medio plazo, la de sus propios vendugos. Porque quienes interioricen el programa mínimo del golpismo no sólo no lograrán defender las instituciones democráticas, sino que, con sus debilidades, medias tintas, temores y transacciones, sólo conseguirán vaciar por dentro el edificio del pluralismo y del régimen constitucional Y dejar su fachada dispuesta para decorar un sistema autoritario.

23 Mayo 1981

Iñaki Gabilondo

DIARIO16 (Director: Pedro J. Ramírez)

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En el mismo momento en que empezábamos a pensar que la defensa de su continuidad como director general de Televisión era una causa noble y democrática, Fernando Castedo nos ha demostrado, grosera y aresivamente lo contrario.

Su pusilánime reacción cesando a Iñaki Gabilondo como director de los servicios informativos el a del burócrata asustado que vende a quien haya que vender pos salvar el propio pellejo.

Castedo ha entregado la cabeza del Bautista para conservar la suya intacta. Nada le distingue ya de los siniestros personajes que desde ciertos entornos centristas intrigaban por derrocarle. Cualquiera de ellos hubiera tenido, incluso, más coraje para defender a su equipo hasta el final.

Después de sus declaraciones de ayer a RADIO NACIONAL, cada día que transcurra con Castedo al frente del ente público constituirá un insulto para todos los peridistas de este país.

Con esa salmodia de funcionario santurrón encargado de velar por las esencias del régimen a que nos tenían acostumbrados algunos de sus predecesores Castedo tuvo la osadía de pretender darnos lecciones de ética profesional, distinguiendo la información de la crispación, y la libertad de la irresponsabilidad. Enseguida quedó claro que las noticias agradables para su partido y para sus jefes son modelo de información libre, y las novedades poco gratas – verbigracia, la rampante escalada del paro – ejemplo de crispación irresponsable.

U com guinda de pastel se atreve a justificar su mezquina claudicación en el contexto de una cncepción de la política como servicio a España. ¿Hasta cuando seguirán invocando el nombre de la Patria en vano estos nefatos profesionales de la polstrona que en nada creen más que en el poder y en la medalla?

El gran pecado de Gabilondo ha sido ir de desnudo periodista por la vida. Durante veinte años había demostrado ser un hombre independiente – sin otro credo que la búsqueda de la verdad – cuya gran categoría emanaba de su profundo amór a la profesión. Cuando le nombraron responsable de la información televisiva nos sentimos gratificados, porque al reconocerse así su valía quedaba premiada toda una camada de periodistas que había alcanzado la madurez en la defensa de la consolidación del sistema democrático.

No es cuestión de hacer alardes de capacidad premonitoria en esta hora amrga de la decepción y la derrota, pero cuando hace un mes y dos días saludamos con esperanza el comienzo de la nueva etapa de los informativos, también advertíamos: «Mucho nos tememos que si Iñaki Gabilondo y compañía aguantan el tipo, serán los partidos políticos, las centrales sindicales, los famosos poderes fácticos y demás grupo de presión estamental quienes le rallen».

SObraba el condicional. Gabilondo ha aguantado el tipo – en sólo cuatro semenas el techo informativo de TVE había empezado a ser otro – y los pol´tiicos no han sido capaces de asumir el envite.

Tal vez ahora el Partido Socialsita termien de convencerse de que, también en la pequeña pantalla, epl pluralismo es la única garantía de la libertad. Si así sucede, lasi lusiones profesionales de Iñaki Gabilondo – del que, especialmente hoy, tan cerca nos sentimos – no habrán sido desparramadas en vano.

17 Junio 1981

Mentiras enlatadas

ABC (Director: Guillermo Luca de Tena)

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El súbito cese de un directivo de TVE [Iñaki Gabilondo] desencadenó recientemente el griterío de las plañideras nacionales. Al parecer, se había sacrificado al primer hombre que trataba de decir la verdad, demostrar a España sin maquillajes dulcificadores. El sacrificado se convertía en un mártir de la sinceridad. Los sacrificadores eran los hipócritas de siempre, que quieren mantener al pueblo aherrojado con una capa de mentiras. Por vez primera – se gritó en centenares de artículos – alguien hablaba del paro sin engañadoras estadísticas dejando a los parados hablar y decir su palabra verdadera. Era esta verdad la que escocía. Era esa audacia de ser honesto la que pagaba el informador cesado.

Han pasado unas semanas. Y ha bastado que otro periodista se acercase a los pueblos donde se rodó el controvertido reportaje para demostrar que en el famoso informe no había otra cosa que una cadena de mentiras hábilmente cosidas y servidas. El ‘parado’ de Salobreña que explicaba su angustia para alimentar a sus diez hijos resultaba tener dos en realidad y no estar parado en absoluto. Un segundo que explicaba con palabras terribles su hambre y su desmoralización tenía un sueldo de 70.000 pesetas fijas. Otros tenían varias casas, comercios, furgonetas, pisos en lugares de veraneo…

Luego el periodista se trasladaba al otro pueblo entrevistado en el reportaje. Y resultaba que el vecino de Fuentelapeña que decía que ‘no se podía vivir y que él estaba muerto de hambre’ estrenaba coche nuevo a los ocho días de ser entrevistado; que quienes clamaban estar ahogados por los impuestos poseían negocios florecientes; que prácticamente ninguno de los parados que la pantalla nos servía lo era en realidad y que incluso en el montaje la mano piadosa del director había cortado las frases optimistas que ellos habían dicho sobre lo que en su pueblo se hacían para combatir el paro.

La historia, no puede ser más triste. ¿Quién miente? ¿Quién engaña? ¿Cómo quejarse de una censura que amordaza la verdad cuando la verdad ya ha sido previamente amordazada por los realizadores?

Lo desconcertante es que el problema del paro es en España demasiado angustioso como para que haya que recurrir a parados de mentirijillas a los que se ha ensayado el papel lacrimógeno previamente escrito por un listo. Lo desconcertante es que hechos como éste hacen a los parados auténticos un daño infinito, ya que crean en la comunidad una postura de desconfianza hacia ellos y hacia el problema en sí.

Siempre nos opondremos a que los censores censuren la verdad. Pero antes será necesario que nadie quiera vendernos como verdades lo que son en realidad mentiras enlatadas.

El Análisis

EN EL PEOR MOMENTO

JF Lamata

Iñaki Gabilondo era el primer director de Informativos de TVE que simultaneaba ese puesto con el de presentador del Telediario estrella de las 21:00, esa era su excusa para no haber visionado antes de emitirlo, el reportaje sobre los parados falsos de Fernando de Giles, pero no podía ser en peor momento.

Gran parte de la UCD estaba cada vez más convencida de que la RTVE de Fernando Castedo e Iñaki Gabilondo trabajaba al servicio del PSOE; que el nombramiento de Castedo había sido un gol que le marcaron los socialistas a Adolfo Suárez y que Leopoldo Calvo-Sotelo debía «corregir» ese error. Castedo trataba de convencer al presidente Calvo-Sotelo de que él era un director general neutral y justo en ese momento se emitía el reportaje de los parados falsos.

La destitución de Gabilondo, por tanto, era una medida imprescindible para Castedo, si quería tratar de seguir al frente de RTVE. Aunque eso supusiera echarse de enemigos a los muchos amigos que tenía Gabilondo en prensa, como el director de DIARIO16, Pedro J. Ramírez, que cargó contra Castedo con duros insultos desde su periódico.

J. F. Lamata