22 septiembre 2019
Más reducción de votos para Podemos y Pablo Iglesias
Iñigo Errejón decide que Más Madrid se presente a las elecciones generales como ‘Más País’ con el apoyo de Compromís
Hechos
El 22.09.2019 D. Íñigo Errejón anunció que Más Madrid se presentaría a las elecciones generales encabezando la plataforma Más País.
Lecturas
Ante el relativo éxito que ha supuesto la plataforma de fundó en Madrid con el nombre de ‘Más Madrid’ en enero de 2019, que logró más votos que Podemos en la Comunidad de Madrid en las últimas elecciones madrileñas, D. Íñigo Errejón funda en septiembre de 2019 la marca ‘Más País’ con el objetivo de intentar trasladar su modelo a nivel nacional.
D. Íñigo Errejón no oculta su crítica a la evolución de Unidas Podemos.
La estrategia de Más País con cuenta con el apoyo de la alcaldesa de Madrid, Dña. Manuela Carmena, retirada de la política desde que perdió la alcaldía, ni con alguno de los dirigentes clave de Más Madrid como Dña. Clara Serra, que también anuncia su retirada política.
Más País logrará representación, pero con resultados discretos, ante lo cuál se integrará en la plataforma Sumar.
26 Septiembre 2019
Elogio del piolet
Añoro a Manuel Vázquez Montalbán. Y como suelo acudir a él cada vez que necesito refugio lo he hallado en su rechazo al partido religión. Al repudio a la ideología como un elemento de dogmatismo y fe, en lugar de como guía moral de valores y comportamientos que mapeen el devenir vital de cada uno. Así entiendo las ideas políticas, como un elemento superior que trasciende a la estructura organizativa que en un momento determinado de la historia conforma con unas siglas ese proyecto. Dan igual Unidas Podemos, Más País, Compromís, Adelante Andalucía, Equo o lo que queda de En Marea, porque la izquierda existió antes que esas formaciones y seguirá cuando desaparezcan fruto de sus luchas fratricidas. Porque desaparecerán, basta esperar el momento. Son muchos los que ya son polvo del olvido antes que ellos. Que no se crean especiales.
Cuando la conformación ideológica es un ente que flota sobre las siglas del momento existen claves que ayudan a desencriptar los movimientos para encontrar elementos de anclaje ante tanta vanidad. Uno de ellos se basa en la lealtad y el trato al compañero. Un valor superior que contrasta con las luchas intestinas entre hermanos de militancia, endémicas de la política, y que en la izquierda suelen ser más afiladas y a la cabeza. El cuidado elogio del piolet.
Hay pocos elementos que definan mejor a un político y una organización que el trato dado a un vecino de lucha, y los movimientos que se están dando en Compromís, Adelante Andalucía, Equo y algunos elementos de En Marea para renegar de Unidas Podemos y echarse en brazos de Más País o de utilizar su repentina aparición para minar el liderazgo de Iglesias son de una deslealtad y una cobardía que merecen el repudio de cualquiera con un mínimo de sentido de la camaradería. Y que no se sienta libre nadie de responsabilidad, porque igual de desleal fue Pablo Iglesias con una crítica descarnada a concejales de Más Madrid el día previo a las elecciones. No hay enmienda posible.
Es inevitable pensar que la estrategia de unión y confraternidad vivida en 2016 y acogida con alborozo por muchos de los miembros que ahora repudian el proyecto se debía a la posibilidad de alcanzar cuotas de poder para cubrirse el riñón y no para mejorar la vida de la ciudadanía. La vergonzante huida de Unidas Podemos en pequeños grupúsculos que les garanticen seguir viviendo de la política está siendo pudorosa. Comprendan ustedes que no me crea que los anticapitalistas de Andalucía propongan en serio que es posible el 10N un Frente Amplio con Errejón e Iglesias, que no me crea que hubieran hecho un movimiento para ir con sus propias siglas a un mes de las elecciones si Más País no hubiera aparecido, que no me crea que no usan su presencia para debilitar el liderazgo del partido al que pertenecen. Importa el qué, el cómo y el cuándo. El momento y las formas han enseñado las vergüenzas de quien lo propone. Usar su presencia en el panorama político para hacer cuña en la quiebra de lealtades que sufre el liderazgo que no comparten es desleal, por ser amable. No tiene que ver con ideas o estrategias, ni ideario ni doctrina, es algo mucho más mundano.
Si eres militante, si has decidido ser militante de una organización, toca cerrar filas cuando existe una campaña de acoso y derribo a tu partido que, acertada o equivocadamente, lo único que ha hecho es defender su estrategia y no ceder ante el trágala del socioliberalismo. Lo contrario es ser el tonto útil de una burguesía que ha demostrado mucho interés en quitarse de encima a los de Pablo Iglesias. Aunque solo sea por eso. Por no ser un instrumento al servicio del enemigo de clase tocaba ser leal, que no acrítico, a la organización. Porque no es tuya. Es de sus votantes y de la ciudadanía a la que aspira a servir.
Intentar dinamitar una formación con la que compartías espacio y objetivos a solo un mes de los próximos comicios por no estar de acuerdo con una estrategia que nadie se ha atrevido a contestar es un movimiento rastrero. No se puede esperar nada bueno de quien la perpetra. Más País ha decidido presentarse sin deberle ya nada a Unidas Podemos porque hace tiempo que decidieron seguir su camino. Es una decisión legítima y respetable con una estrategia errática, apresurada e incomprensible, es su decisión, pero es preciso desmarcarse de todas esas piezas que compartían espacio y proyecto con el partido de Pablo Iglesias y ahora se turnan para encontrar espacio en las costillas para clavar puñal. No es una cuestión política, de ideas, o estrategias, es de respeto a las relaciones personales fraternales. Las organizaciones se superan pero cuidando al compañero.
Los movimientos serían justificables si al menos se aspirase a lograr un resultado que permita mejorar la vida de la gente. Pero cuando la única aspiración del grupo al que huyes, o utilizas en el último momento, es conformar grupo parlamentario propio cuando el que repudias tiene 42 diputados es más fácil llegar a la conclusión de que las motivaciones son personales. La triste sensación que queda es que los que han estado silentes, cobardes y agazapados dentro de la organización porque creían que fuera hacía mucho frío han empezado a buscar refugio y calor cuando han visto otra opción que les aporte un futuro personal sin importarles la fidelidad a un proyecto colectivo. Y no importa qué partido consideres más idóneo, con cuál te sientes más identificado o cuál crees que tiene mejor estrategia. En el barrio se aprende a que cuando vienen de fuera a por los tuyos, entrelazas los brazos, plantas los pies y muerdes al que toque al de al lado.
28 Septiembre 2019
Errejón acelera la implosión de Podemos
EN APENAS cinco años, Podemos ha pasado de erigirse en una alternativa al PSOE a convertirse en un partido en riesgo de descomposición. El cesarismo de Pablo Iglesias, las sucesivas purgas para apartar a los disidentes, la incoherencia ideológica de un partido que se reivindicaba antisistema y ha acabado implorando cogobernar con los socialistas y el acceso a la casta –vía Galapagar– de unas siglas que nacieron con la voluntad de acabar con los privilegios de la clase política han conducido a Podemos a la irrelevancia y la división interna. El paso dado por Íñigo Errejón para presentar su candidatura a las elecciones del 10 de noviembre no ha hecho más que acelerar el desgarro de Podemos, pero este proceso venía larvándose desde que Iglesias decidió convertir Podemos en una fuerza de carácter populista sin cohesión orgánica, sin un proyecto vertebrador para toda España y con un recetario económico entre suicida y disparatado, que colisiona frontalmente con los más elementales principios de la realidad del mercado.
El desgaste de Podemos se materializó el 28-A –pasó de 71 a 42 escaños– y se confirmó en las autonómicas y municipales, convocatoria en la que vio laminado su poder en algunas de las principales ciudades. Esta sangría es consecuencia del desgaste meteórico que se ha cebado con la formación morada, pero se está viendo agudizada por las fugas a raíz de la decisión de Errejón de saltar a la arena nacional. Equo confirmó ayer su alianza con Más País, provocando el abandono de quien fue su fundador, Juantxo López de Uralde. Con el partido de Errejón también confluirán Compromís y Chunta. Y a ello se suma la decisión de la dirección de Podemos en Murcia de dimitir de sus cargos y pasarse a las filas errejonistas, un duro golpe para Iglesias. Cuestión diferente es la aspiración de Teresa Rodríguez de convertir la marca Adelante Andalucía en el paraguas de las formaciones a la izquierda del PSOE para concurrir a las generales con una única lista en esta comunidad. En todo caso, asistimos a la implosión de Podemos, que acusa los efectos del sempiterno cainismo en la izquierda española, lo que ahondará en la fragmentación de su bloque de cara al 10-N.
Errejón, pese a que su doctrina ideológica se ancla en el populismo bolivariano, irrumpe como una opción pragmática frente al maximalismo de quien un día fue su compañero y amigo. Lo cierto es que se presenta a las generales después de renunciar a ser portavoz de Más Madrid, aunque sin entregar el acta en la Asamblea regional. Esto significa que su sueldo de diputado raso, que asciende a 3.503 euros mensuales, ayudará a pagar su aventura nacional. Es impresentable que los contribuyentes madrileños financien su campaña para las generales. Con el agravante de que, para más inri, tal como reveló EL MUNDO, su absentismo impidió la tramitación de 30 iniciativas en la Cámara madrileña.
Resulta sorprendente que, con este bagaje, Errejón siga teniendo aún algo de crédito en las bases de la izquierda. Pero la realidad es que, aunque también puede pescar votos en el caladero de Pedro Sánchez, su eclosión ha hecho temblar los cimientos de Podemos. La figura de Iglesias se consume por la inoperancia y el arrinconamiento de un proyecto agonizante. La debilidad de una extrema izquierda utópica en lo económico y desleal frente al desafío separatista en Cataluña constituye una excelente noticia para España.
El Análisis
El 22 de septiembre de 2019, Íñigo Errejón anunciaba con entusiasmo la expansión de su proyecto político Más Madrid al ámbito nacional. Bajo la marca Más País, y con aliados como Compromís, Equo o la Chunta Aragonesista, el carismático exnúmero dos de Podemos se proponía replicar el éxito de su formación en las elecciones madrileñas de mayo, cuando logró superar a Unidas Podemos en la región. Pero lo que parecía una promesa de frescura política y diálogo se quedó, al menos en estas elecciones generales, en un susurro electoral.
El balance final no puede ser más descafeinado: dos escaños en el Congreso. Aunque se podría aplaudir que Errejón y su equipo lograran abrirse un hueco en un tablero saturado –un hito que otros intentos como Actúa, de Gaspar Llamazares, nunca alcanzaron–, no hay forma de ocultar que el electorado nacional no vibró con Más País como lo hizo el madrileño. Su estrategia de ser la bisagra amable para un hipotético gobierno del PSOE fue irrelevante en un escenario donde Unidas Podemos seguía siendo el aliado natural de Pedro Sánchez y donde los números de Más País no le otorgaban capacidad de influencia real.
Si algo queda claro de este resultado es que el éxito en Madrid no se exporta fácilmente al conjunto del Estado. Lo que en la Comunidad de Madrid fue visto como una alternativa fresca a la polarización, a nivel nacional se percibió como una opción redundante en el espacio ya abarrotado de la izquierda. Además, la rápida irrupción de Más País careció del tiempo y la estructura organizativa para competir con formaciones más consolidadas.
El intento de Íñigo Errejón de ocupar el espacio que en 2015 llenó Podemos acabó pareciéndose más a la aventura de UPyD que a un relevo de la izquierda transformadora. Aun así, el experimento de Más País deja una lectura interesante: Errejón ha demostrado que, al menos en ciertos territorios, puede resonar con un electorado huérfano de alternativas moderadas y verdes. Eso sí, la gran pregunta que se abre es si Más País puede ser algo más que un actor testimonial en la política nacional o si su destino será el de las plataformas que brillaron brevemente antes de caer en el olvido.
Por ahora, Más País deberá decidir si redoblar esfuerzos en su consolidación como fuerza a medio plazo o asumir que el terreno político de la izquierda ya tiene más inquilinos de los que puede soportar. En cualquier caso, queda claro que las elecciones nacionales de 2019 no fueron la historia de éxito que Íñigo Errejón soñó al dar el salto al tablero nacional.