7 diciembre 1972
El agresor no tenía móvil político a pesar de que la víctima es la esposa del presidente del país, que gobierna desde hace dos meses con poderes dictatoriales
Intento de asesinato con machete de la primera dama de Filipinas, Imelda Marcos, ante las cámaras de televisión
Hechos
El 7.12.1972 la primera dama de Filipinas, Imelda Romualdez de Marcos, fue víctima de agresiones con machete en los brazos.
Lecturas
En septiembre de 1972 Ferdinand Marcos declaró la Ley Marcial que le convirtió en dictador.
Ferdinand Marcos volverá a someterse a un proceso electoral en 1981, considerado fraudulento.
El Análisis
El pasado 7 de diciembre, mientras Imelda Marcos recibía premios caminito a las cámaras de televisión, un geodesta llamado Carlito Dimahilig irrumpió con un machete—o “bolo”—arremetiendo contra la primera dama. Las imágenes, transmitidas en vivo, muestran cómo la propia Imelda se defiende con brazos valientes mientras el agresor cae tiroteado por la guardia, en un acto tan violento como surrealista. El intento de asesinato ocurre apenas tres meses después del autogolpe que transformó a Ferdinand Marcos en dictador de facto. Un golpe justificado por un atentado —más tarde admitido como simulado— contra el ministro Enrile, ahora contrasta con un ataque real… aunque sin claros móviles políticos, más propio de un perturbado aislado.
El episodio ha puesto de relieve algo más que la fragilidad del ritual político filipino: ha encendido el resplandor mediático alrededor de Imelda. Su “resiliencia de acero” —incluso mientras recibía más de 70 puntos de sutura— ha vuelto a capturar la atención del mundo. En España, el periodista Tico Medina no ha dudado en apodarla “la mariposa de hierro”, un sobrenombre que mezcla admiración y crítica por su imagen implacable, su poder informal en Malacañán y su estilo incombustible.
Y mientras el país respiraba agitado por este nuevo capítulo de violencia, queda claro que el escenario filipino sigue siendo un espectáculo cuidadosamente coreografiado. Si primero inventaron un atentado para justificar el poder sin límites, ahora enfrentan uno real en vivo y en directo. Pero el show continúa, y la estrella sigue siendo la misma: Imelda, con su glamour de alto voltaje, defendida por un aparato de Estado que prefiere disparar antes que dejar preguntas sin respuesta.
J. F. Lamata