25 diciembre 1941

El ascenso del imperio del sol parece imparable

Japón invade Hong Kong derrotando a las tropas del Reino Unido

Hechos

Hon Kong capituló el 25 de diciembre de 1941.

Lecturas

Después de entrar en guerra con Estados Unidos al bombardear Pearl Harbor, los japoneses continúan su expansión.

Tras sufrir bombardeos duros y soportar durante semanas el asedio de al menos 38 divisiones del ejército, la guarnición británica de Hong-Kong se rindió hoy a los japoneses. La guarnición ha estado directamente amenazada por los nipones desde 1937, cuando las tropas imperiales completaron su ocupación de China. A causa de la importancia estratégica que posee, Hong-Kong estaba defendida por considerables fuerzas navales, pero su sistema de defensa terrestre ha resultado insuficiente.

A primeras horas de la noche de este 25 de diciembre el gobernador británico de Hong Kong, sir Mark Young, presentó su capitulación ante el general Takaishi Sakai. El final de la batalla era previsible desde el 8 del presente mes, cuando 38 divisiones del XXIII ejército japonés se reagruparon a lo largo del río Cham-Choun; aunque Young dio orden de volar todos los puentes, no consiguió impedir que los japoneses se infiltraran entre las defensas. Poco más tarde, los británicos recibieron la orden de replegarse sobre Kowloon y de evacuar la isla.

La aviación y la artillería japonesa intensificaron sus bombardeos, y el 20 su infantería desembarcó al este de Victoria. Poco antes, los británicos habían rechazado un ultimátum presentado por los atacantes. Aunque la guarnición reforzó sus defensas, la rendición se produjo por la carencia total de pertrechos.

El siguiente paso de Japón será Singapur. 

El Análisis

La caída de Hong Kong, golpe al orgullo imperial británico

JF Lamata

La conquista de Hong Kong por el Imperio del Japón, tras apenas dos semanas de resistencia, constituye uno de los primeros grandes éxitos de Tokio en esta nueva fase de la guerra. La colonia británica, símbolo del poder imperial del Reino Unido en Asia, ha caído el 25 de diciembre de 1941 ante el empuje implacable del ejército japonés, perfectamente disciplinado y preparado bajo el mando del general Tojo, arquitecto de esta ambiciosa campaña asiática. La derrota británica no solo es militar, sino profundamente simbólica: el Imperio Británico ha perdido uno de sus bastiones más preciados en el Lejano Oriente.

Para Japón, la toma de Hong Kong representa un triunfo propagandístico y estratégico: reafirma su narrativa de liberación de Asia del colonialismo occidental [aunque esa ‘liberación’ suponga que los japoneses pasen a ser dominadores] y fortalece su posición en el sur de China y las rutas del Pacífico. Para Londres, en cambio, la capitulación marca un momento de humillación histórica. Con Singapur bajo amenaza, y con la moral imperial en retroceso, el retroceso británico en Asia parece, por primera vez, tangible. Lo que hasta hace semanas era impensable —el desmoronamiento del dominio europeo en Oriente— comienza a cobrar forma bajo las sombras de la bandera del Sol Naciente.

J. F. Lamata