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García ya ha sido demandado, entre otros, por el ministro de UCD tras calificarle como 'payaso'

El periodista José María García despedido definitivamente de la Cadena SER tras su polémica con el ministro Pío Cabanillas

HECHOS

El 18.11.1981 la Cadena SER anunció su total ruptura con el locutor D. José María García.

D. Eugenio Fontán (Director de la SER en 1981) explica a J. F. Lamata la salida de D. José María García:

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D. Fernando Ónega (Director de informativos de la SER en 1981) hablanco con J. F. Lamata sobre la salida de D. José María García:

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Cadena_SER_garcia

Conforme avanzaba la democracia el periodismo radiofónico, que durante años se limitaba a la lectura de boletines, iba evolucionando hasta un estilo crítico. En esa área destacó don José María García, de la cadena SER, donde dirigía “Hora 25”, que sería el programa de mayor audiencia. En su estilo mezclaba la crítida aguda con la sorna y su influencia no era nada despreciable. “José María García butanito era una estrella periodística. Pero insultaba personalmente a la gente, al ministro  Pio Cabanillas le llamó ´payaso´” – relata el Sr. Fontán – “Tuvo una conversación, no sé si con mi hermano o con Calderón o Varela, y le dijeron que eso no, que no se insultaba y él dijo que entonces se iba porque era un periodista   independiente.  Lo  que   era es un deslenguado”. Las presiones eran

lógicas teniendo en cuenta que el Gobierno era propietario del 25% de las acciones de la SER. El 17 de noviembre de 1981 la emisora anunció que don José María García dejaba “Hora 25”, aunque también aseguró que el locutor seguiría colaborando con la emisora. Ese mismo día el Sr. García hizo unas declaraciones relatando las presiones de la SER. El día 19 la SER anunció que rompía todos sus vínculos con el Sr. García.

No puedo dulcificar mi estilo, no puedo dejar de llamar mentirosa a una persona y sustituir este término por “que no dice la verdad”. La cadena SER se ha portado bien conmigo por mucho que ahora estemos en estas. Yo también le he dado mucho a la SER, prestigio, ingresos, publicidad… Ha cambiado el país y no ha cambiado el mundo del deporte. (D. José María García, EL PERIÓDICO de Cataluña, 18-11-1981)

El que años más tarde ocuparía su lugar, don José Ramón de la Morena, es crítico con la actitud que tuvo ese día don Javier González Ferrari, “mientras García estaba arriba con Fontán, Ferrari le estaba despellejando y cuando García está haciendo las maletas, el rastrero va a darle las condolencias y le paso la mano por el hombro”, contaría. El Sr. García no tardaría en encontrar trabajo, un nuevo proyecto se estaba preparando.

18 Noviembre 1981

José María García

Editorial (Director: Pedro J. Ramírez)

Algo va a cambiar en el subconsciente colectivo de este país si el divorcio entre José María García y la Cadena SER se consuma y se perpetúa.

Sus noches de ‘Hora 25’ se habían hecho parte imprescindible del paisaje sociológico de esta contradictoria España de ilusión y el desencanto, dispuesto a acostarse cada día con el espejismo de una mañana sin Pablos Portas de ninguna parte.

Que el defenestrado haya sido periodista y no el apoltronado directivo produce, de entrada, una primaria sensación de estafa, equivalente al triunfo de los sioux en una película de indios y vaqueros.

Pero es que, además, el planteamiento empresarial de pedirle a estas alturas a José María García que ‘cambie de estilo’ resulta hiriente para todos cuanto creemos que el periodismo tiene más de actividad creativa que de ciencia exacta.

José María García nunca podrá ser un hombre ‘cómodo’ para la institución en la que trabaje, por la sencilla razón de que su actitud ante la profesión y ante la vida no es ‘acomodaticia’.

Es precisamente en su constante disidencia, en su visión crítica incluso de aquello más convencionalmente aceptado, incluso de aquello que teóricamente debería alargarle a él mismo como puede ser un galardón profesional, donde reside lo más fructífero y singular de su enorme talento.

Con su planteamiento, la Cadena SR parecía estar pidiéndole que, además de ser un comunicador genial, se comportara como un disciplinado robot. Es una lástima que la obsesión propia de toda gran organización de transformar a sus empleados en lo segundo haya desembocado en un perjuicio para millones de radioyentes, para quienes la credibilidad de José María García ha venido suponiendo durante años todo un referente para la media noche.

18 Diciembre 1981

La desolación de Pablo Porta

José Antonio Gabriel y Galán

El cese en la SER de José María García ha supuesto para Pablo Porta la desaparición de su institucional antagonista. En la pugna diaria y nocturna que hacía aparecer a uno y otro extremo de la representación no ha existido al fin ni vencedor ni vencido. La caída de José María García arrastra consigo a la figura del presidente, ahora deslucido, descaracterizado del protagonismo que le ofreció la fusta de su oponente.

Después de nueve años, la guerra ha terminado. Y como en todas las guerras, si se miran las cosas a largo plazo, no está claro quién es el vencedor. La incomparecencia del atacante confiere a este alto el fuego definitivo -incluso aunque por otros medios continúen algunos escarceos- una peculiaridad de no fácil interpretación simbolista.La. espada con que se batió José María García era poderosa; ahora ha quedado reducida a un cortaplumas. ¿Con qué arma ha sostenido Pablo Porta su duelo de nueve años? ¿Bastaba con sentarse delante de su casa a esperar el paso del cadáver adversario?

La respuesta es compleja. Estamos ante un tipo de persona (¡esta España eterna!) que ha sido capaz no sólo de durar, sino de permanecer. Ha atravesado las más diversas circunstancias sin romperse ni mancharse, y yo diría más, cada vez con mejor color. Esa manera actual de manejar el cigarrillo de Porta es toda una uve de la victoria, artificial y despreciativa. He aquí el mérito: cómo detentar el mismo poder bajo la dictadura y bajo la democracia adaptándose simplemente a base de introducir los mínimos cambios imprescindibles. Comprender este suceso es comprender en buena medida por dónde han ido los aires de esta inacabable transición española.

Según sus biógrafos, el joven Porta, delegado del SEU en Barcelona, repartía bofetones con fruición. Incluso se ha hablado de «una checa donde Porta intentaba erradicar contundentemente los afanes catalanistas e izquierdistas de jóvenes progresistas». Pero hace poco el personaje presentaba otra imagen de sí mismo: «Como intelectual que soy, practico la autocrítica. Soy un hombre de mucha lectura, con inquietudes». Tales inquietudes debió trasladarlas al mundo del deporte, que hasta entonces no se había caracterizado precisamente por.su intelectualismo (a menos que Moscardó, Elola, Suevos, etcétera, tuvieran esas inclinaciones ocultas). Y ya ahí, en la casa del fútbol, Porta encuentra una parcela de poder de gran relumbrón y fácil de gobernar para un hombre de mucha lectura como él. Los directivos futbolísticos ya se sabe que son gente de escasa cultura, salvo excepciones, y así Porta, dosificando sabiamente la labia y el despotismo, ha conseguido transformar el cotarro federativo en un disciplinado colegio de EGB.

Pablo Porta, por otro lado, navega elegantemente por los nuevos mares de la transición. Nadie ignora que el deporte fue una de las áreas que el régimen hizo suyas con mayor fervor, hasta el punto de llevarla hasta el sanctasanctorum del Movimiento. Desmantelado éste, ¿qué hacer con el deporte, cómo quitarle el marchamo de instrumento totalitario al servicio del Estado? Los sucesivos ministros culturales, carentes de todo sentido de la orientación, dejaron hacer. Y a Pablo Porta le bastó con poner -imagino- un retrato del Rey en su despacho oficial para que todo siguiera siendo igual.

Y las cosas hubieran marchado sin chirridos si no llega a ser por un periodista, incordiante como un moscardón, que se cruzó en su camino. Primero hubo amistad; luego, un curioso contubernio bélico. Porta habría sido un directivo más, sin pena ni gloria, de no haber sido porque un día José María García le sacó a bailar al centro de la pista convirtiéndole en blanco de todas las miradas. A Porta debió de fascinarle esa mezcla de poder y popularidad. El caso es que han estado bailando durante nueve años ante los ojos de millones de españoles, y ahora nos damos cuenta de que su guerra no arreglaba nada del deporte español. Si acaso, nos ha servido de diversión.

¡Con qué deleite cada cual representaba su papel! El alto y el bajo, el bueno y el malo, don Quijote y Sancho Panza, el íntegro y el chupóptero. Uno atacaba ferozmente, el otro encajaba con estoicismo, sin dejar escapar ni un quejido.

El espectáculo quizá empezaba a fatigar. Es difícil aguantar la misma función durante un decenio. Algunos de los dos tenía que caer, aunque sólo fuera por extenuación. El cese de José María García a mí me parece que ha sido motivado por el cansancio. La comedia ya no daba más de sí. Luego, Porta ha sido glorificado con una reelección abrumadoramente mayoritaria, su cota de popularidad nunca había alcanzado cotas tan altas, está a tope de su exultante poder. Y, sin embargo, Pablo Porta necesariamente ha de estar desolado, al borde de la desesperación. Una etapa decisiva de su vida ha concluido. Sin José María García ya no puede seguir siendo el mismo. La ficción tenía dos personajes y uno de ellos ha hecho mutis por el foro. ¡Ah, qué tiempos aquellos en que el espectáculo dramatizado paralizaba el corazón de media España.’ Tiempos que ya no volverán. ¿Será verdad que ha terminado la transición española?

Es comprensible la desolación de Pablo Porta. Cuando alguien se sienta a la puerta de su casa a ver pasar el cadáver de su enemigo y, finalmente, al cabo de tanto tiempo, se produce el evento, la angustia ha de ser enorme porque ya no tendrá objeto seguir sentado a la puerta de la casa, que era lo bueno. Habrá de levantarse y hacer algo. ¿No es desolador?.

El Análisis

NI PÍO

JF Lamata

D. José María García demostró que era incorregible en su transgresión y, a su vez, que era él, y no sus jefes, quién decidía el contenido de su programa. Después de que la dirección general de la SER que encabezaba D. Eugenio Fontán le pidiera que dejara de atacar al ministro D. Pío Cabanillas en su programa (le había llegado a llamar ‘payaso’). Y el Sr. García no tuvo empacho en decir en su programa de la SER a los oyentes: ‘Ya saben, no puedo decir ni Pío’. Ante tal desaire a sus propios capos, los directivos de la SER optaron por retirar a D. José María García de su principal programa de éxito, ‘Hora 25’ aunque se manifestaron dispuestos a mantenerle como locutor de la SER (para las retransmisiones deportivas). Pero la reacción del Sr. García, al ser apartado en ‘Hora 25’, el Sr. García no tuvo empacho en poner de vuelta y media a los directivos de la SER que le acababan de sancionar lo que llevó a que 24 horas después de aquella retirada de ‘Hora 25’ anunciaran que rompían cualquier vínculo con D. José María García.

 Pero lejos de ser ese el fin del  Sr. García su poder continuaría en una nueva emisora de radio de la que sería co-fundador: ANTENA 3 RADIO con dos principales diferencias: uno, que era FM y dos, que era totalmente privada, sin el molesto porcentaje de acciones del Estado, como era el caso de la SER.

J. F. Lamata

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