15 mayo 1979
La formación izquierdista no logró ningún escaño en las elecciones Generales de 1979
José María Zavala Castella dimite como Secretario General del Partido Carlista tras el fracaso electoral en las elecciones generales
Hechos
El 15.05.1979 dimitió D. José María Zavala como Secretario General Federal del Partido Carlista.
Lecturas
El 14 de mayo de 1979 el Partido Carlista celebró un pleno en el que su secretario general, D. José María Zavala Castella, presentó su dimisión que fue aceptada por el presidente del partido D. Carlos Hugo de Borbón Parma.
Es la consecuencia de los malos resultados del Partido Carlista, legalizado en julio de 1977, que en las elecciones generales y municipales de 1979 al no lograr representación ni siquiera por Navarra.
El príncipe D. Carlos Hugo de Borbón Parma, presidente del Partido Carlista, considera que el Sr. Zavala fue el ‘motor del cambio ideológico’ que ambos impusieron para convertir al Partido Carlista en una organización socialista de izquierdas.
–
CARLOS CARNICERO DIMITE EN JUNIO
–
La retirada política de D. Carlos Hugo de Borbón se producirá en noviembre de 1979.
El Análisis
La dimisión de Zavala como secretario general del Partido Carlista tras el estrepitoso fracaso electoral de 1979 era, quizás, la crónica de una muerte anunciada. Ni en las elecciones generales ni en las municipales logró representación alguna, ni siquiera en Navarra, su bastión histórico. El carlismo, tan anclado en sus glorias del siglo XIX, ha visto cómo su proyecto socialista y autogestionario, tan cuidadosamente expuesto por Carlos Hugo de Borbón en artículos como el publicado en El País en febrero de 1978, ha sido ignorado por una ciudadanía que jamás dejó de asociarlo a una causa dinástica anacrónica y agotada.
Mientras Carlos Hugo hablaba de participación democrática, descentralización y solidaridad europea, los votantes pensaban en Juan Carlos I, la monarquía restaurada y un futuro sin mirar atrás. Al final, el ideario socialista y moderno del carlismo no pudo deshacerse del peso de su propio nombre. En un país que ansiaba consolidar su joven democracia, pocos estuvieron dispuestos a dar crédito a un partido que aún evocaba debates sucesorios que ya a nadie importaban. Zavala deja un partido que quiso reinventarse, pero al que su propio pasado nunca dejó avanzar.
J. F. Lamata