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El sector marxista liderado por Francisco Bustelo, Luis Gómez Llorente y Pablo Castellano gana el congreso

28º Congreso del PSOE – Felipe González abandona liderazgo tras perder su ponencia de abandonar el marxismo frente a la de Bustelo

HECHOS

El 28º Congreso del PSOE concluyó sin ninguna Comisión Ejecutiva tras renunciar D. Felipe González. En su lugar se estableció una gestora presidida por D. Federico de Carvajal.

D. Joaquín Leguina (dirigente del PSOE madrileño) habla con J. F. Lamata sobre la crisis del partido:

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D. Pablo Castellano (líder marxista del PSOE) habla con J. F. Lamata sobre la victoria de los marxistas frente a González en el 28 congreso:

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marxismo1

A finales de los setenta, la política española se dará cuenta de que las personas y su imagen están por encima de los dogmatismos. El desencadenante fue la derrota electoral del PSOE ante UCD en las primeras elecciones post-constitucionales, aquella derrota afecto mucho a los dirigentes socialistas, DIARIO16 lo refleja en su portada en la que dice “Felipe no felicitó al ganador Suárez” (en DIARIO16 siempre se refieren al líder del PSOE por su nombre de pila) el día antes de las elecciones, el Sr. Suárez había asegurado que en esas elecciones España se jugaba “el modelo de sociedad” presentando al PSOE como el partido del marxismo revolucionario. Quizá por ello don Felipe González sorprenderá a españoles y a su propio partido en el 28º Congreso del PSOE de mayo de 1979 con una propuesta para suprimir el marxismo de la definición ideológica del partido, al estilo de D. Willy Brandt. La propuesta del Sr. González fue derrotada y el sector marxista  (Sr. Bustelo) impuso su criterio (60% contra 30%).

A favor de retirar el marxismo (tesis defendida por Felipe González) – 31% de los delegados.

A favor de mantener el marxismo (tesis defendida por Francisco Bustelo) – 61% de los delegados.

Ante la autodenominada “derrota moral”, el Sr. González presentó su inmediata renuncia a seguir en la dirección del PSOE, tras él, el Sr. Guerra, jefe del sector más amplio del partido, D. Enrique Múgica y todos los demás miembros de la dirección renuncian a seguir. El PSOE convocaría un nuevo congreso extraordinario para después del verano para resolver la crisis.

Durante esa crisis todos los diarios  nacionales  apoyaron  a  don Felipe y criticaron a los marxistas. En las portadas del ABC, DIARIO16  e incluso EL IMPARCIAL aparecen elogios al dimitido socialista: “Víctima de sus propias convicciones. González forma parte de esa reducida categoría de políticos que anteponen la defensa de las propias convicciones a la ambición del poder por el poder” dijo la portada del ABC, cuyo corresponsal fue don Pedro J. Ramírez.

UNA GESTORA DIRIGIRÁ EL PSOE HASTA EL PRÓXIMO CONGRESO

FedericodeCarvajal D. Federico de Carvajal presidió la Gestora que dirigiría el PSOE durante seis meses hasta la celebración del siguiente congreso del PSOE. La prensa consideró que aquella gestora estaba controlada por D. Alfonso Guerra (nº2 de Felipe González).

Miembros de la gestora:

  • D. José Federico de Carvajal
  • D. Ramón Rubial
  • D. José Prat
  • D. Antonio Gardía Duarte
  • Dña. Carmen García Bloise –
12 Abril 1979

Ante el congreso del PSOE

Pablo Castellano

Un destacadísimo militante del Partido Socialista Obrero Español ha afirmado recientemente que en el próximo Congreso no va a pasar nada. ¿Dotes proféticas o deseos personales?

Lo que es evidente es que si en el próximo Congreso no pasa nada, o, lo que es lo mismo, todo sigue igual, el Congreso será una ocasión perdida, un acto fallido. Un Congreso de un partido obrero no es sólo un acto político importante para la propia organización, sino, además, una antorcha para todo el movimiento obrero. Algunos quieren que sea unshow publicitario, un «éxito de público y crítica», como se suele decir, y, sobre todo, que más que reafirmar el partido, reafirme a algunas de sus numerosas capillas o los coyunturales pactos de reparto del Poder entre ellas. Son diversas filosofías y concepciones del Congreso, de la Organización, del partido obrero, y allá cada uno con la suya, pero sin que nos engañemos ni confundamos.

Y la verdad es que algo debe pasar. Por lo menos, el que se dé un ejemplo de partido mínimamente autocrítico, sin masoquismos ni autopuniciones gratificantes e innecesarias.

Ha de hacerse una autocrítica, por elemental que ésta sea, no sobre el resultado electoral del 1 de marzo y del 3 de abril, ni tan catastrófico el primero y mucho menos triunfal de como ha sido presentado el segundo, sino sobre un importante extremo cual es el deterioro de los hábitos democráticos internos, del que han traído causa la mayoría de las tensiones.

La mayoría de la base, o un importante sector de ésta, ya que es tan difícil cuantificar en la desinformación, más que oponerse al consenso constituyental, a la confidencialidad de determinados trabajos, a los Pactos de la Moncloa y a determinadas posiciones políticas sacadas de la manga de algún ejecutivo, se han sentido lógicamente heridas y agraviadas por el cómo se ha hecho esta acertada o desacertada política, juzgando algunos que con evidente desprecio de la colectividad, en el por sí, y ante sí, más justificado.

La concentración de funciones, la compatibilidad de algunas de dudosa coincidencia cuando se da en el órgano exigidor de responsabilidades la doble cualidad de ser el obligado a prestarlas, la federalización verbal del partido, con hechos y realidades centralizadoras, la unidad socialista puramente formal y a cambio de escaños, la selección y veto de buenos y malos, a efectos de candidaturas parlamentarias y municipales, la censura en el periódico del partido, la posible utilización de comisiones de conflictos con fines de persecución de discrepantes o rebeldes, la carencia de una auténtica política de clase e, incluso, una cierta imagen del compadreo, improvisación, frivolidad, oportunismo electorero, triunfalismo y la posible mistificación de un ideario, son temas que han de abordarse, política y racionalmente porque grave sería que pasara un Congreso para que todo síguiere en la ambigüedad que a algunos favorece y a otros nos llega a producir perplejidad cuando vemos el estado de ánimo latente en algunas manifestaciones de la cúspide y que no nos permite a veces reconocer en ello nuestro partido, y digo nuestro, aunque algún ejecutivo crea que es sólo suyo y que los demás estamos en él porque su amabilidad y comprensión así nos acepta.

Toda reducción del censo de problemas y, en consecuencia, de experiencias, y toda limitación del debate para que no peligren situaciones personales, o para devolver al «Poder» el favor de que nos incluyera en esta u otra lista o no nos marginara, y no nos señalara con el dedo de la proscripción, si se producen, agradarán y congraciarán con éste o con el otro. Pero en este próximo Congreso con quien hay que congraciarse es con el partido, y no con sus no reconocidas tendencias, que no por no ser reconocidas dejan de existir y actuar y, a veces, con la auténtica impudicia y descaro de servir de plataforma a los intocables. A lo mejor del Congreso se sale con la igualdad de trato y hay tendencias para todos o camarillas para ninguno.

Y a lo mejor de este Congreso, con independencia de que los resultados le gusten o no a la prensa burguesa y sus dueños, y se nos aplauda desde la derecha o desde la ultraizquierda, el Partido Socialista Obrero Español sale con la mayor de las coherencias, la de ser eso, un Partido Obrero de, por y para la lucha de la clase obrera que con su simple funcionamiento hace realidad el modelo de sociedad que postula en la libertad, la igualdad, la democracia Y la justicia, porque algunos pensamos que es a través del propio ejemplo del partido como la clase obrera ha de ver realizada esa sociedad sin clases, y esto mal se compagina a veces con actitudes inocultables de oligarquización, burocratización, nepotismo y, sobre todo, el cinismo de autollamarmos una cosa y obrar antitéticamente a ésta.

Un Congreso en el año del centenario de la fundación de un partido que, se quiera o no, es la historia del movimiento obrero español, es algo más que un rito o un trámite para permanecer o ver si se llega a la Dirección. Es fundamentalmente un análisis, una reflexión, una elaboración teórica, una guía para la acción revolucionaria, un paso en el progreso de la emancipación intelectual de la clase-obrera, y quien esto lo desprecie, lo maneje, lo manipule, lo desvirtúe, podrá llamar a los demás antipartido o los adjetivos que quiera, pero él sabrá muy bien que no engaña a nadie y que se está engañando solo, porque es él quien se ha equivocado departido y para esa clase de actitudes carentes de ética, hay ya muy buenos partidos burgueses que le están esperando.

Si el Congreso del PSOE reduce sus altemativas a lo personal, a los equipos, y olvida que lo que de él se espera son serias resoluciones ideológicas, políticas y orgánicas, que reinserten en la lucha obrera con profundidad y seriedad a todos y cada uno de sus militantes, y que lo que menos importa es la constitución personal de los órganos de dirección, cuando el control democrático sobre éstos es tal que no cabe la tentación del personalismo o del dirigismo presidencialista o de capilla, hará un flaco servicio a nuestro partido.

Las estructuras marcan, limitan y potencian la acción del hombre. Los controles democráticos son el mejor antídoto contra las tendencias o tentaciones elitistas y el caciquismo del notable y su clientela. Mientras estas estructuras no se construyan así, el mejor militante, súper respetuoso y cumplidor de la democracia, está expuesto a la extralimitación. Los hábitos se corrigen con normas. No es una cuestión de personas, sino de cerrar el camino, a falta de reglas serias y definidas, a que las lagunas y omisiones prefabricadas por alguien siempre estén prestas a ser rellenadas por interpretaciones personales o interesadas.

Cuando quedan hilos sueltos siempre hay alguien que tira de alguno para hacer su propio ovillo, por lo que lo mejor es dejar los cabos bien atados, y quizá en el terreno de la democracia interna con sólo alcanzar este objetivo, el Congreso adquirirá la transcendencia que de él se espera y evitará el que dentro de dos o tres años haya que volver a examinar ciertos errores y fracasos que los cometen personas, pero que los paga el partido y la clase obrera. Y, en todo caso, es preferible equivocarse con todo el partido a acertar con una camarilla de escogidos. Para eso se hacen los Congresos.

21 Mayo 1979

GRANDEZA DE UN LÍDER

Editorial (Director: Miguel Ángel Aguilar)

Invocando sus obligaciones con el Partido Socialista, con la sociedad española y con el Estado, y examinadas las convicciones ideológicas, los impulsos éticos y las conveniencias políticas, Felipe González, con temple admirable, ha resuelto que se va, que no presenta su candidatura para el puesto de secretario general en la nueva ejecutiva que el XXVIIII Congreso del PSOE debía haber elegido ayer.

Podría pensarse que Felipe González ha ponderado más sus convicciones – favorables a una definición moderna del partido e incompatibles con la ortodoxia escolástica marxista – que sus responsabilidades y obligaciones con sus compañeros, con los votantes del PSOE y con el país.

Un análisis más riguroso revela, por el contrario, que ha sido precisamente el sentido de la responsabilidad en sus dimensiones más auténticas el que ha primado en la decisión de Felipe González. Su figura se ha incrementado desde ayer con el respeto que no le pueden negar ya ni sus más declarados adversarios. Aquí hacen falta lecciones como ésta. Ya está bien de insistir en que todo puede medirse por el rasero del envilecimiento, que aquí todos apuestan por seguir agazapados en su sillón. Es reconfortante el espectáculo de quien sin descomponer el gesto se lajuega. Y dignificador en un país en el que pretendían hacernos ver que no había lugar más que para el pancismo.

Pero más allá del gesto personal – altivez en la derrota-  que anuncia resolución en la guerra abierta hasta que el congreso extrarordinario sustancie las diferencias ideológicas, hay que destacar que la apuesta  de Felipe tiene un peso histórico de primer orden y concita el agradecimiento y la solidaridad de cuantos queremos para España la racionalidad, la democracia estable.

22 Mayo 1979

TODO ESTÁ CLARO

Editorial (Director: Julio Merino)

Si bien era extraordinario el carisma de Felipe González, el abismo que le separa de su partido es casi insalvable

Lo veníanos anunciando desde hace muchos meses. Y los sectores más comodones de nuestra sociedad, los sectores más proclives a los sueños y a sus conveniencias, desde la izquierda a la derecha, nos llamaban ‘catastrofistas’. Hoy es una realidad. Las bases del Partido Socialista Obrero Español, más radicalizadas que nunca, han destruido al mito Felipe González y han expuesto, sin engaños y sin caretas, cuáles son los verdaderos propósitos. Hoy el socialismo español comienza a mostrar su verdadero rostro. Cuando el domingo Felipe González, en su improvisado discurso, casi gritaba: ¡Hay que ser más socialistas que marxistas!, no hacía otra cosa que defender una posición puramente personal, como él mismo reconoció después. Pero las bases, pese a la tristeza producida por la renuncia de Felipe González, se aferran a las coordenadas clásicas del socialismo español, que no ha tenido tiempo ni ha querido otra cosa que mantener sus plataformas revolucionarias autogestionarias y ‘marxistas’ (y mañana, España será republicana), quizá sin saber – o a lo mejor, intencionadamente, sabiéndolo – que la única vía socialista hoy en la Europa libre es la socialdemocracia, no el marxismo. Pero, digan lo que digan, hasta en esto, España es diferente. (…)

Si los análisis a que se presta este congreso son muchos y serán tratados en otras páginas de nuestro periódico, una cosa ha quedado clara, y sobre ella queremos nosotros insistir. Que nadie se llame a engaño. Ni siquiera el propio Felipe González. Los marxistas están ahí, a las puertas del poder, para bien o para mal, para satisfacción de unos y temor de otros. Y no sólo los marxistas. A estas horas el auténtico vencedor de la debacle socialista es Santiago Carrillo, el líder del Partido Comunista. Aferrado a Marx, tiene en estos momentos los sacos abiertos para recoger los votos de un partido como el socialista que se debate entre ‘Marx sí, Marx no’. Esas bases radicalizadas del PSOE pueden, en los próximos meses, engrosar los votos comunistas. Los seis meses que ha perdido el PSOE hasta us próximo congreso extraoridnario los ha ganado Santiago Carrillo. Si la ya desparecida ejecutiva del PSOE se había moderado hacia la derecha, como la acusaban el domingo algunos delegados, la verdad es que ahora las bases se han escorado aún más hacia la izquierda.

Felipe González ha jugado fuerte, muy fuerte. De momento, ha perdido la partida. Le quedan seis meses para recuperarse. Ha salido derrotado sin embargo, con toda dignidad. Pero seguramente ha sido el último en enterarse de lo que de verdad quiere su partido. El congreso del PSOE ha puesto de manifiesto que, si bien era extrarodinario el carisma de Felipe González, más acuciantes son los postulados de las bases socialistas. Y, hoy por hoy, el abismo que separa a Felipe de su partido es casi insalvable. No se trata de una diferencia de corrientes, ni de distintas tendencias. Se trata de ser o no ser. De ser marxista o no serlo. Y, o se es socialista con todas las consecuencias, entre ellas la de ser marxista, o se es otra cosa, socialdemócrata o lo que sea. Malos vientos esperan en los próximos meses a los socialistas españoles. Sus líderes, desclificados; las bases, radicalizadas, y a su izquierda el Partido Comunista, ávido de recoger los fracasos de los demás para convertirlos en triunfos propios. ¡Atención, pues al Partido Comunista en los próximos meses, mucha atención….! Y los demás, ¿qué? Pues los demás, es decir, eso que llaman centro y la derecha, pensando en el ‘milagro’.. ¡Como si Dios quisiese hacer milagros todos los días!

08 Junio 1978

Un socialismo no marxista para España

Manuel Fraga Iribarne

El PSOE ha comprendido que, para ser una alternativa real de Gobierno, tiene que dar algunos pasos indispensables. El primero, es dejar de ser marxista, y convertirse en socialdemócrata. El segundo, convertirse en un partido nacional y abandonar esa ambigüedad internacionalista.

Generalmente se considera que, en la actualidad, socialismo es decir marxismo; nada más lejos de la realidad, porque antes y después de Marx han existido socialismos no marxistas, y, lo que ha sido menos observado, cabe más de una interpretación no socialista del marxismo, no siendo la única la anarquista.En Europa hay dos clases de partidos socialistas (dejando aparte los comunismos, leninistas o no): los socialismos marxistas (como el francés, el italiano y el portugués) y los socialdemócratas (como el laborismo británico, y los partidos correspondientes en Alemania, Austria, Suecia, etcétera).

Estos últimos consideran que el Estado ha de extender sus fines para conseguir mayor protección de todos los cuidadanos, sobre todo de los menos privilegiados en el reparto de recursos y oportunidades; no aceptan la posibilidad de que la economía de mercado resuelva por sí sola estas cuestiones; postulan unas grandes inversiones públicas en servicios sociales (escuelas, hospitales, guarderías, etcétera), y para lograr todo ello utilizan una gama de medios que pasa por la nacionalización de sectores básicos (energía, transportes, siderurgia, banca, etcétera), sistemas fiscales de alta progresividad, política monetaria y de cambios, etcétera.

Los socialdemócratas no persiguen, en cambio, ni el mito de una revolución total, ni una sociedad absolutamente igualitaria, ni aceptan métodos antidemocráticos (como la dictadura del proletariado o el partido único) o ilegales (como la huelga política).

Los socialismos marxistas, aun los no integrados en la Tercera Internacional (comunista) y no leninistas (es decir, partidarios de la insurrección armada, el partido único y la dictadura del proletariado) postulan la revolución total, la sociedad sin clases, la economía o plenamente nacionalizada o autogestionaria, y su participación en el proceso democrático pluralista es una etapa provisional, hasta la transformación de la sociedad. Es interesante, al respecto, la lectura del libro del último Congreso del PSOE.

Debe añadirse que el marxismo parte de una filosofía materialista, en la cual la religión es «el opio del pueblo»; por lo que los partidos marxistas están todos comprometidos en el laicismo total, el anticlericalismo, la familia puro contrato civil y, sobre todo, la escuela única, como instrumento clave para la transformación de la sociedad.

El Partido Comunista de España ha suprimido la expresión leninista, después de un análisis correcto (la insurrección armada es imposible hoy en una sociedad que ha erradicado la miseria, salvo la ayuda, improbable en esta zona del mundo, del Ejército soviético). Pero aclara que sigue siendo marxista y revolucionario, y en modo alguno una simple variante a la socialdemocracia.

El caso del PSOE es más complejo. Una vez seguras sus espaldas, con la acertada absorción del PSP y de los históricos, el PSOE ha comprendido que, para ser una alternativa real de Gobierno, tiene que dar algunos pasos indispensables. El primero, es dejar de ser marxista, y convertirse en socialdemócrata. El segundo, convertirse en un partido nacional y abandonar esa ambigüedad internacionalista que le ha hecho recientemente preferir los intereses de Argelia a los de España.

Y aún habría que cortar ciertos sectarismos anacrónicos, como el republicanismo, el anticlericalismo, la obsesión por la escuela única, etcétera.

Lo que hace falta es que lo que se haga se haga en serio. Ya basta de verbalismos y de componer la imagen. Hay que trabajar en serio por una izquierda viable, como por una derecha moderna y responsable.

Manuel Fraga, secretario general de AP y accionista de EL PAÍS.

20 Mayo 1979

DERROTA DE LA MODERACIÓN EN EL PARTIDO SOCIALISTA

Pedro J. Ramírez

El balance de esta desgraciada sesión supone un jarro de agua fría para todos los que esperábamos una progresiva adaptación del PSOE a la realidad española

Algo muy grave para el Partido Socialista y para la estabilidad de la democracia en España sucedió ayer en el XXVIII Congreso del PSOE. El Pleno del Congreso rechazó un anemienda contemporizadora en torno a la cuestión del marxismo – posesión de repliegue de la Ejecutiva tras lo ocurrido el día anterior en Comisión – y refrendó así el texto maximalista, radical y maniqueo de la ponencia, demagógicamente defendido por el senador por Madrid, Francisco Bustelo. Varios miembros de la Ejecutiva manifestaron de madrugada la alta probabilidad de que ni Felipe González ni ninguno de los componentes de la actual dirección se presenten hoy a la reelección. (…)

Apenas se hizo el recuento de los votos – 61 por 100 en contra de la enmienda, 31 por 100 a favor – comenzó a circular la especie de que ni Felipe González ni ninguno de los miembros de la Ejecutiva saliente se presentarían a la reelección. Luis Yañez así lo confirmó de forma taxativa a un grupo de periodistas. Por su parte, Enrique Múgica aseguró que él no se presentaría y que pensaba que Felipe González tampoco lo haría. Todas las personas vinculadas de alguna manera a la actual dirección o  a la tendencia mayoritaria dentro del grupo parlamentario mostraban claros síntomas de preocupación en el rostro. ‘Estamos ante una auténtica situación-límite, con la que no contábamos, resumió alguien muy vinculado a Felipe González.

El balance de esta desgraciada sesión supone un jarro de agua fría para todos los que esperábamos una progresiva adaptación del PSOE a la realidad de una sociedad compleja, plural e integrada como la nuestra. Tanto en el orden de la configuración del mapa político de fuerzas en la presencia como en el del propio desarrollo de la democracia española, al amparo de la Constitución, el irresponsable paso dado ayer por los delegados socialistas puede desencadenas consecuencias imprevisible.

El Análisis

DIMISIÓN ÓRDAGO

JF Lamata

Hay dos tipos de dimisiones en política. La dimisión del portazo y ‘ahí os quedáis’, que sería la más habitual. Y la dimisión ‘órdago’, que es una dimisión cual llamamiento para reagrupar tropas y recuperar el poder en una contraofensiva.

D. Felipe González se forjó como gran líder de España en aquel congreso del PSOE que perdió 1979, no quedó claro si lo tenía planificado desde el principio, o fue improvisando, si era marketing, o era en serio, la realidad es que quedó ante toda España como un hombre de Estado, dispuesto ha renunciar al poder por defender la moderación. Un monton de españoles que no se consideraban ‘socialistas’, decidieron que iban a votar a ese ‘felipe’. no en balde en el siguiente congreso, el de su retorno, nació oficialmente ‘el felipismo’.

J. F. Lamata

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