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Alejandro Armesto asegura que es necesaria la existencia de una prensa pública

Un artículo de Juan Aparicio en ARRIBA lleva a MUNDO DIARIO a solicitar el cierre de la prensa del Estado

HECHOS

El 14.8.1977 el diario ARRIBA (del Estado) publicó un amplio artículo en defensa de la existencia de la Prensa del Estado.

Toda la prensa del Estado, encabezada por el diario ARRIBA (aunque de la que también formaban parte periódicos como PUEBLO o el deportivo MARCA) se había convertido en presa controlada directamente por el Gobierno de la UCD, por tanto, todos aquellos medios defendían la política de D. Adolfo Suárez. Sin embargo en el caso de ARRIBA y la agencia PYRESA, aún tenían en nómina a varios periodistas franquistas como D. Juan Aparicio o D. Rafael García Serrano.

10 de agosto de 1977 en el ARRIBA se publicó un artículo del franquista D. Juan Aparicio titulado ‘El Testamento Revelador’, que era básicamente un ataque al Partido Comunista de España (PCE).

«Ha resurgido el Ave Fénix eurocomunista, cuyos vuelos aletean en el horizonte y se han colado en las controversias genuinas del marxismo, dispuesta a la intoxicación de los cerebros. Pero los huesos cenicientos de Tomás de Balaguer también se revelarán en su tumba checa, y han de pedir con su zumba charlatana, una apriorística primacía y un turno de interrogaciones». (Juan Aparicio).

Ese artículo fue el usado como excusa por MUNDO DIARIO, uno de los periódicos de D. Sebastián Auger para publicar un editorial a favor de la supresión de la prensa del Estado.

13 Agosto 1977

Prensa del Estado

Editorial (Editor: Sebastián Auger)

El Régimen no ha agorado nuestra capacidad de sorpresa. Ayer, por ejemplo, nos enteramos que nada menos que el Instituto Español de Emigración destinaba una parte de sus dineros a subvencionar con varios millones de ptas. a diarios como EL ALCÁZAR – cerca de cuatro millones – PUEBLO – cinco en total – y MARCA – un millón doscientas mil – entre otros.

Por otra parte, desde la prensa del Movimiento se siguen lanzando ataques desmadrados contra determinadas personalidades políticos con el peor estilo del viejo Régimen. El último artículo de Juan Aparicio ‘maestro de periodistas’ – de periodistas franquistas, claro – constituye un lamentable ejemplo. Son publicaciones subvencionadas con el dinero de todos y dedicadas a pagar sueldos y salarios a viejas figuras del franquismo, tradicionalmente antidemócratas. Que conste que en la mayoría de los diarios de la ‘cadena azul’ existen excelentes profesionales, arrinconados a la hora de opinar por sus ideas demócratas.

Creemos que ya va siendo hora de colocar cada cosa en su sitio y dar al dinero de los españoles el destino que ellos de forma democrática decidan. Bien está que no se tome represalias, pero los que añoran los viejos tiempos y no son capaces de adaptarse a la nueva época, que se retiren o que se dediquen a escribir en las contadas publicaciones privadas que todavía defienden la ideología y los intereses de la dictadura. La inmensa mayoría del país ha optado por la democracia. Su dinero, por tanto, tiene que servir para promocionar e impulsar las ideas de la democracia.

A lo que quieren cerrar los ojos a la realidad y nunca han prestado oído a los deseos del pueblo va siendo hora de que se les diga que Franco ha muerto y que está muy bien enterrado en el Valle de los Caídos. Hay que recordarles que el pueblo ya ha hablado por boca de la urnas y si bien puede ponerse en duda lo que realmente quiere, no existe la mejor incertidumbre sobre lo que realmente no quiere: la dictadura franquista. Es una obra de caridad enseñar al que no sabe. Y es mucho lo que hay que enseñar a los que se resisten a bajarse de la carroza de cargos y prebendas, a despojarse de la coraza de inmunidades que le han regalado cuarenta años de dictadura.

El destino dado al dinero que teóricamente es para los emigrantes no tiene calificativo. Con lo conseguido por unos hombres que han sido condenados a ganarse el sustento de cada día en suelo extraño, que han tenido que comer el duro pan del emigrante, no se puede jugar. Sobre todo si se destina a subvencionar lo que quieren decir unos cuantos señores fascistas que carecen de clientela suficiente de lectores para comprarles lo que escriben.

Lo corrupción político – a lo que se ve – no va a la zaga de la gran corrupción económica de estos últimos y nefasto cuarenta años.

14 Agosto 1977

PRENSA DE ESTADO

Editorial (Director: Alejandro Armesto)

Con sospechosa frecuencia y como un canto rodado, aparecen aquí y allá, en los mismos términos, afirmaciones y noticias laterales que se relacionan con aspectos de la Prensa del Estado. Insistentemente se producen referencias escuetas a la elevada cifra económica – cuyo origen y fundamento desconocemos y que, desde luego, no se corresponden con la realidad – que el funcionamiento de la actual Prensa del Estado supone al Erario Público. Para nosotros éste es un tema que la autoridad competente de la Administración está en condiciones, cuando así se crea conveniente, de desmentir, ilustrando, a su vez sobre las cifras y condiciones verdaderas.

Pero empezamos a pensar, con algún fundamento, que existe interés en escandalizar exagerando, y que ese interés está guiado por el propósito de desacreditar y desalentar a la Prensa del Estado, representándola como un despilfarro, un innecesario gasto. La referencia se articula siempre mediante la asociación del binomio formado por los conceptos despilfarro, de una parte y el recordatorio de oriundez institucional de otra.

Por eso no se omite casi nunca la identificación de que la Prensa del Estado procede de la Prensa del Movimiento. No hemos podido registrar en ninguna parte ataque alguno fundamentado respecto del papel ideológico que la Prensa estatal ha venido cumpliendo en el reciente proceso de transición a la democracia, y tampoco se cuestiona la función que cumple actualmente y la que, con una instrumentación más adecuada, puede llegar a desarrollar en el marco político social de este país. Parecen preferir ignorar los aspectos sustantivos, evitando así entrar en el debate en el que el argumentarlo propio podría desvelar motivaciones muy pedestres y precarias e indignantes aprehensiones. Parece menos arriesgado y más sutil y rentable exagerar y venir, de hecho, a pretender subsumir en una operación de liquidación general del régimen político, lo que la conveniencia o el capricho recomienden, sin atender a la función que efectivamente cumple o la mejor conversión de lo existente en servicio de la comunidad En consecuencia de ese irreflexivo estado espíritu, los centros de formación profesional, que venía siendo gerenciados por la Organización Sindical o la residencias de ancianos construidas en el régimen anterior debieran ser estigmatizadas y liquidadas, sin detenerse en más consideraciones.

Cuando se trata de una problemática tan delicada como la que concierne a la comunicación social, no puede ni eludirse ni rebajarse ninguno de los términos del problema. Es de todos punto obligado hacerse mientes y exponer con transparencia una concepción válida – necesariamente polémica – de la naturaleza y perfil del Estado en nuestro tiempo, de su función y conexión con el sistema político y social y con la vida y desenvolvimiento de la comunidad nacional. Después, es preciso distinguir, conceptual e instrumentalmente, entre Estado y Gobierno, y ponderar las funcionas sociales – como la comunicación e información – con la que los poderes públicos institucionales y sociales tienen, ineluctablemente, contraídos compromisos de comportamiento y actividad, bien sea jurídica, económica o política. Y, desde luego, resultará de evidente interés para el problema conocer las circunstancias técnicas, económicas y empresariales que condicionan hoy, y mucho más en el futuro, a los medios de comunicación social, particularmente la Prensa.

Quisiéramos dejar aquí constancia de un doble orden de reflexión. Uno, político, político-estatal. Otro, económico, referido al horizonte común a los medios de comunicación social.

El Estado ha dejado irreversiblemente atrás la filosofía política liberal en su versión doctrinaria, en la que, de hecho funcionaba como teatro de dominación de una clase sobre el resto de la sociedad. El Estado liberal, en su praxis económica, técnica y social, no sólo hacia posible esa dominación, sino que además la legalizaba.

Pero el Estado está también sustrayéndose al mito de la necesariedad de su conquista revolucionaria por la clase proletaria para conseguir su emancipación y la instauración del reino de la libertad en igualdad. En alguna forma constatable, el Estado propio de un régimen democrático pluralista está superando la seducción del dominio por la filosofía de la cooperación interclasica, por la co-presencia de diferentes ideologías y propósitos sociales uqe en él encuentran su legalidad y su funcionalidad. Los intereses de la comunidad y los de la personalidad, la iniciativa privada y los derechos sociales recurren al Estado como a su común cúpula de garantía y amparo final.

El Estado del siglo XXI, en el que estamos entrando, tiende a no dejar el arbitrio exclusivo de grupos particulares ninguna función vital de la sociedad políticamente organizada. Amplias zonas de actividad privada se han visto intervenidas o directamente protagonizadas por los Estados surgidos de la segunda guerra mundial bien sea en materia económica, cultural, educativa y asistencial, y ello por necesidades sociales oe estratégicas. Naturalmente, este proceso ha incluido al mundo de la comunicación social.

Inglaterra, Francia, Italia, Alemania – la Europa a la que vamos – son países cuyos nacionales llevan una vida mucho mas regimentada que nosotros. Sin embargo a nadie se le ocurre pensar que esos Estados se encuentran organizados en enemistad con la libertad individual. Acusan la tendencia a constituirse progresivamente en Estados de todo el pueblo – como gustan en llamar a su propia organización estatal los soviéticos – que albergan el mayor grado de libertad, compatible con los requerimientos imprescindibles de la sociedad industrial y de masas. En todos ellos, por vía jurídica, económica o institucional, con diferentes antecedentes y presencia, el Estado está firmemente desplegado en relación a la vida y actividad de los medios de comunicación social.

La prensa del Estado español existe ya y lo que plantea, eso sí, es un problema de control democrático. No de gestión democrática – por cuanto su naturaleza responde a un servicio público – pero sí de control y evaluación funcional, moral, política y económica. Es preciso, es urgente que este control se instrumente a satisfacción de las corrientes políticas del país y de los ciudadanos que no tengan filiación política alguna.

Nosotros pensamos – comunistas, liberales, socialistas, conservadores, falangistas, franquistas y gente sin confesión ideológica – que la Prensa del Estado en este país y para este país, puede cumplir una tarea de normalización política y difusión cultural popular de interés vertebral para oda la comunidad y que en esa tarea y en esa dimensión no sobra ni estorba la concurrencia, porque el trabajo es ingente y crucial para nuestro porvenir.

Pensamos igualmente que una Prensa del Estado – no del Gobierno – independiente de cualquier concreto catecismo ideológico, es ya una de las grandes demandas que se encuentran perentoriamente inscritas en la necesidades de la convivencia social para el desarrollo de la comunidad. Una Prensa de este carácter, viva y activa, es un expediente más de la imaginación democrática para cortocircuitar la constante erosión y penetración en el poder de los grupos de presión que defienden sus intereses particulares, con menoscabo de los generales.

En cuanto respecta al horizonte financiero de las empresas de comunicación social y, en especial las de prensa periódica, desde hace años y en muchos países – y en este país, por supuesto – la Prensa de iniciativa privada viene recibiendo ayudas directas del Estado en forma de subvenciones o indirectas, mediante precios políticos, desgravaciones, crédito, etcétera. En la medida en que sigamos considerando consustancial a la democracia, la existencia de una Prensa libre hemos de irnos haciendo a la idea de la inevitable y creciente intervención financiera del Estado para garantizar su supervivencia. A nosotros nos parece congruente y armonioso que los presupuestos públicos atiendan, en la medida en que vaya revelándose necesario, la diversidad de puntos de vista que la Prensa de iniciativa privada aporta a la vida política y social y contribuya a sostener y dar audiencia e intereses legítimos concretos, siempre y cuando los intereses generales del Estado y la comunidad se encuentren igualmente instrumentados en voz y voto.

El Análisis

UNA 'MARCA' QUE MOLESTABA A SUÁREZ

JF Lamata

¿Es útil para un Gobierno tener un periódico público matutino? Por supuesto, porque permite al Gobierno a la vez de controlar una radio pública (RNE) y una televisión pública (TVE), tener un periódico. Pero ARRIBA no era un periódico cualquiera, aunque le hubieran quitado el yugo y las flechas nunca dejaría de ser el periódico fundado por el fundador de Falange y cuya cabezera era la proclama del franquismo ‘¡Arriba España!’. Por tanto, aunque en su última etapa no hiciera otra cosa que loar a UCD y al Sr. Suárez en todo lo que pudiera, no dejaba de ser un estorbo para la política de borrar todo lo que pudiera unirle con el franquismo que intentaba desesperadamente el Sr. Suárez.

No obstante, el político abulense no se atrevería a cerrar definitivamente a ARRIBA hasta 1979, tras ganar por segunda vez las elecciones.

J. F. Lamata

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