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El periodista fue uno de los 'azotes' contra el presidente anterior, Luis Apostua

Juan Roldán es elegido nuevo Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid derrotando a Carlos Luis Álvarez ‘Cándido’

HECHOS

D. Juan Roldán fue elegido Presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid en las elecciones celebradas el 7.05.1992

CANDIDATOS A LA PRESIDENCIA DE LA APM:

  • JuanRoldan02– D. Juan Roldán – 466 votos
  • candido_carlos_luis_alvarez– D. Carlos Luis Álvarez – 359 votos

ACUSACIONES EN CAMPAÑA

D. Juan Roldán: «Los periodistas tienen que elegir entre la candidatura oficialista y la mía, que es profesional. Detrás de Cándido se encuentran los intereses de Luis María Anson, EL MUNDO y el Grupo Zeta».

D. Carlos Luis Álvarez ‘Cándido’: «Yo no estoy unido a ninguna empresa, soy un trabajador a sueldo. Y nunca he militado en ningún partido. Por cierto que Roldán ha estado entres [UCD, PRD y CDS] y además en la emabajada norteamericana»

elmundcandido El diario EL MUNDO apoyó desde su página editorial la candidatura de ‘Cándido’ (que llevaba de número dos a D. Alfonso Rojo, adjunto de D. Pedro J. Ramírez). El ABC no apoyó a nadie oficialmente pero su director, D. Luis María Anson se declaraba a favor de ‘Cándido’ y lo mismo el Grupo Zeta de D. Antonio Asensio para el que trabajaba ‘Cándido’. Pero esos apoyos no le sirvieron para ganar.

02 Mayo 1992

Cándido

Francisco Umbral

El periodista Carlos Luis Alvarez, Cándido, tiene, entre otras muchas virtudes profesionales, la de la ubicuidad, no sólo en el espacio, pero en el tiempo, de modo que yo le leía de chico en Valladolid y ahora somos de la misma generación. El síntoma es significativo de la cualidad plural, sinuosa, diversa, capaz y alacre del personaje, de modo que, aparte el calado intelectual de su prosa (bordada siempre de repentinas y delgadísimas boutades), me parece el candidato más adecuado para presidir la Asociación de la Prensa de Madrid, que es una cosa que ha perdido vitalidad virtualidad en los últimos años, sin que se sepa por qué, y que con Cándido podría beneficiarse de la múltiple iniciativa intelectual, social, cultural, vital, de este hombre de letras que lo hace todo y que, en la gestión como en la conversación, siempre eleva la anécdota a categoría. El periodismo es y ha sido siempre en Carlos Luis Alvarez un ejercicio celérico y agónico, un espectáculo para iniciados, una cosa entre el relámpago y la última voluntad, con una sonrisa amarga y buena de por medio, sonrisa en la que antes brillaba un diente de oro. Me consta personalmente que Cándido se arranca los artículos como si se arrancase vísceras, pero luego nos sirve esas vísceras con la profilaxis y la dignidad socrática de un showman meramente entregado a la diversión de pensar. Pero es que en estos últimos años el numeroso Cándido ha sacado de sí un hombre nuevo, una segunda juventud aristotélica llena de dinamismo, gestión, plurinformación, velocidad, actualidades, iniciativas, cosmopolitismo, política y urgencias. Todo esto sin dejar de leer a su Bertand Russell y de escribir como un hegeliano de urgencia. De ahí que Carlos Luis Alvarez sea el intelectual/gestor, el hombre dúplice (y me quedo corto) que puede inducir toda esa segunda juventud, todo ese aristotelismo mondain, en la vieja Asociación de la Prensa, corrigiendo y mejorando los servicios y la intendencia, por supuesto, pero mayormente haciendo vivir y latir la vieja Casa de los periodistas con su propio latido, ya que tiene siempre puesto el corazón a la hora del mundo y el reloj a la cita con un ministro. El periodismo nadie de entre nosotros lo siente de manera tan agónica y elegante, tan fundamental y bien vestida como Cándido, que acaba de darnos otra prueba de su intuición y oportunidad de animador literario concediendo el premio «Franciso Cerecedo», ayer mismo, a Eduardo Haro Tecglen, como antes a Raúl del Pozo y gente así. El periodismo es para Cándido una visión del mundo y una manera de estar en sí mismo. Existe en cuanto periodista y ya me lo imagino vocado y volcado en la Asociación, haciendo todos los días el milagro con su capacidad dialéctica de gestión y haciendo todos los días la justicia con su intuición gnóstica de decisión. No se recordará que el viejo y noble garito de los periodistas haya tenido nunca presidente más representativo, con mi respeto a los anteriores y a los actuales competidores para el cargo. En el acierto de esta elección está el futuro de un periodismo corporativo en el mejor sentido de la palabra, el porvenir de nuestra profesión como fe (que eso es etimológicamente), y no como improvisación, oportunismo o corrala de folklóricas y patrones castizos y sinvergüenzas. Carlos Luis Alvarez sabe llevar los cargos y descargos con un dulciamargo entusiasmo, con un entrañable fervor que le brilla en las gafas, el coñac y la madrugada, naciendo de nuevo periodista cada día, tras haber sido filósofo toda la noche. Uno diría que ya cuando Cándido tenía quince años y escribía en la Prensa nacional, junto a Pérez de Ayala y González-Ruano, iba para presidente de la Asociación de la Prensa.

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