14 marzo 2004

El editorial, leído por Rodolfo Irago, cita expresamente a los canales TVE y ANTENA 3 y las emisoras RNE, ONDA CERO y COPE

14-M: La Cadena SER emite un editorial el mismo día de las elecciones acusando al PP y sus medios afines de mentir en plena jornada

Hechos

El 14.03.2004 por la mañana la Cadena SER, que dirigía D. Antonio García Ferreras, emitió un editorial para reivindicar su labor durante las 72 horas posteriores al atentado que incluía críticas a RTVE, ONDA CERO – ANTENA 3 y la COPE.

Lecturas

Si la jornada del sábado 13 de marzo había sido especialmente tensa, la madrugada y mañana del día 14 se mantuvo en términos similares.

NOTA DE REIVINDICACIÓN DE AL QAEDA

acebes_11_M_Kangoo

A la una de la madrugada entre el 13 de marzo y el 14 de marzo el ministro de Interior, D. Ángel Acebes anunció de la aparición de un video reivindicando la matanza en nombre de un grupo islámico marroquí en nombre ‘Al Qaeda’.

La Cadena SER acusa al Gobierno del PP de haber ocultado el comunicado de reivindicación de ETA.

daniel_anido  D. Daniel Anido

El director de informativos de la Cadena SER, D. Daniel Anido, intervino entre la noche 13 de marzo y la mañana del 14 de marzo para asegurar que el PP tenía conocimiento del comunicado de reivindicación de Al Qaeda desde mucho antes, dando a entender que lo había ocultado hasta ese momento.

Daniel Anido interviene en la SER en la madruagada del 14.03.2004:

Editorial de la Cadena SER contra Aznar y sus medios afines:

irago  D. Rodolfo Irago

El subdirector de Informativos de la Cadena SER, D. Rodolfo Irago, leyó un editorial en el que reivindicaba todas y cada una de las informaciones que había dado la SER en esas 72 horas de jornada y acusaba abiertamente de mentir al Gobierno de D. José María Aznar, a los informativos de TVE de D. Alfredo Urdaci y también a los profesionales de ANTENA 3 TV y ONDA CERO  – medios propiedad del Grupo Planeta de D. José Manuel Lara – y a la Cadena COPE, propiedad de la Conferencia Episcopal que presidía el cardenal Rouco Varela.

El editorial tuvo que ser autorizado por el presidente y propietario de la Cadena SER, D. Jesús Polanco, por su director D. Antonio García Ferreras y por el director de informativos D. Daniel Anido.

Fragmentos del Editorial de la SER leído por el Sr. Irago en la mañana electoral del día 14.03.2004:

Ese era el contexto con el que se celebraron las elecciones que celebradas ese mismo día.

15 Marzo 2004

De la mentira

Juan Luis Cebrián

Leer

«Los hombres no huyen tanto de ser engañados como de ser perjudicados por engaños»

FEDERICO NIETZSCHE

Cualquiera sea la lectura que se haga de las elecciones de ayer en España, no cabe la menor duda de que uno de los motivos -y quién sabe si uno de los más poderosos- que han facilitado el vuelco electoral a favor del PSOE reside en la inevitable sensación de manipulación y engaño que por parte del Gobierno ha percibido el electorado. Manipulación, al atribuir de forma arbitraria y precipitada a ETA la responsabilidad del brutal atentado de Atocha, después de que asesores de Moncloa sugirieran que eso podría propiciar ventajas electorales. Pero no es quizá ese, con ser muy grave, el peor de los errores que acompaña en la despedida a José María Aznar, sino su machacona insistencia en convertir en dogmas de fe sus particulares obsesiones y discutibles ideas sobre España, los españoles y la manera en que estos deben ser gobernados. No entraré a comentar la hosquedad innecesaria hacia sus semejantes de un dirigente que, en el adiós, puede después de todo ofrecer un buen balance en política económica y una cierta astucia a la hora de retirarse y de no cosechar él personalmente derrota tan sonora como la que ayer sufrió su partido. Me preocupan más las corrientes de fondo que han presidido sus dos mandatos, y de manera muy especial el de su mayoría absoluta: su intransigencia, su visión unilateral de las cosas, su amor al pensamiento único, su facilidad para el insulto, la descalificación y la bronca. Porque, más allá de las características psicológicas del individuo, responden a una forma tradicional de ser y hacer por parte de la España profunda, a un entendimiento de nuestra convivencia que ha generado no pocos males a lo largo de la Historia y casa mal con los comportamientos democráticos. Contrasta, por lo demás, la elegancia con que ayer asumieron la derrota los representantes del Partido Popular y el portavoz del gobierno, y la formidable eficacia con que el ministerio del Interior ofreció los datos del escrutinio, con el espectáculo de división y desconcierto que la sociedad española viene protagonizando ya desde hace años, en gran medida por su culpa. Eso nos permite percibir que la unidad indisoluble del partido de la derecha está compuesta de muy diversos materiales y que, pese a los malos ejemplos que hemos visto, y al comportamiento incivil de algunos militantes que anoche demostraron su mal perder en la calle de Génova, podemos contar con una oposición conservadora digna del apellido democrático.

Contra los que piensan que los políticos son todos iguales, estos que llegan ahora a gobernarnos lo hacen con manera e intenciones muy diferentes a los que se van. Tienen ante sí una tarea no pequeña: han de recomponer el entendimiento de España desde una lectura no sectaria de la Constitución, desde un uso no partidista de la bandera, desde una comprensión diferente del valor de las lenguas del Estado; han de restaurar los mimbres tradicionales de nuestra política exterior, recuperando el espíritu de construcción europea, restaurando nuestras relaciones con Marruecos, y estableciendo una relación de confianza y amistad con los Estados Unidos, sin servilismos como el que nos ha arrastrado a la política aventurera en la guerra de Irak; y han de restablecer un entendimiento de la educación la ciencia y la cultura que rescate los valores laicos propios de la democracia.

Pese a su brillante victoria, no lo va a tener fácil Rodríguez Zapatero. En primer lugar, accede a la primera magistratura del país en medio de una creciente inseguridad ciudadana, cuando apenas nos hemos repuesto del espantoso drama del jueves pasado, y crecen las amenazas contra la libertad y la vida de los españoles. Esperemos que sepa apearse de ese latiguillo electoral utilizado por los aznaristas, en el sentido de que todos los terrorismos son iguales, porque si todos son igualmente execrables y repugnantes, su naturaleza y etiología suelen ser bien distintas, por lo que su tratamiento y solución pasan también por decisiones diferentes. Por lo demás, el nuevo mapa electoral demanda alianzas complejas y asimétricas que permitan aprobar las leyes en el parlamento, en circunstancias especialmente difíciles para el país. El cumplimiento de algunas de sus promesas de campaña más anheladas por los electores, como la retirada de las tropas de Irak, exigirá el ejercicio de formidables habilidades diplomáticas. La recomposición del mapa autonómico, ante la crecida del nacionalismo en Cataluña y el debate sobre el plan Ibarretxe en Euskadi, pondrán igualmente a prueba, y en plazo muy corto, las dotes de diálogo del nuevo ejecutivo. Pero lo menos que hoy puede decirse es que Rodríguez Zapatero ha labrado él mismo su triunfo, instaurando un nuevo estilo de hacer política que huye de las arrogancias del poder y enlaza con los sentimientos del hombre de la calle. Felipe González me dijo un día de él que tenía la mirada limpia. Esa es la condición de los que no saben mentir.

Han sido la manipulación y la mentira, la burda utilización del argumento de la lucha contra el terrorismo como justificación de casi cualquier política, la abusiva ocupación de los medios de comunicación públicos y privados, el oportunismo descarado y la arrogancia pueril lo que les ha costado el poder a quienes ayer lo perdieron. A partir de hoy veremos a los turiferarios de turno destinar sus sahumerios a la nueva autoridad legítimamente constituida. El poder emergente tendrá ocasión de comprobar que el engaño no es del exclusivo acervo de los políticos. Para ir cambiando el paso de lo que nos sucede, ojalá los recién llegados aprecien más las críticas que las adulaciones

15 Marzo 2004

El viento de la historia

Javier Pradera

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La jornada de ayer se celebró bajo la presión emocional del atentado del 11-M, el desconcierto en torno a la identidad de sus autores y la ominosa sospecha de que el Gobierno había manipulado con objetivos electoralistas la información policial disponible. Tras sostener durante 12 horas que ETA era responsable de la matanza (una conjetura en si misma razonable transformada innecesariamente en dogma de fe por el presidente Aznar) y calificar moralmente de «miserables» a quienes osaran poner siquiera en duda esa predicción (en favor de cualquier otra hipótesis de trabajo también plausible), el hallazgo por las Fuerzas de Seguridad de las primeras pruebas materiales del crimen obligó al Gobierno a rectificar a regañadientes y de manera oscura ese empecinamiento: aunque el Ministerio del Interior reconoció que ese material indiciario orientaba la investigación hacia una pista islámica, los portavoces políticos y mediáticos del PP no renunciaron a seguir acusando de compañeros de viaje del terrorismo a quienes considerasen gravemente debilitada la hipótesis etarra.

En cualquier caso, los resultados de las urnas arrojaron una significativa desviación respecto a la intención de voto registrada por la mayoría de los sondeos con anterioridad al atentado terrorista: la pregonada mayoría absoluta -o suficiente- del PP fue barrida por una clara victoria del PSOE, que ha sacado a los populares cinco puntos porcentuales en término de sufragios (alrededor de un millón doscientos mil votos) y 16 escaños. Aunque sólo las encuestas poselectorales podrán explicar empíricamente las causas de ese brusco viraje, parece razonable suponer que la pésima respuesta dada a la dramática crisis del 11-M por el Gobierno y el recuerdo de los crispados debates sobre la participación española en la guerra de Irak han desempeñado un decisivo papel en el cambio de la marea. Además de constituir una emocionada y conmovedora manera de manifestar tanto su solidaridad con las víctimas como su confianza en las instituciones democráticas para hacer justicia, el notable incremento de la participación en las urnas (casi diez puntos en relación con el año 2000) seguramente puede ser interpretada en esa dirección.

La tendencia de las sociedades amenazadas por un grave peligro externo a evitar rupturas de continuidad en el ejercicio del poder y a ratificar los mandatos de los políticos electos encargados de administrar el mopolio de la violencia legítima y garantizar la seguridad colectiva no ha logrado superar la desconfianza de los ciudadanos respecto a unos gobernantes que habían venido abusando de la maquinaria propagandística del Estado durante la pasada legislatura. Tras la huelga general de junio de 2002, la catástrofe del Prestige y los debates en torno a la guerra de Irak, el cartero de James Cain llamó de nuevo a la puerta cuando la mayoría de los votantes llegó a la conclusión de que el Gobierno había tratado de sacar un sucio rendimiento electoral a los trenes de la muerte del 11-M. Aznar se había jactado hace un año de haber sacado a España del rincón de la historia con su aventurera decisión de retratarse en las Azores con el presidente Bush; los vientos de la geopolítica mundial se han vuelto contra su arrogancia.

Por lo demás, las alternativas plausibles y los escenarios contrafactuales de historia virtual construidos para imaginar lo que hubiese podido suceder en las urnas de no producirse el atentado tal vez consuelen retrospectivamente al derrotado con una victoria compensatoria en esos fantasmales comicios nunca celebrados; sin embargo, tales simulaciones en ningún caso deberían ser esgrimidos por demócratas dignos de tal nombre para restar legitimidad a los resultados del 14-M.

En este sentido, la comparecencia pública de Rajoy reconociendo su derrota y felicitando a Zapatero no es únicamente merecedora de reconocimiento sino también un ejemplo para los portavoces mediáticos del PP que comenzaron a preparar desde el mismo día del atentado una alevosa campaña desestabilizadora de las instituciones democráticas para el supuesto de una victoria socialista. Y cabe esperar también que la acritud, prepotencia y juego sucio del mandato de Aznar dejen paso en esta legislatura al espíritu de consenso constitucional.

El Análisis

ESA CHULERÍA SE LA PUEDEN USTEDES GUARDAR

JF Lamata

La Cadena SER podía echar en cara al Gobierno del PP su deplorable actitud mediática durante el 11 de marzo de 2004 y todo oyente sensato les habría aplaudido. El problema es que la SER en aquel editorial también se jactó de que ‘todas sus informaciones’ eran veraces. Algo que podría haberse guardado el Sr. Irago. Él sabía que la SER la había pificiado ¡y dos veces en aquella jornada! Uno, con terroristas suicidas que no existían y dos, la supuesta cinta que el Gobierno había ocultado y que más tarde se descubrió que ni existía.

J. F. Lamata