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Todos los partidos menos Unió Democrática de Catalunya de Durán Lleida estuvieron a favor

La Internacional Demócrata Cristiana expulsa al Partido Nacionalista Vasco por petición del Partido Popular

HECHOS

El 11.10.2000 La Internacional Demócrata Cristiana aprobó la expulsión del Partido Nacionalista Vasco por 125 votos a favor y 9 en contra.

11 Octubre 2010

El aislamiento internacional del PNV

Edurne Uriarte

La Internacional Demócrata Cristiana ha dicho que no quiere al PNV en sus filas. Porque se vista como se vista la reforma de los estatutos que excluye automáticamente al PNV, lo que hay detrás de esa reforma es la expresión de una voluntad de crítica y rechazo al PNV, o al actual PNV. Es bien sabido que muchos de los cambios de estatutos que realizan los partidos o las agrupaciones de partidos suelen tener una intención claramente política que se endulza con la apariencia de un simple cambio de reglamento.

Esa crítica de la IDC no sólo responde a la auto exclusión del PNV del Grupo Popular en el Parlamento Europeo y su inclusión en la Alianza Libre Europea – Los Verdes, sino a la estrategia peneuvista que estuvo detrás de aquella autoexclusión y que preside su acción política en el País Vasco en estos últimos dos años, es decir, la estrategia del soberanismo, de la ruptura con los partidos democráticos, de la desestabilización y de la alianza con un partido antidemocrático.

Cuando el PP español ha propuesto el cambio de estatutos no lo ha hecho por un mero interés reglamentario, sino para impulsar en el seno de la Internacional la crítica política a la acción y al papel del PNV. Y lo significativo de la respuesta dada en Chile a la reforma propuesta por el PP ha sido el enorme apoyo cosechado entre el conjunto de partidos, o, dicho de otra forma, el profundo rechazo de quienes han sido partidos amigos del PNV a su actual deriva política.

El PNV no sólo se ha aislado de los demócratas en su país, sino que ahora ha sido aislado por los demócratas de otros países. Y esto es probablemente sorprendente para el PNV y para lo distintos nacionalismos periféricos españoles, acostumbrados a una extremada ‘manga ancha’ en el contexto internacional. Y es que estos partidos se han beneficiado largamente del desconocimiento sobre las características de nuestro sistema democrático y sobre su ya lejana consolidación. También las élites funcionan con estereotipos y esos estereotipos sobre España han influido durante largo tiempo en las élites de otros países.

Estereotipos como la pervivencia de la influencia del franquismo, o la juventud y las deficiencias de nuestra democracia combinados con un sorprendente desconocimiento sobre el enorme grado de descentralización de nuestro sistema político, han mantenido hasta nuestros días unas curiosas comprensiones de nuestros países vecinos, no sólo hacia las estrategias rupturistas de los nacionalistas, sino incluso hacia la misma ETA.

Durante mucho tiempo los partidos españoles han tenido profundas dificultades para hacer entender en el contexto internacional la naturaleza del sistema político español y el absurdo político de las críticas y de las actitudes nacionalistas hacia ese sistema. Y es que el PNV y otros partidos minoritarios han conservado la capacidad y para condicionar la recepción de esos mensajes y para mantener ideas totalmente trasnochadas sobre España

Al PNV se le ha acabado esa posibilidad, porque ya no le dan crédito ni sus propios socios internacionales. Pero mucho me temo que ni siquiera este sonoro sopapo internacional le sirva al actual PNV para recapacitar y recuperar el camino de la sensatez y de la moderación. Probablemente seguirá en esa estrategia de auto defensa y de reafirmación de lo indefendible frente a lo que considera un ataque a los nacionalistas, una estrategia orquestada por oscuros poderes acabar con el PNV y con el nacionalismo en general.

El PNV está tan encerrado en su papel de perseguido que seguramente no es capaz de entender la significación política de lo ocurrido en Chile. Al PNV le han dado la espalda los partidos que defienden esas posiciones centristas, moderada y de orden que han sostenido en buena medida su apoyo electoral. No es consciente de que también ese apoyo electoral. No es consciente de que también ese apoyo electoral se puede estar resquebrajando, porque, no sólo sus socios internacionales, sino también sus propios votantes tienen dificultades para aceptar su actual estrategia.

Edurne Uriarte

12 Octubre 2000

'Agur'

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

La pertenencia del PNV a la Internacional Demócrata Cristiana (IDC) ha sido desde hace más de medio siglo un factor de moderación y de anclaje democrático de ese partido. Su expulsión de esa Internacional, por iniciativa del PP, tiene, por tanto, más de negativo que de positivo. Pero harían mal los dirigentes del PNV en no ver sino afán de venganza y voluntad de persecución en una decisión que ha sido respaldada por 125 de los 134 delegados participantes en el Congreso de la IDC, reunido estos días en Chile: significa que tampoco sus correligionarios de otros países entienden su política actual.En el PNV ha predominado siempre el factor ideológico, nacionalista, sobre el programático. Durante la República, sólo una minoría, representada por sus parlamentarios, podría considerarse próxima a los postulados de la naciente democracia cristiana, corriente centrista con fuerte contenido social. Fue ese sector el que, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, impulsó la participación del PNV en el sector democristiano del movimiento europeísta. Su política de alianzas durante la dictadura y su línea autonomista y europeísta en la transición se vieron influidas por esa vinculación.

Por eso es un error favorecer la ruptura de esa conexión, por mucho que la actual dirección nacionalista haya dado motivos para ello. Si a los Egibar y compañía no les importó salirse hace un año del Partido Popular Europeo (el grupo originariamente democristiano del Parlamento Europeo) para integrarse en el de Los Verdes, fue porque les incomodaba la presión que para sus planes soberanistas suponía la pertenencia a esa formación internacional. Y son los Guevara y los Arregi, partidarios de un nacionalismo integrador, por oposición al etnicista hoy dominante, quienes más tienen que perder con esta torpe maniobra del PP.

Sin embargo, deberán reconocer los dirigentes del PNV que se han ganado a pulso su aislamiento actual.La ruptura con la tradición autonomista, so pretexto de convencer a ETA de que podría alcanzar la independencia sin violencia, ha sido una operación aventurera planteada a expensas de la mitad no nacionalista de la población. Así se les advirtió desde medios y foros diversos. Y hasta la presunción de buena fe ha perdido fuerza una vez que a la ruptura de la tregua no siguió el abandono de Lizarra, Udalbiltza y demás criaturas del pacto con ETA. Sin esos errores, el PP no habría sido capaz de convencer a la casi totalidad de los miembros de la IDC de que respaldaran su errónea propuesta de expulsar al PNV. Y este partido no habría tenido que pasar por el amargo trance de decir agur a 53 años de su propia historia.

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