9 agosto 2009

Su padre ocupó cargos durante la dictadura franquista

La Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, asegura que su padre fue ‘un represaliado del franquismo’

Hechos

En agosto se hicieron públicas las declaraciones dela Vicepresidenta del Gobierno Dña. Teresa Fernández de la Vega (PSOE) en Paraguay sobre su padre.

Lecturas

Fernandez_de_la_Vega  D. José María Fernández de la Vega, que como D. Wenceslao Fernández de la Vega, ocupó cargos en el franquismo, sólo que en su caso fue mucho más entusiasta del régimen al oponerse como procurador a cualquier reforma política.

09 Agosto 2009

Carta de J. F. Lamata

J. F. Lamata

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Expreso mi sorpresa después de leer en ABC que la vicepresidenta del Gobierno Teresa Fernández de la Vega se molestó cuando dijeron que fue hija de un alto cargo franquista y aseguró que su padre fue un represaliado. Como usuario de hemeroteca me permito sugerirles que cojan el ABC del día 17 de julio de 1971, encontrarán una mención a las ‘Condecoraciones 18 de Julio’ que ese año fueron concedidas.

Entre los nombres encontrarán el de Wenceslao Fernández de la Vega y Lomban quien – tengo entendido – es el padre de la actual vicepresidenta. Así que para ser un represariado hay que admitir que debe ser de los pocos represaliados condecorados por el Gobierno de Franco.

Estoy convencido de que De la Vega y Lombán fue un magnífico Delegado del Trabajo en Valencio hasta su cese en los sesenta y que a ello obedece la medalla, pero el ejemplo debería servir para que los del sector del que forma parte la vicepresidenta no demonizaran a todos los funcionarios y dirigentes de aquella época.

09 Agosto 2009

Banderas de nuestros padres

Ignacio Camacho

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Nadie elige a sus padres. Por eso, aunque Freud estableciese en el parricidio psicológico un requisito irrenunciable de la independencia individual, la mayoría de las personas tiende a ennoblecer el recuerdo de sus ascendientes como una manera de embellecimiento de su propia identidad. Por tortuosas que hayan resultado las relaciones paternofiliales el tiempo tiende a sedimentar sumemoria desde la reconciliación, y los sentimientos imponen la lógica del orgullo afectivo. A veces hasta los límites de la impostura, que si en torno a uno mismo resulta una forma de hipocresía se vuelve más perdonable cuando la mueve el impulso póstumo de la indulgencia o el cariño.
Se entiende, pues, que la vicepresidenta De la Vega prefiera resaltar un rasgo objetivo de la biografía de su padre -el de funcionario represaliado por el franquismo- frente a la también objetiva evidencia de su posterior rehabilitación en un cargo público de la dictadura. Siendo ambos datos ciertos y de dominio público, el uno no borra el otro sin que ello suponga un juicio de valor al que nadie tiene, en realidad, derecho. Ocurre que De la Vega se siente más cómoda estilizando a su medida una genealogía que contradice aparentemente el discurso ideológico de limpieza de sangre que el zapaterismo quiere imponer con su revisión de la memoria histórica. Y su encomiable afecto filial le empuja hacia una especie de maquillaje retroactivo.
En el franquismo hubo excelentes personas y excelentísimos canallas. Don Wenceslao Fernández de la Vega pudo perfectamente pertenecer al primer grupo sin avergonzarse de nada, porque la calidad humana no depende, como pretende a menudo el sectarismo de la ideología, de una convicción política sino de una estructura moral. Los franquistas no lograron en su mayoría transmitir su fe ideológica a la siguiente generación, y es un hecho que gran parte de la izquierda actual es hija de padres que como mínimo vivieron conformes con la dictadura. No pasa nada. Salvo que se pretenda reescribir la Historia, como ha hecho este Gobierno, desde un ficticio maniqueísmo prejuicioso.
El padre de José Bono, por ejemplo, fue un convencido falangista, y el hijo asume ese dato incamuflable con una limpia y acogedora nobleza, bien distinta a la simulación torticera de aquel ex ministro que se proclamaba dispuesto «a luchar contra los hijos como antes contra los padres» siendo vástago de un dirigente del régimen. Las cosas son como son, y no tiene sentido disimularlas desde una óptica distorsionada que enfoca el pasado con el prisma miope de un presente dogmático, proselitista y ofuscado. Simplemente, cada uno es hijo de su tiempo y nuestro privilegio es el de vivir en una época mejor que la de nuestros padres. No la vayamos a estropear levantando de nuevo las banderas bajo las que ellos fracasaron.