4 junio 1989

La oposición logra la practica totalidad de los diputados y senadores que se decidían en estas elecciones, aunque la mayoría de las instituciones seguirá en manos del gobierno Jaruzelski

Las elecciones ‘parciales’ organizadas por el régimen comunista de Polonia otorgan un triunfo absoluto para ‘Solidaridad’ y Lech Walesa

Hechos

El 4.06.1989 se celebraron elecciones para la elección directa de una parte de los miembros del Senado.

06 Junio 1989

Una victoria peligrosa

Hermann Tertsch

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La catástrofe electoral para el partido comunista polaco ha sido absoluta. «Los comunistas pueden recurrir a cualquier método para mantenerse en el poder, salvo uno: las elecciones. Los conocemos demasiado bien. Han hecho 40 años de campaña electoral», decía lleno de gozo un periodista cercano a Solidaridad.

Desoyendo las recomendaciones hechas incluso por el líder de Solidaridad, Lech Walesa, en favor de la Lista Nacional, que integraba a 35 dirigentes del partido comunista, más de la mitad de los electores tacharon los nombres de toda la cúpula de¡ POUP.

Se han hecho un flaco favor los polacos cediendo a su indignación contra el partido. Solidaridad tenía buenas razones para desear la presencia de la dirección del POUP en el Sejm (Parlamento). Son los más firmes reformistas del partido.

Los ortodoxos tienen ahora un buen argumento para demostrar que el camino emprendido haría de¡ POUP, tarde o temprando, pero inevitablemente, una fuerza marginal e irrelevante. El partido tendrá que buscar ahora, de acuerdo con la oposición, una salida airosa para arreglar este desaguisado, recurriendo al tribunal constitucional o de alguna otra forma.

Se esperaba un gran apoyo a Solidaridad en el Senado y en los 161 escaños a los que podía acceder la oposición. No se preveía, sin embargo, una humillación semejante a la inferida al partido, a sus candidatos seguros y a la Lista Nacional con toda la cúpula directiva. Medios políticos y periodísticos en Varsovia se devanaban ayer los sesos en busca de la sinrazón que empujó al partido a establecer la necesidad de un apoyo del 50% para los candidatos de la Lista Nacional. Las últimas estimaciones indican que ninguno ha logrado esta marca.

La explicación más plausible en Varsovia es que la dirección de¡ partido ha sido víctima de su propia mitomanía. Décadas asegurando que cuenta con el apoyo de la mayoría de la población y asumiendo que la tediosa rutina del voto en pasadas elecciones con listas cerradas era expresión de apoyo a su política parecen haber inducido al poder a creerse con el apoyo de almenos el 50%. Las elecciones del domingo son un durísimo despertar para los comunistas polacos. La legitimidad que se habían otorgado ellos mismos, en su día, apelando a la historia, después al gran vecino del Este, está hecha añicos.

Los resultados de Varsovia al Senado, con más del 70% para cada candidato de Solidaridad y menos del 10% para los candidatos oficiales, son una muestra del veredicto implacable de los polacos en contra del sistema socialista.

En los próximos días el partido y el Estado deberán extraer las consecuencias de un resultado que los censura de forma abrumadora. Oposición y población están expectantes y preocupadas. Una victoria tan grande podría serles peligrosa.

El Análisis

Polonia vota, Solidaridad arrasa: El comunismo en el banquillo

JF Lamata
En un giro que habría sido impensable hace apenas una década, Polonia celebró elecciones legislativas parciales este mes, las primeras en las que el régimen comunista de Wojciech Jaruzelski permitió un atisbo de democracia. Por primera vez desde la posguerra, 161 escaños del Sejm (el 35% de la cámara baja) y los 100 escaños del Senado fueron sometidos a votación libre, mientras los comunistas se aseguraron el resto mediante un sistema amañado para proteger su poder. Pero el resultado ha sido un puñetazo en la cara del Partido Obrero Unificado Polaco (POUP): Solidaridad, el movimiento liderado por Lech Walesa, arrasó con 160 de los 161 escaños disputados en el Sejm y 99 en el Senado. Este no es solo un triunfo electoral; es una acusación demoledora contra 40 años de comunismo que han dejado a Polonia exhausta, empobrecida y harta de promesas vacías.
El mecanismo de las elecciones fue un compromiso forzado por años de presión. Las protestas de Solidaridad, el martirio de figuras como Jerzy Popiełuszko y el apoyo moral del papa Juan Pablo II obligaron a Jaruzelski a negociar en las mesas redondas de 1989, donde aceptó esta apertura parcial para calmar al pueblo y apaciguar a una URSS que, bajo Gorbachov, ya no amenaza con tanques. Pero los polacos no se conformaron con migajas: votaron en masa por Solidaridad, un movimiento que representa no solo a los trabajadores, sino a una nación que rechaza un sistema que ha significado colas para el pan, represión y censura. La humillación del POUP es histórica: candidatos comunistas, incluso figuras destacadas, fueron barridos por desconocidos respaldados por Walesa. Que un régimen de 40 años, sostenido por la fuerza y la propaganda, reciba tan poco apoyo en las urnas revela una verdad brutal: el comunismo en Polonia no tiene legitimidad, solo inercia.
Este resultado cambia el juego. Jaruzelski seguirá como presidente, pero su poder es ahora una cáscara vacía. La opinión popular, expresada con una claridad abrumadora, lo obliga a enfrentarse a un dilema: ignorar el mandato de las urnas o ceder terreno a Solidaridad, posiblemente nombrando a un primer ministro de la oposición, algo inédito en el bloque del Este. La victoria de Solidaridad no es solo electoral; es un grito de un pueblo que, tras décadas de opresión, ha encontrado su voz. Mientras el POUP lame sus heridas y la URSS observa con nerviosismo, Polonia se encuentra en una encrucijada: ¿será este el comienzo de una transición real hacia la democracia, o un último estertor antes de que el régimen intente cerrar la puerta? Una cosa es segura: los polacos han hablado, y Jaruzelski no puede hacerse el sordo por mucho tiempo.
JF Lamata