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Euforia en PNV, EA e IU, mientras que PP y PSOE son más recelosos

Los asesinos de ETA anuncian una ‘tregua indefinida’ para poder negociar con el Gobierno Aznar la independencia de Euskadi

HECHOS

El 19.09.1998 Euskadi Ta Askatasuna (ETA) anunció una ‘tregua indefinida’ para establecer negociaciones con el Gobierno presidido por D. José María Aznar.

MAYOR OREJA: «PODRÍA SER UNA TREGUA TRAMPA»

98_MayorOreja_Trampa Las primeras valoraciones del Gobierno fueron muy escépticas. El ministro de Interior, D. Jaime Mayor Oreja, consideró que podía tratarse de una ‘tregua trampa’. Sin embargo a las pocas horas de oficializarse el presidente del Gobierno, D. José María Aznar se mostró dispuesto a negociar con los terroristas si acreditaban esa tregua.

«HE AUTORIZADO CONTACTOS CON EL MOVIMIENTO DE LIBERACIÓN NACIONAL VASCO»

MLNV El 26.09.1998 D. José María Aznar reconoció oficialmente que había autorizado contactos con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), el complejo ‘paraguas’ de organizaciones abertzades vascas, de la que forma parta a su vez KAS y dentro de la cual está la organización asesina  ETA. Siendo fuente de comentarios que el Sr. Aznar en vez de hablar de contactos con ETA usara a su organización paraguas ‘contactos con el MLNV’.

¿UNA TREGUA PACTADA ENTRE HERRI BATASUNA Y LOS PARTIDOS PNV Y EA?

99_Pacto_PNV_EA_HB El diario EL MUNDO aseguró que la ‘tregua’ formaba parte de un pacto secreto que ETA / Herri Batasuna (Euskal Herritarrok) había cerrado con las formaciones del nacionalismo democrático PNV y Eusko Alkartasuna. Un acuerdo que incluía que los partidos liderados por D. Xabier Arzallus y D. Carlos Garaicoetxea rompieran sus vínculos con PP y PSOE para hacer un gobierno de Euskadi netamente nacionalista. (El PNV acababa de romper su gobierno de coalición con los socialistas). Ante su publicación tanto el PNV como Eusko Alkartasuna negaron haber firmado ningún acuerdo con ETA o Batasuna.

26 Septiembre 1998

El revés del guante

Txema Montero

A tregua unilateral e indefinida puesta en práctica por ETA desde el pasado viernes 18 me lleva de súbito a establecer comparaciones con situaciones anteriores, y particularmente con las conversaciones de Argel de donde extraigo una inmediata conclusión: los condicionantes e intervenientes son tan distintos que bien podemos decir que estamos ante un proceso a la inversa, como si al mismo guante se le hubiese dado la vuelta. Sin embargo, la inversión del proceso -como trataremos de demostrar- ha dotado al mismo de mayor fundamento que el precedente, por lo que nos permite mirar con esperanza e ilusión el futuro que a partir de ahora se abre.

ARGEL: LA NEGOCIACION DESDE LA FUERZA Argel no fue posible sin una acumulación de factores donde la política vasca (máximo techo electoral de HB y máxima cohesión del resto de formaciones con el recién estrenado Pacto de Ajuria Enea) confluía con la política española (huelga general de diciembre de 1988: primer signo serio de desgaste del PSOE); la situación interna del Gobierno anfitrión (Argelia, tras la revuelta de la sémola, primera manifestación de la rebelión fundamentalista, necesitaba un éxito internacional, y de ahí su disposición a la intermediación); y la acumulación de fuerzas manu militari que ETA pretendía con atentados-impacto como Hipercor o Zaragoza.

El escenario previsto era un diálogo ETA-Gobierno a modo de foto fija con final pactado (paz por alternativa KAS) con la posterior asunción de lo acordado por el resto de las fuerzas políticas. No se trataba, por tanto, de un verdadero proceso, sucesión de instantáneas, sino de una foto fija para su inmediata distribución: ETA-Gobierno en posición de igualdad.

Sin la coparticipación del resto de las fuerzas políticas (muy especialmente las nacionalistas), sin un suficiente debate en el seno del propio MLNV y, sobre todo, sin una posición honesta desde las autoridades de Gobierno, que se debatían entre cerrar el tema vasco gratificando a ETA con una salida digna, consistente en trato mediático complaciente y, peor aún, arreglar con tan desproporcionado emplaste los turbios asuntos (GAL) en los que estaban inmersos quienes, por parte del Gobierno, impulsaron las conversaciones y participaban como interlocutores, la tentativa acabó como es sabido: un Gobierno incapaz de respaldar siete líneas aprobadas por sus comisionados, ayudadas a extraer con fórceps por los anfitriones argelinos, y una ETA que, sintiéndose engañada y ajena al enorme desequilibrio de fuerzas presentes, emplazaba en ultimátum al Gobierno reiniciando los atentados.

LOS CAMBIOS POLITICOS Desde entonces hasta ahora algunas cosas han cambiado, principalmente dentro del campo nacionalista. El MLNV, luego de ensayar la confrontación a los cuatro vientos, contra el Estado (atentados regios), el Gobierno y su partido (Aznar y concejales), la Ertzaintza y el resto de formaciones políticas (ataques a sedes), descubre que, lejos de aglutinar sus filas, éstas comienzan a presentar desafecciones en aquellos sectores periféricos, menos militantes, que dejan de votar a HB (una pérdida del 20% del voto en los últimos 10 años), desmovilizados hasta el punto que supondría un ejercicio de exageración calificar más allá de tímidas las respuestas frente al despliegue represivo del Estado (encarcelamiento de la Mesa Nacional, cierre de Egin, etcétera).

El PNV asiste a la languidez del Pacto de Ajuria Enea, al debilitamiento de una Mesa incapaz de otra cosa que de condenar la violencia en un ambiente cada vez más cargado de antinacionalismo so capa de que éste y el terrorismo son caras de la misma moneda. El repunte de esta marea se alcanzó tras el asesinato de Miguel Angel Blanco. El MLNV se vio por vez primera expulsado de la nación. No estaba ante una ofensiva mediática, sino ante un pueblo alzado dispuesto a no transigir ni un solo minuto más con el homicidio político. ETA, empero, perseveraba en su estrategia; Málaga primero, Sevilla después, sin todavía percibir que el aforismo «las contradicciones que generan la lucha armada se resuelven con más lucha armada» era ya lo viejo frente a lo nuevo que se irá, se está, paulatinamente imponiendo y es que «el mayor enemigo de la lucha armada es la propia lucha armada».

El PNV, EA e IU también entendieron que la gente pedía un arreglo sin dilaciones, pero no a cualquier precio, y el PSOE y, sobre todo, el PP creyeron ver que la piel del pueblo vasco mutaba de nacionalista a españolista como si el espíritu de Ermua fuera una cremallera que posibilitase con su simple uso este inmediato desvestimiento y revestimiento.

EL TRANSITO A partir de entonces los acontecimientos se precipitan, y la actualmente encarcelada Mesa Nacional, justo es reconocerlo, envía señales de cambio de estrategia incluso si su futuro pasara por la cárcel. ELA, LAB y Elkarri convocan manifestación nacional para cuantificar los apoyos al tercer espacio, y ETA atenta en Irún para comprobar la solidez (blindaje será el término que a partir de entonces se utilice) del mismo. Es ya sabido que a partir de febrero del año en curso el PNV dialoga con el MLNV en una trasposición no mimética del modelo irlandés (aquí el Gobierno británico no tiene homólogo), que de igual manera supera situaciones difíciles como los atentados de Zarauz, Iruña y Gasteiz, muerte de Inaxia Zeberio, detención de la dirección de Egin y cierre de la radio y del propio periódico.

Nada de lo antedicho hubiera sido posible sin el concurso de la dirección de ETA. Esto incluye al comúnmente reconocido cambio de la nueva Mesa Nacional de HB, sin legitimación anterior suficiente para que en tan corto espacio de tiempo se imponga frente a los sectores internos más refractarios al giro estratégico, que no es otro que el del abandono escalonado de la lucha armada.

LA TREGUA: NEGOCIACION DESDE LA POLITICA Tal enormidad precisaba y propiciaba un cauce procedimental al modo seguido en Irlanda, de ahí la propuesta (otra vez de la antigua Mesa Nacional) de un Foro con este nombre, y, sobre todo, de un acuerdo de gran calado político que se estableciera como marco para un nuevo contrato social entre vascos y para con España. Este puerto de arribada resultó ser la Declaración de Lizarra, inicio de un camino abierto -sin metas definidas-, basado en la soberanía vasca y el respeto a la pluralidad.

La tremenda lógica interna que evidencia el proceso descrito choca con la estupefacción con que determinados sectores recibieron el anuncio de la tregua. Debo suponer que lo inesperado de la misma y, sobre todo, su carácter incondicional e indefinido (algunos desde hacía tiempo insistíamos que sin ambas características no sería creíble para la sociedad vasca) cogió a muchos a contrapié, entre ellos a quien esto escribe, desconocedores del grado de maduración del debate en la dirección política del MLNV. En este punto comienzo a sospechar que parte de la clase política española conocedora, a través de los servicios secretos, de la evolución de ETA, se encontraba más cómoda en la situación anterior; me responsabilizo de la gravedad de esta afirmación, que sostengo porque no acabo de entender que quienes se resisten a admitir las semejanzas de los procesos de paz en Irlanda y Euskadi mantienen al tiempo que un eventual diálogo con el MLNV supondría una reedición de la política de apaciguamiento sostenida por Chamberlain con Hitler que dio lugar al claudicante Pacto de Múnich, origen de la II Guerra Mundial, ni más ni menos.

EL PROCESO Y SUS ENEMIGOS Dos son, a mi juicio, los enemigos que de inmediato afronta el proceso de diálogo. El primero, una vez oídas las primeras respuestas del Gobierno y del principal partido de oposición, la tentación dilatoria, una larga siesta a la española que, lejos de la experiencia angloirlandesa caracterizada por lo dinámico de las resoluciones adoptadas, se sitúa en la peor tradición de un país donde siguen empeñados en llamar Reconquista a algo que duró 800 años. A este respecto no es malo recordar que sin quebranto de la legislación vigente el Gobierno puede disponer de la libertad de más de 120 presos que han cumplido tres cuartas partes de la condena y el paso a tercer grado de más de 80 que tras muchos años de prisión siguen aún en primer grado penitenciario sin posibilidad de excarcelaciones temporales.

El segundo enemigo del proceso vendría de una inmediata polarización política del mismo. La pronosticable tensión constitucionalismo-soberanismo supone una formulación avanzada con respecto a antagonismos anteriores tales como el maniqueo españolismo-vasquismo, subjetivo y menos adecuado a la realidad de una sociedad vasca plural. No resulta superfluo señalar que, en el caso de navarros y vascos del norte, llevan viviendo 20 generaciones bajo instituciones políticas foráneas, siendo 32 las que los vascongados coexistimos dentro del Estado español. También resulta oportuno recordar el horror a la modificación constitucional por parte de una clase dirigente española que contempla los 180 últimos años de su historia donde la estabilidad constitucional ha sido la excepción, y las modificaciones de la misma han dado pie a periodos de desorden, cuando no de enfrentamiento. En este sentido, recientemente recordaba Shlomo ben Ami -ex embajador de Israel, dirigente laborista y experto en la Segunda República española- en una conferencia en La Fundación Sabino Arana el tremendo impacto desestabilizador que supuso la definición de España como una república de trabajadores de todas las clases en la Constitución de 1931.

Mas siendo consustancial a una sociedad democrática la confrontación ideológica y política, ésta puede resultar inconveniente si el proceso de paz, valor en sí mismo, resultare dañado. Parece, por tanto, obligado que los pasos a dar en el cambio del marco jurídico y político se sitúen entre el Scilla del consenso y el Caribdis de la inexistencia de veto por parte alguna. Difícil travesía para todos y particularmente para aquellos que el revés del guante lo hayan interiorizado en otra acepción que de la palabra revés permite la lengua española: infortunio, desgracia, contratiempo. Frente a quienes, como ABC, contemplan esta nueva situación como una crisis, para todos los vascos nos abre un ilusionante camino al que, para dotarlo de irreversibilidad, deberemos aportar todos nuestros esfuerzos y esperanzas

20 Septiembre 1998

Tregua y opinión

EL PAÍS (Jesús Ceberio)

No es sorprendente que la tregua de ETA sea vista con más esperanza en Euskadi que en el resto de España. El sondeo de urgencia publicado ayer por este periódico ha venido a ratificar esta percepción diferente de un hecho que ha tenido enorme impacto en todo el país. Puesto que los vascos padecen de manera más inmediata la amenaza del terrorismo, es natural que por encima de otras consideraciones valoren cualquier iniciativa que alivie esa tensión. Una tregua de ETA es bien vista por quienes nada tenían que temer -porque se habían adaptado más o menos-, pero sobre todo por quienes habían resistido a la imposición violenta y no se sentían a cubierto. La suma de ambos grupos da ese 73% de vascos esperanzados. En el resto del territorio domina el escepticismo y no faltan motivos para ello.El sondeo incluye también algunas reacciones más sorprendentes. Por ejemplo, que los ciudadanos que consideran que el Estatuto de Gernika es un instrumento aún válido, no agotado, son más numerosos en el País Vasco (51%) que en el resto de España (34%). Ello significa seguramente que esa negativa percepción exterior se ve condicionada por el desapego mostrado por los políticos nacionalistas en sus declaraciones; pero los propios vascos no lo ven así. Uno de los debates que plantea la nueva situación es si los cambios en el marco político que propugnan con diversa intensidad los partidos nacionalistas corresponden a una demanda real de la sociedad vasca o al hecho de que ETA haga depender de ello el abandono definitivo de la violencia.

El sondeo ofrece algún indicio. Por ejemplo, hay una diferencia de 20 puntos entre quienes consideran que la autodeterminación es «un problema prioritario» (39%) y quienes se muestran dispuestos a aceptar «un cambio en la Constitución española que reconociese el derecho de autodeterminación» (59%) a cambio de que ETA abandone definitivamente las armas.

Del conjunto de las respuestas se desprende que lo que ocupa a los políticos no coincide necesariamente con lo que preocupa a los ciudadanos y a menudo invocan en vano la supuesta voluntad del pueblo para poner en práctica decisiones que sólo a ellos interesan. La encuesta periódica que el Gobierno de Vitoria realiza desde hace años sobre las preocupaciones prioritarias de los vascos indica sistemáticamente que el terrorismo es, junto con el paro, una de las dos preocupaciones esenciales; mientras que el «desarrollo del Estatuto» y «el logro de las aspiraciones de autogobierno» figuran siempre entre los tres problemas percibidos como menos acuciantes sobre una lista de 16 cuestiones.

Resulta sorprendente -aunque el dato ya había sido revelado por otros estudios anteriores- que haya más vascos dispuestos a aceptar que se cambie la Constitución y el Estatuto que a amnistiar a los presos de ETA. Sorprendente, porque sin duda sería más viable sacar a los presos que emprender unas reformas legales de dudosa legitimidad democrática -en la medida en que una minoría impusiera sus puntos de vista a la mayoría- y que requerirían un consenso difícilmente alcanzable.

Pero, más allá de las conclusiones que arroje este sondeo de urgencia, estamos en una situación en la que los políticos, en primer lugar el Gobierno, no pueden limitarse a esperar acontecimientos ni tampoco quemar etapas mientras no haya indicios firmes de que la tregua indefinida puede convertirse en definitiva. El Gobierno tiene indicios consistentes de que hay una oportunidad real de que sea así. Y debe emplearse a fondo para conseguirlo. La declaración de Aznar desde Lima señala el buen camino, que no es otro que el de una acción concertada de todos los partidos democráticos para explorar las vías que contribuyan a una paz duradera. El hecho mismo de que el presidente Aznar se encaminara ayer directamente desde el aeropuerto a la Zarzuela, para entrevistarse con el Rey, transmite a los ciudadanos sin necesidad de mayores explicaciones el mensaje de que nos encontramos ante una situación excepcional.

La ausencia de atentados debe permitir a todos los partidos abrir un debate en profundidad que no rehúya ninguna cuestión. Como ha recordado el lehendakari Ardanza, puede haber llegado el momento de abrir el proceso de diálogo contemplado en el artículo 10 del Pacto de Ajuria Enea para el momento en que exista una «voluntad inequívoca» de ETA de renunciar a la violencia. Pero ese mismo texto establece la regla de la mayoría democrática para cualquier acuerdo de naturaleza política. Sería inaceptable primar a quienes cargan más de 800 muertes sobre sus espaldas.

04 Noviembre 1998

Horizonte de esperanza

ABC (Director: Francisco Giménez Alemán)

A las once treinta de la mañana de ayer, un despacho de agencia informaba que el presidente del Gobierno había autorizado el «establecimiento de contactos» con interlocutores del entorno del MLNV con el fin de «acreditar la voluntad» de la banda terrorista de dar los pasos precisos para el «cese definitivo de la violencia».

La esperanza, precaria todavía, de que el proceso que se anuncia fructifique en la pacificación del País Vasco, exonerando a esa entrañable porción de España de la servidumbre del terror, nos lleva a subrayar la fecha del 3 de noviembre como el posible punto de partida de una andadura que ningún español de buena voluntad puede dejar de desear que culmine venturosamente.

La noticia no puede considerarse sorprendente. Con dosificada cautela, no ha dejado de sugerirse en todas las manifestaciones de Aznar, sobre todo en su importante discurso de Victoria cuando reclamó «compromisos claros» y advirtió que la paz no podía tener el precio de la democracia ni habría de ser administrada por quienes quisieran «retorcer la voluntad de los ciudadanos».

Se abre un proceso arduo y de resultado incierto. Los precedentes —la disolución sólo parcialmente lograda de los «polis-milis», Argel, las sucesivas «tomas de temperatura» de los gobiernos socialistas— aconsejan mantener la más rigurosa cautela. Pero es un camino que merece la pena y hay que alentar el valor de Aznar por decidirse a recorrerlo.

Creemos que la metodología adoptada es la única capaz de alcanzar resultados. Sin mediadores melífluos, instalados en una equidistancia inadmisible, ni interferencias de los partidos que pretendieran sacar réditos de su intermediación. Sólo el Gobierno de la Nación tiene en sus manos la única contrapartida a la que la banda puede aspirar: la indulgencia.

En este momento, no cabe olvidar a las víctimas del terrorismo y a sus familias. Su más plenaria reparación y su reconocimiento son un auténtico prerrequisito para cualquier buen fin de las conversaciones. Estamos ciertos de que el Gobierno no dejará de tenerlo en cuenta. Como tampoco, por obvio, nos parece necesario subrayar que las reglas del juego, la Constitución, el Estatuto, no pueden ponerse sobre la mesa. Aznar lo ha dicho hasta la saciedad. Cumplidas esas condiciones, es hora de grandeza de miras. Es la hora también de consenso: el Gobierno debe implicar en su propósito a todas las fuerzas políticas.

Para un periódico es duro admitir que la reserva más escrupulosa es una condición imprescindible para el éxito de los contactos. No podemos abdicar del deber de informar responsablemente. Pero somos muy conscientes de la importancia de lo que está en juego y nos sentimos comprometidos con el logro de la paz. Por ello, procuraremos no perjudicar el proceso, mediante un muy prudente y sereno ejercicio de nuestro derecho a informar y opinar. Nunca pondríamos en riesgo la posibilidad cierta de un País Vasco libre y en paz a cambio de la satisfacción efímera de una portada de tan seguro como fácil impacto.

04 Noviembre 1998

Otro valiente paso de Aznar hacia la paz

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

El Jefe del Gobierno confirmó ayer lacónicamente que ha autorizado la toma de contactos con el entorno de ETA. Poco después el portavoz del Ejecutivo aclaró que esos contactos «con el llamadoMLNV» (Movimiento de Liberación Nacional Vasco) apuntan a acreditar que la decisión de la organización terrorista de abandonar la violencia es definitiva. Obvió decir —era innecesario— que, de confirmarse tal cosa, habrá negociación.

¿Cómo? ¿Entre quiénes? ¿Cuándo? ¿Dónde? El Gobierno no quiere entrar en detalles, y se entiende. Se sabe, eso sí, que José María Aznar está decidido a seguir el proceso muy de cerca, no delegando en nadie salvo para lo imprescindible. Lo más probable es que la tarea acabe subdividiéndose: habrá diálogo directo con ETA, de un lado, para evaluar el problema de los presos —aunque no sólo—, y habrá por otro lado conversaciones más específicamente políticas, en las que todas las fuerzas parlamentarias habrán de tener participación.

Estamos, en todo caso, ante un giro fundamental de los acontecimientos, que afecta hasta al lenguaje: nunca el Gobierno se había referido al MLNV, utilizando estas siglas, como lo hizo ayer. La iniciativa que ha emprendido desborda ampliamente no ya sus planteamientos iniciales —que para qué recordar— sino incluso posiciones más matizadas y recientes, como la que exigíia «un signo inequívoco» de ETAantes de pasar a mayores. Al final, ha optado por prescindir de los contactos exploratorios del Cesid —difícilmente podría encontrarse un organismo que suscitara más recelos en la otra parte— y tomar la iniciativa directamente y con valentía, como hizo John Major en su día con el IRA.

El Gobierno vasco ha manifestado la «gran satisfacción» que le produce la iniciativa de Aznar. IU la ha calificado de «fabulosa». EA dice que «éste es el camino». Incluso UPN la ve «correcta». Sólo los portavoces de la cúpula del PSOE la ha criticado. Se quejan con amargura de que no fueron advertidos de ella con la necesaria anticipación, lo que les mueve a calificarla de «imprudente». Pero hay que subordinar las formas a los contenidos. Así lo ha hecho el ex ministro Enrique Mújica y así lo ha remachado el portavoz de la Junta de Andalucía, para quien una decisión como ésta «no debería ser objeto de polémica».

Ante asunto de tanta trascendencia, los celos partidistas están de más. Si la paz acaba por lograrse, nunca será exclusiva de Aznar: corresponderá a todos cuantos la hayan propiciado.

04 Noviembre 1998

Con tacto

Federico JIménez Losantos

Tengo la impresión de que la sorprendente, intempestiva e inesperada confirmación por parte de José María Aznar de su autorización para el establecimiento de contactos con ETA guarda estrecha relación con la noticia filtrada ayer acerca de una supuesta escisión dentro de la banda terrorista entre los que quieren tener un trato directo con el Gobierno y quienes prefieren que se lleve a cabo a través de Herri Batasuna, que tomaría así un carácter de intermediario y no de simple brazo político del terrorismo. Si mis suposiciones son ciertas, el Gobierno habría mostrado una preocupación razonable sobre el proceso, pero también una preocupante prisa por no perder pie en acontecimientos de los que no es responsable y que dificilmente puede controlar. Además, da pie a que los partidos de oposición critiquen un protagonismo exclusivo y excluyente del proceso de paz, en perjuicio del consenso necesario de los partidos democráticos. Lo primero sería malo y lo segundo, peor.

Puesto que es el fin del terror lo que se busca y el camino es necesariamente, como en la canción deGeorges Harrison, «largo y sinuoso», convendría no apresurarse en los trámites y contar con los inevitables retrocesos y tiempos muertos de lo que de una u otra forma será la negociación, aunque se salven los principios éticos y democráticos que el Gobierno de un país respetuoso de sí mismo nunca debe perder de vista. Y si hay algo que en estos contactos y los que vengan tampoco se puede perder es, precisamente el tacto, el cuidado, la precaución de no enajenarse el apoyo de los partidos políticos democráticos. En ese sentido, la impresión de ayer, con el abrupto anuncio confirmatorio de Aznar y la vaga explicación de Piqué relativa a aspectos colaterales, aunque posiblemente ciertos y sin duda importantes, así el fin del «impuesto revolucionario» o el fin de atentados «incontrolados» contra sedes de partidos, no es precisamente confortable, ni siquiera satisfactoria. Se entiende y se disculpa que una precipitación de problemas internos en el bando terrorista haga correr al Gobierno para no perder el tren de los acontecimientos. Se entendería mucho peor y no admitiría disculpa que esa prisa sólo pretendiera mantener ese «liderazgo en el proceso de paz» sobre el que hablan demasiado los políticos populares, lejos ya de la inevitable batahola de las declaraciones electorales vascas. Cuidado con ese asunto.

Que el Gobierno español debe dirigir el proceso de pacificación es evidente. Que no entienda que tal dirección implica la permanente atención informativa y la eventual consulta al resto de partidos democráticos es una posibilidad preocupante. En la opinión pública el consenso visible de los grandes partidos nacionales es un elemento fundamental. Si por «apuntarse un tanto» el Gobierno perdiera el partido, perderíamos todos. También Aznar.

20 Septiembre 1998

A vueltas con la tregua

Alfonso Ussía

No me creo lo de la tregua. Algunos dicen que estamos en el principio del final, cuando en realidad nos hallamos en el final del principio. Estraordinaria propaganda para el PNV con vistas al mercado electoral. Por primera vez en muchos años ETA ha obedecido públicamente al gran estratega, al jefe supremo. Comparen los documentos anteriores de ETA con el último comunicado y apreciarán un brusco cambio de estilo, tanto en el fondo como en la forma. Lenguaje más culto, redacción más limpia, atisbos de renuncias al pasado en beneficio de acuerdos venideros. Nada que ver con los escritos previos. Comparen el estilo del comunicado con los artículos dominicales de Arzalluz en DEIA. La misma cadencia, semejante ritmo. Ahí está la escuela. Loyola, Klagenfurt, Deusto, ‘Sabin Etxea’. Lo que ha hecho ETA es firmar. ‘Firmad aquí, brutos’; ‘lo que tú ordenes, patrón’.

Tregua unilateral. No entiendo la figura. Unilateral e indefinida. ¿Cómo va a ser bilateral si sólo un lado asesina, secuestra y extorsiona? Indefinida por lo que tiene de indefinición. La última tregua unilateral e indefinida terminó con el atentado al Hipercor de Barcelona. Extraño documento obispal. Carga sobre los políticos la responsabilidad. Al lado de los obispos uno no pasa de monaguillo, pero más que sobre los políticos y los partidos democrático la responsabilidad habría que encomendársela a los terroristas.

Las elecciones a un paso. Lo he escrito antes. El PNV ha dado un gran golpe de efectividad y buena imagen. Arzalluz ha cogido en bragas al resto del personal. ‘Estáis en vuestro peor momento. Ofreced una tregua del a mano de los nacionalistas. Si ganamos las elecciones con holgura, vamos al objetivo común. Si no es así, rompéis la tregua y adelante. Os lo repito, firmar aquí, chocholos, que sois unos chocholos’; ‘lo que ordenes, jefe’.

La referencia es Irlanda. ¿Qué tienen que hacer Irlanda en este lío? Ya quisieran los irlandeses del Ulster el nivel de autonomía de los vascos. Además ¿En qué se parecen Irlanda y España, el Ulster y el País Vasco? En nada, excepto en el terrorismo. Ni la Historia, ni la situación, ni el desenlace nos acercan a Irlanda. Pero les gusta la compasión. Les apasiona.

¿Independencia? ¿Quiénes la votan y la conceden? La Constitución no la admite. Si hay que reformar la Constitución, que lo haga el pueblo español con sus votos. ¿qué harían los vascos con la mayoría de sus ciudadanos que sin renunciar a sus raíces no desean dejan de ser españoles? Y Europa. ¿Qué pasaría con Europa? Euskalerría forma parte de la Europa unida y de su administración como territorio del Reino de España. Lo de Europa de los pueblos está muy bien como adorno y sueño. Europa, mientras no se demuestra lo contrario, es la del os Estados. ¿Lo han pensado los nacionalistas?

Pero retomemos el pulso de la dichosa tregua. La esperanza es libre y la credulidad. También la desconfianza y la absoluta falta de fe. Asistimos a una grandiosa representación del despropósito, a una ópera con final condicionado por unas elecciones. Si triunfan los partidos nacionalistas y pueden gobernar juntos clericales y criminales, los primeros dominarán a los segundos. Si la victoria es pírrica o se produce una derrota y el PP, PSE y UA mantienen o aumentan sus fuerzas, la tregua terminará.

Con ma´s muertos, más secuestros, más extorsiones y más barbarie que nunca. Entonces la culpa recaerá sobre todos nosotros y seguirá el drama.

Pero lo cortés no quita lo valiente. ETA es un instrumento. El gran golpe lo ha dado el PNV desde la astucia de Javier Arzalluz

Alfonso Ussía

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