26 diciembre 1925

Manuel Delgado Barreto asume la dirección del periódico LA NACIÓN, convertido en la nueva ‘voz del régimen’ de Primo de Rivera

Hechos

En diciembre de 1925 se produce un cambio en la dirección del periódico LA NACIÓN.

Lecturas

El periodista D. Manuel Delgado Barreto se convierte en director de La Nación tan sólo dos meses después de la salida del periódico, sustituye en el cargo a D. Pedro Rico Parada. El fichaje del Sr. Delgado Barreto supone una apuesta en el objetivo del Gobierno en convertir el periódico en el órgano de expresión de Unión Patriótica, el partido político del general D. Miguel Primo de Rivera Orbaneja. D. Serafín Adame García de Barrio se convierte en Administrador.

D. Manuel Delgado Barreto era director del periódico La Acción hasta el pasado mes de mayo de 1924 cuando el Gobierno del Directorio cerró aquel medio a pesar de ser el Sr. Delgado Barreto un firme partidario de la dictadura militar. Ahora el Sr. Delgado es compensado quedando al frente de otro periódico como ‘voz del Gobierno’.

Polémicas por defender al régimen.

El Análisis

UN SOLDADO MEDIÁTICO DEL FASCISMO

JF Lamata

Manuel Delgado Barreto venía del maurismo. La derecha conservadora de toda la vida. Pero conforma avanzaba la década de los años 20 cada vez miraba con más simpatía ese nuevo movimiento político llamado ‘fascismo’ que había triunfado en Italia. Cuando llegó la dictadura de Miguel Primo de Rivera creyó ver en este al ‘Mussolini español’ y decidió poner toda su capacidad periodística al servicio de la dictadura convirtiéndose en la voz oficial de la Unión Patriótica, el partido único del régimen.

En 1930 caería el dictador y caería la Unión Patriótica, pero no cayó LA NACIÓN, Manuel Delgado Barreto se había comprometido con el diario fascista y anti-izquierdista. Y por ello sería un feroz soldado contra la izquierda en las décadas siguientes. Delgado Barrieto permanecería hasta el final de LA NACIÓN, hasta que una turba de izquierdista hundió su periódico en 1936, parecida a la turba que no poco después acabaría con su vida en Paracuellos del Jarama.

J. F. Lamata