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El ministro usó como argumento que uno de sus colaboradores hubiera beneficiado a la empresa de un familiar

Manuel Pimentel dimite como ministro de Trabajo poniendo fin a sus pésimas relaciones con el presidente José María Aznar

HECHOS

El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, D. Manuel Pimentel, dimitió en febrero del año 2000.

ministro_juancarlosaparicio D. Juan Carlos Aparicio será el nuevo ministro de Trabajo y Asuntos Sociales reemplazando al dimitido Sr. Pimentel.

 

20 Febrero 2000

Pimentel

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El hasta ayer ministro de Trabajo, Manuel Pimentel, ha asumido en su grado más alto la responsabilidad política que puede exigirse por las irregularidades de un colaborador cercano y ha presentado su dimisión al presidente. Abre así, a tres semanas de las elecciones, una sorpresiva crisis política en el Gobierno de Aznar, que éste va a cerrar de inmediato nombrando nuevo ministro a Juan Carlos Aparicio, secretario de Estado de la Seguridad Social, y miembro del equipo de Pimentel.Según el ministro dimisionario, un político responsable lo es también de lo que hacen sus colaboradores. Si esta vara de medir se hubiera aplicado en la política española desde la transición, los ciudadanos se habrían ahorrado algunas de las crisis más espectaculares, que han deteriorado gravemente la credibilidad de los políticos y la imagen misma de la política. Aunque Pimentel manifestó no ser ejemplo para nadie, al dimitir abre un paralelismo retrospectivo sobre otros casos recientes. El más notable, el de las subvenciones al lino, en el que dimitieron tres altos cargos de Agricultura sin que su titular, Loyola de Palacio, se sintiera concernida por ningún tipo de responsabilidad.

Queda ahora que el presidente de Gobierno informe en profundidad de lo que ha sucedido en el Ministerio de Trabajo para que no puedan extenderse otras elucubraciones más torticeras sobre la dimisión de Pimentel. El ya ex ministro afirmó que había abierto una investigación que le permitía afirmar que no se ha producido desviación de fondos, sino tan sólo abuso de confianza de un colaborador muy cercano. La dimisión atenúa en buena parte el error de un nombramiento que ha resultado tan desafortunado. Pendientes de esos datos, hay que subrayar que la labor de Pimentel al frente de Trabajo se ha basado en la responsabilidad y el diálogo. Su forma de salir de la política confirma un estilo nada común.

20 Febrero 2000

La Marcha de Pimentel

LA RAZÓN (Director: Joaquín Vila)

El ministro de Trabajo, Manuel Pimentel, dio ayer una lección de ética y comportamiento democrático al asumir su responsabilidad en el escándalo suscitado por el caso Aycart y presentar su dimisión al presidente del Gobierno, José María Aznar.

Pimentel había dado sobradas muestras de su buen hacer y responsabilidad, premiadas con un gran éxito en la política de empleo. Ya demostró su coherencia al anunciar que renunciaba a la política activa hace un par de meses. A nadie extraño, por tanto, que al conocer las vinculaciones incompatibles de su director Migraciones, Juan Aycart, ordenase su inmediata destitución y asumiese públicamente la responsabilidad de lo ocurrido que ahora se traduce en dimisión.

No es ocioso el gesto de renunciar de un ministro al final de la legislatura. Es, eso sí, un acto de coherencia democrática que sorprende en un país acostumbrado por trece años de hegemonía socialista a ver como los políticos se aferraban al sillón, aunque llovieran escándalos y corrupciones.

20 Enero 2000

Dimisión ejemplar en el fondo y frívola en la forma

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

La dimisión, ayer, de Manuel Pimentel como ministro de Trabajo, supone un ejemplo de coherencia democrática. En realidad, su carrera estaba amortizada desde que anunció que no repetiría en las listas, pero la denuncia de que uno de los altos cargos del Ministerio había cobrado subvenciones para cursos de formación del INEM precipitó ayer su salida del Gobierno.

Lo primero que cabe resaltar es que Pimentel -que sucedió a Arenas al frente de Trabajo el año pasado- ha puesto el listón muy alto en cuanto a la conducta de los políticos. El dimite porque se considera responsable in vigilando del comportamiento del director general de Migraciones que se enriqueció gracias a subvenciones recibidas por una empresa de su mujer que realizaba cursos de formación para el INEM. Es verdad que sus actividades comenzaron en el año 95, siendo ministro Griñán y continuaron bajo el mandato de Javier Arenas. Pero Pimentel se considera más responsable porque tuvo a Aycart como jefe de Gabinete, lo promovió y terminó siendo su amigo.

Puede ser que el ex director general no haya incurrido en la ilegalidad -y en este punto hay que insistir en que se cambie la ley para prohibir que los altos cargos reciban subvenciones o contraten con el Estado- pero sí es una conducta inmoral y, por lo tanto, hay que aplaudir la dimisión de Pimentel. Desde luego, si durante el felipismo se hubieran aplicado tan disciplinada teoría de las responsabilidades políticas, los bancos azules habrían quedado vacíos cada dos por tres.

No se puede decir que esta renuncia haya sido una sorpresa, habida cuenta de que el viernes ya había asumido la culpa de haber confiado en su alto cargo. Lo que sí resultó sorprendente fue la forma de hacerla efectiva. Pimentel dimitió ante los medios de comunicación sin habérselo comunicado antes al presidente del Gobierno. Resulta un comportamiento frívolo. Y no sólo por razones de cortesía, sino porque un Ministerio no es una oficina que se abandona por las buenas después de una noche de reflexión imsomne.

El presidente del Gobierno actuó ayer con reflejos al nombrar inmediatamente como sustituto a Juan Carlos Aparicio, el hasta ahora secretario de Estado de la Seguridad Social. Un nombramiento que, si el PP gana las elecciones, no será provisional porque el político burgalés -colaborador de Aznar desde hace muchos años- era uno de los fijos en todas las quinielas para suceder a Pimentel.

El episodio, sin embargo, otorga bazas políticas al PSOE para utilizarlo contra Aznar en campaña electoral. Un Aznar que ayer demostró su enfado negándose a hablar con Pimentel por la forma en que anunció su dimisión. El ex ministro insistía anoche en que su forma de actuar «dará más votos al PP». Ingenua despedida la suya.

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