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El Gobierno fue identificado como 'El Gobierno del Cuaderno Azul', puesto que el propio presidente exhibió en rueda de prensa el cuaderno en el que diseñó al Gabinete

Nuevo Gobierno Aznar: Ascenso de Mariano Rajoy que pasa a ser el Vicepresidente Primero y de Piqué que sube a exteriores

HECHOS

El 27.04.2000 D. José María Aznar hizo público su primer Gobierno de la Segunda legislatura.

EL 27 de abril de 2000 el presidente del Gobierno D. José María Aznar López, presenta la nueva composición de su consejo de ministros tras su triunfo en las elecciones generales del año 2000. Después de haber mantenido casi íntegro a su primer gobierno de mayo de 1996 toda una legislatura, salvo por la controvertida dimisión de D. Manuel Pimentel.

El Sr. Aznar presenta su Gobierno como apuntado en un ‘libro azul’, que despertará muchos comentarios en medios.

GOBIERNO AZNAR DEL LIBRO AZUL (Abril 2000)

Del nuevo Gobierno destaca el ascenso de D. Mariano Rajoy Brey, que pasa a ser vicepresidente primero en lugar del Sr. Cascos, que sigue en el Gobierno, pero sin vicepresidencia. Esto sitúa al Sr. Rajoy como el principal aspirante, junto a D. Rodrigo Rato Figaredo, a suceder a D. José María Aznar cuando finalicen sus ocho años de mandato.

  • Presidente – D. José María Aznar
  • Vicepresidente Primero y ministro de Presidencia- D. Mariano Rajoy
  • Vicepresidente Segundo y ministro de Economía – D. Rodrigo Rato.
  • ministro_pique Exteriores – D. Josep Piqué
  • ministro_mayororeja Interior – D. Jaime Mayor Oreja
  • Hacienda – D. Cristobal Montoro
  • Defensa – D. Federico Trillo
  • acebes_ministro Justicia – D. Ángel Acebes
  • Administraciones Públicas – D. Jesús Posada.
  • Medio Ambiente – D. Jaume Matas
  • cascos_ministro Fomento – D. Francisco Álvarez Cascos
  • ministro_juancarlosaparicio Trabajo – D. Juan Carlos Aparicio
  • ministra_villalobos Sanidad – Dña. Celia Villalobos
  • 2014_cañete Agricultura – D. Miguel Arias Cañete
  • ministra_AnaBirules Ciencia y Tecnología – Dña. Anna Birulés
  • PioCabanillasTVE Portavoz – D. Pío Cabanillas
  • Cultura – D. Pilar del Castillo

Al contrario que en la legislatura pasada. En este consejo de ministros sí se produce un cambio al año. La decisión de D. José María Aznar López de encomendar a D. Jaime Mayor Oreja que vuelva a ser candidato del PP a lehendakari para intentar derrotar al PNV, causa una remodelación del Gobierno en febrero de 2001.

28 Abril 2000

Esto es lo que hay

EL PAÍS (Director: Jesús Ceberio)

El cuaderno azul resultó menos opaco de lo que hubiera querido Aznar, pero, en su más puro estilo, escondió algunos nombres hasta el último minuto. El ascenso de Mariano Rajoy a la vicepresidencia primera es, sin duda, el rasgo más relevante y el más positivo del nuevo Gobierno que Aznar presentó ayer en sociedad para esta legislatura, en la que cuenta con mayoría absoluta. La continuidad de Rato -que refuerza su posición pero sin ascender de rango- es otro de los mensajes oblicuos a los que se muestra tan aficionado el presidente. Como contrapartida, Aznar asume el riesgo de situar a Piqué -aun sin cerrar su expediente judicial- en una palestra de tanta proyección pública como es la cartera de Exteriores. El nuevo Gabinete contiene, en fin, ocho nombres nuevos, entre ellos tres mujeres de probada capacidad al frente de carteras relevantes, y elimina a los ministros más abrasados del anterior equipo. Dentro de la línea de continuidad que cabía esperar tras los brillantes resultados de marzo, el nuevo Gobierno ofrece a primera vista un perfil más centrista que el anterior. Sólo queda esperar que se confirme en los hechos.La presencia de Rajoy como coordinador de la actividad política le convierte en la pieza clave para desarrollar la oferta de reformas consensuadas que presentó Aznar en su investidura. El talante personal y la tendencia de Rajoy a reducir la conflictividad allí donde otros tienden a agravarla le otorgan ventaja frente a su antecesor Cascos a la hora de negociar con la oposición, pero también seguramente a la de plantarse frente a las eventuales exigencias abusivas de los nacionalistas vascos, una de las cuestiones más afiladas de la legislatura.

No sería Aznar quien es si no hubiera compensado los gestos de proximidad hacia Rodrigo Rato desplegados en la campaña con la señal cautelosa de nombrar otro vicepresidente por encima de él: para no hacer explícita la condición de delfín in péctore que casi todo el mundo atribuye al ministro de Economía. Sigue éste en la misma posición, asume directamente un sector tan estratégico como el de la energía y descarga la pesada gestión directa de Hacienda en manos de Montoro, miembro de su equipo. No ha logrado, sin embargo, la presencia en el Gabinete de una de sus mejores colaboradoras, Elena Pisonero.

La continuidad de Piqué era una de las incógnitas que escondía el cuaderno azul. Su condición de investigado en relación a eventuales delitos societarios como gestor de Ercros colocaba al presidente ante la disyuntiva de mantenerle en el Gobierno -con el riesgo de que una imputación formal le deje al borde del cese- o prescindir de él, con el riesgo de que se interpretara como confirmación de las sospechas. No sólo ha decidido mantenerle, sino ascenderle a uno de los ministerios más visibles. El perfil de Piqué encaja con el de un jefe de la diplomacia atento a la dimensión económica de las relaciones internacionales. Pero es evidente que Aznar asume su mayor riesgo con este nombramiento.

Su función de portavoz será desempeñada, como ministro sin cartera, por Pío Cabanillas, hasta ahora director general de la radiotelevisión pública. Es de esperar que, pese a ese antecedente, acierte a diferenciar la propaganda de la información en sus relaciones con los medios. De los demás debutantes destaca el nombramiento de Anna Birulés para el nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología. Se trata de una profesional solvente muy cercana a Piqué, pero su procedencia directa de Retevisión la coloca en una situación extremadamente difícil: está obligada a desmontar las situaciones de monopolio que aún mantiene Telefónica, pero sus decisiones pueden ser objeto de sospecha. Tiene ante sí un difícil cometido. Las otras dos mujeres del equipo, Celia Villalobos y Pilar del Castillo, gestionarán los departamentos de mayor proyección social: Sanidad y Educación (que mantiene Cultura y Deporte). Aunque de formación y carácter muy diferentes -populista la una, de sólido bagaje intelectual la otra-, ambas se caracterizan por sus convicciones laicas, lo que tiene importancia en ministerios a los que han intentado condicionar los obispos.

La proyección territorial está presente en los nombramientos de Celia Villalobos (posible candidata futura a la Junta de Andalucía) y Jaume Matas (ex presidente de Baleares, que dispondrá de la vitrina de Medio Ambiente para intentar recuperar esa comunidad), y probablemente no es ajena a la decisión de promocionar a Piqué a un puesto de lucimiento desde el que pueda un día competir por la presidencia catalana. Un caso especial es el de Mayor Oreja. Antes del fin de la tregua se daba por seguro que cambiaría Interior por otro departamento más tranquilo desde el que preparar su candidatura en Euskadi. La nueva situación ha determinado su continuidad, y es menos segura su candidatura a lehendakari, especialmente si Ibarretxe se viera obligado a convocar de inmediato.

Del resto de cambios carece de relevancia el de Posadas a Administraciones Públicas; y la presencia del eurodiputado Miguel Arias Cañete en Agricultura confirma que en todo Gobierno de derechas tiene que haber un Arias como mínimo. En fin, Federico Trillo, que parecía predestinado a Justicia, desemboca al fin en Defensa, donde tendrá ocasión de desplegar sus conocimientos como letrado de la Armada. Ángel Acebes se enfrenta a la tarea más difícil y necesaria: la recuperación del prestigio de la justicia. Por si acaso, Aznar ha elegido a uno de sus hombres más fieles.

El presidente despachó los secretos de su cuaderno azul con un lacónico «esto es lo que hay». En conjunto, se trata de un Gobierno que enmienda algunos de los rasgos más autoritarios del anterior. Hace cuatro años se consideró que la relativa debilidad del PP, obligado a pactar con los nacionalistas, había determinado algunas inclusiones y también algunos descartes, y que el verdadero Gobierno de Aznar sólo se conocería el día que alcanzase una mayoría holgada. Ahora ya la tiene. Y su aspecto general resulta más homologable a la moderna derecha europea. Seguramente ello es reflejo de una maduración de los propios dirigentes populares: la buena situación económica ha favorecido políticas de concertación social y el éxito de las mismas ha moderado a los más extremistas. Y el paso por las instituciones ha convertido a políticos antes muy irritados en conservadores tranquilos.

28 Abril 2000

Aznar saca al campo un equipo para jugar al ataque

EL MUNDO (Director: Pedro J. Ramírez)

Aznar abrió por fin el cuaderno de tapas azules. Y salió el perfil de un Gobierno coherente con el proyecto que ha ganado en las urnas, netamente centrista, más homogéneo que el anterior y mucho más ambicioso en sus objetivos.

A diferencia de la legislatura pasada, Aznar disponía ahora no sólo de experiencia sino además de una cómoda mayoría absoluta que le permitía elegir a los nuevos ministros sin depender de escaños ajenos. No ha desaprovechado la ocasión.

Confirmando que el «viaje al centro» era algo más que una simple estrategia de imagen o una consigna electoral, Aznar ha renovado el Gabinete con personas jóvenes, de sensibilidad progresista y que ya han demostrado en sus respectivas áreas de gestión sus escasas ataduras a los viejos hábitos de la derecha. Celia Villalobos, Pilar del Castillo, Jaume Matas, Cristóbal Montoro y Pío Cabanillas acentúan ese perfil centrista.

Salen del Gobierno tres personas procedentes de la antigua AP, como son Romay, Matutes y Tocino, y desciende de rango Alvarez Cascos, que es el ministro a quien más se le podría identificar con la derecha tradicional.

No hay ninguna duda de que Aznar ha querido premiar a los colaboradores que han encarnado mejor ese espíritu centrista e innovador al que ha hecho referencia tanto en la campaña como en la investidura. Es el caso de Mariano Rajoy, ascendido a vicepresidente primero y coordinador político del Ejecutivo. Aznar ha querido recompensar su éxito como responsable de la campaña y su acertada gestión en Administraciones Públicas, primero, y, luego, en Educación.

El otro vicepresidente del Gobierno seguirá siendo Rodrigo Rato, que, según Aznar precisó ayer, dispondrá de los máximos poderes para dirigir la política económica, que tanto ha tenido que ver en el éxito electoral del PP. Rato coloca a Montoro, uno de sus hombres de confianza, al frente del nuevo Ministerio de Hacienda y Presupuestos.

Otra de las personas que ven recompesado su trabajo es Josep Piqué, promovido a Asuntos Exteriores, como él deseaba. Su papel como portavoz, su labor en Industria y los buenos resultados del PP en Cataluña han sido claves en el nombramiento. Aznar, sin duda, ha sopesado las posibles consecuencias de las investigaciones judiciales en curso sobre la gestión de Piqué en Ercros. Si lo ha nombrado, es porque está convencido de su inocencia, aunque corre el riesgo de que sea citado a declarar como imputado y deba dejar el cargo.

El ex portavoz ha ejercido, sin duda, una importante influencia a la hora de colocar a Ana Birulés, directora general de Retevisión, al frente del flamante Ministerio de Ciencia y Tecnología. Lo que seguramente no ha tenido en cuenta es que se plantea un serio problema de incompatibilidad, ya que Birulés, vinculada profesionalmente a dicha empresa de telefonía, va a tener ahora la responsabilidad de vigilar y regular el sector de las telecomunicaciones.

Las otras dos mujeres que se incorporan al Gabinete, Pilar del Castillo y Celia Villalobos, destacan también por un perfil más progresista que el de Margarita Mariscal o el de Isabel Tocino, que seguirán trabajando para el partido desde sus escaños en el Congreso. Pilar del Castillo demostró su personalidad al rechazar hace cuatro años la cartera de Medio Ambiente al considerar que carecía de preparación en esta materia. Ahora se incorpora a una tarea para la que está, sin duda, mucho mejor cualificada. Celia Villalobos, que ha realizado una buena labor como alcaldesa de Málaga, es conocida por sus posiciones contra la ley Corcuera, por su tolerancia respecto al aborto y, en general, por su defensa de la causa de la mujer y de los derechos civiles.

Un ministro que no figuraba en ninguna quiniela es Jaume Matas. Ha sido designado para Medio Ambiente, lo cual resulta bastante coherente ya que el ex presidente balear se enfrentó a los intereses caciquiles de las islas con una avanzada legislación para proteger el entorno natural. Matas libró y ganó también una dura batalla contra el sector más conservador del PP balear, encabezado por Cañellas, y ha cosechado unos excelentes resultados en la reciente cita electoral.

A la hora de repartir tareas en este Gabinete, Aznar ha tenido también mucho cuidado en mantener un cuidadoso equilibrio de poderes entre los tres vicesecretarios del PP y, junto a Piqué, hombres fuertes del Gobierno: Rajoy, Rato y Mayor Oreja, que sigue al frente de la lucha antiterrorista y se perfila como candidato a lehendakari.

Pero queda claro que quien sigue mandando -y mucho- es Aznar, que no ha querido abrir el melón de la sucesión antes de tiempo. En su segundo y último mandato, el líder del PP ha optado por sacar al campo a los mejores jugadores del equipo. Y no precisamente para amarrar el resultado, sino para ganar el partido. Ha elegido a un equipo con talento y talante para transformar España en esa «nueva sociedad» a la que aludía anteayer. Aznar ha salido al ataque, consciente de que en este último mandato se juega su éxito o fracaso como gobernante.

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