1 diciembre 1920

Muere el Director de LA VANGUARDIA, Miguel de los Santos Oliver tras un enfrentamiento con su patrón Ramón Godó Lallana

Hechos

El 9 de enero de 1920 falleció D. Miguel de los Santos Oliver.

Lecturas

D. Miguel de los Santos Oliver fallece el día 9 de enero de 1920 aunque el periódico La Vanguardia no la notifica hasta el día 30 por las diferencias que había mantenido con el editor D. Ramón Godó Lallana.

D. Ramón Godó Lallana era el editor de LA VANGUARDIA desde 1897. 

D. Ramón Godó Lallana permanecerá como editor de LA VANGUARDIA hasta su muerte en 1931.

Una historia de LA VANGUARDIA

Agustí Calvet 'Gaziel'

Leer

Un día que el malestar general en Barcelona parecía a punto de explotar, el administrador de ‘La Vanguardia’ envió a Oliver una orden del propietario para que escribiera un editorial durísimo contra el catalanismo, haciéndolo responsable exclusivo de la situación. Oliver intentó ver Godó personalmente, presentándose en la oficina. Un subalterno le contestó de parte de dueño, que obedeciera y nada más. Era una insensatez. Y pocas horas después, por la tarde del mismo día, se fraguando ante ‘La Vanguardia’ una espesa manifestación popular, con gritos hostiles y alguna apedreamiento. Godó se encerró a su despacho.

En su casa, encontré a Oliver abatido. Me había llamado para decirme que no volvería más a ‘La Vanguardia’. «Te piden que prendas fuego – me dijo textualmente – contra tu juicio, y luego te llaman para que les hagas de bombero ‘. Murió al poco. El diario de las esquelas no pudo publicar la de su director, ni anunciar su entierro o funerales, ni dar cuenta de aquella gran pérdida, hasta un puñado de días después. Ramón Godó no perdonaba nunca.

El Análisis

Santos Oliver: El periodista que pensaba

JF Lamata

Ha fallecido don Miguel de los Santos Oliver. Y con él desaparece no sólo un director de periódico, sino uno de los escasos periodistas de España que supieron conciliar pensamiento con escritura, política con cultura, y dirección con criterio. Su muerte, acaecida el pasado 9 de enero, ha pasado con una discreción casi ofensiva para quien tanto aportó a la dignidad de la prensa. Y ese silencio no parece fortuito, sino reflejo de las sombras que oscurecieron sus últimos días al frente de La Vanguardia.

Santos Oliver fue mucho más que el director de un diario barcelonés. Fue historiador, político regeneracionista, maestro de prosistas y uno de los más finos observadores del alma española desde una sensibilidad mallorquina que nunca renegó de su raíz. En la dirección de La Vanguardia intentó elevar el tono y el alma del diario, aspirando a un equilibrio entre la Cataluña que pensaba y la España que dolía. Pero la ambición intelectual no siempre casa con la voluntad empresarial. Y según se ha sabido —por voz nada menor que la de Agustí Calvet, testigo y discípulo suyo—, su salida de la dirección fue tan amarga como injusta, culminada con una ruptura con el conde de Godó que lo dejó apartado y herido.

Más que la muerte, lo que duele hoy es el desdén. Que quien tanto dio a las letras patrias y al periodismo serio no haya recibido siquiera una esquela inmediata en su propio diario —ese que ayudó a engrandecer— revela cuánto camino queda aún para dignificar la prensa en España. Pero el tiempo, que lo borra casi todo, suele también poner a cada cual en su lugar. Y Santos Oliver, aunque ya no escriba, seguirá siendo una referencia para quienes entienden que dirigir un periódico no es mandar en él, sino pensarlo. Descanse, por fin, quien nunca dejó de luchar por pensar en libertad.

J. F. Lamata